
El Movimiento para abolir ICE (en inglés Abolish ICE) es un movimiento político que busca la abolición el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés). El movimiento ganó tracción en la opinión pública en junio de 2018 tras la controversia por la política de separación familiar del gobierno de Trump. El movimiento propone que las responsabilidades del ICE sean absorbidas por otras agencias de inmigración ya existentes, como ocurría antes de la creación de la agencia. Las discusiones se centran especialmente en el departamento de Operaciones de Ejecución y Expulsión (Enforcement and Removal Operations, ERO) del ICE. El movimiento volvió a recibir atención durante el segundo mandato de Trump como resultado de las políticas migratorias de su administración, así como por los asesinatos en enero de 2026 de ciudadanos estadounidenses Renée Good y Alex Pretti durante la Operation Metro Surge del ICE en Minneapolis, Minnesota.
El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas fue creado en 2003 como parte del recién formado Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (DHS por sus siglas en inglés). La relativa juventud de la agencia ha sido un punto central del debate, ya que los partidarios del movimiento de abolición argumentan que Estados Unidos puede prescindir fácilmente de una agencia que ha existido por menos de 20 años. Aunque la agencia se expandió de forma controvertida bajo Barack Obama, frustrando a defensores de los derechos de los inmigrantes, su enfoque declarado seguía siendo la deportación de inmigrantes indocumentados condenados por un delito. Sin embargo, en la práctica, se consideró que ICE apuntaba a personas únicamente por haber ingresado al país de manera ilegal.
En 2014, el Centro Nacional de Leyes de Inmigración (NILC por sus siglas en inglés) demandó al ICE y al DHS bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA por sus siglas en inglés). El NILC obtuvo documentos que revelaron el intercambio de información entre el ICE/DHS y los departamentos estatales de vehículos motorizados con fines de control migratorio. Tras la llegada de Trump al poder en enero de 2017, su administración comenzó a implementar políticas migratorias más duras, como negar el asilo a refugiados y separar a niños indocumentados de sus familias, lo que impulsó el crecimiento del movimiento.
En agosto de 2017, se produjeron una serie de protestas contra la agencia en Oakland, California. Sin embargo, un grupo de policías de Oakland escoltó a agentes del ICE y del DHS al lugar de un registro, lo que provocó controversia y protestas por la violación de la política de ciudad santuario. Posteriormente, el ICE afirmó que estaba ejecutando una orden federal de registro por presunto tráfico de menores, y no llevando a cabo una deportación. Conservadores criticaron a los manifestantes por interferir con la investigación.

La controversia en torno a la política de separación familiar en 2018 llevó el movimiento al centro del debate político. Dan Canon, candidato demócrata al Congreso por Indiana, fue el primer candidato en pedir la eliminación del ICE; Randy Bryce, candidato demócrata al Congreso en Wisconsin, lo siguió poco después en abril. El oponente de Bryce, Paul Ryan, entonces presidente de la Cámara de Representantes, afirmó que abolir el ICE era «la posición más loca que he visto jamás». El 20 de junio, en el punto álgido de la controversia por la separación familiar, manifestantes se acercaron a la secretaria de Seguridad Nacional Kirstjen Nielsen en un restaurante, coreando «Abolish ICE».
Alexandria Ocasio-Cortez, socialista democrática y rival demócrata en las primarias del representante Joseph Crowley, convirtió la abolición del ICE en uno de los ejes principales de su campaña. Tras su inesperada victoria en junio de 2018, la postura fue adoptada más ampliamente por políticos progresistas, incluidos los senadores estadounidenses Elizabeth Warren y Bernie Sanders. El cambio fue especialmente notable en el estado de Nueva York, donde la senadora Kirsten Gillibrand y el alcalde de la ciudad de Nueva York Bill de Blasio adoptaron rápidamente la abolición del ICE tras su victoria.
En junio de 2018, el congresista de Wisconsin Mark Pocan anunció que presentaría legislación para desmantelar el ICE y establecer una comisión que determinara cómo el gobierno “puede implementar un sistema de control migratorio humano”, tras visitar la frontera entre México y Estados Unidos y presenciar “la crisis migratoria del país”. Pocan fue acompañado por Pramila Jayapal de Washington y Adriano Espaillat de Nueva York en la presentación del proyecto de ley, la Establishing a Humane Immigration Enforcement System Act, en julio de 2018.
Diecinueve agentes del ICE escribieron a la secretaria Nielsen solicitando que ICE se dividiera en dos agencias separadas, ya que consideraban que la institución obstaculizaba su capacidad para realizar su trabajo. Su propuesta consistía en separar la unidad de ejecución y expulsión —objeto de casi toda la controversia— de la unidad de investigaciones, que se centra en temas como el fraude, trata de personas, pandillas y redes de narcotráfico. Creían que las jurisdicciones santuario estarían más dispuestas a colaborar con la unidad investigadora si esta fuese independiente.

Varias protestas, concentraciones y marchas —incluidas Occupy ICE, Families Belong Together y Women Disobey— exigieron la abolición del ICE y la descarcelación de inmigrantes indocumentados. Estas manifestaciones tuvieron lugar durante varios meses en más de 700 ciudades de Estados Unidos y en distintos países del mundo. Las protestas a favor de la abolición del ICE resurgieron nuevamente durante el segundo mandato de Trump.
Durante la segunda administración de Trump, los llamados a abolir el ICE aumentaron de manera significativa. Un número creciente de organizaciones y numerosos políticos demócratas exigieron su abolición. Entre las figuras destacadas que pidieron la eliminación del ICE se encuentran el candidato al Senado Graham Platner, la representante Alexandria Ocasio-Cortez y el candidato al Congreso Cameron Kasky.
El apoyo público a la abolición de la agencia aumentó considerablemente en 2025 y 2026. Una encuesta de Civiqs reveló que en agosto de 2024 el apoyo a la abolición del ICE era de solo el 20 %, con un 66 % en contra. Tras las elecciones de 2024 y la segunda investidura de Donald Trump, el apoyo aumentó rápidamente. En enero de 2026, el 46 % apoyaba la abolición del ICE, mientras que el 43 % se oponía.
El respaldo a las tácticas y operaciones generales del ICE también disminuyó de forma notable. Una encuesta de YouGov de enero de 2026, realizada pocas horas antes del asesinato de Renée Good, reveló que el 52 % de los estadounidenses desaprobaba al ICE y el 39 % lo aprobaba. La mayoría de los estadounidenses consideraba que las tácticas del ICE eran demasiado agresivas, y solo el 10 % opinaba que no lo eran lo suficiente. El 44 % apoyaba las protestas contra el ICE, mientras que el 42 % se oponía. En respuesta a las redadas militarizadas del ICE poco después del inicio del segundo mandato de Trump, se produjeron protestas contra las deportaciones masivas en junio de 2025, especialmente en Los Ángeles, lo que llevó el tema “de los círculos activistas al debate político general”.
Trump acusó a los demócratas de promover la abolición del ICE, afirmando que si “se elimina ICE, se va a tener un país en el que se tendrá miedo de salir de casa”. Predijo que los demócratas serían “derrotados de forma aplastante” en las elecciones legislativas de 2018 debido a este tema (los demócratas obtuvieron el control de la Cámara de Representantes, pero los republicanos ampliaron su mayoría en el Senado). El entonces vicepresidente Mike Pence visitó la sede de ICE tras la controversia, calificando a los agentes de ICE y de la Patrulla Fronteriza como “héroes”.
Muchos políticos demócratas, como la senadora Amy Klobuchar de Minnesota y la exvicepresidenta Kamala Harris de California, consideran que el ICE debería ser reformado en lugar de abolido. Harris declaró que los demócratas debían “reexaminar críticamente el ICE” y “pensar en empezar desde cero” con la política migratoria, mientras que el senador Bernie Sanders sostuvo que los demócratas deberían, en cambio, alentar a Trump a trabajar con ellos en “un programa nacional que aborde este grave problema”.