
Un bombardeo naval, llamado en la doctrina militar moderna NGFS (naval gunfire support) o NSFS (naval surface fire support), consiste en el uso de artillería desde buques contra una posición terrestre, generalmente con objeto de cubrir un desembarco. En los tiempos modernos es parte indispensable de la guerra anfibia junto con el apoyo aéreo y el uso de misiles de larga distancia. Su uso se remonta a la antigüedad, pero fue especialmente preconizado por la armada española.
El primer ejemplo podría haber sido Julio César durante la primera invasión de Britania, donde hizo empujar a tierra sus barcos más ligeros y disparar con hondas y arcos desde ellos para cubrir el desembarco ante las tropas britanas. Por lo demás, el primer ejemplo con el uso de la pólvora aparece en 1347, cuando Eduardo III de Inglaterra utilizó embarcaciones equipadas con bombardas y otros cañones durante el sitio de Calais.
Los españoles hicieron un uso extensivo de los bombardeos navales en las guerras del Mediterráneo. Un ejemplo temprano, que incluyó el uso de rudimentarios buques acorazados, tuvo lugar durante la Jornada de Mazalquivir en 1505. Durante el reinado del emperador Carlos V, la Conquista de Corón y Patras en 1532, liderada por el almirante Andrea Doria, empleó una concentración masiva de fuego de artillería, procedente tanto de buques de vela anclados como de galeras en movimiento de volea, para dar cobertura a una operación anfibia. En esta acción participó la gran nao Santa Anna junto con otros buques de guerra, los cuales contaban además con piezas de artillería ligera instaladas en su arboladura para lograr mejores ángulos de tiro.

La Jornada de Túnez en 1535, dirigida en el mar por Doria y Álvaro de Bazán el Viejo, también recurrió ampliamente al fuego naval para proteger el avance de las tropas terrestres y debilitar las posiciones enemigas. En ella intervinieron la Santa Anna y el São João Baptista, un galeón portugués de aún mayor envergadura, apoyados por galeras que los remolcaron hasta sus posiciones. Asimismo, su artillería demostró tener un alcance superior al de la artillería terrestre otomana, incluso cuando los buques no podían acercarse a la costa con total seguridad. La fortaleza de La Goleta terminó cayendo tras un intenso bombardeo conjunto que provocó el derrumbe de parte de la estructura.
Doria también empleó el apoyo artillero de las galeras durante el socorro de Niza, lo que permitió desembarcar a las fuerzas terrestres directamente sobre las posiciones franco-otomanas. Por otra parte, García de Toledo ideó un tipo especial de embarcación denominada batería flotante, construida sobre los cascos de dos galeras, para bombardear la costa durante la toma de Mahdía en 1550.
Álvaro de Bazán el Mozo también empleó la artillería de las galeazas para cubrir el desembarco de galeras y embarcaciones de desembarco durante la conquista de las Azores en 1583. La armada española volvió a utilizar galeazas para dar cobertura al asalto y la toma de Blavet durante las Guerras de Religión de Francia. Del mismo modo, Luis Fajardo utilizó el bombardeo naval desde buques de vela para cubrir un desembarco en botes durante la incursión en Túnez de 1609; en dicha operación, los navíos sirvieron además como señuelos para atraer el fuego enemigo desde La Goleta. Poco después los franceses, dirigidos por el vasco francés Bernard Renau d'Eliçagaray, construyeron el tipo de buque llamado bombarda para utilizar morteros en el mar.
En el siglo XVIII, los españoles recurrieron al fuego de artillería naval para proteger sus operaciones de desembarco durante la conquista de Orán en 1732, logrando desbaratar a las fuerzas argelinas. Una generación más tarde, Antonio Barceló desarrolló la artillería embarcada en jabeques y lanchas para bombardear posiciones enemigas desde la costa, dándole gran uso durante la invasión española de Argel de 1775, en la que él y el inglés al servicio de España John Acton cubrieron el avance de la infantería y pusieron en fuga a la caballería mora. La expedición fracasó en última instancia ante la resistencia argelina, por lo que su artillería se volvió todavía más decisiva para cubrir el reembarque. Más tarde, sus cañoneras patentadas, junto con baterías flotantes construidas por los franceses, también fueron empleadas durante el asedio de Gibraltar de 1779–1783.