La expresión kale borroka (del euskerakale, 'calle', y borroka, 'lucha', 'pelea') se utiliza comúnmente para referirse a los actos de violencia callejera perpetrados en el País Vasco y Navarra por militantes o simpatizantes del entorno de la izquierda abertzale, en su mayoría jóvenes, durante los años 1990 y 2000.
Las fuerzas de seguridad españolas en ocasiones la han denominado también «terrorismo de baja intensidad». En este sentido, legalmente se ha considerado a sus participantes como «elementos terroristas» y como tales son juzgados en la Audiencia Nacional, siendo consideradas por ésta las acciones de kale borroka como terrorismo. Algunos de los participantes en este tipo de guerrilla urbana acabaron formando parte de la banda terrorista Euskadi Ta Askatasuna (ETA), lo que ha supuesto un aumento penológico de estas acciones.
Por su parte, la izquierda abertzale niega que existieran grupos organizados y achaca estas acciones a cuadrillas surgidas espontáneamente que realizaban protestas contra el actual sistema o hechos concretos, desvinculándose además de estos grupos.
Aparición
El uso de la violencia callejera, como parte de las manifestaciones de la izquierda abertzale, se inicia en la década de 1970 como método de protesta violenta contra el sistema político-social y económico. Contaba en sus inicios con altos grados de organización y coordinación. Posteriormente, tras la Transición política, algunos de los simpatizantes del llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco adoptaron la «violencia callejera» como método de presión.
Según la periodista Carmen Gurruchaga, «esta actividad violenta surgió a propuesta del exjefe del aparato político de ETAJosé Luis Álvarez Santacristina para ocupar un espacio que no podían cubrir los comandos legales e ilegales. Se trataba de que estos jóvenes, a poder ser menores de edad y sin ninguna vinculación orgánica con ETA, cometieran pequeñas acciones violentas, sin consecuencias judiciales, pero que desestabilizaran socialmente».
Auge y transformación
Contenedores quemados en San Sebastián (2006).
No es hasta la década de 1990 cuando esta forma de manifestación violenta se denomina mediáticamente «kale borroka».
Algunos medios han apreciado relación entre la caída de la cúpula de ETA en Bidart, el 29 de marzo de 1992, y el auge organizado de la «lucha callejera». En esta década se produce un gran incremento de las acciones de kale borroka, pasando de 86 casos en 1990 a 1262 en 1996.
Según fuentes policiales españolas, su estructura estaría formada tras 1992 por los llamados «grupos Y» y «grupos X», que estarían coordinados por un responsable y, a su vez, por la propia ETA. Más tarde, la kale borroka dejó de ocupar el lugar que se le adjudicó en su creación, pues la intensidad de la violencia callejera creció más de lo deseado e igualmente contribuyó a que muchos de sus jóvenes participantes acabaran en prisión o fichados por la policía.
Pausa
Sede del PSE-EE en el barrio bilbaíno de San Francisco, atacada con pintura (2006).
Los actos de kale borroka experimentaron un continuo declive durante la primera década del sigloXXI. Tras la declaración de una tregua por parte de ETA en el mes de marzo de 2006, los ataques disminuyeron para volver a reiniciarse con mayor fuerza poco después, aunque sin llegar a las cotas de la década de 1990. Entre las causas que originaron ese descenso, se suelen citar:
La labor policial y el incremento de las penas por participar en la kale borroka.
A partir de mediados de la década de 2020, diversos analistas políticos y representantes institucionales comenzaron a señalar un repunte en los incidentes de violencia callejera, motivados principalmente por la polarización, además del auge de movimiento disidentes de la izquierda abertzale, como la Gazte Koordinadora Sozialista.
El primer precedente relevante de esta dinámica tuvo lugar en octubre de 2025, cuando la convocatoria de un acto del activista Vito Quiles en el campus de la Universidad de Navarra derivó en protestas de grupos antifascistas encapuchados y completamente de negro. La movilización terminó en disturbios contra las fuerzas de seguridad que se extendieron al barrio de Iturrama, saldándose con 28 personas detenidas y la agresión física a un periodista local que cubría los altercados.
La tensión se intensificó el 15 de octubre de 2026, cuando una nueva convocatoria del mismo activista en la Plaza de Yamaguchi de Pamplona provocó una fuerte contraprotesta de grupos antifascistas tapados de negro. Los altercados se trasladaron rápidamente a los barrios de San Juan y Ermitagaña, caracterizándose por cortes de tráfico, la quema de barricadas con contenedores y lanzamientos masivos de piedras y botellas contra las fuerzas policiales, dejando un balance de cuatro agentes de la Policía Nacional heridos y tres arrestados.
Estos sucesos reabrieron el debate institucional sobre los métodos de protesta; mientras que formaciones de la oposición como UPN y el PP calificaron explícitamente las acciones como episodios de kale borroka, el gobierno local y otras fuerzas de la izquierda institucional condenaron la violencia callejera pero atribuyeron el origen de la crispación a una provocación sistemática basada en discursos de odio.
Paralelamente, las autoridades policiales y los analistas del entorno vasco-navarro comenzaron a reseñar una creciente vinculación entre las movilizaciones de la izquierda radical y las subculturas ultras del fútbol local. El fenómeno adquirió especial notoriedad durante la final del mundial de fútbol de 2026, este día se convocaron diversas manifestaciones en ciudades vascas y navarras contra la selección española que devinieron en altercados y agresiones hacia aficionados, especialmente en Vitoria, Bilbao y Pamplona. Estas agresiones estuvieron precedidas de otros ataques contra aficionados que portaban camisetas de la selección o de agresiones en la Euskal Herriko Unibertsitatea.
La Kale borroca se disolvió definitivamente el 3 de mayo de 2018 al igual que ETA. Previamente había reducido drásticamente sus acciones desde el 20 de octubre de 2011 al igual que ETA.
Organizaciones consideradas sucesoras
Jardun Koordinadora: Es considerada por las fuerzas de seguridad como la corriente sucesora de colectivos de la "línea dura" como IBIL o ATA (Amnistía Ta Askatasuna). Este bloque rechaza las vías legales de inserción de presos de la extinta banda terrorista ETA y exige una amnistía total e incondicional. Bajo su paraguas operan estructuras como Jarki (su brazo político) y Aske (organización antirrepresiva).
Gazte Koordinadora Sozialista (GKS): Coordinadora juvenil integrada en el denominado Mugimendu Sozialista (Movimiento Socialista).
Ikasle Abertzaleak (IA): El histórico sindicato estudiantil que tradicionalmente estuvo alineado con la izquierda abertzale oficial rompió relaciones con Sortu y hoy actúa bajo la órbita de GKS y el Movimiento Socialista.
Principales actos atribuidos a los sucesores de Kale borraca:
De especial gravedad fue el ataque con objetos contundentes a unos militares,que estaban fuera de servicio viendo la final en Berriozar, el cual uno de ellos portaba una camiseta con simbología del grupo neonaziNúcleo Nacional, y recibieron heridas de diversa consideración.
26 de octubre 2026, quema de coches y 19 detenidos en los disturbios en Bilbao por el acto de Vito Quiles, entorno a la Universidad de Deusto en Bilbao.
Campañas de sabotajes en apoyo a presos disidentes
El repunte más claro de acciones violentas de baja intensidad se ha dado en momentos de movilización en favor de presos de la línea dura de ETA, especialmente aquellos enfrentados a la línea oficial de Sortu/Bildu (como las huelgas de hambre del preso Patxi Ruiz). Los actos recurrentes incluyen:
Ataques a sedes políticas: Lanzamiento de pintura, piedras y cristales rotos contra sedes de partidos políticos, principalmente del PNV (batzokis) y el PSE-EE.
Sabotajes contra el transporte y mobiliario: Quema de contenedores en cascos viejos y ataques puntuales contra autobuses públicos.
Quema de cajeros automáticos: Ataques incendiarios nocturnos a entidades bancarias.
Disturbios en fiestas locales y campus universitarios
Bajo el paraguas del descontento juvenil y la confrontación con el modelo institucional, se han registrado altercados liderados por las facciones estudiantiles de los nuevos movimientos socialistas:
Incidentes en campus de la UPV/EHU: Destrozos materiales, barricadas e interrupción violenta de clases durante jornadas de "huelga estudiantil" no autorizadas.
Agresiones y acoso en espacios festivos: Enfrentamientos con las fuerzas de seguridad (Ertzaintza y Policía Foral) y coacciones físicas en las txosnas (casetas de fiestas) contra militantes de partidos convencionales, buscando expulsarlos de los espacios populares.
Intentos de boicot a eventos deportivos de gran escala
Diferentes sectores del entorno radical e independentista utilizan grandes eventos deportivos que transcurren por el País Vasco y Navarra para visibilizar sus proclamas:
Sabotajes a etapas de ciclismo: Intentos de obstaculizar el paso de competiciones como la Vuelta a España o el Tour de Francia mediante el despliegue de pancartas de gran formato, cortes de carretera o el lanzamiento de chinchetas y aceite en la calzada.
Acciones de "escrache" y señalamiento a representantes públicos
Pintadas amenazantes: Pintadas con dianas y palabras como "traidores" en los domicilios particulares o portales de líderes políticos vascos (especialmente dirigidas hacia cargos del PNV y del PSE, pero también a miembros de EH Bildu a quienes consideran "asimilados" por el Estado)
Medios y objetivos
Un autobús quemado en San Sebastián (2005).
Los medios utilizados por la kale borroka tienen un marcado carácter político que los diferencia de los simples «actos vandálicos». Entre las acciones más comunes se encuentran el lanzamiento de objetos (adoquines, piedras o cócteles molotov) contra vehículos públicos y privados para usarlos a modo de barricada, ataques a sedes políticas y edificios institucionales (juzgados, oficinas de Correos, estaciones de tren, etc.), los ataques a cargos electos contrarios a su ideología (principalmente de PP, PSOE y PNV), el destrozo de mobiliario urbano (cabinas de teléfono, papeleras, etc.), las pintadas y el deslucimiento de inmuebles.
Una de sus campañas de acoso con mayor repercusión y con mayor continuidad en el tiempo fue en contra de la autovía de Leizarán, entre 1990 y 1992.
Oposición
La mayoría de los partidos políticos han condenado públicamente estas acciones violentas. Algunos sectores de la izquierda abertzale, como Aralar, han rechazado siempre estos métodos. Desde su surgimiento, el nuevo partido de la izquierda abertzaleSortu también los rechaza.
Presente futuro
La Kale borroca se disolvió definitivamente el 3 de mayo de 2018 al igual que ETA. Previamente había reducido drásticamente sus acciones desde el 20 de octubre de 2011 al igual que ETA.
Organizaciones consideradas sucesoras
Jardun Koordinadora: Es considerada por las fuerzas de seguridad como la corriente sucesora de colectivos de la "línea dura" como IBIL o ATA (Amnistía Ta Askatasuna). Este bloque rechaza las vías legales de inserción de presos de la extinta banda terrorista ETA y exige una amnistía total e incondicional. Bajo su paraguas operan estructuras como Jarki (su brazo político) y Aske (organización antirrepresiva).
Gazte Koordinadora Sozialista (GKS): Coordinadora juvenil integrada en el denominado Mugimendu Sozialista (Movimiento Socialista).
Ikasle Abertzaleak (IA): El histórico sindicato estudiantil que tradicionalmente estuvo alineado con la izquierda abertzale oficial rompió relaciones con Sortu y hoy actúa bajo la órbita de GKS y el Movimiento Socialista.
Principales actos atribuidos a los sucesores de Kale borraca:
26 de octubre 2026, quema de coches y 19 detenidos en los disturbios en Bilbao por el acto de Vito Quiles, entorno a la Universidad de Deusto en Bilbao.
Campañas de sabotajes en apoyo a presos disidentes
El repunte más claro de acciones violentas de baja intensidad se ha dado en momentos de movilización en favor de presos de la línea dura de ETA, especialmente aquellos enfrentados a la línea oficial de Sortu/Bildu (como las huelgas de hambre del preso Patxi Ruiz). Los actos recurrentes incluyen:
Ataques a sedes políticas: Lanzamiento de pintura, piedras y cristales rotos contra sedes de partidos políticos, principalmente del PNV (batzokis) y el PSE-EE.
Sabotajes contra el transporte y mobiliario: Quema de contenedores en cascos viejos y ataques puntuales contra autobuses públicos.
Quema de cajeros automáticos: Ataques incendiarios nocturnos a entidades bancarias.
Disturbios en fiestas locales y campus universitarios
Bajo el paraguas del descontento juvenil y la confrontación con el modelo institucional, se han registrado altercados liderados por las facciones estudiantiles de los nuevos movimientos socialistas:
Incidentes en campus de la UPV/EHU: Destrozos materiales, barricadas e interrupción violenta de clases durante jornadas de "huelga estudiantil" no autorizadas.
Agresiones y acoso en espacios festivos: Enfrentamientos con las fuerzas de seguridad (Ertzaintza y Policía Foral) y coacciones físicas en las txosnas (casetas de fiestas) contra militantes de partidos convencionales, buscando expulsarlos de los espacios populares.
Intentos de boicot a eventos deportivos de gran escala
Diferentes sectores del entorno radical e independentista utilizan grandes eventos deportivos que transcurren por el País Vasco y Navarra para visibilizar sus proclamas:
Sabotajes a etapas de ciclismo: Intentos de obstaculizar el paso de competiciones como la Vuelta a España o el Tour de Francia mediante el despliegue de pancartas de gran formato, cortes de carretera o el lanzamiento de chinchetas y aceite en la calzada.
Acciones de "escrache" y señalamiento a representantes públicos
Pintadas amenazantes: Pintadas con dianas y palabras como "traidores" en los domicilios particulares o portales de líderes políticos vascos (especialmente dirigidas hacia cargos del PNV y del PSE, pero también a miembros de EH Bildu a quienes consideran "asimilados" por el Estado)