| Batalla de Segeda | ||||
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| Parte de Guerras celtíberas | ||||
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Zona arqueológica de Segeda | ||||
| Fecha | 23 de agosto de 153 a.C. | |||
| Lugar | Cercanías de Numancia, Hispania Citerior (según Apiano) | |||
| Resultado | Primer día: Victoria celtíbera Segundo día: Victoria romana | |||
| Consecuencias | Inicio de la Segunda Guerra Celtíbera | |||
| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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| Fuerzas en combate | ||||
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| Bajas | ||||
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La Batalla de Segeda fue un enfrentamiento militar ocurrido el 23 de agosto de 153 a.C. entre las fuerzas de la ciudad celtibérica de Segeda (perteneciente al pueblo de los belos) y el ejército de la República romana al mando del cónsul Quinto Fulvio Nobilior. El choque se produjo en el contexto del intento de Segeda de ampliar sus murallas y llevar a cabo un sinecismo con los titos, lo que Roma consideró una violación de los pactos establecidos con Tiberio Sempronio Graco en el 179 a.C. La batalla, que inicialmente supuso una derrota romana con cerca de 6.000 bajas según las fuentes antiguas, terminó con la victoria de Nobilior y la muerte del caudillo celtíbero Caro. Marcó el inicio de las Guerras Celtíberas y el posterior asedio de Numancia. El impacto del conflicto contribuyó a un cambio en el calendario romano, adelantando la toma de posesión de los cónsules al 1 de enero.
Tras la Segunda Guerra Púnica, Roma estableció una serie de tratados con los pueblos indígenas de la península ibérica. En el año 179 a.C., el pretor Tiberio Sempronio Graco firmó un pacto con las ciudades celtíberas que, entre otras cláusulas, prohibía la fundación de nuevas ciudades fortificadas y obligaba al pago de tributos y al servicio militar. Segeda, una importante ciudad-estado de los belos situada en el valle del Jalón (actuales términos municipales de Mara y Belmonte de Gracián, Zaragoza), se vio sometida a estos acuerdos. Entre los años 179 y 154 a.C., Segeda experimentó un notable desarrollo económico y político, convirtiéndose, según Burillo Mozota, en uno de los oppida más extensos del valle del Ebro y noreste peninsular, con una zona habitada de al menos 17 hectáreas y un recinto amurallado superior a las 40 hectáreas.
La causa inmediata del conflicto fue la decisión de Segeda de ampliar sus murallas y llevar a cabo un sinecismo con los titos, promoviendo su integración en la ciudad. Roma interpretó estas acciones como un incumplimiento de los pactos de Graco. Según el historiador Apiano, los segedenses argumentaron que Graco había prohibido fundar nuevas ciudades, pero no fortificar las ya existentes, y que habían sido eximidos del tributo y de las tropas mercenarias por los propios romanos tras el pacto. El Senado romano, sin embargo, rechazó estas razones y declaró la guerra a Segeda en el año 154 a.C. Al año siguiente, envió al cónsul Quinto Fulvio Nobilior con un ejército de aproximadamente 30.000 hombres, según las fuentes antiguas.
Ante la llegada inminente del ejército romano, los habitantes de Segeda, conscientes de su inferioridad numérica y de la imposibilidad de resistir un asedio, decidieron abandonar la ciudad. Según Apiano, la población segedense huyó con sus mujeres e hijos y se refugió entre los arévacos de Numancia, pueblo al que las fuentes describen como socios et consanguineos (aliados y parientes) de los segedenses. Los numantinos acogieron a los refugiados y, junto con ellos, eligieron como caudillo a Caro, un hombre «tenido por hombre belicoso» según el relato de Apiano.
La coalición celtibérica logró reunir un ejército de aproximadamente 20.000 infantes y 5.000 jinetes, según las fuentes antiguas. Nobilior, al frente de unos 30.000 hombres, avanzó hacia el territorio de los arévacos. Según Apiano, el enfrentamiento se produjo a unos 24 estadios de Numancia, aunque la batalla se asocia al conflicto de Segeda y su localización exacta no está del todo clara. El combate se libró el 23 de agosto de 153 a.C., fecha consagrada a la festividad de las Vulcanalia en honor al dios Vulcano.
El choque inicial resultó en una victoria para las fuerzas celtibéricas. Los celtíberos, conocedores del terreno y superiores en caballería, sorprendieron a las legiones romanas y les causaron aproximadamente 6.000 bajas, según las fuentes antiguas. Sin embargo, al día siguiente los romanos se rehicieron y contraatacaron. En la refriega murió el propio Caro, y los celtíberos, privados de su caudillo, fueron finalmente derrotados.
Tras la batalla, Nobilior se dirigió contra Segeda. La ciudad había sido abandonada por sus habitantes, que se habían refugiado en Numancia, y el cónsul devastó su territorio. A continuación, el ejército romano puso sitio a Numancia, pero los numantinos resistieron y lograron infligir una severa derrota a Nobilior, en la que los elefantes de guerra romanos, asustados por el ruido y el fuego, causaron estragos entre las propias filas romanas. Esta derrota obligó a Roma a enviar refuerzos y prolongó el conflicto durante dos décadas.
La Batalla de Segeda tuvo consecuencias importantes, entre ellas:
Las investigaciones arqueológicas han identificado los restos de Segeda en dos yacimientos principales: Segeda I, en el Poyo de Mara (Mara, Zaragoza), y Segeda II, en el Durón de Belmonte de Gracián (Belmonte de Gracián, Zaragoza). Las excavaciones, dirigidas por Francisco Burillo Mozota desde 1998, han descubierto parte de un barrio correspondiente a la ampliación urbana de Segeda I y un tramo de la muralla que, según las fuentes, causó el conflicto. También se ha identificado un campamento romano en los Planos de Mara, a unos 4 km al sur de Segeda, donde se asentaron las tropas de Nobilior durante el asedio.