
El estrambotismo es un movimiento artístico nacido en 1974 en el Empordá (Cataluña) de la mano de Joan Fuster i Gimpera (Torroella de Montgrí, 1917-2011), quien fue el fundador filosófico de la nueva corriente. Fuster inventó la palabra “estrambotismo” y la aplicó a la pintura con la voluntad de romper convenciones y reivindicar la libertad creativa.
Antes de morir, Fuster nombró “heredero testamentario del Estrambotismo” a Quim Hereu (Girona, 1963), quien fue el fundador formal del movimiento al reinterpretarlo, desarrollarlo plenamente y dotarlo de una estructura teórica, plástica e institucional propia. Creó el manifiesto visual con su Trilogía Estrambótica (tres obras de dimensiones monumentales 6 x 12 m). Redactó también el manifiesto escrito, que sistematiza los principios del movimiento, e impulsó el Espai Quim Hereu en la Fortaleza de Sant Julià de Ramis, germen del futuro Museo del Estrambotismo, que le da proyección pública y continuidad.
En 2010, antes de morir, Fuster nombró heredero testamentario a Hereu mediante un poema en el que juega con las palabras y su nombre

Tu nombre premonitorio
anuncia un testamento
que yo, como padre consciente,
quiero sacar del escritorio.
Eres heredero desde este momento
de un ismo con patrimonio
de estrambote visionario,
de un ideal sin precedente.
Joan Fuster i Gimpera – Al querido amigo y gran pintor Quim Hereu
El Estrambotismo se fundamenta en la exaltación del ímpetu o “rauxa” como fuerza impulsora de la creatividad. Defendido como una actitud vital más que como una escuela plástica, el Estrambotismo propugna la liberación del individuo de las limitaciones impuestas por la razón y los convencionalismos, reivindicando la imaginación como motor esencial del arte, la creatividad y la expresión humana.
Es el mecanismo que impulsa a una persona a saltar el abismo que la separa de lo que siempre ha soñado hacer, de convertirse en lo que siempre ha querido ser. Por raro, extraño o diferente que sea. Es una expresión de liberación, de atreverse a vivir, venciendo el miedo a los convencionalismos y al exceso de sensatez. La rauxa es su motor.
El arte estrambótico se caracteriza por combinar elementos reales y cotidianos con asociaciones inesperadas y alteraciones imposibles, generando imágenes aparentemente normales, pero llenas de anomalías y metáforas que revelan mundos imaginarios.
El Estrambotismo se concreta visualmente en la Trilogía Estrambótica, tres pinturas de dimensiones monumentales (6 x 12 m) que representan el Tiempo, el Poder y la Libertad, consideradas la esencia simbólica del movimiento. A estas obras se añade la Venus Estrambótica, icono de la corriente. Las pinturas contienen el denominado “Llegendàrium”, un conjunto de metáforas y claves interpretativas que orientan, sin limitar, la exploración personal de cada creador.
Hereu define el Estrambotismo como un “enorme condensador de rauxa”, capaz de canalizar la imaginación infantil a través de la técnica, el rigor y el prestigio de la mente adulta. El objetivo es recuperar la potencia creativa primigenia que todos poseemos, combinando la libertad absoluta con una dosis mínima de control racional para evitar la autodestrucción del proceso creativo.
El movimiento se declara inclasificable y subjetivo, ya que entiende el arte como un reflejo alterado y consciente de la realidad, nacido de la misma conciencia y de la relación íntima entre creador y musas.
Sin reglas fijas ni métodos cerrados, el Estrambotismo promueve una mirada lúcida y libre sobre el mundo, capaz de transformar lo cotidiano en extraordinario mediante la imaginación y la rauxa.