| Cacaoperas | ||
|---|---|---|
|
Mujer cacaopera con una vela en Morazán, El Salvador. | ||
| Otros nombres | Kakawiras | |
| Ubicación |
| |
| Población | 6,255 (2024) | |
| Idioma | Español; históricamente, cacaopera | |
| Religión | Catolicismo y tradiciones religiosas indígenas | |
| Asentamientos importantes | ||
| 5,504 | Morazán | |
Los cacaoperas, también conocidos como kakawiras, son un pueblo indígena del oriente de El Salvador, históricamente concentrado en el actual departamento de Morazán, en particular en Cacaopera. Lislique, en el departamento de La Unión, fue también uno de los principales núcleos históricos de habla cacaopera. En el censo salvadoreño de 2024, 6,255 personas se autoidentificaron como Kakawira (Cacaopera); 5,504 de ellas residían en Morazán.
Históricamente hablaron el idioma cacaopera, una lengua extinta de la familia misumalpa. El cacaopera estaba estrechamente emparentado con el también extinto idioma matagalpa de Nicaragua; la investigación lingüística los considera, sin embargo, lenguas distintas pertenecientes a una misma rama de la familia misumalpa. En diversas fuentes históricas y etnográficas, los nombres Ulúa y Matagalpa se utilizaron de manera amplia para referirse a distintos pueblos y lenguas emparentados. Este uso impreciso ha provocado cierta confusión entre los cacaoperas y otros grupos vecinos o lingüísticamente relacionados.
Cacaopera es la denominación más frecuente para el pueblo y su lengua en buena parte de la bibliografía histórica y lingüística, además del nombre de su principal asentamiento histórico en el actual departamento de Morazán. El topónimo está documentado desde comienzos de la época colonial. Un registro de 1549 sobre las comunidades indígenas tributarias de la jurisdicción de San Miguel menciona la localidad con la forma Cacaupera; Pedro Cortés y Larraz empleó asimismo Cacaupera durante su visita pastoral a la región hacia 1770. En fuentes posteriores aparecen otras variantes gráficas antes de la consolidación de la forma moderna Cacaopera.
La etimología de Cacaopera no se ha establecido con certeza. Algunas fuentes locales y obras de carácter histórico han propuesto interpretaciones que relacionan el nombre con el cacao, pero estas explicaciones no cuentan con el respaldo de un análisis histórico-lingüístico generalmente aceptado. La forma temprana Cacaupera demuestra, por tanto, la antigüedad del nombre, pero no permite determinar por sí sola su significado original ni su composición lingüística.
Kakawira es la principal denominación alternativa empleada en la actualidad y su uso está reconocido tanto en la propia comunidad como por instituciones salvadoreñas. Una ordenanza municipal de 2019 sobre los derechos de la comunidad indígena de Cacaopera reconoce formalmente los nombres Kakawira y Cacaopera como equivalentes; el censo salvadoreño de 2024 utiliza igualmente la denominación Kakawira (Cacaopera) para este pueblo indígena. La antigüedad y el origen del nombre Kakawira, no obstante, están peor documentados que su uso contemporáneo, por lo que no puede suponerse sin pruebas que constituya la forma prehispánica original del nombre.
La denominación Ulúa aparece también en fuentes históricas relacionadas con los cacaoperas, aunque su empleo ha sido poco uniforme. En el siglo XVI, Diego García de Palacio mencionó una lengua «ulúa» en la provincia de San Miguel, y posteriormente Walter Lehmann relacionó esa denominación con las lenguas matagalpa-cacaopera. Sin embargo, el término Ulúa se aplicó también en la bibliografía histórica y etnográfica a otros pueblos y lenguas situados más al este, en Honduras y Nicaragua, de modo que no constituye un sinónimo inequívoco de cacaopera. Las clasificaciones lingüísticas modernas distinguen el cacaopera y el matagalpa del ulwa, aunque los tres pertenecen a la familia misumalpa.
Pisbi es otra denominación utilizada en El Salvador para la lengua ancestral de los cacaoperas. Algunas fuentes oficiales salvadoreñas contemporáneas emplean formas como Pisbi (Cacaopera), mientras que la ordenanza municipal de Cacaopera se refiere a la lengua de la comunidad como pisbi o kakawira.
El cacaopera se encontraba geográficamente aislado de las demás lenguas misumalpas conocidas, habladas históricamente en su mayoría mucho más al este, en territorios que actualmente forman parte de Honduras y Nicaragua. Esta distribución se ha interpretado desde hace tiempo como indicio de una migración de los antepasados de los cacaoperas desde regiones más meridionales de Centroamérica hacia el oriente de El Salvador.
En 1992, una propuesta presentada por las autoridades culturales salvadoreñas para incorporar a Cacaopera a la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la Unesco señalaba que las evidencias lingüísticas apuntaban a un origen en la Centroamérica meridional y al establecimiento de un enclave cacaopera en el oriente salvadoreño antes de la conquista española. No se conocen con certeza la fecha, la ruta ni las circunstancias concretas de esa migración.
Los núcleos históricos mejor documentados de la lengua fueron Cacaopera, en Morazán, y Lislique, en La Unión. Walter Lehmann recopiló materiales lingüísticos cacaoperas en la región a comienzos del siglo XX y las investigaciones posteriores continuaron señalando ambas localidades como los principales centros conocidos de la lengua.
La región montañosa de Cacaopera conserva asimismo sitios arqueológicos, abrigos rocosos, petroglifos y pinturas rupestres. Algunas tradiciones locales atribuyen determinados sitios a antiguos asentamientos cacaoperas o ulúas; no obstante, no todos los restos arqueológicos del área pueden atribuirse con certeza al pueblo cacaopera histórico.
Tras la conquista española, la población cacaopera quedó incorporada a las estructuras políticas y eclesiásticas coloniales del oriente de El Salvador. Cacaopera pasó a formar parte de la parroquia de Osicala, y las cofradías católicas adquirieron una importancia considerable en la vida comunitaria.
Los antropólogos Carlos Benjamín Lara Martínez y América Rodríguez Herrera, a partir de los trabajos de Santiago Montes y de documentación eclesiástica colonial, señalan que en 1770 se encontraban registradas en la parroquia de Osicala cofradías dedicadas a la Asunción de la Virgen y al Señor Crucificado. Los autores relacionan estas instituciones coloniales con las posteriores mayordomías cacaoperas, que adquirieron un papel central en la organización de las festividades religiosas y en la conservación de diversas tradiciones comunitarias.
A lo largo de los períodos colonial y republicano, el español fue desplazando progresivamente al cacaopera. Al mismo tiempo, las instituciones religiosas y comunitarias adoptaron formas en las que se combinaron prácticas católicas con tradiciones locales más antiguas.
Durante el siglo XX, los cacaoperas experimentaron profundas transformaciones lingüísticas y socioeconómicas, aunque mantuvieron una identidad indígena diferenciada. Los estudios antropológicos realizados en Cacaopera han descrito la existencia de sectores indígenas y ladinos dentro de la localidad, la continuidad de las mayordomías y la importancia de la agricultura y de las artesanías elaboradas con fibras naturales en la economía local.
La guerra civil de El Salvador tuvo fuertes repercusiones en Cacaopera y en las comunidades rurales de sus alrededores. La propuesta salvadoreña presentada ante la Unesco en 1992 señalaba que numerosos habitantes de los caseríos periféricos se desplazaron hacia el núcleo urbano y que Cacaopera experimentó la presencia tanto de las fuerzas gubernamentales como del FMLN, además de enfrentamientos armados y bombardeos. Lara Martínez y Rodríguez Herrera describen igualmente el conflicto como un período de grave desarticulación de la organización comunitaria indígena. Miembros del sistema tradicional de mayordomías fueron desplazados, emigraron, participaron en el conflicto armado o se convirtieron en refugiados, y en determinado momento solo permaneció activo un número reducido de sus integrantes.
En las últimas décadas del siglo XX se produjo también una renovada reivindicación pública de la identidad indígena. Lara Martínez y Rodríguez Herrera documentan tanto la revitalización de instituciones tradicionales, entre ellas las mayordomías, como la aparición de nuevas organizaciones indígenas orientadas al reconocimiento cultural, la participación política y el desarrollo comunitario.
La lengua tradicional de los cacaoperas fue el cacaopera, perteneciente a la familia misumalpa. Los estudios histórico-comparativos lo relacionan especialmente con el matagalpa. Aunque algunas obras antiguas llegaron a considerar ambos como dialectos de una misma lengua, las investigaciones comparativas de Lyle Campbell, Adolfo Constenla Umaña y otros lingüistas los tratan como lenguas distintas de una misma rama.
El cacaopera dejó de utilizarse como lengua de comunicación comunitaria durante el siglo XX. Cuando Campbell realizó su trabajo de campo en la década de 1970 ya no encontró hablantes nativos fluidos, sino personas de edad avanzada que conservaban conocimientos parciales de la lengua. Las grabaciones y recopilaciones léxicas realizadas por Campbell se encuentran entre los testimonios directos más recientes del idioma.
En la actualidad, los cacaoperas son predominantemente hispanohablantes. Aunque la lengua ancestral ha dejado de transmitirse como idioma comunitario, continúa formando parte de la identidad kakawira contemporánea y ha sido objeto de iniciativas de recuperación y revitalización cultural.
El sistema de mayordomías o cofradías ha constituido una de las instituciones más importantes de la vida ceremonial de Cacaopera. Tradicionalmente, los mayordomos y sus colaboradores han tenido a su cargo el cuidado de las imágenes religiosas, la organización de ceremonias y procesiones, la conservación de objetos rituales y la preparación de danzas y otras actividades vinculadas a las principales festividades.
Las prácticas religiosas de Cacaopera combinan elementos de la devoción católica con tradiciones indígenas locales. Un estudio etnográfico publicado en 2020 analizó el ritual de la «lavada de la ropa» de las imágenes religiosas, celebrado en Cacaopera, y lo abordó como una manifestación del patrimonio cultural material e inmaterial de la comunidad.
Entre las expresiones culturales más conocidas de Cacaopera se encuentran la danza de los Emplumados, la danza de los Negritos y los tapojiados. Lara Martínez y Rodríguez Herrera documentan estas manifestaciones dentro de las actividades ceremoniales que tradicionalmente han contado con el apoyo de las mayordomías.
El Ministerio de Cultura de El Salvador reconoce a los Negritos y a los Emplumados como danzas tradicionales de la comunidad de Cacaopera y ha apoyado iniciativas destinadas a su conservación y transmisión a las nuevas generaciones. Los Emplumados se distinguen especialmente por sus elaborados tocados de plumas y por el acompañamiento musical de la representación, y constituyen una de las expresiones públicas más visibles de la identidad kakawira.
En 2023, el Ministerio de Cultura concedió al grupo de los Emplumados de Cacaopera el Premio Nacional de Cultura en la rama de Bailes y Danzas Tradicionales de El Salvador. El jurado destacó, entre otros aspectos, el arraigo comunitario de la danza y su contribución a la conservación de las tradiciones indígenas.
Los estudios antropológicos sobre Cacaopera señalan que la identidad cacaopera no ha dependido exclusivamente de la conservación de la lengua ancestral ni de la supervivencia inalterada de prácticas de origen prehispánico. Esta identidad se ha mantenido y redefinido mediante la autoidentificación, la organización comunitaria, las tradiciones religiosas, las redes familiares y locales y la reinterpretación continua de diversas prácticas culturales.
Desde finales del siglo XX y durante las primeras décadas del XXI, distintas organizaciones y promotores culturales cacaoperas han impulsado iniciativas destinadas a reforzar la identidad indígena, conservar prácticas ceremoniales, documentar conocimientos tradicionales y fomentar la participación de las comunidades indígenas en los asuntos locales. Las instituciones culturales salvadoreñas reconocen asimismo a los kakawiras como uno de los pueblos indígenas del país y han apoyado actividades comunitarias relacionadas, entre otras manifestaciones, con la danza, la música y la transmisión del patrimonio cultural.
Las cifras censales sobre la población cacaopera se basan en la autoidentificación étnica y, por tanto, no deben interpretarse como una estimación del número total de personas con ascendencia cacaopera.
El censo salvadoreño de 2007 registró 4,165 personas identificadas como Kakawira (Cacaopera) en todo el país. En el censo de 2024 la cifra ascendió a 6,255. En el departamento de Morazán pasó de 3,923 personas en 2007 a 5,504 en 2024. De este modo, en 2024 Morazán concentraba el 88.0 % de la población kakawira del país.
Dentro de Morazán, 4,511 personas que se autoidentificaron como kakawiras residían en el distrito de Cacaopera, equivalentes aproximadamente al 82.0 % de la población kakawira del departamento y al 72.1 % del total nacional.