| La Perla Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio | ||
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| Edificio | ||
| Localidad | Malagueño | |
| Provincia | Córdoba | |
| Inauguración | 1976 | |
| Clausura | 1983 | |
| Coordenadas | 31°25′58.102″S 64°20′33.101″O / -31.43280611, -64.34252806 | |
| Centro de Detención | ||
| Fuerza | IV Brigada Aerotransportada, III Cuerpo de Ejército | |
El ex centro clandestino de detención «La Perla», también conocido como «la Universidad», fue un lugar central en la implementación del terrorismo de Estado en la provincia de Córdoba. Funcionó en la localidad de Malagueño entre marzo de 1976 hasta finales de 1978 durante la última dictadura cívico militar. Es considerado el centro clandestino de detención, tortura y Exterminio (CCDTyE) más grande del interior del país por la cantidad de personas secuestradas y desaparecidas, se calcula que entre 2.300 y 2.500 personas estuvieron cautivas allí, más del 80% de esas personas continúan desaparecidas.
Tenía como objetivo la persecución y eliminación de cualquier forma de participación política que confrontara con el proyecto político, económico y cultural impuesto por la dictadura.
Está ubicado en la localidad de Malagueño, a 15 kilómetros de la ciudad de Córdoba sobre la colectora norte de la Ruta Nacional RN 20, también conocida como la Autopista Córdoba - Carlos Paz. Las instalaciones son visibles desde la ruta.
Más específicamente, se localizó en el territorio de la Guarnición Militar Córdoba.Funcionó bajo la responsabilidad del Área 311, a cargo del Comando de la IV Brigada de Infantería Aerotransportada, dependiente del entonces III Cuerpo de Ejército.

En 1942 tras la expropiación de un conjunto de estancias, ubicadas entre la ciudad de Córdoba al este, Malagueño al sur, Carlos Paz al oeste y La Calera al norte, se crea la Guarnición Militar Córdoba abarcando unas 14.000 hectáreas donde se instalan las instituciones de Defensa Nacional que comprenden el actual Comando de la 2° División del Ejército Argentino.
En 1975 se construyeron los edificios que funcionaron desde marzo de 1976 como CCDTyE. Durante la dictadura cívico militar, el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio fue denominado “La Perla” o “La Universidad” y estaba bajo la órbita del III Cuerpo de Ejército comandado por Luciano Benjamín Menéndez, hasta diciembre de 1978.
Tenía como objetivo la persecución y eliminación de cualquier forma de participación política que confrontara con el proyecto político, económico y cultural impuesto por la dictadura. Para hablar de las personas secuestradas, los represores usaban eufemismos, se referían a ellas como bultos, personas sin nombre a las que identificaban con números, no hablaban de asesinar sino de trasladar, no hablaban de tortura sino de interrogatorios, llamaban a la sala de tortura margarita o sala de terapia intensiva.
En 1979 el predio de La Perla se reconvirtió como guarnición militar y funcionó como cuartel militar y sede de la 4° Brigada de Caballería Aerotransportada hasta enero de 2007.
El 24 de marzo de 2007 el gobierno nacional realizó el traspaso del predio a la Comisión Provincial de la Memoria (CPM). La CPM fue creada por ley en 2006, y sacó de la órbita del Ministerio de Defensa el predio de La Perla. De esa manera, donde estuvo establecido el CCDTyE La Perla se conformó un espacio para la memoria que el 24 de marzo de 2009 se abrió públicamente a toda la sociedad para la reflexión crítica y al diálogo intergeneracional sobre la promoción de los derechos humanos.
Desde el año 2015 fue declarado lugar histórico nacional por el poder ejecutivo nacional mediante el decreto 2521/2015 que establece la importancia de preservarlo como parte del legado tangible e intangible de la historia del país, garantizando su perdurabilidad en el tiempo aportando al debate y la búsqueda de respuestas sobre el pasado reciente.
El centro de detención clandestino de tortura y exterminio La Perla fue el más importante de la Zona 3, una de las cinco zonas militares en las que se había dividido el país. La Zona 3 estaba bajo la responsabilidad del III (Tercer) Cuerpo de Ejército con sede en Córdoba a cargo del general Luciano Benjamín Menéndez. El III cuerpo abarcaba el centro, oeste y noroeste del país, compuesto por 10 provincias: Córdoba, San Luis, San Juan, Mendoza, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy.

Tomás Carmen Di Toffino (Dirigente de Luz y Fuerza); René Salamanca (Dirigente de SMATA); Graciela María Doldan (Abogada - compañera de Sabino Navarro, Montoneros); Eduardo Requena (Docente - Dirigente de CTERA Córdoba); Roberto Julio Yornet; Luis Mónaco; Ester Felipe de Mónaco; Armando Camargo; Marta Alicia Bertola de Camargo; Susana Bertola de Berastegui; Juan Carlos Berastegui; Ramona Galíndez de Rossi; Alejandra Jaimovich; Alejandro Monjeau; Adriana Díaz Ríos de Soulier; Juan Carlos Soulier; Luis Soulier; Herminia Falik de Vergara; María Luz Mujica de Ruartes; Enrique Horacio Fernández Samar; Diego Hunziker; Leticia Hunziker; Carlos Alberto D'Ambra; Pablo Ortman; Berta Perassi; Hilda Flora Palacios; Carlos Enrique Lajas; Humberto Horacio Brandalisis; Raúl Cardozo; Héctor Araujo; Rita Ales de Espíndola; Gerardo Espíndola; Ricardo Armando Ruffa; Diego Ferreyra, Silvia Peralta; los adolescentes que organizaron el Centro de Estudiantes de la Escuela Manuel Belgrano (Silvina Parodi, Gustavo Torres, Jorge Nadra, Pablo Schmucler, Claudio Román, Walter Magallanes, Oscar Liñeira, Fernando Ávila, Graciela Vitale y Daniel Bachetti)
La reconstrucción del funcionamiento del Centro Clandestino de Tortura y Exterminio “La Perla” se basa en el testimonio de las personas que sobrevivieron y que mediante diversas declaraciones han dado cuenta desde su experiencia y memoria de algunas regularidades de los usos y actividades en cada edificio.
El CCDTyE funcionó en cuatro edificios de ladrillo a la vista, tres de ellos comunicados por una galería. Dos de estos eran utilizados por oficiales y suboficiales y el tercero era “La Cuadra”, donde permanecían las personas secuestradas. Conforme se detalla en los testimonios, en la entrada de “La Cuadra” hay cuatro oficinas para interrogatorios y tortura, dos administrativas y una para enfermería. Los baños y duchas estaban en el fondo de la cuadra. Los otros edificios son los galpones de automotores y la caballeriza en donde se encontraba la “sala de torturas” que tenía un cartel que decía: "Sala de terapia intensiva - No se admiten enfermos".
Este lugar era el lugar de entrada de los detenidos-desaparecidos al centro de exterminio. Allí eran descargados como “bultos” y llevados a la cuadra y a las oficinas para ser interrogados y torturados.


Era el lugar físico donde los detenidos pasaban la mayor parte de su cautiverio en el centro. Los secuestrados eran traídos aquí gravemente heridos luego de los tormentos psíquicos y físicos padecidos en las oficinas y la sala de torturas.
Quienes sobrevivían pasaban todo el día acostados o sentados en colchonetas de paja y tapados con mantas de lana, vendados y maniatados, permanentemente vigilados y amenazados, y con la estricta prohibición de comunicarse.
A lo largo del funcionamiento de este centro clandestino, la cuadra albergó un número variable de personas, llegando en algunos momentos a alojar simultáneamente más de cien. Los secuestrados permanecían aquí hasta que los civiles y militares responsables del plan de exterminio ordenaban su “traslado”, que la mayoría de las veces significaba su asesinato y el posterior ocultamiento de sus cuerpos. En contadas situaciones algunos secuestrados fueron liberados, otros llevados a prisiones, y otros sometidos a un falso régimen de “libertad vigilada”.
Salvo por algunas modificaciones leves la estructura de “la cuadra” se mantiene como en su periodo de funcionamiento como CCDTyE.
Estas habitaciones tuvieron como principal función sistematizar y almacenar la información extraída mediante torturas a los detenidos-desaparecidos y también corroborar información acumulada previamente en forma ilegal por los “servicios de inteligencia” del Estado mediante el espionaje a la sociedad civil.
Ahí, a cada secuestrado, se le asignaba un número que suplantaría su nombre dentro del campo, también se confeccionaban carpetas y listados en los que se registraban su identidad y pertenencia política. Esta información era comunicada diariamente al Destacamento de Inteligencia 141 y al Comando del III Cuerpo de Ejército.
Las oficinas fueron también un lugar de tortura. Estas habitaciones se utilizaron como lugar de cautiverio y para “preparar” a los secuestrados que los responsables del exterminio elegían para ser asesinados y desaparecidos. Lo que en la jerga del campo se llamaba “el previo” o “el ablande”, combinaba los castigos físicos con extorsiones y amenazas a las víctimas. Para esto último, se les ajustaba con fuerza la venda del rostro, se les ataban las manos y se los amordazaba para que no pudiesen defenderse o alertar a otros de que iban a ser “trasladados”.

Para los secuestrados, ir al baño o a ducharse era uno de los pocos momentos en los que rompían la inmovilidad de la vida en la cuadra. Para ello debían solicitárselo a la guardia que los llevaba en fila o individualmente. Cuando iban en grupo, compartir el espacio del baño constituía casi el único momento donde se relajaban las estrictas normas de incomunicación, aquí los secuestrados hablaban entre sí o podían levantarse la venda y mirar a su alrededor.
Sin embargo esta relativa “intimidad” era violada ya que los guardias espiaban sobre todo a las prisioneras, cuando se bañaban. La mirada sobre el cuerpo desnudo era vivida como otra forma de humillación.
En estos espacios estaba ubicada una pila de ropa de los secuestrados que, algunas veces, era “reutilizada” por otros tras los “traslados”. Reconociendo la pertenencia de prendas de personas conocidas, algunos secuestrados pudieron comprobar que habían pasado por el campo con anterioridad.
Estas habitaciones fueron modificadas sustancialmente con el uso del espacio como dormitorios para los soldados. La zona de duchas no tenía muros divisorios y los piletones de cemento fueron retirados y reemplazados por bachas.

Los represores llamaban a esta habitación “Sala de Terapia Intensiva” o “Margarita” en alusión a una de las formas de las picanas eléctricas.
Las torturas físicas de diversa índole eran llamadas eufemísticamente por sus ejecutores como “interrogatorios”. Consistían en amarrar al prisionero en una cama de hierro, desnudo y vendado y aplicarle descargas eléctricas en todo el cuerpo, alternando esta práctica con golpes con un palo en las articulaciones, puñetazos y vejaciones, ahogamiento en tachos de agua, o asfixia con bolsas plásticas. En ocasiones, se hacía escuchar la tortura de otros prisioneros, o se llevaba a una persona que tenía una relación cercana con el torturado y se la amenazaba o torturaba en su presencia.
El principal objetivo de la tortura era obtener la mayor cantidad de información en el menor tiempo posible, los torturadores eran salvajes con los secuestrados pero evitaban matarlos. A estos fines contaban con médicos que controlaban el estado físico del prisionero durante la aplicación de tormentos. Sin embargo, en varias ocasiones las personas secuestradas murieron en estas “sesiones”. Otro tipo de tortura se llamaba el "submarino" en el cual la persona torturada le hundían la cabeza en agua durante varios minutos hasta dejarlos inconscientes. La ferocidad de las torturas no hacía diferencias entre hombres o mujeres, demostrando de este modo la forma impune en que actuaban sin medir las consecuencias.

Contiguas a la sala de torturas, eran utilizadas como depósito de los cuerpos resultantes de las torturas para luego desaparecer su cuerpo.
Este espacio tuvo dos funciones centrales. Una de ellas era ser depósito de vehículos en desuso, lugar de reparación y mantenimiento de aquellos que eran usados para los secuestros. Para esta tarea, muchas veces se obligaba a algunos secuestrados a la reparación, limpieza y mantenimiento de los automotores para realizar nuevos operativos.
La segunda función era la de depósito de las pertenencias robadas a las víctimas en los operativos de secuestro. Este ‘botín’ era repartido entre los represores y a veces revendido por su valor económico.
Aunque prácticamente desconocidas por los secuestrados, estas tres habitaciones eran fundamentales para el desarrollo cotidiano del centro clandestino. La sala mayor era utilizada como el dormitorio de la guardia; en la cocina se elaboraban los alimentos tanto para los civiles y militares que “trabajaban” en La Perla, como el de las personas que sufrían cautiverio: por último, la habitación menor al lado de la cocina era el comedor.


El Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos “La Perla” es una institución estatal que se inauguró el 24 de marzo de 2009, con el objetivo entre otros de “formar a las nuevas generaciones en una cultura de respeto a los derechos humanos a la luz de la revisión crítica de las experiencias ligadas a la represión política durante la última dictadura militar en Argentina (1976-1983) y en particular en la provincia de Córdoba”.
Hoy se encuentra bajo la dirección de María Noel Tabera y se divide en diversas áreas, entre las que destacan: Investigación, Comunicación, Conservación y Mantenimiento, Cultura, Museografía y Pedagogía de la Memoria. Cada una tiene diversos objetivos, que implican desde reconstruir la vida cotidiana durante los años de la dictadura, la conservación de los espacios, la diagramación de diversas muestras permanentes y temporarias y el diseño y la puesta en marcha de diversas actividades pedagógicas y culturales.

Además del recorrido histórico, en el espacio se pueden recorrer diferentes muestras artísticas que invitan a reflexionar sobre los derechos humanos. Hay exposiciones que están de manera permanente, otras itinerantes y temporales.
Entre los espacios que se pueden visitar está la sala “Presentes” que homenajea y reconoce a las personas que pasaron por el centro clandestino y que aún están desaparecidas. Es también una invitación a participar en la construcción de sus historias de vida. Además, está la sala “Identidades de la perla”, construida con Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba, que muestra las historias de vida de las mujeres que estaban embarazadas al momento de su detención-desaparición, las y los nietos recuperados y las abuelas que los están buscando. Otra de las salas se denomina “Pequeñas y grandes REBELDÍAS” y tiene el objetivo de mostrar la multiplicidad de experiencias sociales, culturales y políticas protagonizadas por los jóvenes de los años 60 y 70; para promover nuevas preguntas sobre el presente. En la sala “Represores” se visibiliza quiénes fueron los miembros del grupo de tarea de La Perla, cuál fue su responsabilidad en su funcionamiento y cuál es su situación judicial.

Una de las muestras artísticas permanentes es “Peregrinxs contra la impunidad” que propone recorrer el camino de Memoria, Verdad y Justicia y sus legados. Otra es “(sobre)VIDAS” que relata historias de despojos, herencias y resistencias a través de los objetos que algunos sobrevivientes lograron llevarse del campo de concentración. Además, se puede encontrar “La Perla 2019/1976”, una línea de tiempo que muestra el proceso de visibilización y conquista de La Perla como Espacio para la Memoria y la Promoción de Derechos Humanos. En los galpones, se puede encontrar la muestra “Miseria planificada” sobre Economía y Dictadura y la muestra fotográfica “Lo imposible sólo tarda un poco más” sobre voces y miradas del juicio al terrorismo de Estado en Córdoba.
Mientras la golpean le gritan que van a matar a la criatura que lleva en el vientre. La insultan y amenazan permanentemente. En un momento dado le dicen: «estás desaparecida en la Perla. De aquí ni Dios, ni el Papa, ni el presidente te sacan...» (Nunca Más)
de El Tigre y la Nieve, novela de Fernando Butazzoni (1986) sobre una detenida, Julia Flores, en La Perla.
Los prisioneros eran llamados "los negros" (Nunca más, 1566).
Declaración de un sobreviviente de La Perla (del Nunca Más):
En el libro "Sobrevivientes de la Perla" los autores relatan:
En 1984 el suboficial Alberto Vega declaró a la CONADEP que él trasladaba a los detenidos a unos pocos kilómetros de la Perla (Córdoba), los colocaba frente a una fosas con los ojos vendados, amordazados y con las manos atadas a la espalda, donde eran fusilados y sus cuerpos quemados con cal antes de tapar la fosa (Nunca más).
Un campesino que alquilaba los campos de La Perla declaró que vio como el general Menéndez ordenaba fusilar con ametralladoras a alrededor de 120 personas que cayeron a unas cisternas que existían ahí. Luego tiraron petróleo a las cisternas llenas de cuerpos fusilados y produjeron una enorme fogata (Nunca más).
El 25 de mayo de 1977 el personal de La Perla festejó la fecha patria (Revolución de Mayo). Los torturadores pusieron una gran mesa en el centro de la cuadra de detenidos y sirvieron chocolate entre ellos. Mientras tanto todos los secuestrados debían permanecer de pie, al lado de sus colchonetas, y con los ojos vendados. Al comienzo todos debieron cantar el himno nacional (Nunca Más, Leg. 4279).
A partir de 1977 Menéndez realiza el llamado "pacto de sangre" obligando a todos los militares del III Cuerpo a participar en los asesinatos. Se fusilaban 3 personas por día. A las 4 de la tarde, colocaban los biombos y gritaban: "tabicar...SE", o "CAMIOOOON"... Era el camión que procedía a "trasladar" a los detenidos-desaparecidos, eufemismo que se utilizaba en todos los CCD para el momento del asesinato.
En el marco de la causa conocida como averiguación de enterramientos clandestinos, el 26 de septiembre de 2025 el juzgado federal N° 3, a cargo del Dr. Vaca Narvaja, confirmó el hallazgo de restos óseos en los campos de la Guarnición Militar La Calera.
Gracias al trabajo del equipo argentino de antropología forense y del geólogo Guillermo Sacripanti de la Universidad Nacional de Río Cuarto, después de 20 años de investigación en la zona circundante a La Perla, se hallaron restos que coinciden con la hipótesis de búsqueda de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico militar.
Según esta hipótesis, en la zona investigada existieron grandes fosas comunes que fueron removidas por los militares antes de caer el gobierno de facto. Según el testimonio de los sobrevivientes en los juicios, el camión que “trasladaba” a los detenidos tardaba poco tiempo en ir y volver, lo que hacía suponer que la fosa donde arrojaban los cuerpos estaba cercana al campo La Perla. A ese dato, se sumó el testimonio clave del campesino Juan Julián Solanille y las fotos satelitales de 1979 que muestran los cambios en el terreno.
El 25 de marzo de 2026 se dieron a conocer doce nombres de personas desaparecidas, halladas en Loma del Torito e identificadas genéticamente. Ellas son: Ramiro Sergio Bustillo; José Nicolás Brizuela; Raúl Oscar Ceballos Cantón; Adriana María Carranza o Cecilia María Carranza; Carlos Alberto D´Ambra; Alejandro Jorge Monjeau; Mario Alberto Nívoli; Elsa Mónica O´Kelly Pardo; Oscar Omar Reyes; Eduardo Jorge Valverde y Sergio Julio Tissera. Además, se identificó a otra persona que por pedido expreso de la familia no se difundió su identidad.
Estas identificaciones se obtuvieron a partir del análisis antropológico de todos los elementos recuperados en 2025 y del cotejo de ADN de un primer conjunto de elementos óseos aportados por los familiares de personas desaparecidas y enviados al Laboratorio de Genética del Equipo Argentino de Antropología Forense.
El 12 de mayo de 2026, el juzgado federal N°3 confirmó la identificación de 17 nuevas personas en loma de torito, sumando 29 identidades restituidas gracias a esta búsqueda. Ellas son: Silvia Ester Felipe y Luis Carlos Mónaco; Nélida Noemí Moreno y José Luis Goyochea; Rosa Cristina Godoy y Carlos Cayetano Cruspeire; Graciela María de los Milagros Doldán; Juan Carlos Navarro Moyano; Gilberto Néstor Lellin D´Francesco; Adrián José Ferreyra Rivero; Marta Susana Ledesma Vera de Comba; Víctor Carlos Díaz Rinero; Silvia del Valle Taborda; Edelmiro Cruz Bustos; Oscar Segura Reineri; Gustavo Daniel Torres; y otro nombre que no fue difundido por pedido de su familia.
El 28 de agosto de 2026 dieron a conocer la identificación número 30. Se trata de Alejandro Ernesto Jerez Bodereau. Tenía 22 años y fue detenido ilegalmente junto con su pareja, Susana Noemí Huarte Martínez, quien estaba embarazada y sigue desaparecida.