
Los cuatro elementos de la naturaleza —agua (🜄), aire (🜁), fuego (🜂) y tierra (🜃)— eran, para muchas doctrinas antiguas, los constituyentes básicos de la materia y explicaban el comportamiento del mundo físico. El modelo estuvo vigente hasta que la ciencia moderna empezó a desentrañar los elementos y reacciones químicas. Aristóteles añadió el quinto elemento, el éter, denominado quintaesencia en la alquimia medieval europea.
La teoría de los cuatro elementos se mantuvo en Europa y Asia. El sistema clásico europeo se originó en la antigua Grecia del siglo V a.C., especialmente con los textos de Empédocles, Aristóteles y Galeno. En Asia el budismo temprano de la tradición pali y el zoroastrismo de Persia también sostenían los cuatro elementos. Durante la Edad Media, los eruditos islámicos y europeos fusionaron la teoría griega con el misticismo, dejando las referencias que hoy inspiran la cultura popular.
Los estados de la materia, según la ciencia moderna y, en menor grado, también la tabla periódica de los elementos y el concepto de combustión (fuego) pueden considerarse sucesores de aquellos primeros modelos. La tradición oriental siempre representa cinco elementos (una conceptualidad diferente a la cultura occidental). La filosofía hindú introduce el akasha (espacio o éter), la filosofía japonesa el vacío y la filosofía china la madera y el metal. Algunas culturas hablan del aire, otras del viento y otras más no los diferencian.
Los filósofos presocráticos atribuyeron un arché o ‘principio de todas las cosas’ en un contexto cosmogónico: Tales de Mileto propuso el agua (todo surge del agua), Anaxímenes consideró el aire (se transforma en todas las cosas) y Heráclito creyó que el fuego era el principio (πάντα ῥεῖ, ‘todo fluye’, el fuego simboliza el cambio constante). Jenófanes, aunque no desarrolla el principio teórico del arché, dice que «todo surge de la tierra y el agua», según un comentario de Simplicio. Aecio y Sexto Empírico a ello se refieren en un fragmento de un texto de Jenófanes. Además Aristóteles había dicho que ningún pensador había atribuido a la tierra el carácter de elemento primordial.
Para Aristóteles el éter o quinto elemento es la quintaesencia, razonando que el fuego, la tierra, el agua y el aire eran terrenales y corruptibles, y que las estrellas no podían estar hechas de ninguno de estos elementos, sino de uno diferente, inmutable, de una substancia celestial. Los pitagóricos utilizaban las letras iniciales de los cinco elementos para nombrar los ángulos de su pentagrama (salud platónica), y los identificaban con los sólidos platónicos.
En el siglo V a.C., Empédocles postuló que el universo estaba compuesto por cuatro raíces eternas e indestructibles (fuego, tierra, aire y agua). Las cuatro raíces son eternas, no nacen ni mueren; lo que los humanos llaman ‘nacimiento’ o ‘muerte’ es simplemente la mezcla y la separación de estas piezas fundamentales en diferentes proporciones. Dos fuerzas motrices moldeaban las cuatro raíces: el amor (philía) las unía y el odio (neíkos) las separaba. El mundo físico existe en un punto intermedio de tensión entre ambas fuerzas. Empédocles personificó los cuatro elementos asignándoles nombres de dioses para describir su comportamiento arquetípico: Zeus y Hera, Aidoneo y Nestis. No especifica qué dios se corresponde a cada elemento, salvo Nestis (Perséfone) «que hace correr con sus lágrimas las fuentes de los mortales».
Más tarde, Aristóteles perfeccionó esto explicando que los elementos no son rígidos, sino el resultado de la combinación de cuatro cualidades primordiales:
| cálido | frío | |
|---|---|---|
| seco | fuego | tierra |
| húmedo | aire | agua |
La teoría de los cuatro humores fue el modelo médico y psicológico predominante en Occidente desde el siglo V a. C. hasta el siglo XIX. Formulada inicialmente por Hipócrates y consolidada por Galeno en el siglo II d. C., sostenía que el cuerpo humano está regido por cuatro fluidos fundamentales (humores). La salud consistía en el equilibrio perfecto de estos fluidos (eukrasia), mientras que un exceso o una deficiencia de cualquiera de ellos provocaba la enfermedad (dyskrasia) y determinaba el carácter del individuo:
| elemento | humor | temperamento | órgano | estación |
|---|---|---|---|---|
| Aire | sangre | sanguíneo | corazón | primavera |
| Fuego | bilis amarilla | colérico | hígado | verano |
| Tierra | bilis negra | melancólico | bazo | otoño |
| Agua | flema | flemático | cerebro y pulmones | invierno |
En el siglo XX, el psiquiatra Carl Jung rescató esta estructura cuaternaria milenaria para diseñar sus ‘tipos psicológicos’, los cuales encajan matemáticamente con los cuatro elementos de la astrología. Jung explica que las cuatro funciones de la consciencia operan bajo dos actitudes: extravertido (objetivo) e introvertido (subjetivo):
| elemento | tipo | descripción |
|---|---|---|
| Fuego | Intuición | La percepción a través del inconsciente. Es la chispa inmediata, la visión de futuro, el entusiasmo instantáneo que no necesita demostración lógica. La pasión, la batalla, la moral y la aventura. |
| Tierra | Sensación | La percepción a través de los sentidos físicos. Es el realismo, los hechos tangibles, lo pragmático y el aquí y ahora. Los sentidos, lo material, el realismo y el placer físico. |
| Aire | Pensamiento | La función evaluadora lógica. Analiza, categoriza, busca la verdad objetiva y distancia las emociones para mantener la neutralidad. El estudio, la comunicación, las ideas y la adaptación. |
| Agua | Sentimiento | La función evaluadora subjetiva. Determina el valor de las cosas (si algo es agradable o desagradable, bueno o malo) basándose en el impacto emocional y el vínculo humano. La emoción, la fantasía, la espiritualidad y los vínculos. |
El término «éter» fue recuperado por físicos del siglo XIX para denominar el medio invisible que llenaba el universo, el éter luminoso. En 1987, el compositor Robert Steadman escribió una sinfonía en la cual cada movimiento representaba las características de los elementos clásicos de la antigua Grecia. De un modo más tópico se han tratado en corrientes de la música contemporánea, como la New Age. Resulta evidente que el concepto/término «elemento» utilizado por los antiguos no se refiere a los elementos químicos de la ciencia moderna. Estudiosos más recientes han razonado que los elementos de la naturaleza se refieren a los estados de la materia: líquido (agua), sólido (tierra), plasma (fuego) y gas (aire).

La astrología continúa usando el concepto de los cuatro elementos desde la Antigüedad, aplicando a las técnicas de interpretación y cálculo astrológico los cuatro elementos de la antigüedad griega, en el contexto de la carta astral:
| Cardinal | Fijo | Mutable | |
|---|---|---|---|
| Fuego | Aries | Leo | Sagitario |
| Tierra | Capricornio | Tauro | Virgo |
| Aire | Libra | Acuario | Géminis |
| Agua | Cáncer | Escorpio | Piscis |
Según Pierre Riffard, en su Diccionario de esoterismo, el orden estratigráfico de los elementos es: 1) tierra, 2) agua, 3) aire, 4) fuego y 5) éter. Y el orden genérico de los elementos es: 1) éter, 2) fuego, 3) aire, 4) agua y 5) tierra.
Para algunos sectores del ocultismo, los cuatro elementos representados en la esfinge egipcia se relacionan con la astrología babilónica: el rostro humano corresponde a Acuario (aire), las alas al águila de Escorpio (agua), las garras de león a Leo (fuego) y las patas de toro a Tauro (tierra).
En la literatura europea, en especial en el teatro del Barroco, pueden encontrarse referencias a los cuatro elementos.
Por ejemplo, en La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca:
Otro ejemplo se encuentra en Hamlet, de William Shakespeare:
El círculo sagrado es un símbolo sagrado en muchas culturas de indígenas de América que representa el límite de la Tierra y todo el conocimiento del universo. Representa los cuatro puntos cardinales, el camino del sol, las cuatro estaciones y las cuatro medicinas sagradas. Cada elemento también está representado por un color que significa cuatro razas de humanos.
El símbolo de la rueda de la medicina es una invención moderna que data de aproximadamente 1972, y estas descripciones y asociaciones son una adición posterior. Las asociaciones con los elementos clásicos no se basan en las enseñanzas indígenas tradicionales y el símbolo no ha sido adoptado por todas las naciones indígenas americanas.
Los pancha maja-bhuta (cinco grandes-elementos), del hinduismo y budismo temprano son:
Estos «elementos» no se mencionan en el texto épicorreligioso Rig-veda (mediados del II milenio a. C.). La primera mención aparece en el Suetasuatara-upanishad (fines del I milenio a. C.).
En la literatura pali, los maja bhuta (‘grandes elementos’) o chatu dhatu (‘cuatro elementos’) son:
En el budismo temprano, los cuatro elementos son las bases del entendimiento del sufrimiento y para liberarse a uno mismo de él.

En el taoísmo hay un sistema similar al de los griegos, que incluye metal y madera, pero excluye al aire.
Los cinco planetas mayores están asociados con el nombre de los elementos:
La Luna representa el yin y el Sol representa el yang.
El yin, el yang y los cinco elementos figuran en el método najia de interpretación I Ching, el más antiguo de los textos chinos, que describe la cosmología y filosofía china.
Las tradiciones japonesas usan un grupo de elementos llamados el 五大 (godai, literalmente ‘los cinco grandes’). Estos cinco son:
Estos procedían de las creencias budistas. Los elementos clásicos chinos también son importantes en la cultura japonesa.

La tradición aristotélica y la alquimia medieval finalmente dieron origen a la química moderna, teorías científicas y nuevas taxonomías. En la época de Antoine Lavoisier, por ejemplo, una lista de elementos ya no se referiría a los elementos clásicos. Algunos científicos modernos ven un paralelo entre los elementos clásicos y los cuatro estados de la materia: sólido, líquido, gas y el plasma débilmente ionizado.
La ciencia moderna reconoce clases de partículas elementales que no tienen subestructura (o más bien, partículas que no están hechas de otras partículas) y partículas compuestas que tienen subestructura (partículas hechas de otras partículas).
La astrología occidental utiliza los cuatro elementos clásicos en relación con las cartas astrológicas y los horóscopos. Los doce signos astrológicos del zodíaco se dividen en los cuatro elementos: signos de fuego son Aries, Leo y Sagitario, signos de tierra son Tauro, Virgo y Capricornio, los signos de aire son Géminis, Libra y Acuario, y los signos de agua son Cáncer, Escorpio y Piscis.
El historiador holandés de la ciencia Eduard Jan Dijksterhuis escribe que la teoría de los elementos clásicos "tenía que ejercer una influencia realmente dañina. Como ahora está claro, Aristóteles, al adoptar esta teoría como base de su interpretación de la naturaleza y al nunca perder la fe en ella, tomó un rumbo que prometía pocas oportunidades y muchos peligros para la ciencia". Bertrand Russell dice que el pensamiento de Aristóteles se imbuyó de una autoridad casi bíblica en siglos posteriores. Tanto es así que "Desde principios del siglo XVII, casi todo avance intelectual serio ha tenido que comenzar con un ataque a alguna doctrina aristotélica".
Las alegorías eran un motivo del gusto del Manierismo italiano y flamenco de finales del siglo XVI.
En la pintura barroca flamenca la representación de "Los cuatro elementos" era un tema pictórico habitual en el siglo XVII (Jan Brueghel el Joven y otros). En esta época, las alegorías de tierra, fuego, agua y aire eran motivos propicios para explayarse en paisajes y celajes.