
Joel 2 (abreviado Yl 2) es el segundo capítulo del Libro de Joel en la Biblia hebrea y el Antiguo Testamento de la Biblia cristiana. Contiene la palabra de Dios que fue revelada al profeta Joel hijo de Petuel.
Joel 2 |
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Se acerca el día del Señor
1-¡Tocad la trompeta en Sión! Dad gritos en mi monte santo, tiemblen cuantos habitan el país; porque está al llegar el día del Señor, ya está cerca. |
Estos versículos forman un único poema, señalando la presencia majestuosa y poderosa de Dios en medio de su pueblo mediante la técnica literaria de la «inclusión», con referencias al «día del Señor» en los vv. 1 y 11. Evocan la teofanía del Monte Sinaí (Ex 19,16-25; Dt 4,9-14) y otros textos proféticos (So 1,15; Is 13,8), recordando la trascendencia de Dios y preparando al pueblo a la conversión, ya que sólo Él puede castigar y liberar de las angustias.
Los vv. 1-2 actúan como alerta: el toque de trompeta indica alarma de guerra, anunciando la llegada de un ejército terrible con el «día del Señor». Juan retoma esta simbología en su Evangelio, asociando oscuridad y noche a fuerzas hostiles a Cristo.
Los vv. 3-11 desarrollan la visión inicial, utilizando imágenes apocalípticas: las langostas comparadas con caballos (v. 4) reaparecen en Apocalipsis 9,1-7; los temblores de tierra y estremecimiento de los cielos (vv. 10-11) remiten a Is 13,13; el oscurecimiento del sol y la luna a Is 13,10; la imposibilidad de soportar el día del Señor (v. 11) se vincula con Na 1,6 y Ap 6,17. Con estas imágenes, Joel subraya la gravedad del pecado, la necesidad de conversión y la constante preparación ante la llegada imprevisible del día del Señor.
La incertidumbre del juicio sirve para estar vigilantes por dos motivos. Primero, porque, no sabiendo si tardará tanto cuanto dure la vida del hombre, ambas incertidumbres le mueven a mayor vigilancia. Segundo, porque como el hombre cuida no sólo de su persona, sino también de la familia, de la ciudad, del reino o de toda la Iglesia, cuyo tiempo de duración no se ajusta al de la vida del hombre, tendrá que vigilar, puesto que hay que disponer bien todo eso para que el día del Señor no los coja desprevenidos.
El profeta pide un corazón contrito y humillado (Salmos 51:19 {{{2}}}). Si el pueblo se convierte de sus pecados a Dios, Él tendrá misericordia de ellos. La naturaleza de Dios es mostrar misericordia y bondad a su pueblo si se arrepienten sinceramente.
La primera parte del libro concluye con una exhortación general a la conversión, que abarca la proclamación profética —el oráculo del Señor— y la acción sacerdotal de ayuno y oración. El núcleo del mensaje se encuentra en el v. 13, donde se subraya que la verdadera conversión depende tanto de la misericordia y compasión de Dios —«clemente y compasivo, lento a la ira y rico en misericordia»— como de la disposición sincera del ser humano hacia el cambio interior.
Jerónimo explicaba este versículo 13 de la siguiente manera:
Convertíos a Mí de todo corazón, y que vuestra penitencia interior se manifieste por medio del ayuno, del llanto y de las lágrimas; así, ayunando ahora, seréis luego saciados; llorando ahora, podréis luego reír; lamentándoos ahora, seréis luego consolados. Y, ya que la costumbre tiene establecido rasgar los vestidos en los momentos tristes y adversos —como nos lo cuenta el Evangelio, al decir que el pontífice rasgó sus vestiduras para significar la magnitud del crimen del Salvador, o como nos dice el libro de los Hechos que Pablo y Bernabé rasgaron sus túnicas al oír las palabras blasfematorias—, así os digo que no rasguéis vuestras vestiduras, sino vuestros corazones repletos de pecado; pues el corazón, a la manera de los odres, no se rompe nunca espontáneamente, sino que debe ser rasgado por la voluntad. Cuando, pues, hayáis rasgado de esta manera vuestro corazón, volved al Señor, vuestro Dios, de quien os habíais apartado por vuestros antiguos pecados, y no dudéis del perdón, pues, por grandes que sean vuestros pecados, os perdonará por la magnitud de su misericordia.
Referencia cruzada: Joel 1:4.
El significado exacto de los cuatro tipos de langostas mencionados aquí no está claro. Quizás se refiera a las diferentes etapas de crecimiento de las langostas (véase Joel 1:4).
El primer oráculo de la segunda parte refleja la respuesta de Dios ante la penitencia aceptada por el pueblo, marcando el inicio de la narración de la salvación. Mientras antes el pueblo (1,13-19) y hasta las bestias (1,20) clamaban ante la plaga de langostas (1,2-12), ahora Dios promete multiplicar los bienes del pueblo (vv. 23, 26), de los campos (vv. 24-25) y de los animales (v. 22). El versículo final es especialmente significativo: si antes se preguntaban «¿Dónde está su Dios?» (2,17), ahora pueden afirmar que Dios habita en medio de su pueblo (v. 27). La invitación a la alegría (v. 21) y la presencia divina remiten al lector cristiano a la Anunciación a María (Lc 1,26-33), donde se cumple plenamente la promesa de salvación.
Referencia cruzada: Hechos 2:14-21 {{{2}}}
Joel profetizó un día en que Dios derramaría su Espíritu sobre «todos los que invoquen el nombre del Señor» (Joel 2:32 {{{2}}}). Este derramamiento produciría un flujo de profecía carismática entre el pueblo de Dios. El apóstol Pedro citó este versículo el día de Pentecostés y explicó que el derramamiento del Espíritu en ese día era el comienzo del cumplimiento de la profecía de Joel (Hechos 2:14-21 {{{2}}}). Esta profecía es una promesa continua para todos los que aceptan a Jesucristo como Señor, porque todos los creyentes pueden y deben ser llenos del Espíritu Santo (compárese Hechos 2:38-39 {{{2}}}; Hechos 10:44-48; 11:15-18 {{{2}}}).
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