
En la mitología griega, Leto (en griego antiguo: Λητώ, Lētṓ) era una titánide de segunda generación y madre de Apolo y Artemisa, dioses mellizos , a quienes engendró con Zeus. Pertenecía a la raza de los titanes, era hija de Ceoy Febe, y por eso recibía el patronímico de Ceide (Κοιηΐς) o Ceántide (Κοιαντίς). Leto alumbró a Artemisa en Ortigia y a Apolo en Delos. Los hijos de Leto son conocidos por el matronímico de Letoidas (Λητωίδαι). En la mitología romana se latinizó su nombre como Latona.
En la Teogonía se cita su familia: era hija de Ceo y Febe y hermana de Asteria. Era enumerada como una de las esposas de Zeus, siendo la sexta y anterior a Hera. Se dice que Leto de azulado peplo, benévola con hombres y dioses inmortales, y dulce desde su origen, era la deidad más amable dentro del Olimpo. La tradición tardía nos dice que Ortigia o Delos fue en su origen Asteria, que para huir del asedio amoroso de Zeus se arrojó al mar transformada en codorniz y más tarde emergió como isla y en esta isla Leto alumbraría a sus hijos.
Otras fuentes dan variantes acerca de la descendencia de Leto. En las rapsodias órficas se nos dice aparentemente que Leto fue la madre de Hécate. Un fragmento de Esquilo parece dar a entender que Leto fue la madre de Selene, y que Zeus fue el padre; y en las fuentes latinas se dice que Luna era hija de Latona. No obstante estas permutaciones genealógicas son el resultado de la identificación de Artemisa con Selene, Hécate y Luna. Incluso algunos alegan que Apolo y Artemisa fueron hijos de Dioniso y Deméter, y que Leto tan solo fue solo su nodriza y cuidadora.
La etimología de Leto no está clara. La interpretación más probable es aquella que define a Leto como «la oscura» o «la oculta». Bajo esta perspectiva, no representa una fuerza física, sino una deidad aún latente e invisible de la cual emana, en todo su esplendor, la divinidad visible. Esta lectura encuentra respaldo en la genealogía descrita por Hesíodo; de hecho, todo su mito parece simbolizar el tránsito de la oscuridad a la luz y el posterior retorno de esta a las sombras.
En las fuentes del siglo XX se suele considerar que el nombre «Leto» deriva del término licio lada, que significa «esposa», ya que su culto más antiguo se centraba en Licia. El término licio lada podría ser también el origen del nombre griego Λήδα (Leda). Otros estudiosos han sugerido un origen pregriego. En griego micénico su nombre se ha atestiguado bajo la forma Latios, que significa «hijo de Leto» o «relacionado con Leto» (lineal B: ra-ti-jo) y Lato (lineal B: ra-to).
Leto, que se había unido a Zeus, sufrió la persecución de Hera por toda la tierra hasta que, al llegar a Delos, dio luz primero a Artemisa y después, asistida por esta, a Apolo. Se dice que, por órdenes de Hera, ningún lugar del cielo ni de la tierra le daba acogida para el parto. Muchos dioses la evitaron por temor a Hera. Solo Delos, isla errante hasta entonces, que al parecer no tenía tanto temor a Hera, la acogió. Cuando Leto tocó la isla esta dejó por fin de vagar y quedó inmediatamente fijada al lecho marino sobre cuatro pilares de adamanto, pasando a llamarse Delos (que significa «visible» o «manifiesta»).
En los Himnos homéricos se narra el episodio más completo. Se dice que Leto, encinta y acuciada por la inminencia del parto, emprende un largo y desesperado viaje por numerosas ciudades, regiones e islas del mundo griego —desde Creta y Atenas hasta Quíos y Lesbos— buscando un lugar que acepte convertirse en la morada de su futuro hijo. Sin embargo, la tierra entera tiembla de pánico y la rechaza; ninguna región se atreve a acogerla por temor al inmenso y soberano poder que ostentará el dios. Finalmente, Leto arriba a la rocosa y estéril isla de Delos. En un diálogo con la personificación de la isla, la diosa le propone albergar el nacimiento a cambio de erigir allí un espléndido templo que la llenará de riquezas y honores, compensando la infertilidad de su suelo. Delos le confiesa su gran temor: teme que el poderoso Apolo, al ver que la isla es solo un puro pedregal, se sienta insultado, la hunda con sus pies en las profundidades del mar y la deje abandonada para siempre como refugio de pulpos y focas. Para disipar sus dudas, Leto pronuncia el juramento más sagrado y terrible de los dioses, poniendo por testigo a la Tierra, al Cielo y a las aguas de la Estigia, garantizando que la isla albergará por siempre el santuario principal de su hijo.
Con el pacto sellado, comienzan para Leto nueve días y nueve noches de indecibles dolores de parto. Aunque se encuentra arropada en la isla por las diosas más nobles —Dione, Rea, Temis, Icnea y Anfitrite—, Leto sufre enormemente porque Hera, consumida por los celos y la envidia, mantiene retenida en secreto a Ilitía —la diosa de los alumbramientos— en la cumbre del Olimpo, ocultándola bajo nubes de oro para impedir el alumbramiento. Al ver el prolongado tormento de Leto, las deidades presentes en Delos envían ocultamente a la rauda mensajera Iris al Olimpo. Tras sobornar a Ilitía a espaldas de Hera prometiéndole un fastuoso collar de oro y ámbar de nueve codos, logran convencerla de que descienda a la isla. En cuanto la diosa de los partos pisa suelo delio, el nacimiento se desencadena: Leto se arrodilla sobre el tierno prado, abraza con fuerza el tronco de una palmera y apoya sus rodillas en la tierra, la cual sonríe bajo ella en el preciso instante en que Apolo salta a la luz, desatando el grito de júbilo de todas las diosas.
Higino relata una variante del mito marcada por una profecía: la monstruosa serpiente Pitón estaba destinada a morir a manos de un hijo de Leto. Al enterarse de que la diosa estaba embarazada de Zeus, Pitón comenzó a perseguirla para asesinarla, al tiempo que Hera decretaba la prohibición de que Leto diera a luz en cualquier lugar donde alcanzaran los rayos del sol. Para salvarla, Zeus confió a Leto al viento Bóreas, quien la condujo ante Poseidón. El dios del mar ideó una astuta solución para protegerla sin quebrantar la ley de Hera: la llevó a la isla de Ortigia y ocultó el territorio sumergiéndolo bajo las olas. Desorientada por este truco, Pitón abandonó la búsqueda y regresó al monte Parnaso. Fue entonces cuando Poseidón hizo emerger de nuevo la isla —que desde ese momento se conoció como Delos—, permitiendo que Leto alumbrara allí a sus hijos. Apenas cuatro días después de nacer, Apolo decidió vengar el acoso sufrido por su madre; viajó al Parnaso y mató a Pitón con sus flechas.
Cuando Leto llegó a Delfos, el enorme Ticio la contempló y, movido por el deseo, la capturó. Leto pidió ayuda a sus hijos, quienes lo atravesaron con sus flechas. También se dice que Níobe, feliz por ser la madre de una vasta prole, alegó ser más fecunda que Leto. Esta, indignada, incitó a Artemisa y Apolo contra los hijos e hijas de Níobe. Artemisa flechó a las muchachas en la casa, y Apolo mató a todos los varones juntos cuando cazaban en el Citerón. Así murió toda la prole de Níobe.
Se dice que Asclepio, el hijo de Apolo, fue fulminado por un rayo de Zeus porque sus habilidades le permitían resucitar a los muertos y así perturbaba el orden natural. Apolo, en venganza, mató a Cíclopes, quienes fabricaban para Zeus los rayos. Zeus, preso de la cólera, habría sumido a Apolo en el Tártaro de no ser por las súplicas lastimeras de la propia Leto. Cuando Tifón decidió atacar el Olimpo Leto huyó, como el resto de dioses, tomando ella la forma de musaraña. También se describe a Leto luchando contra los gigantes durante la Gigantomaquia, como aparece representada en el altar de Pérgamo. Leto y Apolo criaron personalmente a Carneo, un profeta e hijo de Zeus y Europa.
Cuando los dioses se enfrentaron entre ellos tras escoger un bando durante la guerra de Troya, Leto apoyó al bando troyano y se enfrentó a Hermes armada con su arco y sus flechas, pero el propio Hermes se retiró de la batalla, pues se negaba a combatir contra una de las esposa de Zeus. Con respecto a ese enfrentamiento, algunos filósofos disertan acerca de su nombre, en un juego de palabras etimológico, y dicen que Leto pudiera provenir acaso de letho, esto es «olvido», como opuesto de Hermes, la palabra o memoria.
Una leyenda tardía, solo mencionada por Antonino Liberal, ubica a Leto en Licia. Se dice que Leto, después de dar a luz a sus hijos gemelos, llegó a Licia para llevar a sus hijos a los baños del Janto. No bien hubo llegado a aquella tierra, halló en su camino la fuente Mélite y sintió deseos de bañar en sus aguas a los niños, antes de llegar al Janto. Pero unos boyeros la expulsaron de allí, para que sus bueyes pudieran beber; Leto abandonó, entonces, la fuente Mélite y se alejó del lugar. Saliéronle al paso unos lobos, que dieron, al verla, muestras de contento y, sirviéndole de guía, la condujeron hasta el río Janto. Leto bebió del agua, bañó a sus hijos y consagró el Janto a Apolo. Y, al país que hasta entonces se llamaba Tremílide, lo denominó Licia, en recuerdo de los lobos que le habían mostrado el camino. Más tarde, volvió de nuevo a la fuente, para imponer un castigo a los boyeros que la habían expulsado de allí. En ese momento, estaban ellos todavía al pie de la fuente para bañar a los bueyes; Leto los transformó a todos en ranas, y, golpeándoles con una piedra rugosa la espalda y los hombros, los precipitó a todos al interior de la fuente y los hizo vivir en el agua. Y, todavía hoy, croan a la orilla de los ríos y de las lagunas.
Por lo general, Leto era venerada exclusivamente en compañía de sus hijos. Así lo demuestran los cultos documentados en Mégara, Argos, Anfigenia, Licia, en las proximidades de Lete en Macedonia y en un bosque cercano a Calinda en Caria.
En Creta, en la ciudad de Dreros, el arqueólogo griego Spyridon Marinatos excavó en 1935 un templo de hogar del siglo VIII a. C. en el que halló tres estatuillas de culto de la tríada apolínea: Apolo, Artemisa y Leto. La estatuilla de Leto fue realizada en el estilo orientalizante temprano de finales del siglo VIII a. C. (o bien hacia el 650 a. C.), usando la técnica del sphyrelaton: martillando láminas de bronce sobre un núcleo de madera que les daba forma. Tiene 40 o 45 cm, y posee un cuerpo y vestido de estilo geométrico que anticipa ya el estilo dedálico. Walter Burkert señala en Religión griega que en Festos aparece relacionada con un rito de iniciación. Leto era la diosa principal de la Licia anatolia. Su santuario, el Letoon cerca de Janto, unía la confederación licia de ciudades-estado. La gente de Cos también reclamaba a Leto como suya.