
Por entrismo se conoce una táctica política empleada por algunos grupos trotskistas de la Cuarta Internacional. Consiste en que sus miembros se afilien o entren en los grandes partidos de masas de sus respectivos países, especialmente en los pertenecientes a la Segunda Internacional, cercanos a la rama socialdemócrata. Su objetivo principal es ganar grupos que se radicalizan hacia posturas revolucionarias dentro de partidos reformistas para el partido revolucionario. Por medio de esta táctica ellos entendían que les permitía mantener un contacto cotidiano con decenas de miles de trabajadores, ganando su derecho a participar en la lucha y en la discusión sobre los objetivos del movimiento, al mismo tiempo que les daba la oportunidad indispensable para probar a diario sus ideas y consignas en las acciones de las masas.
Con el tiempo la táctica del entrismo (tanto oficialmente como extraoficialmente) ha sido adoptada por todo tipo de partidos políticos y organizaciones.
Tras la muerte de Lenin y la subida al poder de Iósif Stalin, éste empezó a imponer su concepción del socialismo en un solo país tanto en la Unión Soviética como en el comunismo internacional, al menos hasta asegurar la consolidación del socialismo en la Unión Soviética. Los "trotskistas", círculos zinovievistas y otros opositores al Estalinismo, y a las decisiones aplicadas por el conjunto del Comité Central basado en el principio de la democracia interna, que formaban la autodenominada oposición de izquierda internacional ya eran perseguidos por los gobiernos de la mayoría de los países por ser marxistas, pero, el gobierno soviético, tras el asesinato de Kírov por Leonid Nikoláev, miembro de la oposición trotskista-zinovievista, empezó también una feroz persecución en todo el mundo usando miembros de los partidos comunistas locales y agentes de la NKVD.
Sus principales líderes (León Trotski, Andreu Nin, etc.), muchos de sus miembros y simples simpatizantes de la oposición fueron asesinados o hechos desaparecer, por cuestionar las decisiones de la Internacional comunista e ir a contracorriente del grueso de la opinión marxista-leninista internacional.
Además, la oposición de izquierda no tenía una organización única ni líderes claros, ni siquiera León Trotski, aunque era quizás el más respetado. En su difícil situación, y su falta de vinculación con las masas, éstas estaban siendo ganadas o continuaban bajo la dirección de organizaciones socialdemócratas o reformistas, lo que demostraba que en la práctica la política entrista supuso todo un fracaso. En ese contexto se propone el entrismo como una forma de ganar simpatizantes al programa revolucionario, introduciéndose por cortos espacios de tiempo en tales partidos de masas para ganar a sus militantes más avanzados, que rompían con sus direcciones uniéndose a las organizaciones trotskista-leninistas de la IV Internacional, y cambiar así su balance de fuerzas, abandonando luego la organización de masas. Conocida como "Giro Francés", el entrismo fue defendido por León Trotski y otros miembros destacados a partir de los años 30, lo que provocó una gran polémica que agudizó los enfrentamientos internos. Los partidarios del entrismo, cercanos a las ideas trotskistas, quien en su momento fuese un destacado líder del partido menchevique, se hacían llamar leninistas, aunque sus tesis suponían una práctica que ponía en juego la unidad del partido comunista de vanguardia, una de las principales teorías del leninismo.
Esta táctica a menudo se confunde con la del llamado entrismo sui generis, que consiste en practicar la entrada masiva en las organizaciones de masas reformistas o marxistas-leninistas, sin explicitar el programa político (por lo que también es llamado entrismo profundo o "a boca cerrada"), lo que en la práctica conduce a la disolución paulatina dentro de dichos partidos. Muchos seguidores de Trotski, opositores a esta clase de entrismo sui generis, entre los que destacan Nahuel Moreno y sus seguidores, la combatieron en el seno de la IV Internacional, cuando fue adoptada por los seguidores del griego Michel Pablo en la táctica conocida como pablismo, y apoyada por espacio de unos años por Ernest Mandel, quien más tarde rectificaría, junto con sus seguidores. Nahuel Moreno, y sus seguidores, defendían que dicha táctica sería liquidacionista para las organizaciones que la adoptaran dentro de la IV Internacional, puesto que supondría la capitulación paulatina a las direcciones que pretendían disputar o con que pretendían compartir frente único, la descomposición de secciones enteras de la IV y la disolución paulatina dentro de estas organizaciones, siendo acertado el pronóstico, y dando lugar a una importante escisión en la Internacional.
La mayoría de las organizaciones trotskistas se han constituido como partidos independientes y abandonado la práctica del entrismo, aunque algunas, como la Corriente Marxista Internacional, aún lo defienden. Su antiguo dirigente Ted Grant lo explicaba así: "Desde dentro de sus filas, entre los luchadores de la clase obrera, surgirán las fuerzas del marxismo revolucionario. Fuera de las organizaciones de masas no se creará nada que pueda resistir la fuerza del tiempo".
El origen del entrismo hay que buscarlo en el contexto del periodo de entreguerras, marcado por el auge del fascismo, por un lado, y del estalinismo, por otro. La época resulta desconcertante incluso para el movimiento trotskista. Así, según Daniel Bensaïd, «las recomendaciones de Trotski durante los años treinta se ajustan, casi al mes, a las fluctuaciones de una situación cambiante». La estrategia varía, por tanto, y el entrismo corresponde a una de las orientaciones trotskistas a lo largo del año 1934. Trotski publica el primer artículo al respecto, en La Vérité, el 10 de julio de 1934, sin firmarlo.
Este año se caracteriza, en efecto, por el surgimiento de corrientes que ponen en peligro a la socialdemocracia. En Austria, la insurrección obrera es brutalmente reprimida, mientras que los disturbios del 6 de febrero de 1934 en París desestabilizan a la Tercera República. Ante esto, Trotski crea alas de izquierda activas en los partidos socialistas.
Los años cincuenta se caracterizaron por una ola de entrismo clandestino en los partidos comunistas nacionales. Era la época en que se cristalizaba la Guerra Fría. Los trotskistas se sentían más impotentes que nunca en el juego político mundial. Fue entonces cuando una parte de sus dirigentes se sintió tentada por esta estrategia de desestabilización, esta vez dirigida contra los partidos comunistas alineados con Moscú. Así es como Michel Pablo propone esta estrategia. Constata que «la realidad social objetiva […] está compuesta esencialmente por el régimen capitalista y el mundo estalinista». De ello deduce que el único medio para que los trotskistas influyan eficazmente en la vida política y pongan a prueba la eficacia de sus teorías es movilizar a los trabajadores en los partidos que los representan. Se trata, en aquella época, de los poderosos partidos comunistas de los países occidentales. Precisa que «esta integración debe comenzar por las organizaciones periféricas para llegar hasta el propio partido comunista». Según Pablo, el militante debe «poner totalmente en un segundo plano su condición de trotskista». Señala las organizaciones a las que se dirige.
Esta clandestinidad responde al monolitismo de alineación estalinista de los partidos comunistas de la época. Asimismo, anticipa y promueve las rupturas radicales que, según los trotskistas, no podían dejar de producirse. Por eso Daniel Bensaïd habla de un «entrismo especulativo». Parece que esta estrategia es el único medio de acción de un movimiento que denuncia «la usurpación del poder por parte de una burocracia privilegiada» en la URSS.
Esto provocó numerosos antagonismos y fue una de las causas de la más grave escisión que había sufrido la IV Internacional desde su creación. De hecho, desde el momento en que se expusieron sus tesis, Michel Pablo fue objeto de críticas. Marcel Bleibtreu, secretario del PCI, rechazó esta estrategia. La ruptura se produce con el congreso de 1952. La mayoría del PCI lambertista rechaza el entrismo en las organizaciones estalinistas propuesto por los pablistas, mayoritarios en dicho congreso. Este aprueba la estrategia de entrismo, al tiempo que provoca graves escisiones.
Numerosas figuras del trotskismo, como Félix Guattari, Denis Berger, Gabriel Cohn-Bendit y Lucien Sebag, se mostraron críticas con respecto a esta práctica.
El término «entrismo» también se emplea para referirse a una práctica totalmente distinta de infiltración de la Organisation communiste internationaliste (OCI), surgida de la escisión de 1952. Paradójicamente, es este movimiento, opuesto al entrismo, el que utiliza esos mismos métodos durante las dos décadas siguientes.
Esta estrategia no da resultados notables. Por ejemplo, muy al contrario, Lionel Jospin, de quien Edwy Plenel afirma que había sido infiltrado por la OCI en el PSF, habría renunciado poco a poco a sus ideales de juventud al adherirse finalmente al Partido Socialista, al tiempo que compaginaba la presentación de informes a Pierre Lambert (líder del movimiento trotskista internacional) con sus responsabilidades políticas socialistas.
Desde 1974 existe una corriente trotskista de infiltración, Vonk - Unidad Socialista, en los partidos socialistas belgas: PS (Valonia) y SP (SP Regionalverband Ostbelgien), luego SP.A y en el sindicato socialista FGTB (Fédération générale du travail de Belgique). Posteriormente se adhirió a la Tendencia Marxista Internacional.
El Partido Laborista británico (también conocido como «Labour») también sufrió un entrismo por parte de los círculos trotskistas, especialmente en la década de 1980. Aunque este partido, durante mucho tiempo hegemónico en la izquierda del espectro político británico, ya había conocido casos de entrismo, la influencia del grupo trotskista de la Revolutionary Socialist League (RSL) y posteriormente de la tendencia Militant, y en particular de su periódico homónimo, será especialmente importante tras la derrota de 1979 y la llegada al poder de Margaret Thatcher.

Creada en 1950 tras una escisión de un grupo llamado The Club, la idea de la RSL es acercarse a las clases populares infiltrándose en su partido «natural» y luego aprovechar un período de inestabilidad para imponer una línea de izquierda. La entrada en este partido le permite también reclutar miembros y difundir sus ideas. Permanecerá relativamente en el anonimato hasta 1964, fecha en la que creará su periódico Militant y decide adoptar ese nombre. A partir de entonces ganará influencia con la salida de los grupos trotskistas del Partido Laborista, siendo uno de los pocos en permanecer en él.
La influencia de Militant aumentará así considerablemente dentro del Partido Laborista. A partir de 1972, la dirección de la organización juvenil del Partido Laborista (Labour Party Young Socialists) recaerá siempre en un miembro de Militant. El grupo alcanzará el apogeo de su influencia a principios de la década de 1980, momento en el que el periodista Michael Crick lo considerará «el quinto partido más grande de Gran Bretaña». Cuenta con unos 8000 miembros y 250 empleados. La proporción entre el número de empleados y el de miembros es especialmente elevada (es de 32 frente a los 1323 del Partido Laborista), lo que demuestra la actividad de este grupo, decidido a influir en la política británica a través del Partido Laborista.
Esta influencia se nota especialmente en el programa electoral del Partido Laborista de 1983, de marcado carácter izquierdista como reacción a la política neoliberal de Margaret Thatcher. Sin embargo, la amplia derrota electoral que siguió provocó críticas contra Militant, a la que se acusó de ser responsable de la derrota por una línea demasiado radical; Gerald Kaufman, diputado laborista de la Cámara de los Comunes, calificó el manifiesto como «la nota de suicidio más larga de la historia». A pesar de todo, este grupo logró que se eligieran tres diputados trotskistas, quienes interrumpían regularmente las sesiones para promover sus ideas y protestar contra las formas políticas tradicionales.
A pesar de su gran influencia, la dirección del Partido Laborista se esforzó, a partir de 1983, por expulsar a los miembros de Militant del Partido Laborista. Por ejemplo, dos de los diputados trotskistas elegidos, Terry Fields y Dave Nellist , fueron expulsados en 1992 y no resultaron reelegidos. Además, el grupo sufrió fuertes divisiones, lo que le hizo perder influencia en la escena política británica. Solo Socialist Appeal sigue afiliado al Partido Laborista y continúa publicando su periódico, pero su peso se verá muy reducido (250 miembros en la década de 2000).
En Argelia, el Frente Islámico de Salvación practica el entrismo desde finales de la década de 1980.
En Francia, la obra Les Territoires perdus de la République (2002), dirigida por Georges Bensoussan, describe acciones de entrismo islámico. El Informe Obin (2004) da testimonio de acciones que entran dentro del entrismo islámico.
Según la antropóloga Florence Bergeaud-Blackler, el movimiento de los Hermanos Musulmanes tiene como objetivo, en particular, desestabilizar las organizaciones públicas, mediante métodos que entran dentro del entrismo. Estos análisis son criticados por otros académicos.
En abril de 2024 el primer ministro Gabriel Attal se refirió a un «entrismo islamista» en las escuelas francesas y acusó a ciertos grupos de introducir preceptos religiosos como la sharia en el sistema educativo. Estas declaraciones suscitan críticas, en particular por parte de la Gran Mezquita de París, que considera que el uso del término «entrismo», procedente de la ideología trotskista, es inapropiado en este contexto.
En marzo de 2025, Élisabeth Borne, entonces ministra de Educación Nacional, retoma el término en el diario Le Parisien: «Digo que hay que prohibir el uso de signos religiosos en las competiciones deportivas. Pero hay que abordar este problema en su globalidad. Más allá de las prohibiciones, es importante que actuemos para luchar contra el avance del entrismo en la sociedad.».
El 2 de mayo de 2025 el Ministerio del Interior hace público un informe sobre el islamismo político en Francia.
En 2026 el exdiputado socialista francés Yannick Trigance acusa a la red de colegios privados Excellence Ruralités, financiada en particular por el multimillonario Pierre-Édouard Stérin, de formar parte de una lógica de «entrismo» de la extrema derecha en la enseñanza rural francesa. Según él, el desarrollo de estructuras educativas privadas en territorios rurales vulnerables formaría parte de una estrategia para debilitar el servicio público de educación en beneficio de un proyecto ideológico conservador.