
Una almea (en árabe: عالمة) era el nombre de una clase de artistas femeninas en el Egipto árabe, mujeres educadas para cantar y recitar poesía clásica y discursos ingeniosos, conectadas a los qayna (en árabe: عالمة) o cantantes esclavos de la Arabia preislámica. Pero al contrario que las quiyán, eran muchachas libres de buena posición social, entrenadas en baile, canto y poesía, presentes en festividades y celebraciones, y contratadas también como asistentes en funerales a modo de plañideras. Sus actuaciones solían estar acompañadas de instrumentación masculina, y según el libro del orientalista inglés Edward William Lane, Manner and Costumes of modern Egyptians, la almea no se exhibía en absoluto, sino que cantaba desde detrás de una mampara o desde otra habitación en bodas y otras festividades respetables.
En el siglo XIX, almeh llegó a ser utilizado como sinónimo de ghawazi, las bailarinas eróticas de etnia dom (gitanas) cuyas actuaciones fueron prohibidas en 1834 por Mehmet Alí. A raíz de la prohibición, las bailarinas ghawazi, de clase baja y también dedicadas a la prostitución, que bailaban públicamente en plazas y patios, se vieron forzadas a fingir que eran de hecho almeas.
Las almeas fueron populares en las cortes de Egipto, Arabia y partes del Imperio otomano antes de su desmembramiento conducido por la colonización europea, a principios del siglo xx. La imagen de la mujer almea se dio a conocer en la época del Orientalismo europeo del siglo XIX, cuando se dio un creciente interés, especialmente en Francia, por la cultura arábiga, siempre desde una visión exótica y romantizada. Transliterado al francés como almée, el término llegó a ser sinónimo de "bailarina del vientre" en el Orientalismo europeo del siglo XIX. De hecho, la palabra «almea» se introduce al idioma español vía el francés, almée, no directamente del árabe.
Proviene del francés, almée, a su vez del árabe dialectal ʿālmeh (عَالْمَة), a su vez del árabe clásico ʿālimah (عَالِمَة), ‘entendida’. Del verbo عَلِمَ, ‘saber, conocer’.