
El Divertimento n.º 2 en re mayor, K. 131 es una pieza camerística compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart en junio de 1772, cuando el compositor tenía 16 años.
La composición de esta obra se desarrolló en junio de 1772 en Salzburgo. La vida del compositor de dieciséis años aún estaba bajo el control de su padre Leopold y ese año pasó poco tiempo en la casa familiar de Salzburgo. Su padre organizó varios viajes a Italia con la esperanza de que el joven genio pudiera abrirse camino en el mundo de la ópera italiana. Wolfgang tuvo cierto éxito en este sentido, pero no logró obtener un puesto fijo ni un lugar entre las figuras más destacadas de la sociedad musical italiana. El maestro vienés trabajó en la creación de este divertimento durante uno de sus escasos descansos en Salzburgo. La extensión de la pieza y su riqueza instrumental con la inclusión de las trompas sugiere que fue concebida para una ocasión al aire libre.
La partitura autógrafa se conserva en la actualidad en la Biblioteca Estatal de Berlín dentro de la colección de archivos Preußischer Kulturbesitz (Patrimonio cultural prusiano) bajo la denominación Mus.ms.autogr. Mozart, W.A. 131 y se puede consultar en línea.
La partitura está escrita para un conjunto camerístico formado por flauta, oboe, fagot, 4 trompas en re y una sección de cuerdas con 2 violines, viola y bajo.
Se desconoce el motivo de la preponderancia de las trompas en esta obra, pero dado el hábito de Mozart de adaptar sus composiciones a las habilidades de intérpretes concretos, es probable que cuatro trompistas conocidos suyos estuvieran disponibles y que insertara los pasajes para sacarles el máximo partido. En su siguiente creación, la Sinfonía n.º 19, también incluyó cuatro trompas.
En muchos de sus divertimentos, Mozart marca la parte de cuerda más grave con la denominación "Basso", lo que deja abierta la cuestión de si debe ser interpretada por un violonchelo, un contrabajo o ambos instrumentos a la vez. Las tres variantes son posibles, tanto desde un punto de vista musical como histórico. No obstante, el limitado rango hacia el registro grave y la costumbre de tocar de pie durante las interpretaciones podrían indicar que originalmente solo se empleaba un contrabajo.
La pieza consta de seis movimientos:
La interpretación de esta obra dura aproximadamente entre 25 y 30 minutos. Destaca por su ambiciosa estructura e instrumentación, así como por su inusual riqueza tímbrica. La sección de cuerda frotada contrasta con un grupo concertante de vientos. El elemento concertante alcanza su punto culminante en los dos minuetos (movimientos III y V). Se percibe el deleite del joven compositor al experimentar con el sonido y demuestra una imaginación excepcional en el uso de las trompas, que entonces estaban limitadas a las notas naturales.
El primer movimiento, [Allegro], está escrito en la tonalidad de re mayor, en compás de 4/4 y sigue la forma sonata allegro tripartita. En el manuscrito original la indicación de tempo Allegro no fue escrita directamente por Mozart, sino que fue añadida posteriormente en las ediciones críticas. El movimiento funciona como una obertura sinfónica a gran escala. Se abre con la exposición de un primer tema enérgico tocado al unísono por el tutti. A continuación se pone de relieve el elemento concertante dividiendo el conjunto instrumental en secciones independientes: un bloque concertante para el viento madera (flauta, oboe, fagot) que dialoga de forma directa con las cuerdas. Las cuatro trompas asumen principalmente la función de reforzar la armonía y añadir texturas de caza en los pasajes de transición y en el clímax de la exposición. El grupo temático secundario está dominado por los instrumentos de viento madera liderados por la flauta.
El segundo movimiento, Adagio, está en la mayor y en compás de 4/4. El movimiento lento responde a una forma binaria con repeticiones (AABB). Está escrito solo para las cuerdas, siendo el único movimiento del divertimento que rechaza el ingenio y la brillantez concertante. El protagonismo principal recae en el primer violín con una melodía de violín emotiva y de amplio registro que se despliega sobre una sencilla y fluida base armónica de acompañamiento. El conjutno teje líneas melódicas ornamentadas e imita dúos vocales operísticos. Al inicio de la segunda sección el giro al modo menor es sorprendentemente bello. Esta es una música que parece haber olvidado las convenciones sociales.
El tercer movimiento, Menuetto – Trio I, II & III – Coda, está en re mayor y en compás de 3/4. El primer minueto constituye uno de los puntos culminantes del elemento concertante. Adopta una inusual estructura de minueto con tres tríos, cada uno de los cuales va enmarcado por repeticiones del minueto y rematado por una coda final.
El cuarto movimiento, Allegretto, está en sol mayor y en compás de 2/4. Se trata de un movimiento animado y vibrante para cuerdas y viento madera, que incluye interpolaciones concertantes a lo largo de toda la pieza. Las trompas vuelven a descansar aquí. Funciona como una especie de intermedio ligero y de carácter lúdico, diseñado expresamente como música de fondo refinada. Está dominado por el tema principal, anunciado inicialmente por la flauta y los violines, y que reaparece tras una brevísima cadenza de flauta que cierra la sección central contrastante del movimiento. El primer violín interpreta una segunda cadenza, en la que se repite el material temático.
El quinto movimiento, Menuetto – Trio I & II – Coda, está en re mayor y en compás de 3/4. El segundo minueto es otro de los puntos culminantes del elemento concertante. También adopta una estructura de minueto poco habitual con dos tríos, cada uno de los cuales va enmarcado por repeticiones del minueto y con una coda final.
El sexto y último movimiento, Adagio – Allegro molto – Allegro assai, retoma la tonalidad inicial y el compás de 2/4. El Finale es el movimiento de mayores dimensiones y complejidad arquitectónica de todo el divertimento, equiparable al final de sus grandes sinfonías.
Para Morrison este divertimento es demasiado brillante como para pasar desapercibido aunque fue concebido como música de fondo para una ocasión festiva conforme a la tradición de la época. La obra constituye un ejemplo sofisticado de un género en el que el compositor demostró una maestría insuperable sin necesidad de recurrir a efectos pirotécnicos que distraigan, a la complejidad dinámica ni a modulaciones sorprendentes.