
El Trío para piano n.º 1 en si bemol mayor, K. 254, también conocido como Divertimento, es una pieza camerística compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart en agosto de 1776, cuando el compositor tenía 20 años.
La composición de esta obra se desarrolló en 1776 en Salzburgo. La partitura está fechada en agosto de 1776. En aquella época Wolfgang trabajaba al servicio del príncipe-arzobispo Hieronymus von Colloredo, creando de forma constante música sacra, serenatas y obras instrumentales para el uso local y para la práctica musical privada. En este entorno el trío para piano ocupaba una posición intermedia, ya que era menos “público” y ceremonial que un concierto, pero menos “erudito” según la percepción de la época que un cuarteto de cuerda, pero ideal para salones y para la interpretación doméstica. Su título apunta en dos direcciones. El manuscrito autógrafo lo denomina Divertimento lo que sugiere un entretenimiento agradable, pero la instrumentación con teclado, violín y violonchelo, así como el diseño en tres movimientos lo alinean con lo que el público posterior llamaría sencillamente un trío para piano.
La partitura autógrafa se conserva en la actualidad en la Biblioteca Jaguelónica de Cracovia bajo la denominación Divertimente K.V. 254 y se puede consultar en línea.
Se desconocen los detalles del estreno.
La primera edición fue llevada a cabo hacia 1782 en París por la editorial Heina bajo la denominación "Divertimento pour le clavecin ou forte piano a compagnement violino è violoncello", que publicó las 3 particellas. Es posible que Mozart vendiera esta partitura a Heina en 1778, tiene fallos e imprecisiones, no se conserva su "Stichvorlage".
La partitura está escrita para un conjunto camerístico formado por violín, violonchelo y piano.
En cuanto al piano se debe especificar que se trata de uno de los instrumentos de teclado del Clasicismo temprano, es decir, el clavecín o el fortepiano. En aquel momento el clavecín aún era habitual, pero el matiz dinámico del fortepiano resultaba cada vez más atractivo precisamente para este tipo de textura camerística e íntima.
La pieza consta de cinco movimientos:
La interpretación de esta obra dura aproximadamente 20 minutos. Se considera el primer trío de Mozart debido a que su composición va más allá de la simple música para una ocasión especial que sugiere el título "Divertimento". Tanto esta pieza como los tríos para piano de otros compositores de entonces a menudo adoptan el carácter de sonatas para piano acompañadas en las que el violonchelo dobla la línea de bajo del piano y el violín aporta comentarios sobre la melodía del piano. Este género se encontraba entonces en transición que asigna al teclado el papel protagonista, dejando de ser mera música de acompañamiento, pero aún no emancipado hacia el ideal plenamente igualitario de la era de Beethoven. Es una música concebida para el disfrute pero tratada con una seriedad compositiva que es fácil subestimar. el violín y el violonchelo a menudo refuerzan la armonía, doblan líneas o aportan color, más que competir como socios iguales. La obra destaca por el uso de hemiolia (en este caso, la sensación de ritmo binario dentro del ritmo ternario), un rasgo empleado por Mozart frecuentemente en sus últimas composiciones. Comparado con los últimos tríos mozartianos carece de igualdad y unidad entre los tres instrumentos, otorgando un papel central al piano sobre todo en el movimiento inicial.
El primer movimiento, Allegro assai, está escrito en la tonalidad de si bemol mayor, en compás de 3/4 y sigue la forma sonata. El movimiento de apertura es una animada sucesión de breves y cautivadores motivos melódicos e ingeniosos recursos musicales. El primer tema es amplio y alegre, con predominio de las figuraciones del piano. Un breve y brillante inciso da paso a un expresivo juego de ecos entre piano y violín. El segundo tema no supone un contraste evidente, sino una variación del material melódico; prevalecen la delicadeza y la diversión más que el drama emocional. La exposición concluye con una inflexión repentina hacia el modo menor, seguida de breves interludios que finalizan esta sección. En el desarrollo no faltan los giros dramáticos, como la repentina modulación tras una pausa que había interrumpido una vivaz progresión. La recapitulación parece demorarse, creando una tensión (aunque siempre sonriente), para resolverla cuando llega la repetición y se escuchan de nuevo los dos temas. Se trata de un movimiento luminoso y dialogante, pero su "conversación" se plantea con frecuencia del teclado hacia afuera: el piano presenta y elabora, mientras las cuerdas comentan, arropan y en ocasiones empujan hacia delante con fragmentos melódicos. Se distingue dentro de la producción camerística salzburguesa de Mozart no por el conflicto dramático, sino por la mesura: una retórica musical limpia y lúcida que recuerda la claridad de un primer movimiento de concierto, miniaturizada para el salón. El cambio métrico de la hemiolia se usa de forma destacada en este Allegro, añadiendo una sensación de desequilibrio.
El segundo movimiento, Adagio, está en mi bemol mayor y en compás de 4/4. El movimiento lento es el corazón lírico de la pieza. La subdominante, mi bemol mayor, es una tonalidad cálida que el maestro vienés utiliza a menudo para ampliar el lirismo. El dulce tema principal es expuesto por el violín, que asume aquí un papel más activo, sobre un articulado acompañamiento del piano. Luego se invierten los papeles. El piano y el violín se turnan para tocar la melodía y el obbligato sinuoso que la acompaña. En la segunda parte la música se vuelve más optimista, iniciando una fase de transición más enérgica, con un intenso diálogo entre los instrumentos. Le sigue una conmovedora melodía del violín, que constituye el punto álgido de esta sección. Se repite toda la primera parte. La segunda parte se abre con la alternancia entre intervenciones del piano y respuestas de las cuerdas, explorando tonalidades lejanas. En este nuevo clima armónico se produce un episodio lírico del violín. La textura se centra en el piano, con un íntimo cantabile que se siente más cercano a una sonata para teclado con cuerdas obbligato que a los tríos para piano posteriores concebidos con ambición sinfónica. La calidez y la belleza sencilla crean un cautivador puente hacia el Finale. La reanudación del tema principal da inicio a la sección final.
El tercer y último movimiento, Rondo. Tempo di menuetto, retoma la tonalidad inicial y el compás de 3/4. El Finale en lugar de un brillante Presto es un rondó de desenfadada ligereza que conserva la decidida marcha de un minueto, típico de los divertimentos. El piano asume de nuevo el protagonismo a través de numerosos pasajes solistas y arrebatos virtuosos. La atmósfera cambia de una sensación agradable a un diálogo más ardiente y dramático. El compás cambia en un pasaje, llevando la obra a un cierre emocionante. Se estructura en una forma rondó siguiendo el patrón ABACADAEAFA:
El K. 254 no se programa tanto en los conciertos como los Tríos para piano posteriores de Mozart, pero es una obra temprana clave. La Neue Mozart-Ausgabe lo trata explícitamente como parte de la tradición del trío para piano, aunque reconozca la etiqueta de "Divertimento", subrayando que la pieza ya participa de un género que estaba cada vez más codificado. Destaca por ser una obra camerística salzburguesa inusualmente acabada. Muestra el temprano instinto del compositor para la textura camerística liderada por el teclado, una realidad práctica de la música doméstica de la década de 1770. El Finale ejemplifica el don de Mozart para hacer que las formas “ligeras” parezcan significativas por el equilibrio, el sentido del tiempo y un estilo natural, sin afectación. El trío es una lección compacta de cómo el genio vienés podía ennoblecer lo cotidiano.