
Un aptónimo es un nombre con un significado relacionado con la persona que lo lleva, por lo general en el marco de su profesión o de su ocupación. Es una característica del lenguaje que se utiliza principalmente en los nombres de personajes de ficción.
Al utilizar un aptónimo, el nombre adquiere un papel especial en el establecimiento y la caracterización de los personajes literarios. En el mundo del cómic, el aptónimo ha sido profusamente utilizado para caracterizar los personajes de, por ejemplo, Mortadelo y Filemón, de Francisco Ibáñez, o -con un ingenio especialmente brillante- Astérix el Galo, de Goscinny y Uderzo.
El aptónimo puede valerse de la sonoridad, la etimología, los significados sociales, el carácter onomatopéyico, entre otros medios, para reflejar un cierto aspecto de su propietario: la profesión, el carácter, las características físicas resaltables, los gestos, en función de la narrativa o como una mera estratagema cómica.
En 1952, el psicólogo Carl Jung escribió en su libro Sincronicidad como principio de conexiones acausales, que «entre el nombre de una persona y sus peculiaridades hay una coincidencia a veces bastante grotesca».
En 1996, el escritor Paul Dickson cita en su libro What's in a name? (‘¿qué hay en un nombre?’) una larga lista de aptónimos compilados por el profesor Lewis P. Lipsitt, de la Universidad de Brown.
La recopilación de aptónimos fue uno de los temas recurrentes de las tiras diarias del viñetista Mauro Entrialgo para el periódico Público entre 2008 y 2011 bajo el título Como su propio nombre indica (casos reales). Estas viñetas diarias fueron posteriormente recopiladas en el líbro Plétora de piñatas (2012).
Algunos aptónimos no son descriptivos sino irónicos ―se refieren a lo contrario― por lo que el periodista Gen Weingarten, del diario Washington Post, los llamó «inaptónimos»: