
El chocolate de menta es una variedad popular de chocolate con sabor que se elabora añadiendo un saborizante de menta, como la menta piperina o menta verde. Se puede utilizar chocolate con leche, chocolate negro o chocolate blanco; por lo tanto, según los ingredientes y los procesos de elaboración, el producto final no tiene un sabor ni un aroma específico; cada combinación de chocolate de menta puede ser única.
La Asociación Nacional de Confiteros de Estados Unidos celebra el 19 de febrero como Día del Chocolate de Menta.
El chocolate de menta se puede encontrar en una gran variedad de productos comestibles, como caramelos, pasteles, galletas, helados, chocolate caliente, entre otros. El uso principal es la pastelería, ya sea como ingrediente para otras elaboraciones o como decoración.
También se comercializa de forma no comestible como producto de belleza.
Su creación se le atribuye al confitero inglés Brian Lawrence Sollitt (1938-2013), quien ingresó a la chocolatería Rowntree, empresa creadora del Kit Kat, a los quince años. Aprendió el oficio y asumió el cargo de jefe en el área de experimentación.
En 1961, comenzó a trabajar en un proyecto secreto: crear un dulce para comer después de la cena. El desafío más grande era lograr contener crema de menta dentro de tabletas de chocolate amargo. Esto se logró a partir de una pasta de menta que es colocada entre las láminas de chocolate; posteriormente, libera una enzima que transforma la pasta a una consistencia más líquida. Se requieren tres meses de espera para que el relleno adquiera su espesor final.
Un año después presentó la tableta After Eight, la cual salió al mercado bajo un segmento premium con la ilustración de un reloj que marca las ocho con dos minutos, inspirado en un reloj de ormolú que se encontraba en una de las oficinas de Rowntree. En los años setenta ya se distribuía en supermercados.
La Asociación Internacional de Alimentos Lácteos afirma que la combinación de chocolate con menta es el décimo sabor más popular de helado. En 1973, cuando la princesa Ana de Inglaterra y el capitán Mark Phillips realizaron un concurso por el helado que se serviría en su boda real. El ganador fue el sabor de chocolate y menta, y las heladerías promovieron entre el público la elección real, hábito que se extendió rápidamente a otros países de Occidente.