El concepto de coliving (del inglés co-living) hace referencia a un modelo residencial de convivencia comunitaria que combina alojamiento privado con espacios y servicios compartidos. Tiene similitudes con el coworking o trabajo cooperativo y no debe confundirse con el cohousing o covivienda. El término aún no está incluido en el DLE.
El concepto moderno de coliving surgió en Silicon Valley a comienzos de la década de 2010, en respuesta al aumento de precios de la vivienda y la llegada masiva de jóvenes profesionales vinculados a la economía tecnológica. La idea amplía la filosofía del coworking al ámbito residencial, promoviendo comunidades donde se comparten espacios comunes —como cocina, comedor, biblioteca o sala de estar— con el objetivo de fomentar la colaboración y las relaciones interpersonales.
El coliving se orienta principalmente a profesionales jóvenes, estudiantes internacionales y nómadas digitales, y suele ofrecer contratos flexibles, servicios incluidos y una gestión centralizada. Se diferencia del cohousing en que este último se basa en la propiedad o autogestión de la comunidad, mientras que el coliving opera generalmente bajo un modelo empresarial o de alquiler temporal.
En este modelo, los residentes disponen de una habitación privada (en algunos casos con baño propio) y comparten espacios comunes que buscan potenciar la interacción y el sentimiento de comunidad. A menudo incluye servicios de limpieza, mantenimiento, coworking, actividades culturales o de bienestar.
Según estudios del sector inmobiliario, el coliving representa una de las ramas de mayor crecimiento dentro del living sector, con un mercado estimado en más de 550.000 millones de euros en Europa para 2030.
A diferencia de la covivienda, el coliving está pensado para estancias cortas o medias (de semanas a meses) y suele estar financiado por un promotor que diseña el edificio, gestiona los servicios y comercializa las habitaciones.
Existen diversas modalidades:
En América Latina, el fenómeno se ha consolidado en México, Colombia, Chile y Argentina. En Colombia destaca el proyecto Bio Coliving Tayrona, en Santa Marta, que integra alojamiento, espacios de trabajo inteligentes y prácticas de sostenibilidad ambiental. Su modelo combina tecnologías 4.0, reforestación y colaboración con comunidades locales como los Kogui, siendo considerado un ejemplo de coliving regenerativo.
En Europa, el coliving se ha expandido especialmente en el Reino Unido, Alemania, los Países Bajos, Francia y España, impulsado por la demanda de vivienda flexible en entornos urbanos y por la movilidad laboral. El modelo se ha consolidado como una alternativa intermedia entre la vivienda tradicional y la residencia de estudiantes, y ha sido adoptado tanto por grandes promotoras inmobiliarias como por startups especializadas.
En España, ciudades como Barcelona, Madrid o Valencia concentran la mayor parte de la oferta, con un mercado en crecimiento que combina la rehabilitación de edificios con nuevos desarrollos. Entre los operadores activos destacan empresas como Enso Coliving, Aticco Living, Node Living y Haaus Coliving, esta última con sede en Barcelona y citada por medios como El Periódico y EjePrime como ejemplo del auge de los proyectos urbanos orientados a profesionales internacionales.
Según el European Coliving Index 2024, el número de camas operativas bajo este modelo supera las 110 000 en Europa, con previsión de duplicarse antes de 2030, impulsado por políticas de vivienda flexible y la demanda de alojamiento para nómadas digitales.
El coliving ha generado debate público en torno al acceso a la vivienda y la gentrificación urbana. Defensores del modelo destacan su eficiencia en la gestión de espacios infrautilizados y su capacidad para ofrecer alojamiento temporal en zonas de alta demanda. Sus detractores, en cambio, señalan que puede contribuir al aumento de precios y a la sustitución de vivienda tradicional por alojamientos de corta duración.
Diversos gobiernos europeos —incluido el de España— han comenzado a regular su uso dentro del marco del alquiler temporal y la vivienda colaborativa, con el objetivo de equilibrar innovación y protección residencial.