Arancel

Tasa arancelaria de importación para todos los productos, todas las regiones, 1988 a 2020.

Un arancel (del árabe andalusí: الأَنْزِالْ‎, al-ʔanzél, a su vez del árabe إِنْزَال‎, ʔinzāl ‘el alojamiento’)es un tributo que se aplica al transporte de mercancía, es decir, a todos los bienes que son objeto de exportación e importación. Por extensión, se refiere a toda clase de tributos. El más frecuente es el impuesto que se cobra sobre las importaciones, mientras los aranceles sobre las exportaciones son menos corrientes; también pueden existir aranceles de tránsito que gravan los productos que entran en un país con destino a otro.

Los derechos de aduana aplicados a las importaciones de mercancías se denominan aranceles. Los aranceles proporcionan a las mercancías producidas en el país una ventaja en materia de precios con respecto a las mercancías similares importadas, y constituyen una fuente de ingresos para los gobiernos. Un resultado de la Ronda Uruguay fueron los compromisos asumidos por los países de reducir los aranceles y “consolidar” los tipos de los derechos de aduana a niveles que son difíciles de aumentar. En las actuales negociaciones en el marco del Programa de Doha se siguen realizando esfuerzos en ese sentido en relación con el acceso a los mercados para los productos agrícolas y no agrícolas.

Cuando un buque llega a un puerto aduanero, un oficial de aduanas inspecciona el contenido de la carga y aplica un impuesto de acuerdo con la tasa estipulada para el tipo de producto. Debido a que los bienes no pueden ser nacionalizados (incorporados a la economía del territorio receptor) hasta que no sea pagado el impuesto, es uno de los impuestos más sencillos de recaudar, y el costo de su recaudación es bajo. El contrabando es la entrada, salida y venta clandestina de mercancías sin satisfacer los correspondientes aranceles.

Los datos sobre los aranceles de los Miembros de la OMC son de dos clases:

Las bases de datos arancelarios de la OMC contienen tipos consolidados y aplicados.

Existe un consenso casi unánime entre los economistas de que los aranceles son contraproducentes y tienen un efecto negativo en el crecimiento económico y el bienestar económico, mientras que el libre comercio y la reducción de barreras comerciales tienen un efecto positivo en el crecimiento económico. Aunque la liberalización del comercio puede provocar en ocasiones pérdidas y ganancias y distribuidas de manera desigual, y puede causar a corto plazo una perturbación económica para los trabajadores de sectores que compiten con las importaciones, el libre comercio ofrece ventajas al reducir el costo de bienes y servicios tanto para productores como para consumidores. La carga económica de los aranceles recae sobre el importador, el exportador y el consumidor. Frecuentemente diseñados para proteger industrias específicas, los aranceles pueden volverse en contra y perjudicar a las industrias que pretendían proteger, al aumentar el costo de insumos y provocar represalias arancelarias. Los aranceles a la importación también pueden perjudicar a los exportadores nacionales ya que perturban las cadenas de suministro y aumentan sus costos de producción.

Factores de clasificación

— Comerciales: Facilitación del comercio, menor tiempo de operación, inclusión de productos nuevos.

— Control: Datos estadísticos, facilitación de fiscalización y programas de fomento al comercio.

— Seguridad: Mecanismos de protección a la población, flora y fauna, identificación de mercancías, sensibles, peligrosas, controladas, etc.

Tipos de arancel

Hay cuatro tipos de aranceles:

Además de la clasificación ya mencionada los aranceles pueden tener diferentes modalidades:

a) Arancel-cupo: Se aplica cuando se establece un nivel arancelario para cierta cantidad o valor de las mercancías y una tasa diferente a la mercancía que exceda del monto señalado

b) Arancel-estacional: es decir que el monto a pagar por la cantidad de mercancía que se importa o exporta varía de acuerdo a la época del año en la que se realice la transacción.

Efectos del arancel

Un arancel impuesto a una mercancía generalmente eleva su precio, esto ocasiona un menor consumo al esperado del producto importado y por lo tanto se reducen las importaciones, esto favorece a la industria nacional (que puede ser naciente), se crea un comercio estratégico y sobre todo una protección contra las prácticas desleales de comercio exterior que sin duda es lo primordial en el establecimiento de un arancel a un producto de importación, también es por ello que a la exportación la mayoría de las cuotas son exentas, puesto que lo que se busca es fomentar la exportación de productos nacionales y abarcar un mayor mercado internacional.

Los efectos fundamentales que provoca un arancel a la importación, en la economía de un país son los siguientes:

Arancel óptimo

El arancel óptimo es aquel arancel que maximiza el bienestar o la utilidad de un país. El argumento de este arancel se basa en la idea de que cuando un país grande establece un arancel sobre las importaciones de un determinado producto «AA», este arancel provoca una reducción de la demanda mundial y una disminución del precio mundial del bien AA. El país que importa tendrá un volumen menor de comercio pero a precios más favorables. El óptimo será el punto donde las ganancias de la mejoría de los términos de importación se igualen a las pérdidas consecuencia del menor volumen de cantidad importada. Este argumento solo es válido para países grandes, cuya demanda sea capaz de influir en el precio mundial de un producto.

El arancel óptimo representa un argumento seguro en favor de los aranceles, que provoca un empobrecimiento de los países vecinos, con lo que el peligro radica en las represalias de los demás países que podrían tomar medidas similares. A la larga esta situación no podría mejorar el bienestar económico mundial ni el individual.

Aranceles de represalia

Determinadas posturas están de acuerdo en que un mundo de libre comercio es la mejor solución al comercio internacional,[cita requerida]sin embargo indican que en el estado actual de la economía, mientras que haya países que limiten las importaciones o discriminen los productos extranjeros, no existe otro remedio que emplear el mismo juego para defenderse. Se estará de acuerdo con el libre comercio mientras se empleen las mismas condiciones en todos los países.

Este argumento no está bien fundamentado, cuando un país eleva sus aranceles, tiene un efecto similar a que se elevaran sus costes de transporte. Se encontraría un símil para el hecho de que si un país decidiera frenar su comercio minando sus puertos, los demás no deberían tomar la misma decisión; de igual forma si un país decide reducir su actividad económica imponiendo aranceles sobre sus importaciones[cita requerida], no sería sensato que los demás siguiesen ese mismo comportamiento. Los estudios históricos muestran que los aranceles de represalia suelen llevar a otros países a elevar aún más los suyos y que raras veces constituyen un arma de negociación eficaz para la reducción multilateral de los aranceles.

Protección no arancelaria

Para defender a una economía de los posibles efectos negativos del comercio internacional se puede utilizar los aranceles y también otro tipo de barreras no arancelarias como son:

Sistema Armonizado de Nomenclatura

A los efectos de la evaluación de los derechos de aduana, los productos reciben un código de identificación que se conoce como código de la Clasificación arancelaria. Este código fue desarrollado por la Organización Mundial de Aduanas con sede en Bruselas. Un código de 'Sistema Armonizado' puede tener de cuatro a diez dígitos. Por ejemplo, 17.03 es el código SA para la melaza procedente de la extracción o refinación del azúcar. Sin embargo, dentro de 17.03, el número 17.03.90 significa «Melaza (excluida la melaza de caña)».

Historia

Antigua Grecia

En la antigua Grecia, el puerto del Pireo estaba conectado con Atenas mediante las Murallas Largas, que proporcionaban seguridad para el transporte de mercancías.

En la ciudad-estado de Atenas, el puerto de Pireo aplicaba un sistema de gravámenes para recaudar impuestos destinados al gobierno ateniense. El grano era una mercancía fundamental que se importaba a través del puerto, y el Pireo era uno de los principales puertos del Mediterráneo oriental. Se imponía un gravamen del 2 % a las mercancías que llegaban al mercado a través de los muelles del Pireo. El gobierno ateniense también impuso restricciones a los préstamos de dinero y al transporte de grano, que solo podían realizarse a través del puerto del Pireo.

Gran Bretaña

El texto del cartel dice: «Trabajador británico: de nada sirve intentar ocultarlo, jefe. Vamos a votar a favor de la reforma arancelaria».
Un cartel de principios del siglo XX ilustra el debate político sobre la política arancelaria.

En el siglo XIV, Eduardo III de Inglaterra adoptó medidas intervencionistas, como la prohibición de importar tejidos de lana, en un intento de desarrollar la producción local. A partir de 1489, Enrique VII de Inglaterra adoptó medidas como el aumento de los derechos de exportación sobre la lana en bruto. Los monarcas de la dinastía Tudor, especialmente Enrique VIII e Isabel I, utilizaron el proteccionismo, las subvenciones, la concesión de derechos de monopolio, el espionaje industrial patrocinado por el Estado y otras formas de intervención gubernamental para proteger la industria lanera.

Un punto de inflexión proteccionista en la política económica británica se produjo en 1721, cuando Robert Walpole introdujo políticas destinadas a fomentar las industrias manufactureras. Entre ellas figuraban el aumento de los aranceles sobre los productos manufacturados extranjeros importados, las subvenciones a la exportación, la reducción de los aranceles sobre las materias primas importadas utilizadas por la industria y la supresión de los derechos de exportación sobre la mayoría de los productos manufacturados. Gran Bretaña fue así uno de los primeros países en adoptar una estrategia de desarrollo a gran escala de industrias nacientes. Al explicar su política, Walpole declaró que «es muy evidente que nada contribuiría más a conseguir un bien tan público que facilitar, en la mayor medida posible y sin condiciones, la exportación de nuestras propias manufacturas y la importación de los productos utilizados para fabricarlas».

Las políticas proteccionistas británicas continuaron durante el siglo siguiente, y Gran Bretaña siguió siendo un país muy proteccionista hasta mediados del siglo XIX. En 1820, el arancel medio del Reino Unido sobre las importaciones de productos manufacturados era del 45 al 55 %. En 1815 entraron en vigor las Leyes del Grano, que establecían aranceles y otras restricciones comerciales sobre los alimentos y cereales importados. Estas leyes estaban concebidas para mantener elevados los precios del grano y favorecer a los agricultores nacionales, y constituían una expresión del mercantilismo británico. Las Leyes del Grano aumentaron los beneficios y el poder político asociados a la propiedad de la tierra. También elevaron los precios de los alimentos y el coste de la vida para la población británica, y obstaculizaron el crecimiento de otros sectores económicos, como la industria manufacturera, al reducir la renta disponible de los consumidores.

En 1846 se derogaron las Leyes del Grano, lo que dio lugar a una reducción significativa de los aranceles. Los historiadores económicos consideran que su derogación marcó un giro decisivo hacia el libre comercio en Gran Bretaña. Según un estudio de 2021, la derogación benefició económicamente al 90 % de las personas con menores ingresos del Reino Unido, mientras que provocó pérdidas de ingresos para el 10 % con mayores ingresos.

En el Reino Unido también se suprimieron los derechos de aduana sobre numerosos productos manufacturados. Las Actas de Navegación fueron derogadas en 1849, después de que los partidarios del libre comercio se impusieran en el debate público británico. Sin embargo, mientras el libre comercio avanzaba en el Reino Unido, el proteccionismo persistía en la Europa continental. El Reino Unido adoptó unilateralmente el libre comercio, aunque la mayoría de las demás grandes potencias industriales mantenían políticas proteccionistas. Por ejemplo, Estados Unidos salió de la guerra de Secesión con una orientación proteccionista aún más marcada que antes; Alemania, bajo Bismarck, rechazó el libre comercio, y el resto de Europa siguió su ejemplo. Países como los Países Bajos, Dinamarca, Portugal y Suiza, y posiblemente también Suecia y Bélgica, habían adoptado plenamente el libre comercio antes de 1860.

El 15 de junio de 1903, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Henry Petty-Fitzmaurice, V marqués de Lansdowne, pronunció un discurso en la Cámara de los Lores en el que defendió la adopción de represalias arancelarias contra los países que aplicaban aranceles elevados y cuyos gobiernos subvencionaban productos vendidos en Gran Bretaña (conocidos como «productos con prima», posteriormente denominados prácticas de dumping). Las represalias consistirían en amenazar con imponer aranceles a las mercancías procedentes de esos países. Los unionistas liberales se habían separado del Partido Liberal, cuyos miembros defendían el libre comercio, y este discurso marcó un punto de inflexión en la evolución del grupo hacia el proteccionismo. Lansdowne sostuvo que la amenaza de imponer aranceles de represalia era comparable a ganarse el respeto en una sala llena de hombres armados mostrando un arma grande (sus palabras exactas fueron «un revólver un poco más grande que el de todos los demás»). El «Gran Revólver» se convirtió en un lema de la época, utilizado con frecuencia en discursos y caricaturas.

Como respuesta a la Gran Depresión, Gran Bretaña abandonó temporalmente el libre comercio en 1932. El país volvió a introducir aranceles a gran escala.

Estados Unidos

Tasas arancelarias promedio en EE. UU. (1821-2016)

Según Douglas Irwin, los aranceles han cumplido históricamente tres funciones principales: generar ingresos para el Gobierno federal, restringir las importaciones para proteger a los productores nacionales y obtener reciprocidad mediante acuerdos comerciales que reduzcan las barreras. La historia de la política comercial estadounidense puede dividirse en tres etapas diferenciadas, cada una caracterizada por el predominio de uno de esos objetivos. Entre 1790 y 1860 prevaleció la recaudación, ya que los derechos de importación representaban aproximadamente el 90 % de los ingresos del Gobierno federal. Entre 1861 y 1933, la creciente dependencia de la tributación interna desplazó la atención hacia la protección de las industrias nacionales. Entre 1934 y 2016, el principal objetivo de la política comercial pasó a ser la negociación de acuerdos comerciales con otros países. Estas tres etapas estuvieron separadas por dos grandes conmociones —la guerra de Secesión y la Gran Depresión— que reconfiguraron el poder político y modificaron los objetivos de la política comercial.

El apoyo político de los miembros del Congreso suele reflejar los intereses económicos de los productores más que los de los consumidores, ya que los primeros tienden a estar mejor organizados políticamente y emplean a numerosos trabajadores con derecho a voto. Los intereses relacionados con el comercio varían según las industrias, dependiendo de si se orientan a la exportación o compiten con las importaciones. En general, los trabajadores de los sectores exportadores son partidarios de aranceles más bajos, mientras que los de las industrias que compiten con las importaciones apoyan aranceles más elevados.

Dado que la representación en el Congreso se basa en criterios geográficos, los intereses económicos regionales tienden a configurar patrones de voto persistentes a lo largo del tiempo. Durante gran parte de la historia estadounidense, la principal división en materia de política comercial se ha situado en el eje Norte-Sur. A comienzos del siglo XIX se desarrolló un corredor industrial en el noreste, que incluía la producción textil de Nueva Inglaterra y las industrias del hierro de Pensilvania y Ohio, frecuentemente expuestas a la competencia de las importaciones. En cambio, el sur se especializó en exportaciones agrícolas como el algodón y el tabaco.

En épocas más recientes, los representantes del Cinturón del Óxido —que se extiende desde el norte del estado de Nueva York hasta el Medio Oeste industrial— se han opuesto a menudo a los acuerdos comerciales, mientras que los del sur y del oeste generalmente los han apoyado. Las diferencias regionales en los intereses comerciales implican que los partidos políticos pueden adoptar posturas opuestas sobre política comercial cuando sus bases electorales difieren geográficamente. Cada una de las tres etapas de la política comercial —centradas, respectivamente, en la recaudación, la restricción y la reciprocidad— tuvo lugar durante períodos de predominio político de un solo partido capaz de aplicar las políticas que prefería.

Período colonial

La política comercial ya era objeto de controversia antes de la independencia de Estados Unidos. Las trece colonias norteamericanas estaban sujetas al marco restrictivo de las Leyes de Navegación, que canalizaban la mayor parte del comercio colonial a través de Gran Bretaña. Aproximadamente tres cuartas partes de las exportaciones coloniales consistían en mercancías enumeradas que debían pasar por un puerto británico antes de ser reexportadas a otros destinos, una política que reducía los precios percibidos por los plantadores estadounidenses.

Los historiadores han debatido si las políticas mercantilistas británicas perjudicaron los intereses coloniales estadounidenses y contribuyeron a desencadenar la Revolución estadounidense. Harper estimó que las restricciones comerciales costaban a las colonias alrededor del 2,3 % de sus ingresos en 1773, aunque esta estimación no incluía los beneficios del imperio, como la defensa y los menores costes de los seguros marítimos. La carga económica de las Leyes de Navegación recayó principalmente sobre las colonias meridionales, especialmente sobre los cultivadores de tabaco de Maryland y Virginia, y pudo haber reducido los ingresos regionales hasta un 2,5 %, reforzando el apoyo a la independencia. El comercio exterior estadounidense disminuyó bruscamente durante la Guerra de Independencia y siguió siendo reducido durante la década de 1780. Se recuperó en la década de 1790, pero continuó siendo volátil debido a los conflictos militares que persistían en Europa.

Etapa de recaudación (1790-1860)

A partir de 1790, el recién constituido Gobierno federal adoptó los aranceles como principal fuente de ingresos. Entre los padres fundadores existía consenso en que los aranceles constituían tanto el medio más eficiente como el políticamente más aceptable de recaudar fondos públicos. Los primeros impuestos sobre las ventas del período poscolonial fueron muy controvertidos, difíciles de hacer cumplir y costosos de administrar. Esto quedó patente en acontecimientos como la Rebelión del Whisky, en la que la aplicación de esos impuestos provocó una resistencia considerable. Del mismo modo, el impuesto sobre la renta resultaba poco viable por diversas razones, en particular por las dificultades para registrar los ingresos y recaudar el tributo. En cambio, los aranceles ofrecían una solución más sencilla. Las importaciones entraban en Estados Unidos principalmente a través de un número limitado de puertos, como Boston, Nueva York, Filadelfia, Baltimore y Charleston. Esta concentración facilitaba la imposición y recaudación de tributos directamente en esos puntos. Además, los aranceles eran menos visibles para el público en general porque estaban incorporados al precio de los productos, lo que reducía la resistencia política. El sistema permitía recaudar ingresos eficazmente sin la visibilidad inmediata ni la percepción de carga asociadas a otras formas de tributación, lo que contribuyó a su aceptación política entre los fundadores.

El presidente Thomas Jefferson inició un importante experimento político al establecer, con el apoyo del Congreso, un embargo total al comercio marítimo a partir de diciembre de 1807. El objetivo declarado era proteger a los buques y marineros estadounidenses de verse involucrados en el conflicto naval anglo-francés (las guerras napoleónicas). A mediados de 1808, Estados Unidos había alcanzado una situación cercana a la autarquía, lo que supuso una de las interrupciones más extremas del comercio internacional en tiempos de paz de su historia. El embargo, vigente desde diciembre de 1807 hasta marzo de 1809, tuvo importantes costes económicos. Irwin (2005) estima que la pérdida estática de bienestar asociada al embargo fue de aproximadamente el 5 % del PIB.

Entre 1837 y 1860, durante el Segundo Sistema de Partidos y hasta el inicio de la guerra de Secesión, el Partido Demócrata predominó en la política estadounidense. Los demócratas obtenían su apoyo principalmente del sur exportador y promovían el lema «aranceles únicamente para recaudar ingresos», con el que expresaban su oposición a los aranceles proteccionistas. Como resultado, el arancel medio descendió desde los niveles de principios de la década de 1830 hasta situarse por debajo del 20 % en 1860. Durante este período hubo doce legislaturas del Congreso: siete con control unificado del Gobierno (seis demócratas y una whig) y cinco con control dividido. Esto significó que, durante esos 34 años, el Partido Whig, favorable a los aranceles y asentado en el norte, solo ejerció el poder durante dos años. Consiguió elevar los aranceles en 1842, pero la medida se revirtió en 1846, cuando los demócratas regresaron al poder. Durante los diez años de gobierno dividido, la política arancelaria no experimentó cambios.

Guerra de Secesión (1861-1865)

Algunos comentaristas ajenos al ámbito académico han sostenido que las restricciones comerciales fueron un factor importante en la decisión del sur de separarse durante la guerra de Secesión, aunque esta interpretación no goza de amplio respaldo entre los historiadores académicos. Tras el Arancel de las Abominaciones de 1828, Carolina del Sur amenazó con separarse, pero la crisis se resolvió mediante el Compromiso de 1833, que dio paso a una reducción sostenida de los aranceles. En 1846 y 1857 se produjeron nuevas reducciones, que situaron el arancel medio por debajo del 20 % en vísperas de la guerra, uno de los niveles más bajos del período anterior al conflicto. Irwin señala que los demócratas sureños ejercieron una influencia considerable sobre la política comercial hasta la guerra de Secesión. Rechaza la tesis revisionista —frecuentemente asociada a la narrativa de la Causa Perdida de la Confederación— según la cual el Arancel Morrill desencadenó el conflicto. Por el contrario, sostiene que dicho arancel solo pudo aprobarse porque los estados sureños ya se habían separado y sus representantes habían dejado de estar presentes en el Congreso para oponerse. Fue promulgado por el presidente James Buchanan, demócrata, antes de que Lincoln asumiera el cargo. En definitiva, Irwin no encuentra pruebas de que los aranceles fueran una causa importante de la guerra de Secesión.

Etapa de restricción (1866-1928)

La guerra de Secesión desplazó el poder político del sur al norte, lo que favoreció al Partido Republicano, partidario de los aranceles proteccionistas. Como resultado, la política comercial pasó a centrarse más en la restricción de las importaciones que en la recaudación, y los aranceles medios aumentaron. Entre 1861 y 1932, los republicanos dominaron la política estadounidense y obtuvieron su apoyo electoral del norte, donde se concentraban los intereses manufactureros. Los republicanos defendían aranceles elevados para limitar las importaciones, de modo que los tipos aumentaron hasta el 40-50 % durante la guerra de Secesión y permanecieron en esos niveles durante varias décadas. En este período hubo 35 legislaturas del Congreso, incluidas 21 con control unificado del Gobierno (17 republicanas y cuatro demócratas) y 14 con control dividido. A lo largo de esos 72 años, los demócratas solo consiguieron reducir los aranceles en dos ocasiones, en 1894 y 1913, pero ambas iniciativas fueron rápidamente revertidas cuando los republicanos recuperaron el poder. Aunque la política comercial fue objeto frecuente de controversia, permaneció relativamente estable debido al prolongado predominio de un solo partido y a las barreras institucionales al cambio.

Según Irwin, un mito habitual sobre la política comercial estadounidense es que los aranceles elevados convirtieron a Estados Unidos en una gran potencia industrial a finales del siglo XIX. Aunque la participación del país en la producción manufacturera mundial pasó del 23 % en 1870 al 36 % en 1913, los aranceles, ciertamente elevados, también tuvieron un coste, estimado en torno al 0,5 % del PIB a mediados de la década de 1870. En algunas industrias pudieron haber acelerado el desarrollo unos pocos años. El crecimiento económico estadounidense durante su etapa proteccionista se debió en mayor medida a la abundancia de recursos naturales y a su apertura a las personas y las ideas, incluida la inmigración a gran escala, el capital extranjero y las tecnologías importadas. Aunque los aranceles sobre los productos manufacturados eran elevados, el país siguió siendo abierto en otros aspectos, y buena parte del crecimiento económico se produjo en servicios como los ferrocarriles y las telecomunicaciones, más que en las manufacturas, que ya se habían expandido considerablemente antes de la guerra de Secesión, cuando los aranceles eran más bajos.

Gran Depresión y Arancel Smoot-Hawley (1929-1933)

La Ley Arancelaria de 1930, conocida habitualmente como Arancel Smoot-Hawley, se considera una de las leyes arancelarias más controvertidas aprobadas por el Congreso estadounidense. La ley elevó el arancel medio sobre las importaciones sujetas a derechos de aproximadamente el 40 % al 47 %, aunque la deflación de los precios durante la Gran Depresión hizo que el tipo efectivo alcanzara casi el 60 % en 1932. El Arancel Smoot-Hawley se aplicó cuando la economía mundial entraba en una grave recesión. La Gran Depresión de 1929-1933 supuso un colapso económico tanto para Estados Unidos —donde el PIB real cayó aproximadamente un 25 % y el desempleo superó el 20 %— como para gran parte del mundo. Mientras se contraía el comercio internacional, se multiplicaban las barreras comerciales, aumentaba el desempleo y disminuía la producción industrial a escala mundial, lo que llevó a muchos a atribuir parte de la crisis económica mundial al Arancel Smoot-Hawley. Hasta qué punto esta legislación contribuyó a agravar la Gran Depresión sigue siendo objeto de debate.

Irwin sostiene que, aunque la Ley Arancelaria Smoot-Hawley no fue la causa principal de la Gran Depresión, contribuyó a agravarla al provocar represalias internacionales y reducir el comercio mundial. Su impacto se vio atenuado por el reducido tamaño del sector comercial de la época. Solo un tercio de las importaciones totales estadounidenses de 1930 estaban sujetas a aranceles, y estas importaciones representaban únicamente el 1,4 % del PIB. Según Irwin, no existen pruebas de que la legislación alcanzara sus objetivos de creación neta de empleo o recuperación económica. Incluso desde una perspectiva keynesiana, la política fue contraproducente, ya que la caída de las exportaciones superó la reducción de las importaciones. Aunque la disminución de los ingresos en el extranjero fue un factor fundamental en el desplome de las exportaciones estadounidenses, el arancel también limitó el acceso de otros países a los dólares estadounidenses, lo que apreció la moneda y redujo la competitividad de los productos del país en el exterior. Irwin destaca que una de las consecuencias más perjudiciales de la ley fue el deterioro de las relaciones comerciales de Estados Unidos con sus principales socios. Aprobado cuando la Sociedad de Naciones intentaba establecer una «tregua arancelaria» mundial, el Arancel Smoot-Hawley fue percibido ampliamente como una medida unilateral y hostil que socavaba la cooperación internacional. En su evaluación, la consecuencia a largo plazo más importante fue que el resentimiento generado alentó a otros países a formar bloques comerciales discriminatorios. Estos acuerdos preferenciales desviaron el comercio de Estados Unidos y obstaculizaron la recuperación económica mundial.

En un artículo de noviembre de 2024, The Economist señaló que la ley, «que elevó los aranceles medios sobre las importaciones en torno a un 20 % y desencadenó una guerra comercial de represalias mutuas, fue devastadoramente eficaz: el comercio mundial se redujo en dos tercios. Fue tan catastrófica que el comercio mundial se redujo en dos tercios. Fue tan catastrófica para el crecimiento de Estados Unidos y del resto del mundo que los legisladores no han vuelto a tocar el asunto desde entonces. “Smoot-Hawley” se convirtió en sinónimo de una política desastrosa».

El economista Paul Krugman sostiene que el proteccionismo no provoca necesariamente recesiones, puesto que una reducción de las importaciones derivada de los aranceles puede tener un efecto expansivo que compense la caída de las exportaciones. En su opinión, las guerras comerciales tienden a reducir las exportaciones y las importaciones de forma simétrica, con un efecto neto limitado sobre el crecimiento económico. Considera que la Ley Arancelaria Smoot-Hawley no causó la Gran Depresión; por el contrario, interpreta la fuerte caída del comercio entre 1929 y 1933 como una consecuencia de la Depresión, y las barreras comerciales como una respuesta política, más que como un desencadenante.

Etapa de reciprocidad (1934-2016)

La Gran Depresión provocó un reajuste político tras la victoria demócrata en las elecciones de 1932. Estos comicios pusieron fin a décadas de predominio republicano e iniciaron un período de control demócrata del Gobierno federal que se prolongó de 1933 a 1993. Este reajuste desplazó la influencia hacia el partido que daba prioridad a los intereses exportadores del sur. En consecuencia, la política comercial pasó del proteccionismo a la reciprocidad, y los niveles arancelarios medios disminuyeron considerablemente. Durante este período hubo 30 legislaturas del Congreso, 16 con control unificado del Gobierno (15 demócratas y una republicana) y 14 con control dividido. A lo largo de esos 60 años, el objetivo general de promover acuerdos comerciales recíprocos permaneció prácticamente inalterado, incluso durante los dos años (1953-1955) en que los republicanos tuvieron el control unificado.

Después de la Segunda Guerra Mundial, y a diferencia de épocas anteriores, el Partido Republicano comenzó a apoyar la liberalización del comercio. Desde principios de la década de 1950 hasta comienzos de la de 1990 surgió un período poco habitual de consenso bipartidista, durante el cual ambos partidos coincidieron generalmente en materia de política comercial. Esto ocurrió durante la Guerra Fría, cuando las consideraciones de política exterior tenían gran importancia y las divisiones partidistas eran menores (Bailey, 2003).

Tras la votación de 1993 sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el apoyo demócrata a la liberalización comercial disminuyó considerablemente. Para entonces, los dos grandes partidos habían invertido en la práctica sus posiciones sobre la política comercial. Este cambio en la alineación partidista refleja principalmente transformaciones en la representación regional: el sur pasó de ser un bastión demócrata a uno republicano, mientras que el noreste se volvió cada vez más demócrata. Como resultado, las posiciones regionales sobre la política comercial se mantuvieron en gran medida constantes, pero los partidos pasaron a representar a electorados geográficamente distintos.

Curiosidades

Véase también

Referencias

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