El feminismo individualista, llamado también feminismo libertario, es una teoría de feminismo que celebra a la mujer individual con base en el principio de la soberanía sobre sí misma de toda mujer. Esta posición política combina el feminismo con el libertarismo defendiendo los derechos individuales como la asociación voluntaria, la propiedad privada, el libre mercado, el reconocimiento de la igualdad de derechos para ambos sexos y afirmando que el empoderamiento para las mujeres no entra en contradicción con el feminismo prosexo ni con el movimiento de derechos del hombre.

En sentido estricto, el feminismo libertario o feminismo individualista es una corriente contemporánea, surgida a finales del siglo XX, vinculada a la tradición del liberalismo clásico de tipo laissez faire y a la defensa de los derechos civiles y económicos individuales. Sus teóricos, sin embargo, han señalado antecedentes filosóficos anteriores que, aunque no emplearon esa denominación, compartían algunos de sus principios. Entre esos precedentes suelen mencionarse figuras femeninas del liberalismo antiesclavista, como Ernestine Rose, y autoras o activistas relacionadas con el anarcoindividualismo estadounidense del siglo XIX. En ese contexto aparecen nombres como Voltairine de Cleyre, Dora Marsden, Ezra Heywood, Gertrude Kelly y Rachelle Slobodinsky, entre otros. También se han incluido como referentes a mujeres asociadas al desarrollo del libertarismo moderno en el siglo XX, como Rose Wilder Lane e Isabel Paterson.
El antecedente histórico más inmediato del feminismo libertario se sitúa en la década de 1970, durante el crecimiento del movimiento libertario en los Estados Unidos. En ese periodo, algunos integrantes de dicho movimiento comenzaron a plantear la necesidad de una aproximación femenina al libertarismo y de un diálogo con el feminismo, especialmente dentro del Partido Libertario de los Estados Unidos. Una de las primeras figuras de esa orientación fue la periodista y activista Joan Kennedy Taylor.
La Asociación de Feministas Libertarias fue fundada en 1973 por Tonie Nathan, candidata a la Vicepresidencia de Estados Unidos por el Partido Libertario en 1972, y es considerada la primera asociación conocida de feministas individualistas. La organización mantuvo posiciones antiestatistas y proelección. Sharon Presley pasó a ser una de sus principales dirigentes. Otras organizaciones feministas libertarias han incluido la Alianza de Damas de la Libertad, Feministas por la Libertad y el extinto Instituto de la Madre. Este último tuvo una orientación culturalmente más conservadora, con énfasis en el activismo antiguerra, la oposición al intervencionismo militar y la educación en el hogar o homeschooling. También incluyó a Madres por la Libertad, organizado como grupos de encuentro.
Entre las principales exponentes contemporáneas del feminismo libertario se encuentran Wendy McElroy y Christina Hoff Sommers. McElroy, escritora y discípula del pensador político y económico Murray Rothbard, desarrolló una formulación del feminismo libertario basada en el principio de no agresión y empleó en la década de 1980 la expresión «feminismo individualista» para referirse a esta corriente. Hoff Sommers, por su parte, intervino en el debate intelectual dentro del feminismo, especialmente en el ámbito académico. En la década de 1990 acuñó el término «feminismo de género» en contraste con el «feminismo de la equidad», expresión con la que ha definido su aproximación al feminismo libertario.
Aunque no se ha vinculado de manera orgánica a un movimiento social específico, la académica Camille Paglia se ha definido en varias ocasiones como feminista libertaria.
Las dos tradiciones básicas del feminismo que cuestionaban fundamentalmente el sistema político eran el feminismo socialista, del cual se basa el feminismo radical contemporáneo, y el feminismo individualista, que a veces se llama feminismo libertario.