
La Serenata n.º 10 para vientos en si bemol mayor, K. 361 (370a), también conocida como Gran Partita, es una pieza camerística compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart probablemente en 1781 o 1782, cuando el compositor tenía 25 o 26 años.
A principios de la década de 1780 Viena era una ciudad enamorada del sonido de los instrumentos de viento. La música para agrupaciones de viento jugó un papel relevante en Austria durante el Clasicismo. Tanto las casas aristocráticas como la corte imperial tenían a su servicio conjuntos llamados Harmonie, que se basaban en un núcleo de un par de fagotes para proporcionar el bajo y dos trompas. Las partes superiores se asignaban a uno o más pares de vientos agudos, más frecuentemente oboes y clarinetes. Este tipo de disposiciones constituía la base tanto de las bandas militares como de la Hausmusik o música doméstica de la baja nobleza, para la que estos conjuntos eran más baratos que una orquesta completa, y además eran adecuados para actuaciones en interiores y exteriores. El propio Mozart incluye un Harmonie en la escena de la cena de Don Giovanni, donde se ve al protagonista disfrutando de su cena mientras escucha algunas melodías operísticas populares de la época interpretadas por su propio conjunto de vientos.
En 1783 Mozart con 27 años llegó a Viena como músico independiente y valoró oportunidades más allá de la ópera y el teclado. Las serenatas para viento en la capital no eran una "música ligera" periférica, sino que se consideraban un género de prestigio que permitía a los creadores componer para intérpretes de élite y hacer circular su música con rapidez a través de arreglos y fragmentos. El joven maestro durante sus primeros años en Salzburgo ya había compuesto ocho divertimentos para vientos, en concreto los Divertimenti para diez vientos y los Divertimenti para seis vientos. Estas obras seguramente fueron diseñadas para sonar en exteriores y resultar agradables al oído, como poco más que música de fondo, y aun así muchos movimientos trascienden esas pretensiones tan modestas. Tras establecerse en Viena en 1781, Mozart compuso tres grandes serenatas para vientos (n.º 10, n.º 11 y n.º 12) que elevan el género a alturas sin precedentes. Aunque sólo la n.º 12 puede fecharse con cierto grado de certeza, parece que las tres fueron compuestas durante los dos primeros años del compositor en la capital austríaca. La primera y más obvia diferencia entre la n.º 10 y sus predecesoras salzburguesas es la enorme expansión de escala, tanto en términos de instrumentación como de longitud.
La datación de la pieza es discutida. La composición de esta obra pudo desarrollarse en Viena en algún momento entre 1781-1782 y marzo de 1784. Estudiosos como Ludwig von Köchel, Allan Tyson y Edge tras analizar el papel y las marcas de agua del manuscrito original abogan por fecharlo en 1781 o 1782. Otros autores la sitúan entre 1783 y principios de 1784 basándose en que fue escrita para un concierto benéfico ofrecido por Anton Stadler el 23 de marzo de 1784 en el Burgtheater de Viena. Pero tal concierto no tiene una relación probada con la fecha de composición y sólo marca un terminus ante quem. La interpretación de 1784 solo incluyó cuatro movimientos y dio lugar a que durante mucho tiempo se pensase que la obra había sido escrita en dos fases, aunque en la actualidad se descarta esta posibilidad.
La partitura autógrafa se conserva en la actualidad en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos bajo la denominación LCW, ML30.8b .M8 K.361 y se puede consultar en línea. El término «Gran Partitta» fue añadido después por una mano desconocida incluyendo la falta ortográfica de utilizar dos "t". Este añadido una señal temprana de que tanto copistas como intérpretes rápidamente entendieron la serenata como algo excepcional y necesitaron una etiqueta distinta a la catalogación ordinaria. El documento contiene veinticuatro hojas papel tipo 57. Para Alan Tyson este hecho es lo suficientemente convincente como para presuponer que esta obra fue compuesta en 1781. Otras cuatro composiciones que presentan este tipo de papel pueden ser datadas sin temor a dudas en ese mismo año. No hay en absoluto ninguna evidencia de que las veinticuatro hojas del papel de la partitura autógrafa de la K. 361 fueran destinadas para otra obra. El patrón de uso del papel evidencia que la Gran Partita era el principal proyecto para el que Mozart adquirió este tipo de papel. La historia documental muestra asimismo que existe una referencia inequívoca a una banda de música vienesa en 1781.
Se desconocen los detalles del estreno. La primera interpretación de la que se tiene constancia tuvo lugar en un concierto benéfico celebrado el 23 de marzo de 1784 en el Burgtheater de Viena. Se conoce a través de un anuncio de concierto que lo publicitaba como una «gran pieza para vientos de una clase muy especial compuesta por el señor Mozart». El concierto se organizó en beneficio de Anton Stadler, amigo de Mozart y brillante clarinetista y intérprete de corno di bassetto. Mozart compuso para él tanto el Quinteto para clarinete en la mayor, K. 581, como el Concierto para clarinete en la mayor, K. 622. Al parecer en este concierto la obra constaba de cuatro movimientos, en lugar de los siete que conocemos actualmente. Esto llevó a la conclusión de que la interpretación de Stadler solo incluyó una parte de la obra, un procedimiento que se seguía con frecuencia en las primeras ediciones publicadas.
La primera edición fue llevada a cabo en 1803 en Viena por la editorial Bureau d'Arts et d'Industrie, que publicó las particellas de la obra bajo el título "Grande Serenade". Esta edición se diferencia de la partitura autógrafa en muchos pasajes, pero no se sabe si esos cambios se deben a Mozart o no.

La partitura está escrita para un conjunto formado por:
La instrumentación de una típica serenata para Harmonie de la época estaba concebida para entre seis y ocho intérpretes, mientras que la Gran Partita recurre a una plantilla ampliada de doce instrumentistas de viento y un contrabajo.
La presencia del contrabajo sugiere que la obra estaba destinada a ser interpretada en interiores y no en exteriores. Esta hipótesis se ve aumentada por la primera interpretación de la que se tienen registros en el concierto benéfico del 23 de marzo de 1784 en el Burgtheater de Viena. La línea de bajo es uno de los aspectos interpretativos más debatidos de la pieza. La tradición de la portada de la partitura, así como la práctica interpretativa posterior, a veces sugiere una alternativa entre contrabajo y contrafagot (grand basson). Sin embargo, la orquestación de Mozart junto con el peso de la discusión crítica moderna, apoyan el contrabajo como el instrumento previsto, quedando el contrafagot como sustituto.
Los corni di bassetto son los miembros altos de la familia del clarinete. Mozart construye la armonía como color. Las voces intermedias de los corni di bassetto con su timbre aterciopelado y velado densifican el registro medio y se convierten en actores expresivos más que en simple relleno. El resultado de unir clarinetes con corni di bassetto presagia la "sonoridad de Stadler" que alcanza su cima en el Quinteto para clarinete K. 581 y el Concierto para clarinete K. 622.
La pieza consta de siete movimientos:
La interpretación de esta obra dura aproximadamente entre 45 y 50 minutos. La estructura en siete movimientos es una arquitectura típica de la serenata. Sin embargo, estos movimientos presentan una amplitud inusual y una ambición casi sinfónica, que transforma la tradición de la serenata al aire libre en un drama sostenido de color, contrapunto y profundo lirismo—sobre todo en el movimiento III. Adagio. Las serenatas típicas tenían plantillas instrumentales algo más reducidas y transmitían un encanto elegante. El genio de Salzburgo aquí amplía tanto la escala como el abanico expresivo con extensos arcos de discurso. Podría percibirse como una "sinfonía para vientos", en su naturaleza más profunda subyace el drama escénico. Los clarinetes entonan con aliento operístico, los corni di bassetto actúan como voces de contralto para oscurecer la armonía y las trompas aportan un matiz ceremonial o bien traviesamente teatral.
El primer movimiento, Largo – Molto Allegro, está escrito en la tonalidad de si bemol mayor y en compás de 4/4. Se estructura en una introducción, marcada Largo, seguida del cuerpo principal del movimiento, marcado Molto Allegro, en una forma sonata.
El segundo movimiento, Menuetto – Trio I – Trio II, está en re mayor que en el primer trío pasa a mi bemol mayor y en compás de 3/4. Se trata de una escena con cambios de iluminación más que una mera danza cortesana trasladada al exterior. La forma se articula como un minueto con dos tríos contrastantes que sigue el esquema ABACA.
El tercer movimiento, Adagio, está en mi bemol mayor y en compás de 4/4. Noel Goodwin lo describe como "prácticamente un conjunto musicaloperístico de apasionado sentimiento y calidez sensual". Mozart compone aquí un "aparato de respiración" para los vientos. Se caracteriza por un pulso sincopado que abarca casi todo el movimiento. Los amplios arcos melódicos solistas se alternan entre el oboe, el clarinete y el corno di bassetto de tal manera que la línea parece continua incluso cuando pasa de un instrumentista a otro. Las figuraciones del acompañamiento se calibran para evitar pesadez, creando un colchón sonoro flotante bajo la melodía cantabile. La fama de este Adagio se ha amplificado debido a su inclusión en la película Amadeus. Destaca por su estructura ya que combina la direccionalidad armónica con un lirismo arrebatado, logrando que el timbre de los vientos actúe como registros vocales cambiantes.
El cuarto movimiento, Menuetto. Allegretto – Trio I – Trio II, está en si bemol mayor que pasa en el primer trío a si bemol menor y en el segundo trío a fa mayor y el compás es 3/4. Este segundo movimiento de danza se articula de nuevo como un minueto con dos tríos contrastantes que sigue el esquema ABACA.
El quinto movimiento, Romance. Adagio, está en mi bemol mayor y en compás de 3/4. Constituye el típico centro lírico de una serenata, con un sentido operístico del episodio y retorno. Para los intérpretes supone una clase magistral de fraseo en los vientos. Si bien, el reto más que la velocidad, consiste sostener la línea y la intimidad manteniendo la respiración del conjunto coordinada. Presenta una forma ternaria siguiendo el patrón ABA, Adagio – Allegretto – Adagio:
El sexto movimiento, Tema con variazioni, está en si bemol mayor y en compás de 2/4. Se estructura en un tema con seis variaciones, que hacen uso de varios motivos rítmicos. En lugar de unas vistosas variaciones de lucimiento virtuosístico, Mozart construye una serie de variaciones de carácter que destacan distintos papeles instrumentales.
Este movimiento suscita el mismo debate que planea sobre toda la Serenata K. 361, sobre si se trata de música de fondo engrandecida por Mozart o bien una pieza de concierto deliberadamente pública, que aquí se inclina con fuerza por la segunda opción.
El séptimo y último movimiento, Finale. Molto Allegro, retoma la tonalidad inicial, el compás es 2/4 y responde a una forma rondó. El Finale es exuberante y bullicioso. La escritura presenta rápidos intercambios, giros repentinos y un juego cadencial ligero que aprovecha la agilidad de los clarinetes y el brillo de las trompas naturales. Emplea muchos pasajes de tutti en los que oboes y clarinetes tocan al unísono, sobre todo en el tema del rondó. Los episodios contrastantes entre los retornos al tema se caracterizan por un mayor grado de interacción entre los instrumentos. El cierre encaja por su intensidad y rapidez, y además resuelve un largo recorrido de contrastes desde lo ceremonial a lo lírico, o desde la intimidad al festejo público.
El escritor Johann Friedrich Schink, tras asistir al concierto benéfico del 23 de marzo de 1784 en el Burgtheater de Viena, describió haber escuchado un conjunto formado por «cuatro trompas, dos oboes, dos fagotes, dos clarinetes, dos corni di bassetto, un contrabajo». Se maravilló del efecto que le causó expresándolo así: «...¡glorioso y sublime! Constaba de trece instrumentos... A cada instrumento se sentaba un maestro... ¡Oh, qué efecto causó!... glorioso y grandioso, excelente y sublime.»
El Adagio, con frecuencia citado y presentado como la sección más admirable, puede llegar a eclipsar el diseño arquitectónico de la obra. No obstante, esta serenata constituye una de las demostraciones más evidentes de que Mozart podía tomar un género social funcional y, sin traicionar su esencia cordial, infundirle discurso sinfónico, intimidad operística y una imaginación sin precedentes para el timbre de los vientos. Las interpretaciones historicistas modernas han resultado reveladoras porque restituyen sus colores con el incisivo sonido de las trompas naturales, la calidez leñosa de los corni di bassetto y la forma en que el contrabajo ancla el coro en lugar de limitarse a doblarlo.
Esta obra, sobre todo el Adagio, ha servido de inspiración a artistas musicales de diversos géneros para crear sus propias versiones. Tanto las adaptaciones como las interpretaciones de la pieza original han sido incluidas en bandas sonoras de películas, programas de televisión, videojuegos, etc.