

Los cubitos de hielo son trozos pequeños de hielo con forma aproximadamente de cubo, utilizado convencionalmente para enfriar bebidas. Los cubitos de hielo a menudo son preferidos antes que el hielo picado porque se derriten más lentamente.

Muchos congeladores también vienen equipados con un preparador de cubitos de hielo, que produce automáticamente cubitos de hielo y los almacena en una cubeta a partir de la cual se pueden dispensar directamente en un vaso. Los cubitos de hielo hechos automáticamente por máquinas son generalmente más largos y delgados, ya que requieren menos fuerza para retirarlos de la bandeja y reducen de este modo la posibilidad de que el cubito se quede atascado en el distribuidor.
También existen fabricantes de máquinas de hielo, para su uso en la producción de cubitos de hielo en laboratorios y otros centros de investigación. Los cubitos también son producidos comercialmente y se vende a granel, que a pesar de su nombre, suelen ser cilíndricos, y pueden tener orificios en el centro.
El uso de hielo y nieve para enfriar bebidas y alimentos se remonta a civilizaciones de la antigüedad como el Antiguo Egipto y Mesopotamia, donde se construyeron estructuras rudimentarias de almacenamiento conocidas como "neveros" o casas de hielo. En la Roma clásica, el transporte de nieve desde las montañas se realizaba mediante caravanas protegidas para el consumo de las élites.
Durante la Edad Moderna, especialmente en los siglos XVI y XVII en España, el comercio y la recolección de nieve adquirieron una gran importancia económica, llegando a estar regulados y fiscalizados por la Corona. A comienzos del siglo XIX, la industria experimentó una transformación global gracias a empresarios como Frederic Tudor, conocido como el «Rey del Hielo», quien popularizó la cosecha y el transporte marítimo de bloques de hielo a gran escala desde Nueva Inglaterra hacia climas tropicales.
De acuerdo a un estudio realizado por el diario Chicago Sun-Times en 2007 después de analizar unos 50 restaurantes, descubrió que más de una muestra cada 5 contenía altos niveles de bacterias, y tres de ellos contenían altas cantidades de Escherichia coli, bacteria encontrada en los intestinos y heces de los mamíferos. Por lo que su refrigeración no impide su contaminación debido a una inadecuada manipulación de los mismos.