
La Orden de los Comisarios (en alemán: Der Kommissarbefehl; Oficialmente Orden N.º 44822) fue una de las órdenes criminales de cumplimiento obligatorio emitida por el Alto Mando del Ejército alemán (OKH) el 6 de junio de 1941, antes de la Operación Barbarroja. Su nombre oficial era «Directrices para el Tratamiento de los Comisarios Políticos» (Richtlinien für die Behandlung politischer Kommissare). En ella se instruía a la Wehrmacht para que todo comisario político soviético identificado entre las tropas capturadas fuera ejecutado sumariamente, bajo la acusación de ser un agente de la supuesta ideología «judeo-bolchevique» dentro de las fuerzas militares. Se trata de una de las diversas órdenes criminales emitidas por la cúpula nazi.
Según la orden, todos aquellos prisioneros que fueran identificados como «profundamente bolchevizados o como representantes activos de la ideología bolchevique» también debían ser ejecutados.
La planificación de la Operación Barbarroja comenzó en junio de 1940. En diciembre de 1940, Adolf Hitler empezó a hacer alusiones vagas a la operación a los generales de alto rango sobre cómo debía llevarse a cabo la guerra, lo que le brindó la oportunidad de evaluar su reacción ante cuestiones tales como la colaboración con las SS en la «neutralización» de los bolcheviques, lo cual culminó finalmente en la Directiva N.º 21 (conocida con el nombre en clave de Operación Barbarroja) emitida por el Führer el 18 de diciembre de 1940. La Wehrmacht ya estaba, hasta cierto punto, politizada, ya que había participado previamente en las ejecuciones extrajudiciales de Ernst Röhm y sus colaboradores en 1934, de comunistas en los Sudetes en 1938, y de exiliados políticos checos y alemanes en Francia en 1940. El 3 de marzo de 1941, Hitler expuso ante sus principales asesores militares cómo debía librarse la guerra de aniquilación en el Este. Ese mismo día, se enviaron a la Sección L del Alto Mando de la Wehrmacht (OKW) —bajo la dirección del subjefe Walter Warlimont— una serie de instrucciones que incorporaban las exigencias de Hitler; estas sirvieron de base para la redacción final de las «Directrices sobre asuntos especiales» adjuntas a la «Directiva n.º 21 (Operación Barbarroja)», en las que se abordaba, entre otras cuestiones, la interacción entre el ejército y las SS en el teatro de operaciones, a partir de la «necesidad de neutralizar de inmediato a los principales bolcheviques y comisarios».
Las deliberaciones tuvieron lugar el 17 de marzo durante una reunión sobre la situación, en la que estuvieron presentes el jefe del Estado Mayor General del Alto Mando del Ejército (OKW), Franz Halder; el intendente general, Eduard Wagner; y el jefe del Departamento de Operaciones del OKH, Adolf Heusinger. En dicha reunión Hitler declaró: «La intelectualidad establecida por Stalin debe ser exterminada. Se debe emplear la violencia más brutal en el gran Imperio ruso» (citado a partir de una anotación en el diario de guerra de Halder, con fecha del 17 de marzo).
El 30 de marzo, Hitler se dirigió a más de 200 altos oficiales en la Cancillería del Reich. Entre los presentes se encontraba Halder, quien tomó nota de los puntos clave del discurso. Hitler sostuvo que la guerra contra la Unión Soviética «no puede librarse de manera caballeresca», ya que se trataba de una guerra de «ideologías y diferencias raciales». Asimismo, declaró que los comisarios debían ser «liquidados» sin piedad, pues eran los «portadores de ideologías directamente opuestas al nacionalsocialismo». Estipuló la «aniquilación de los comisarios bolcheviques y de la intelectualidad comunista» (sentando así las bases para la «Orden de los comisarios»), descartó la idea de recurrir a consejos de guerra ante delitos cometidos por las tropas alemanas y subrayó que la naturaleza de la guerra en el frente oriental era distinta a la de la guerra en el frente occidental.
Hitler, plenamente consciente de que esta orden contravenía las leyes internacionales que prohíben las ejecuciones extrajudiciales y otras atrocidades en tiempos de guerra, eximió personalmente y de antemano a cualquier soldado u oficial que violara el derecho internacional al aplicar dicha orden, valiéndose del argumento —jurídicamente falaz— de que las Convenciones de La Haya de 1899 y 1907 no eran aplicables al conflicto inminente, dado que la Unión Soviética no las había suscrito. La Unión Soviética, en tanto entidad distinta del Imperio ruso, no firmó, de hecho, el Convenio de Ginebra de 1929. Sin embargo, Alemania sí lo hizo y quedó sujeta al artículo 82, el cual establece: «En caso de que, en tiempo de guerra, uno de los beligerantes no sea parte en el Convenio, sus disposiciones seguirán, no obstante, en vigor entre los beligerantes que sí sean parte en el mismo».
La orden N.º 44822 fue emitida verbalmente por Hitler, firmada por el general Walter Warlimont, representante de Keitel el 6 de junio de 1941 y basándose en la Orden Ejecutiva 44713 emanada sin firma por orden de Hitler y refrendada por el general Walter von Brauchitsch el 24 de mayo de 1941. La instrucción debía darse verbalmente a la oficialidad. Los comandantes de ejércitos a su vez hicieron llegar sus propios comunicados a la oficialidad bajo su mando.
ALTO SECRETO. ¡Transmisión sólo a través de oficiales!Directivas para el Tratamiento de los Comisarios Políticos.
En la lucha contra el bolchevismo no se ha de esperar que el enemigo actúe de acuerdo con los principios de Humanidad o Ley Internacional. En particular, debe esperarse un tratamiento vengativo, cruel e inhumano por parte de los Comisarios políticos de todos los tipos, dado que son ellos los líderes de la resistencia en la práctica
Las tropas deben darse cuenta de que:
1) En esta lucha, la indulgencia y la consideración de las Leyes Internacionales están fuera de lugar el tener que tratar con estos elementos. Ellos constituyen un peligro para su propia seguridad y la rápida pacificación de los territorios conquistados.
2) Los creadores de los bárbaros métodos de guerra asiáticos son los comisarios políticos. En consecuencia, deben ser tratados con la mayor severidad, de inmediato y sumariamente.
Por lo tanto, serán liquidados de inmediato cuando sea capturados en combate u ofreciendo resistencia.
Para el resto, se aplicarán las siguientes directivas:
I. Zona de combate.
1) Los comisarios políticos que se opongan a nuestras tropas serán tratados de acuerdo con el decreto que establece la aplicación de la ley marcial en el área de Barbarroja. Esto es aplicable a los comisarios de cualquier tipo y rango, incluso si sólo son sospechosos de resistencia, sabotaje o instigación a los mismos.
Tomar como referencia la “Directiva concerniente a la conducción de las tropas en Rusia.”
2) Los comisarios políticos como órganos de las tropas enemigas son reconocibles por una insignia especial con la estrella roja con martillo y hoz de oro cruzadas sobre las mangas. Han de ser separados de inmediato, es decir, todavía sobre el campo de batalla, de los prisioneros de guerra. Es necesario evitar que puedan ejercer su influencia sobre los prisioneros de guerra de ningún modo. Estos Comisarios no serán reconocidos como soldados, la protección de prisioneros de guerra por la Ley Internacional no es aplicable a ellos. Serán liquidados después de separarlos de la tropa.
3) Los comisarios políticos que no hayan cometido o no sean sospechosos de ataques hostiles no serán ejecutados por el momento. Sólo después de una penetración más profunda hacia el interior del país será posible decidir si los oficiales que hayan quedado atrás pueden quedarse donde están o si han de ser entregados a los Sonderkommandos (Comandos Especiales). Preferiblemente estos últimos deberían decidir sobre este punto.
Como principio, al decidir acerca de la cuestión de si es “culpable o no culpable”, la impresión personal que se pueda tener a partir de la mentalidad y actitud del comisario tendrá preferencia sobre hechos que puede que sean indemostrables.
4) En los casos 1 y 2, se enviará un mensaje breve sobre el incidente: a) por parte de las unidades divisionales a los cuarteles generales divisionales (oficial de inteligencia). b) por parte de las tropas directamente a las órdenes de un cuerpo, un ejército, un grupo de ejércitos o un grupo Panzer, a sus cuarteles generales respectivos (oficial de inteligencia).
5) Ninguna de las medidas mencionadas arriba deben obstruir las operaciones. Nuestras tropas, por tanto, no llevarán a cabo registros metódicos ni acciones de rastreo.
II. En la Zona de Comunicaciones.
Los comisarios que sean arrestados en la zona de comunicaciones como resultado de una actitud dudosa serán entregados a los Einsatzgruppen o Einsatzkommando de la Policía de Seguridad (SiPo).
III. Limitaciones de los Consejos de Guerra y de los Tribunales Sumarios.
No hay que encargar a los consejos de guerra y a los tribunales sumarios de regimiento y otros comandantes la ejecución de las medidas tratadas en los puntos I y II.
¡Führer, ordena, nosotros te seguimos!
¡Viva el nacionalsocialismo!Executive Kommando Order-Der Kommissarbefehl N.º 44822 6-06-1941 (traducción literal)
El primer borrador de la orden fue emitido por el general Eugen Müller el 6 de mayo de 1941 y estipulaba el fusilamiento de todos los comisarios, a fin de evitar que cualquiera de ellos, una vez capturado, llegara a un campo de prisioneros de guerra en Alemania. El historiador alemán Hans-Adolf Jacobsen escribió:
Para los comandantes del ejército alemán, nunca hubo duda de que la orden contravenía deliberadamente el derecho internacional; así lo confirma el número inusualmente reducido de copias escritas de la «orden sobre los comisarios» (*Kommissarbefehl*) que se distribuyeron.
El párrafo en el que Müller instaba a los comandantes del ejército a evitar «excesos» fue suprimido a petición del OKW. El comandante en jefe del ejército alemán, Walther von Brauchitsch, modificó la orden el 24 de mayo de 1941 añadiendo el párrafo de Müller e instando al ejército a mantener la disciplina en la aplicación de dicha orden. El borrador definitivo de la orden fue emitido por el OKW el 6 de junio de 1941 y su difusión se limitó exclusivamente a los comandantes de mayor rango, quienes recibieron instrucciones de informar a sus subordinados únicamente de forma verbal.
La propaganda nazi presentó la operación Barbarroja como una guerra ideológico-racial entre el nacionalsocialismo alemán y el «judeobolchevismo», deshumanizando al enemigo soviético al describirlo como una fuerza de Untermensch (subhumanos) eslavos y salvajes «asiáticos» que empleaban «métodos de combate asiáticos bárbaros», bajo el mando de malvados comisarios judíos a quienes las tropas alemanas no debían mostrar piedad alguna. La inmensa mayoría de los oficiales y soldados de la Wehrmacht tendían a concebir la guerra en términos nazis, considerando a sus adversarios soviéticos como seres brutales e infrahumanos.
La aplicación de la «Orden de los comisarios» dio lugar a miles de ejecuciones. El historiador alemán Jürgen Förster escribió en 1989 que, sencillamente, no era cierto que la «Orden de los comisarios» no se hubiera aplicado —tal como afirmaban la mayoría de los comandantes del ejército alemán en sus memorias, y como seguían sosteniendo algunos historiadores alemanes, como Ernst Nolte—. La inmensa mayoría de las unidades alemanas llevaron a cabo las disposiciones recogidas en dicha orden, aunque algunos de los comandante alemanes tenían dudas al hacerlo, tal como señala Jochen Hellbeck:
Los comandantes de la «Wehrmacht» plantearon numerosas consultas en busca de ayuda: ¿qué unidades del Ejército Rojo contaban con comisarios? (Respuesta correcta: divisiones y regimientos). ¿Se consideraba comisario a un instructor político («politruk») —término con el que se denominaba a los oficiales políticos a nivel de batallón y compañía—? (Sí).
A medida que avanzaba la operación Barbarroja, menos comisarios políticos soviéticos llevaban la estrella roja en sus mangas. «Como resultado, los alemanes a menudo "identificaban" a los comisarios políticos soviéticos basándose en su apariencia judía, su cabello más largo (a diferencia de las cabezas rapadas de los reclutas comunes), su aspecto culto o sus manos limpias».
Al contrario de lo que en su memorias afirmó, Erich von Manstein transmitió la «Orden de los comisarios» a sus subordinados, quienes ejecutaron a todos los comisarios capturados; un hecho por el cual fue condenado por un tribunal británico en 1949. Tras la guerra, Manstein mintió sobre haber desobedecido la orden, afirmando que se había opuesto a ella y que nunca la aplicó. El 23 de septiembre de 1941, después de que varios comandantes de la Wehrmacht solicitaran que se suavizara la orden —con el fin de alentar a miembros del Ejército Rojo a rendirse—, Hitler rechazó «cualquier modificación de las órdenes vigentes relativas al trato de los comisarios políticos».
Cuando las disposiciones de la orden se conocieron ampliamente en el Ejército Rojo, provocó una resistencia más decidida frente a las fuerzas alemanas. Este efecto indeseado fue mencionado en peticiones dirigidas a Hitler (por ejemplo, por parte de Claus von Stauffenberg), quien finalmente anuló la orden un año después, el 6 de mayo de 1942.

La «Orden de los comisarios» fue utilizada como prueba por la acusación en los juicios de Núremberg, y se debatió en el marco de la cuestión más amplia de si los generales alemanes estaban obligados a acatar las órdenes de Hitler, incluso cuando sabían que dichas órdenes eran ilegales.
En el Juicio de Núremberg contra los principales criminales de guerra, Wilhelm Keitel, Alfred Jodl y Ernst Kaltenbrunner (de la Oficina Central de Seguridad del Reich), entre otros, fueron declarados culpables —en parte debido a esta orden— y condenados a muerte. En el Juicio del Alto Mando, los antiguos generales Walter Warlimont y Hermann Reinecke fueron condenados a cadena perpetua. En el Juicio de los Rehenes, los antiguos generales Ernst von Leyser y Lothar Rendulic fueron condenados a penas de prisión por haber ordenado el asesinato de prisioneros de guerra mediante la transmisión de la orden de los comisarios; no obstante, en el caso de Rendulic, no se pudo demostrar que se hubieran producido ejecuciones en su zona de mando, lo cual se consideró un atenuante.