| Cloudina | ||
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| Rango temporal: Ediacárico terminal, aproximadamente 551-539 Ma | ||
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Fósil tubular de Cloudina. | ||
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Reconstrucción hipotética de Cloudina en vida. | ||
| Taxonomía | ||
| Reino: | †Animalia? | |
| Familia: |
†Cloudinidae Hahn y Pflug, 1985 | |
| Género: |
†Cloudina Germs, 1972 | |
| Especie tipo | ||
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†Cloudina hartmannae Germs, 1972 | ||
| Especies | ||
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Cloudina es un género extinto de organismos tubulares del Ediacárico terminal, conocido principalmente por pequeños esqueletos externos mineralizados formados por una sucesión de elementos en forma de embudo encajados unos dentro de otros. Sus fósiles aparecen en depósitos marinos de varios continentes y se encuentran entre los ejemplos más antiguos y ampliamente distribuidos de biomineralización macroscópica atribuida a metazoos. La posición filogenética de Cloudina continúa discutida. Históricamente fue comparada con arqueociatos, anélidos tubícolas y cnidarios, mientras que estudios posteriores han explorado afinidades con bilaterios basándose en la organización del tubo y en estructuras internas conservadas en otros cloudinomorfos. Sin embargo, esas estructuras blandas no proceden de ejemplares inequívocos de Cloudina, y varios autores consideran posible que los cloudinomorfos agrupen organismos de afinidades diferentes que adquirieron morfologías tubulares semejantes.
Cloudina es también relevante por su relación con algunos de los primeros indicios de depredación sobre esqueletos animales. Numerosos tubos presentan perforaciones circulares, algunas repetidas sobre un mismo ejemplar, interpretadas como marcas producidas por depredadores. Esta asociación entre esqueleto mineralizado y ataques selectivos ha ocupado un lugar importante en las hipótesis sobre el aumento de las interacciones ecológicas y la aparición de defensas duras cerca de la transición entre el Ediacárico y el Cámbrico. El nombre del género honra al geólogo y paleontólogo estadounidense Preston Cloud.
El género fue establecido por Gerard J. B. Germs en 1972 a partir de material del Grupo Nama, en Namibia. Germs describió las especies Cloudina hartmannae y Cloudina riemkeae y destacó la construcción tubular formada por elementos repetidos. Debido a la combinación de una morfología poco común y una edad precámbrica, su clasificación fue incierta desde el comienzo. En las primeras décadas de estudio, Cloudina fue comparada con organismos muy distintos. Germs la incluyó inicialmente entre los Cribricyathea, un grupo histórico de organismos fósiles del Cámbrico, mientras que otros autores señalaron semejanzas con poliquetos tubícolas. Más tarde, la presencia de ramificación y de estructuras interpretadas como gemación favoreció comparaciones con cnidarios coloniales. La creación de la familia Cloudinidae por Hahn y Pflug en 1985 no resolvió sus relaciones con otros grupos animales. Durante las décadas siguientes, el nombre Cloudina comenzó además a aplicarse a numerosos fósiles tubulares de preservación desigual, lo que generó problemas para distinguir caracteres biológicos originales de rasgos producidos durante la tafonomía, la diagénesis o la deformación de los sedimentos.
La revisión de Cai y colaboradores de 2017 examinó material tridimensional de la Formación Dengying, en China, y propuso criterios diagnósticos basados especialmente en la ornamentación y en la disposición de las anulaciones de los embudos. Ese trabajo consideró a C. sinensis y C. lijiagouensis como sinónimos de C. hartmannae y describió dos especies adicionales, C. ningqiangensis y C. xuanjiangpingensis.

La situación de los fósiles sudamericanos fue especialmente compleja. Aulophycus lucianoi, descrito en 1957 a partir de material de Brasil, fue transferido posteriormente a Cloudina como C. lucianoi, y algunos autores propusieron que tenía prioridad nomenclatural sobre C. hartmannae. Sin embargo, una revisión de los ejemplares tipo publicada por Yang y colaboradores en 2022 concluyó que Aulophycus lucianoi no constituye un sinónimo anterior de C. hartmannae y que buena parte de su material sintipo corresponde a Sinotubulites u otros organismos tubulares. El mismo estudio reasignó Cloudina waldei a Sinotubulites baimatuoensis. Estas revisiones muestran que la diversidad específica de Cloudina depende en gran medida de la calidad de preservación. Rasgos como el diámetro del tubo pueden variar con el ambiente y ser modificados por transporte, compactación o recristalización, por lo que actualmente se prefieren caracteres estructurales y de ornamentación cuando están disponibles.

Los fósiles de Cloudina son tubos estrechos, generalmente curvos o sinuosos, cuya pared externa presenta una sucesión de rebordes transversales. Su arquitectura característica se describe como una construcción de «embudo dentro de embudo»: cada segmento tiene forma aproximadamente cónica y se inserta de manera excéntrica dentro del precedente. El extremo apertural permanece abierto, mientras que el extremo basal puede cerrarse progresivamente. El diámetro conocido varía desde fracciones de milímetro hasta varios milímetros, y algunos tubos alcanzan varios centímetros de longitud. No obstante, muchos ejemplares están incompletos y la longitud total rara vez puede determinarse directamente. Las diferencias de tamaño tampoco son un carácter taxonómico completamente confiable porque pueden reflejar ontogenia, condiciones ambientales, selección hidráulica o fragmentación post mortem. Los elementos sucesivos no forman compartimentos totalmente independientes. El espacio central constituía una cavidad longitudinal continua y el organismo vivo habría ocupado al menos una parte de ella. La forma de ese cuerpo blando es desconocida, porque en Cloudina no se han descrito tejidos blandos inequívocos comparables con los preservados en algunos otros cloudinomorfos.
La ornamentación externa constituye uno de los caracteres más útiles para diferenciar especies. Cloudina hartmannae presenta anulaciones transversales u oblicuas relacionadas con los bordes de los embudos, mientras que C. carinata se caracteriza por crestas longitudinales prominentes que producen una sección transversal irregularmente poligonal. Las especies chinas C. ningqiangensis y C. xuanjiangpingensis fueron separadas por la posición y el desarrollo de las anulaciones sobre distintas regiones del embudo. La preservación puede modificar radicalmente estos rasgos. En depósitos sometidos a disolución y recristalización, la superficie del tubo puede quedar suavizada y perder las ornamentaciones diagnósticas. Por esta razón, tubos aparentemente distintos pueden corresponder a un mismo taxón preservado de formas diferentes, mientras que fragmentos parecidos pueden pertenecer a géneros distintos.
La pared de Cloudina estaba compuesta por numerosas láminas muy finas, ricas en materia orgánica y parcialmente mineralizadas. En material bien preservado, las láminas individuales pueden medir aproximadamente entre 1 y 10 μm de espesor y aparecen frecuentemente en pares. Entre ellas se desarrollan cementos tempranos que contribuyeron a reforzar el tubo. La mineralogía original continúa siendo discutida. Se han propuesto aragonito y calcita con alto contenido de magnesio como fases originales, posteriormente reemplazadas o recristalizadas durante la diagénesis. Los estudios petrográficos y geoquímicos muestran que la preservación actual en calcita, dolomita, fosfato, sílice o minerales de hierro no representa necesariamente la composición original del esqueleto.
Shore y Wood analizaron en 2021 poblaciones contemporáneas del Grupo Nama distribuidas entre ambientes de rampa interna y arrecifes de mayor energía. Encontraron diferencias significativas en la sinuosidad y el grosor de las paredes: los tubos desarrollados en ambientes de mayor energía tendían a presentar paredes más gruesas. Estos resultados indican que parte de la morfología de Cloudina estaba influida por las condiciones ambientales y no únicamente por diferencias taxonómicas. El mismo estudio identificó cementos aciculares tempranos, interpretados como pseudomorfos de aragonito, que se formaron antes de la rotura y el transporte de muchos tubos. Esos cementos pudieron aumentar la resistencia mecánica del esqueleto, aunque algunos podrían haberse originado después de la muerte o dentro de sectores abandonados por el organismo.
El crecimiento se producía mediante la incorporación sucesiva de nuevos embudos en el extremo abierto del tubo. Como los elementos se superponen de forma excéntrica, pequeñas variaciones en la orientación de cada etapa podían producir tubos curvados o sinuosos. Esta arquitectura también permitía mantener una abertura funcional mientras el organismo incrementaba su longitud. Algunos ejemplares muestran ramificaciones que comparten una cavidad con el tubo principal. Estas estructuras fueron interpretadas como evidencia de reproducción asexual por gemación. Hua y colaboradores describieron en 2005 ejemplares en los que una rama se origina dentro de la pared parental antes de separarse progresivamente, lo que sugirió un mecanismo de reproducción asexual en uno de los primeros organismos biomineralizados conocidos. Otros fósiles han sido interpretados como posibles propágulos desprendidos. A partir de estas observaciones se propuso que Cloudina podía combinar crecimiento clonal local con fases de dispersión, aunque la existencia de una reproducción sexual no está demostrada directamente por los fósiles.
La semejanza de los tubos con los de algunos poliquetos llevó a proponer una relación con Annelida. Entre los caracteres discutidos se encuentran la construcción tubular, la cavidad longitudinal y el posible crecimiento de una pared secretada alrededor de un organismo vermiforme. Sin embargo, la microestructura del esqueleto, la ramificación y la organización de los embudos no presentan una correspondencia simple con los tubos calcáreos de los anélidos actuales. En 2020, Schiffbauer y colaboradores estudiaron mediante tomografía ejemplares piríticos de cloudinomorfos de la Formación Wood Canyon, en Nevada. Dentro de algunos tubos identificaron estructuras cilíndricas que interpretaron tentativamente como un aparato digestivo de paso completo. Si esta interpretación es correcta, esos organismos serían bilaterios y proporcionarían uno de los registros más antiguos de un intestino con boca y ano separados. La identificación tiene dos limitaciones importantes. Los ejemplares fueron tratados como cloudinomorfos y no como Cloudina inequívoca, y los propios autores reconocieron interpretaciones alternativas para las estructuras internas. Por ello, el hallazgo aporta información sobre posibles afinidades dentro del conjunto de organismos tubulares del Ediacárico, pero no demuestra por sí solo que Cloudina fuera un anélido.
La ramificación y la reproducción por gemación fueron utilizadas para comparar Cloudina con cnidarios, especialmente formas coloniales. La posibilidad de ramificaciones profundas y, en algunos cloudinomorfos, ramificaciones múltiples, resulta difícil de reconciliar con determinados modelos de anélidos tubícolas y mantiene abierta una interpretación cnidaria. No obstante, tampoco se conocen estructuras diagnósticas como septos internos o una organización corporal directamente comparable con la de antozoos modernos. Por ello, las semejanzas se consideran hipótesis de afinidad y no una asignación taxonómica definitiva.
Los términos cloudinomorfo y cloudínido se utilizan con frecuencia para agrupar fósiles tubulares ediacáricos con arquitectura repetitiva, como Cloudina, Conotubus, Saarina, Multiconotubus, Costatubus, Zuunia y otros géneros. Sin embargo, compartir una forma tubular no implica necesariamente un origen común. La variedad de composiciones esqueléticas, patrones de ramificación y detalles de la pared ha llevado a proponer que esos organismos podrían constituir un conjunto morfológico convergente. En este escenario, algunos cloudinomorfos podrían estar relacionados con bilaterios y otros con linajes distintos. Esta posibilidad es una de las razones por las que la clasificación de Cloudina por encima de Cloudinidae se mantiene abierta.

Cloudina fue un organismo marino bentónico que habitó principalmente plataformas carbonáticas someras del Ediacárico terminal. Sus fósiles aparecen asociados con microbialitas, estromatolitos, trombolitos, depósitos de rampa carbonática y algunos sistemas arrecifales. La hipótesis antigua de una asociación estrecha con fuentes hidrotermales no representa el rango de ambientes documentado para el género. En la Formación Tamengo de Brasil se han encontrado ejemplares preservados dentro o asociados a tapetes microbianos. Otros niveles contienen grandes acumulaciones de fragmentos transportados por tormentas. Esto indica que es necesario distinguir entre el lugar donde los organismos vivieron y los depósitos en los que sus restos terminaron acumulándose.
Los ejemplares aparentemente autóctonos sugieren un modo de vida sésil o de movilidad extremadamente limitada. Se ha propuesto que algunos individuos se fijaban sobre tapetes microbianos u otras superficies del fondo. La orientación vertical u oblicua de ciertos tubos fue interpretada como una manera de mantener la abertura por encima del sedimento y acceder a la columna de agua. Las poblaciones del Grupo Nama muestran una amplitud ecológica considerable. Shore y Wood encontraron Cloudina desde ambientes tranquilos de rampa interna hasta arrecifes sometidos a mayor energía hidrodinámica. Esta distribución, junto con la modificación ambiental del grosor y la sinuosidad del tubo, sugiere que el género podía tolerar condiciones físicas distintas dentro de plataformas carbonáticas someras. Un estudio sedimentológico de la Formación Tamengo publicado en 2024 mostró que las concentraciones bioclásticas de Cloudina están fuertemente controladas por la estratigrafía y la dinámica sedimentaria. Los restos pueden concentrarse en determinados intervalos por retrabajo y transporte, de modo que una capa extremadamente rica en fósiles no representa necesariamente una colonia que vivió exactamente en ese lugar.
En Namibia se describieron superficies con numerosos individuos cementados entre sí y asociados a estructuras arrecifales. Penny y colaboradores interpretaron algunas de estas asociaciones como construcciones producidas por los propios metazoos, lo que convertiría a Cloudina en uno de los organismos animales más antiguos implicados en la formación de estructuras arrecifales. Esta interpretación fue revisada mediante tomografía computarizada tridimensional por Mehra y Maloof en 2018. Su análisis mostró que varias concentraciones consideradas arrecifes construidos in situ podían explicarse mejor como agregaciones de individuos transportados o reorganizados, y no como un armazón biogénico desarrollado en la posición de vida. Otros depósitos del Grupo Nama conservan, sin embargo, individuos asociados a marcos carbonáticos y superficies estabilizadas. Por ello, la participación de Cloudina en comunidades arrecifales está bien documentada, mientras que el grado en que el propio organismo construía físicamente el arrecife varía entre localidades y continúa siendo objeto de estudio.
Una de las características más estudiadas de Cloudina son las perforaciones circulares presentes en sus paredes. Algunos depósitos muestran numerosos tubos perforados, y ciertos ejemplares contienen más de un orificio. Las perforaciones tienen diámetros que guardan relación con el tamaño de la presa y fueron interpretadas como ataques producidos por un organismo capaz de penetrar un esqueleto mineralizado. La presencia de varios ataques sobre un mismo tubo indica que al menos algunos individuos sobrevivieron a un primer intento de perforación o que permanecieron expuestos durante un intervalo suficiente para recibir ataques independientes. La distribución de los orificios a lo largo del tubo también proporciona información sobre cuánto del cuerpo ocupaba la cavidad interna y sobre su posición respecto del sustrato.

Las marcas de depredación fueron interpretadas como evidencia de selección de presas, porque fósiles tubulares asociados como Sinotubulites no presentan el mismo patrón de perforaciones en algunos yacimientos. Esta selectividad y la aparición de esqueletos defensivos forman parte de las hipótesis de una carrera armamentista evolutiva antes de la explosión cámbrica. La función defensiva del esqueleto, sin embargo, no debe considerarse la única explicación posible para la biomineralización. Un tubo rígido también podía proporcionar soporte estructural, elevar la abertura sobre el fondo y resistir corrientes o enterramiento. Los factores ecológicos y ambientales probablemente actuaron de manera conjunta.
Los fósiles de Cloudina pueden preservarse como tubos calcíticos, moldes, reemplazos fosfáticos o silíceos y, en algunos depósitos, mediante piritización. Esta diversidad preservacional permitió estudiar detalles diferentes de la pared, pero también produjo una parte importante de la confusión taxonómica histórica. La compactación puede deformar tubos originalmente circulares hasta producir secciones elípticas o irregulares. La disolución y la recristalización pueden borrar las láminas y las ornamentaciones, mientras que el transporte rompe los tubos y selecciona fragmentos según su tamaño y resistencia. Estas modificaciones son especialmente importantes cuando se intenta distinguir especies a partir de diferencias métricas pequeñas.
En la Formación Tamengo, Becker-Kerber y colaboradores demostraron que varias acumulaciones contienen evidencia de transporte, fragmentación y retrabajo. Su análisis cuestionó propuestas taxonómicas basadas únicamente en distribuciones de tamaño y mostró que los procesos tafonómicos pueden producir poblaciones fósiles aparentemente diferentes a partir de organismos originalmente semejantes. El reconocimiento de cementos formados muy temprano es igualmente importante. Algunos cementos se precipitaron cuando el tubo todavía estaba en posición de vida o poco después de quedar abandonado y antes del transporte. Otros corresponden a fases posteriores de enterramiento. Separar ambos procesos permite distinguir mejor el esqueleto biológico de la mineralización diagenética.

Cloudina alcanzó una distribución excepcionalmente amplia durante el Ediacárico terminal. Se conocen registros en África, Asia, Europa, América del Norte y América del Sur. Esta dispersión, sumada a su intervalo temporal relativamente restringido y a su abundancia en determinados depósitos, convirtió al género en un importante fósil guía. La aparición confirmada más antigua documentada hasta 2023 procede de calizas del miembro inferior Kliphoek del Grupo Nama, en las montañas Tsaus de Namibia, con una edad aproximada de 551 a 550 millones de años. Estos fósiles se depositaron durante la transición desde ambientes parcialmente restringidos hacia condiciones carbonáticas marinas abiertas.
| Región | Unidad geológica | Edad general | Importancia |
|---|---|---|---|
| Namibia | Grupo Nama | Ediacárico terminal | Incluye la localidad tipo y algunos de los registros más antiguos confirmados del género. |
| China | Formación Dengying | Ediacárico terminal | Material tridimensional, fosfatizado y silicificado utilizado para revisar la taxonomía y el crecimiento. |
| España | Grupo Ibor y sucesiones equivalentes | Ediacárico terminal | Registros de C. hartmannae y descripción de C. carinata. |
| Brasil | Formación Tamengo, Grupo Corumbá | Ediacárico terminal | Abundantes acumulaciones, estudios de predación, paleoecología, tafonomía y sedimentología. |
| Canadá | Grupo Miette, Columbia Británica | Ediacárico terminal | Asociación de Cloudina con Namacalathus en carbonatos neoproterozoicos. |
| Omán | Grupo Ara y unidades relacionadas | Ediacárico terminal | Uno de los registros clásicos utilizados para establecer la distribución intercontinental del género. |
| Estados Unidos | Formación Wood Canyon y otras sucesiones del oeste | Ediacárico terminal | Cloudinomorfos excepcionalmente preservados y registros de tubos afines a Cloudina. |
No todos los registros históricos permanecen aceptados sin revisión. Algunos fósiles originalmente identificados como Cloudina fueron reasignados a Sinotubulites, Acuticocloudina u otros taxones, y determinados registros de edad cámbrica pueden representar retrabajo de material ediacárico o identificaciones diferentes de cloudinomorfos.
| Especie | Autor y año | Caracteres, distribución y comentarios taxonómicos |
|---|---|---|
| †Cloudina hartmannae | Germs, 1972 | Cloudina hartmannae es la especie tipo y fue descrita por Germs en 1972 a partir del Grupo Nama. Presenta la arquitectura de embudos encajados característica del género y anulaciones transversales u oblicuas. El material atribuido a esta especie posee una distribución geográfica amplia y fue utilizado como base para proponer una biozona del Ediacárico terminal. Su relación con el nombre Cloudina lucianoi fue objeto de una controversia prolongada. Adôrno y colaboradores propusieron en 2017 que C. hartmannae era un sinónimo posterior de C. lucianoi, pero la revisión del material tipo por Yang y colaboradores no aceptó esa sinonimia y mantuvo C. hartmannae como nombre válido. |
| †Cloudina riemkeae | Germs, 1972 | Cloudina riemkeae fue descrita junto con la especie tipo y continúa siendo utilizada en estudios del Grupo Nama. Se diferencia por proporciones y rasgos de sus embudos, aunque parte de la variación dimensional dentro de las poblaciones de Cloudina puede estar controlada por el ambiente, por lo que las distinciones deben evaluarse junto con la ornamentación y el contexto tafonómico. |
| †Cloudina carinata | Cortijo et al., 2010 | Cloudina carinata fue descrita en 2010 a partir de material del Ediacárico terminal de España. Se distingue por crestas longitudinales externas que recorren el tubo y producen una sección transversal irregularmente poligonal. Posteriormente fue registrada también en Siberia y en la Formación Tamengo de Brasil, ampliando considerablemente su distribución paleogeográfica. |
| †Cloudina ningqiangensis y †Cloudina xuanjiangpingensis | Cai et al., 2017 | La revisión de material de la Formación Dengying permitió establecer Cloudina ningqiangensis y Cloudina xuanjiangpingensis. Sus diagnósticos se basan en diferencias de ornamentación y en la distribución de anulaciones sobre los embudos. En el mismo estudio, C. sinensis y C. lijiagouensis fueron consideradas sinónimos de C. hartmannae. |
Cloudina ocupa una posición destacada en el estudio del origen de la biomineralización animal. Aunque existen fósiles candidatos a metazoos anteriores y organismos ediacáricos con estructuras orgánicas resistentes, Cloudina representa uno de los primeros metazoos macroscópicos con un esqueleto mineralizado ampliamente distribuido y abundante en el registro fósil. El registro más antiguo conocido coincide con un cambio desde ambientes carbonáticos parcialmente restringidos hacia condiciones marinas abiertas en Namibia. Bowyer y colaboradores concluyeron que la aparición de la biomineralización no requiere una tendencia prolongada hacia océanos globalmente bien oxigenados; en cambio, los ambientes carbonáticos abiertos, la alta sobresaturación en carbonato y episodios de oxigenación de aguas someras pudieron facilitar este tipo de esqueleto. Esto modifica una explicación simple en la que un aumento global y continuo del oxígeno habría provocado directamente la aparición de esqueletos. La disponibilidad de ambientes apropiados, los cambios del nivel del mar, la química oceánica y las interacciones ecológicas parecen haber actuado conjuntamente.
Las perforaciones de Cloudina proporcionan una de las evidencias más antiguas de interacción depredador-presa sobre organismos mineralizados. La selección de tubos de determinados tamaños y la ausencia de perforaciones equivalentes en algunos fósiles asociados sugieren que el organismo atacante no perforaba el sustrato de forma aleatoria. Este registro se ha relacionado con una intensificación de las interacciones ecológicas inmediatamente antes del Cámbrico. En modelos de escalada evolutiva, la aparición de depredadores favorece defensas más resistentes, que a su vez generan nuevas adaptaciones ofensivas. Cloudina se convirtió así en uno de los ejemplos clásicos utilizados para discutir una posible carrera armamentista precámbrica. La aparición de esqueletos no puede atribuirse exclusivamente a la depredación. Los estudios ambientales muestran que la calcificación estuvo condicionada por la química del agua y que el espesor de la pared respondía a la energía hidrodinámica. La biomineralización pudo proporcionar simultáneamente protección, soporte y estabilidad mecánica.
Cloudina forma parte de la denominada paleocomunidad de Nama, una asociación tardía del Ediacárico caracterizada por un aumento de organismos tubulares y biomineralizados. Esta comunidad coexistió temporalmente con algunos organismos de cuerpo blando de la biota de Ediacara, aunque no necesariamente ocupó los mismos ambientes sedimentarios. Los análisis globales recientes muestran que el registro de diversidad entre aproximadamente 580 y 510 millones de años está fuertemente influido por la disponibilidad de determinados tipos de roca y por los ciclos del nivel del mar. La expansión de ambientes marinos someros oxigenados y los cambios eustáticos coinciden con varias fases de diversificación, incluida la expansión de las comunidades dominadas por cloudinomorfos. Cerca del límite Ediacárico-Cámbrico, muchos representantes de la paleocomunidad de Nama desaparecen. El momento exacto de la extinción de Cloudina y la correlación entre diferentes continentes siguen dependiendo de la resolución estratigráfica y de la correcta identificación de los fósiles.
Debido a su amplia distribución y a su concentración en el Ediacárico terminal, Cloudina ha sido empleada como fósil guía. Yang y colaboradores propusieron en 2022 una zona de intervalo de Cloudina hartmannae, cuyo límite superior se define por la primera aparición de Protohertzina anabarica, taxón característico de asociaciones del Cámbrico basal. Esta utilidad bioestratigráfica depende de revisar cuidadosamente las identificaciones antiguas. La reasignación de Cloudina waldei a Sinotubulites y la revisión de Aulophycus lucianoi muestran que un nombre aplicado históricamente a un fósil tubular no siempre representa el mismo organismo biológico.