

Eumeo (en griego antiguo: Εὔμαιος, Eúmaios) es un personaje de la mitología griega que aparece en la Odisea. Se trata del fiel criado y porquerizo de Odiseo. A pesar de su condición de esclavo, Homero lo ensalza como el máximo ejemplo de hospitalidad, piedad y lealtad, convirtiéndolo en una pieza fundamental para la reconquista del trono de Ítaca. Es el único personaje en la Odisea al que el narrador trata en segunda persona: δι Εὔμαιη (‘tú, Eumeo’). Con frecuencia, también se refiere a él como «porquero noble» (δῖος ὑφορβός) y como «príncipe de los porqueros» (ὄρχαμος ἀνδρῶν).
Eumeo nació en la isla mítica de Siría (Συρίη), identificada por geógrafos antiguos como la isla griega de Siros, en el mar Egeo. Era hijo del rey Ctesio Orménida. Siendo niño, fue secuestrado por una esclava fenicia de su palacio en complicidad con unos mercaderes extranjeros. Tras morir la esclava a bordo del barco, los marineros lo vendieron al rey Laertes (padre de Odiseo) a cambio de riquezas. Se crio en el palacio real junto a la princesa Ctímene, antes de ser destinado al cuidado de las piaras en el campo.
Por orden de la diosa Atenea, el campo de Eumeo es el primer lugar al que acude Odiseo al despertar en Ítaca. Eumeo salva a Odiseo (disfrazado de mendigo por Atenea) de sus perros, lo invita a su cabaña, le prepara un lecho y le ofrece comida. Demuestra su piedad sacrificando su mejor animal para honrar al huésped y prefiere dormir a la intemperie protegiendo los bienes de su amo ausente antes que quedarse cómodo en la cabaña. Odiseo pone a prueba su generosidad inventando historias falsas y sugiriendo ir a mendigar a la ciudad, confirmando la rectitud del siervo.
Telémaco llega a la cabaña de madrugada tras su viaje a Pilos. Los perros no le ladran, sino que le halagan. Al verlo entrar, a Eumeo se le caen las vasijas de las manos y corre a besar la cabeza, los ojos y las manos de Telémaco, llorando de alegría «como un padre que abraza cariñosamente a su hijo único y amado que regresa de tierras lejanas tras diez años de ausencia». Al ver que el mendigo (Odiseo) intenta cederle el asiento por respeto, Telémaco se niega y pide sentarse en otro lugar. Eumeo le prepara rápidamente un asiento con ramas verdes cubiertas por un vellón de lana y les sirve las carnes que habían sobrado del día anterior.
Telémaco pregunta a Eumeo quién es el extranjero. El porquero le resume la falsa historia cretense del mendigo. Al pedirle Eumeo que lo acoja en palacio, Telémaco confiesa con dolor que no puede llevarlo allí directamente debido a la extrema violencia e insolencia de los pretendientes, por lo que prefiere mantenerlo refugiado en la cabaña enviándole ropa y alimento. Telémaco ordena a Eumeo que vaya discretamente a la ciudad para anunciar únicamente a Penélope que su hijo ha regresado sano y salvo de Pilos. Eumeo parte hacia el palacio cumpliendo el recado, dejando a Odiseo y Telémaco a solas en la cabaña, momento exacto en el que Atenea intervendrá para deshacer el disfraz del héroe y permitir que padre e hijo se reconozcan por fin.
Eumeo escolta a Odiseo, nuevamente disfrazado de mendigo, hacia el palacio real. Es en este trayecto donde presencian el maltrato del cabrero traidor Melantio y el emotivo reencuentro con el viejo perro Argos. Penélope observa la agresión de los pretendientes hacia el mendigo y le pide a Eumeo que lo traiga ante ella para interrogarlo. Siguiendo la estrategia de Odiseo, Eumeo convence a la reina de posponer la reunión hasta la noche para no levantar sospechas entre los usurpadores. En las vísperas de la matanza, Odiseo pone a prueba a Eumeo y a Filetio en el patio exterior. Tras confirmar su lealtad absoluta, les revela quién es mostrándoles la vieja cicatriz de su pierna.
Siguiendo el plan establecido, Eumeo ordena en secreto a la nodriza Euriclea cerrar las puertas del salón principal. En paralelo, Filetio atranca el patio exterior con un cable de navío, dejando a los pretendientes completamente atrapados. Eumeo lucha codo con codo junto a Odiseo, Telémaco y Filetio. Durante la encarnizada batalla, el porquero mata con su lanza a los pretendientes Élato y Pólibo. Eumeo y Filetio sorprenden al cabrero traidor robando armas de la recámara. Lo atan de pies y manos y lo cuelgan de una columna del techo durante el combate. Tras la victoria general, lo sacan al patio exterior y le cortan la nariz, las orejas, las manos, los pies y los genitales como ejecución final.
Eumeo aparece reflejado en la obra Ivanhoe, de Walter Scott, como el porquero Gurth. En dicha obra se le llama «este segundo Eumeo» después de que él y el bufón Wamba discuten la incautación injusta de la carne del ganado por los barones normandos.