| Hotel Capri | ||
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El Hotel Capri en 1973. | ||
| Localización | ||
| País |
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| Municipio | Plaza de la Revolución | |
| Localidad | El Vedado, La Habana | |
| Dirección | Calle 21 entre N y O | |
| Coordenadas | 23°08′32″N 82°22′57″O / 23.142211, -82.382597 | |
| Información general | ||
| Inauguración | 27 de noviembre de 1957 | |
| Estrellas | 4 | |
| Habitaciones | 250 originalmente | |
| Plantas | 19 | |
| Propietario | Jaime Canavés Llull y familia Canavés (propiedad histórica); Gran Caribe (actual) | |
| Arquitecto | José Canavés Ugalde | |
El Hotel Capri, denominado durante parte de la década de 1990 Hotel Horizontes Capri y posteriormente comercializado como NH Capri La Habana, es un histórico hotel situado en El Vedado, La Habana, Cuba. Inaugurado a finales de 1957, fue uno de los principales establecimientos construidos durante la expansión turística, arquitectónica y hotelera experimentada por la capital cubana durante la década de 1950.
El establecimiento fue promovido, construido y originalmente vinculado a los intereses empresariales de Jaime Canavés Llull y de la familia Canavés. El proyecto arquitectónico fue realizado por José Canavés Ugalde, mientras que su ejecución correspondió a la Compañía Constructora Jaime Canavés S.A..
La explotación comercial fue posteriormente entregada mediante arrendamiento a la Compañía Hotelera Shepard S.A., controlada por el empresario estadounidense Julius J. «Skip» Shepard. La documentación oficial de la Foreign Claims Settlement Commission identifica a esta sociedad como la compañía que operaba el Hotel Capri.
Paralelamente, el casino y otras concesiones existentes dentro del complejo tuvieron una estructura económica diferenciada, entre cuyos participantes figuraron empresarios vinculados al crimen organizado estadounidense.
De este modo, la historia empresarial del Capri puede distinguirse en tres ámbitos: propiedad, promoción y construcción del inmueble; explotación hotelera mediante arrendamiento; e intereses y concesiones relacionados con el casino.
Durante la década de 1950 La Habana experimentó una importante expansión hotelera, residencial y comercial. El Vedado y particularmente La Rampa se convirtieron en algunos de los principales focos de esta transformación urbana.
En septiembre de 1952 se promulgó el Decreto-Ley 407 sobre propiedad horizontal y en 1953 el Decreto-Ley 750 creó el sistema de Fomento de Hipotecas Aseguradas. Estas disposiciones favorecieron el crecimiento vertical de El Vedado y estimularon numerosas inversiones inmobiliarias.
En 1955 el gobierno de Fulgencio Batista promulgó la Ley de Hoteles 2074, que otorgaba incentivos fiscales y licencias relacionadas con el juego a determinados proyectos hoteleros y de entretenimiento de gran inversión.
El Capri se desarrolló en este contexto junto con establecimientos como el Hotel Habana Riviera, el Habana Hilton —posteriormente Habana Libre—, el Hotel Deauville y otros grandes proyectos hoteleros.
El núcleo empresarial responsable del desarrollo del Capri estuvo encabezado por Jaime Canavés Llull (1894-1982), empresario nacido en Pollença, Mallorca, España, que se estableció en Cuba en 1913.
Jaime Canavés desarrolló una extensa actividad en los sectores de la construcción, promoción inmobiliaria y producción de materiales para la edificación.
Fue propietario de la Compañía Constructora Jaime Canavés, que operaba en Cuba desde al menos 1949 y tenía sus oficinas en Nuevo Vedado.
También mantuvo intereses en Industrias Hormigón Cubano S.A. y figuró entre los accionistas de Industrias Siporex S.A., dedicada a la fabricación de materiales de construcción.
La empresa adquirió un marcado carácter familiar, incorporándose varios de sus hijos a cargos de administración, arquitectura y dirección.
El hijo mayor de Jaime Canavés Llull, Antonio Canavés Ugalde (1922-1954), había ejercido la presidencia de la empresa familiar antes de la construcción del Hotel Capri.
Falleció prematuramente el 15 de marzo de 1954 a consecuencia de un accidente automovilístico. Estaba casado con Josefina Milián Perez y dejó descendencia.
Su fallecimiento ocurrió más de dos años antes de la constitución de Compañía Hotelera de La Habana S.A.; por ello no figura entre los constituyentes de dicha sociedad pese a haber ejercido previamente la presidencia del núcleo empresarial familiar.
Después de su muerte, Jaime Canavés Llull y los demás integrantes de la generación Canavés Ugalde continuaron la actividad empresarial.
José Canavés Ugalde (1924-2012), hermano de Antonio, desarrolló su carrera profesional como arquitecto.
Fue el arquitecto responsable del Hotel Capri, una de las obras más conocidas de su trayectoria.
Su trabajo comprendió además proyectos residenciales, comerciales e industriales que formaron parte del desarrollo arquitectónico cubano de mediados del siglo XX.
La participación de José Canavés en el Capri fue complementaria a la de la empresa familiar: él realizó el proyecto arquitectónico y la Compañía Constructora Jaime Canavés S.A. ejecutó las obras.
Jaime Canavés Ugalde participó asimismo en la estructura empresarial familiar.
Francisco de la Horra Diez, esposo de Emilia Canavés Ugalde, ocupó también responsabilidades administrativas dentro de las sociedades vinculadas al proyecto.
Dentro de la etapa anterior al Capri, la dirección familiar puede resumirse de la siguiente forma:
La muerte de Antonio Canavés Ugalde explica que la dirección societaria existente cuando comenzó el proyecto del Capri fuera diferente de la estructura empresarial inmediatamente anterior.
En 1956 se constituyó la Compañía Hotelera de La Habana S.A., sociedad encargada del desarrollo del proyecto hotelero.
Una obra histórica basada parcialmente en documentación del Archivo Nacional de Cuba señala que la sociedad fue constituida mediante la escritura pública n.º 1.043 de 12 de diciembre de 1956 por Jaime Canavés Llull, José Canavés Ugalde, Jaime Canavés Ugalde, Francisco de la Horra Diez y Mario Augusto Soto Román.
Su objeto social incluía la construcción, adquisición, explotación, alquiler y subarrendamiento de edificios hoteleros y otros negocios legalmente autorizados, con un capital autorizado de dos millones de pesos.
La misma fuente identifica a Jaime Canavés Llull como ciudadano cubano de origen español, residente en Cuba desde 1913 y relacionado con la Compañía Constructora Canavés.
La interpretación política de dicha obra sobre las relaciones entre empresas privadas, bancos y crimen organizado corresponde al enfoque del autor; sin embargo, sus datos relativos a la escritura societaria son presentados con referencias al Archivo Nacional de Cuba.
José Canavés Ugalde diseñó el Hotel Capri en 1956. Las obras comenzaron el 3 de octubre de 1956 y estuvieron a cargo de la Compañía Constructora Jaime Canavés.
El coste del proyecto fue estimado en aproximadamente 5,5 millones de pesos. En 1957 la compañía gestionó financiación adicional para terminar las obras.
El edificio fue proyectado con aproximadamente 250 habitaciones y 19 plantas, además de restaurantes, bares, cafetería, establecimientos comerciales, cabaret, casino y piscina en la parte superior.
La prensa contemporánea posterior también ha atribuido expresamente la construcción a la compañía de Jaime Canavés y el diseño a su hijo José Canavés.
El hotel fue inaugurado el 27 de noviembre de 1957 y comenzó a operar regularmente el 1 de diciembre de 1957.
Durante la inauguración se realizó un espectáculo acuático en la piscina superior, una de las instalaciones más características del hotel.
Las fuentes históricas distinguen a la familia Canavés y sus sociedades como los intereses cubanos vinculados a la propiedad, promoción, arquitectura y construcción original del Hotel Capri.
LIBRE identifica a la Compañía Hotelera de La Habana S.A. como propietaria del Hotel Capri, su casino y su cabaret, y señala que la sociedad estaba integrada por Jaime Canavés Llull y miembros de su familia.
Ciro Bianchi Ross, en Juventud Rebelde, también atribuye el establecimiento a Jaime Canavés y documenta el posterior arrendamiento de su explotación.
La explotación comercial fue arrendada a la Compañía Hotelera Shepard S.A., presidida por Julius J. «Skip» Shepard.
Las diferentes fuentes ofrecen pequeñas variaciones en las cantidades inicialmente negociadas, pero coinciden en que se trataba de un contrato de larga duración cercano a veinte años.
La Foreign Claims Settlement Commission documentó posteriormente que Shepard poseía el 100 % de las acciones de su propia compañía, una sociedad constituida bajo las leyes cubanas.
Otro expediente oficial estadounidense describe expresamente a Compañía Hotelera Shepard S.A. como “the operator of Hotel Capri”, es decir, la empresa operadora del establecimiento.
Por tanto, el control accionarial de Julius Shepard sobre Compañía Hotelera Shepard S.A. correspondía a la sociedad operadora y no debe confundirse con la propiedad inmobiliaria original.
El casino constituía una unidad económica diferenciada dentro del complejo hotelero.
La documentación financiera estadounidense relativa a Shepard distingue incluso entre las operaciones hoteleras y contratos o derechos asociados al casino, tienda de regalos, barbería y salón de belleza.
Esta diferenciación permite explicar por qué individuos con participaciones significativas en el casino podían ser descritos posteriormente como figuras centrales del Capri sin ser necesariamente propietarios del inmueble.
El casino estuvo asociado con Santo Trafficante Jr., figura del crimen organizado estadounidense radicada principalmente en Florida.
Fuentes posteriores describen a Trafficante como responsable o figura principal de la operación del casino.
La documentación estadounidense contemporánea también lo relaciona con intereses importantes en las actividades de juego del Capri.
Estas participaciones se referían al casino y deben distinguirse de la propiedad inmobiliaria y de la operación hotelera general.
Entre las personas vinculadas a las actividades de juego figuran Nicholas Di Costanzo y Charles Tourine, además de otros operadores asociados con el entorno de Trafficante.
La presencia de estas figuras convirtió posteriormente al Capri en uno de los hoteles más frecuentemente asociados en la cultura popular con la mafia estadounidense en la Cuba prerrevolucionaria.
El actor estadounidense George Raft fue una de las figuras públicas más conocidas asociadas al Capri.
Raft, célebre por sus papeles cinematográficos relacionados con el mundo del crimen organizado, estuvo vinculado con las actividades sociales y de entretenimiento del casino y el club nocturno.
Su presencia contribuyó a proyectar internacionalmente el establecimiento y posteriormente pasó a formar parte de la imagen popular del Capri de finales de los años cincuenta.
El Capri contó con un cabaret que participó activamente en la intensa vida nocturna habanera.
Entre los artistas relacionados con sus escenarios estuvieron Olga Guillot y Gina León, esta última conocida posteriormente como «La dama del Capri».
El establecimiento combinaba así alojamiento, restaurantes, casino, club nocturno y espectáculos artísticos dentro de una misma estructura hotelera.
La situación del Capri cambió después del triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959.
La Foreign Claims Settlement Commission examinó posteriormente las pérdidas reclamadas por Julius Shepard relacionadas con su participación en la compañía operadora.
Los documentos estadounidenses reflejan la progresiva pérdida de control privado sobre las operaciones y el deterioro económico de la sociedad operadora durante el nuevo contexto político.
Las operaciones del casino cesaron.
La intervención del Hotel Capri debe distinguirse de la posterior nacionalización formal de Compañía Hotelera Shepard S.A.
La Foreign Claims Settlement Commission determinó que dicha sociedad, operadora del Capri, fue nacionalizada mediante la Resolución n.º 3 de 24 de octubre de 1960, al amparo de la Ley 851.
La Comisión estadounidense examinó posteriormente diferentes reclamaciones relacionadas con pérdidas sufridas como consecuencia de la nacionalización.
Estas reclamaciones proporcionan una fuente documental especialmente importante para reconstruir la separación entre propiedad, operación hotelera y otros intereses comerciales existentes en el establecimiento.
Después de la intervención y nacionalización, el Capri quedó integrado en el sistema hotelero administrado por el Estado cubano.
Continuó funcionando durante décadas y, durante parte de la década de 1990, fue conocido como Hotel Horizontes Capri.
El establecimiento cerró en 2003.
Después de una prolongada restauración, el hotel volvió a abrir sus puertas entre finales de 2013 y comienzos de 2014, bajo la denominación NH Capri La Habana.
La reapertura se produjo con participación del grupo hotelero español NH Hotel Group en la gestión del establecimiento, mientras la propiedad permaneció dentro de la estructura hotelera estatal cubana.
En 2014 el director general del NH Capri era Alfredo Vilchis Bravo, quien explicó que el inmueble había sido prácticamente reconstruido internamente y equipado con nueva tecnología, respetando al mismo tiempo su estructura original.
Esta nueva etapa corresponde jurídicamente a una estructura empresarial distinta de la que había existido durante la propiedad privada y el arrendamiento original de la década de 1950.
Dentro de la historia más amplia de la presencia de grupos hoteleros españoles en Cuba destaca también el ejecutivo mallorquín Gabriel Cánaves Picornell.
Su trayectoria se desarrolló principalmente dentro de Meliá Hotels International, empresa distinta de NH Hotel Group.
Una biografía institucional de Mutua Universal lo identifica como Director General de Recursos Humanos de Meliá Hotels International y como máximo responsable de la División Hotelera del grupo en Cuba, integrada entonces por 26 hoteles.
La misma fuente señala que estuvo vinculado a la Dirección General de Recursos Humanos desde 1969, pasó a ser Director General de la División Cuba en 1996 y posteriormente miembro del Comité Ejecutivo del grupo Meliá.
Su coincidencia de apellido con la familia Canavés históricamente vinculada al Capri resulta llamativa, pero las fuentes actualmente disponibles no establecen una relación genealógica directa entre Gabriel Cánaves Picornell y la rama de Jaime Canavés Llull, ni lo identifican como propietario o presidente del Hotel Capri.
Su inclusión en esta historia corresponde, por tanto, a su relevancia dentro de la posterior expansión de la hotelería española en Cuba y no a la estructura propietaria original del Capri.
El Capri representa uno de los ejemplos más reconocibles de la arquitectura hotelera desarrollada en El Vedado durante la década de 1950.
La estructura de diecinueve plantas, su integración de usos hoteleros, comerciales y de entretenimiento y la piscina situada en la parte superior contribuyeron a su notoriedad arquitectónica.
La obra constituye además uno de los principales proyectos conservados del arquitecto José Canavés Ugalde.
El Hotel Capri constituye una de las obras más representativas del grupo empresarial desarrollado en Cuba por Jaime Canavés Llull y sus hijos.
La participación familiar comprendió propiedad y promoción inmobiliaria, construcción, arquitectura y actividades industriales relacionadas con la edificación.
Dentro de la etapa inmediatamente anterior al hotel tuvo especial relevancia Antonio Canavés Ugalde, primogénito de Jaime Canavés Llull y presidente de la empresa familiar hasta su muerte en 1954.
Posteriormente, José Canavés Ugalde desarrolló el proyecto arquitectónico del hotel y la compañía de Jaime Canavés ejecutó la obra.
Las fuentes disponibles permiten, por tanto, establecer una secuencia empresarial diferenciada:
Después de la Revolución cubana y de la salida de Cuba de diferentes
miembros de la familia, los descendientes de la rama empresarial de
Jaime Canavés Llull se establecieron principalmente en
Estados Unidos,
Venezuela y
España.
Esta referencia corresponde específicamente a la descendencia vinculada al núcleo empresarial de Jaime Canavés Llull tratado en este artículo, y no pretende describir la distribución mundial de todas las personas que comparten el apellido Canavés.
La piscina de la azotea aparece en la secuencia inicial de la película soviético-cubana Soy Cuba (1964), dirigida por Mijaíl Kalatózov.
El Capri forma parte del contexto narrativo de El padrino II (1974), dirigida por Francis Ford Coppola, en las secuencias relacionadas con los intereses estadounidenses en Cuba durante los últimos años del gobierno de Batista.
Las escenas correspondientes fueron filmadas fuera de Cuba, utilizando el Hotel El Embajador de Santo Domingo como sustituto de escenarios habaneros.
La película contribuyó a fortalecer posteriormente la asociación popular del Capri con el crimen organizado estadounidense, aunque la estructura empresarial histórica del establecimiento comprendió propietarios, operadores y concesionarios diferentes.
La fachada y zonas próximas al establecimiento aparecen asimismo en producciones audiovisuales soviéticas ambientadas en La Habana.
La historia del Capri ha sido narrada desde perspectivas muy diferentes.
Algunas fuentes han enfatizado fundamentalmente la presencia de la mafia estadounidense y los casinos durante la etapa de Batista.
Otras investigaciones, especialmente aquellas dedicadas a la arquitectura, la actividad empresarial cubana y la familia Canavés, destacan el papel de los empresarios y profesionales cubanos que promovieron, financiaron, diseñaron y construyeron el inmueble.
La obra de Enrique Cirules ofrece una interpretación fuertemente crítica del sistema económico de hoteles-casino de la década de 1950 y relaciona a numerosos empresarios y establecimientos con estructuras asociadas a la mafia estadounidense.
Aun dentro de esa interpretación, la obra documenta expresamente que la construcción del Capri fue realizada mediante una compañía dirigida por Jaime Canavés y reproduce los datos de constitución de Compañía Hotelera de La Habana S.A.
Por otro lado, LIBRE, Juventud Rebelde, La Vanguardia y los expedientes oficiales estadounidenses permiten distinguir entre la familia propietaria y constructora, la compañía estadounidense arrendataria y los diferentes intereses relacionados con el casino.
La coexistencia de estas fuentes permite una reconstrucción más amplia del establecimiento, sin omitir ni la participación del crimen organizado estadounidense ni el papel empresarial y arquitectónico original de la familia Canavés.