| Maxixcatzin | ||
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Cuadro de Maxixcatzin en el Museo Regional de Tlaxcala. | ||
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Señor Principal de la República de Tlaxcallan Por Ocotelulco | ||
| ¿?-1520 | ||
| Predecesor | Cuitlixcatl | |
| Sucesor | Tianquiztlatohuatzin | |
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| Información personal | ||
| Nombre completo | Lorenzo Maxixcatzin Tianquiztlatohuatzin | |
| Nombre nativo | Maxixcatzin Tianquiztlatohuatzin | |
| Nacimiento | Siglo XV | |
| Fallecimiento | 1520 | |
| Causa de muerte | Viruela | |
| Nacionalidad | Tlaxcalteca | |
| Familia | ||
| Padres | Tlacomihuatzin | |
| Hijos | Tianquiztlatohuatzin | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Político | |
Maxixcatzin fue un gobernante nahua de Ocotelulco, uno de los principales centros políticos y económicos de Tlaxcallan, activo durante la conquista de México. Perteneció a una casa señorial cuyos miembros conservaron tierras, población dependiente y cargos políticos durante el periodo colonial.
Participó en las deliberaciones sobre la respuesta que Tlaxcallan debía dar a la expedición encabezada por Hernán Cortés. Después de los enfrentamientos de septiembre de 1519, intervino en el establecimiento de la alianza con los españoles y sus aliados indígenas. Durante los meses siguientes respaldó la cooperación militar y política con Cortés.
Tras la retirada de México-Tenochtitlan de 1520, defendió la continuidad de la alianza y recibió a los supervivientes en territorio tlaxcalteca. Murió durante la epidemia de viruela de ese año, antes del sitio final de México-Tenochtitlan. Un hijo menor lo sucedió al frente de la casa gobernante de Ocotelulco.
Hernán Cortés empleó la grafía Magiscatzin en sus Cartas de relación, mientras que Bernal Díaz del Castillo utilizó formas transcritas en las ediciones de su obra como Maseescaci y Maxiscatzin. Cervantes de Salazar escribió Magiscaci o Magiscacin, y Torquemada alternó entre Maxixcatzin y Taxixcatzin. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl registró la forma Maxizcatzin, Lorenzo Boturini utilizó Mazizcatzin y Pablo Beaumont escribió Magitcatzin. Diego Muñoz Camargo usó generalmente la forma Maxixcatzin, aunque en un pasaje genealógico lo denominó Maxixcatzin Tianquiztlatohuatzin.
La lámina 28 del Lienzo de Tlaxcala representa a Maxixcatzin con un glifo formado por una mano y una corriente de agua. La Biblioteca Digital Mexicana, a partir de los Fragmentos de Texas, le asigna el valor fonético parcial xix-. Noticonquista descompone sus elementos en ma, procedente de maitl, «mano», y a, procedente de atl, «agua».
Una relación atribuida a miembros de la familia Faustinos Mazihcatzin describió la divisa de Maxixcatzin como un águila con las alas dispuestas para levantar el vuelo. Esta figura reapareció durante el siglo XVI en el blasón de Juan Manrique de Lara Maxixcatzin, donde un águila verde se alzaba sobre un cerro junto con elementos de procedencia europea e indígena. Rodríguez López interpretó la composición como una representación de Ocotelulco, de la memoria de la conquista y de la incorporación del linaje al orden colonial.
La trayectoria de Maxixcatzin se conoce mediante fuentes narrativas, pictográficas y genealógicas de distinta procedencia. Hernán Cortés lo mencionó en sus Cartas de relación, mientras que Bernal Díaz del Castillo, Francisco Cervantes de Salazar, Diego Muñoz Camargo y Juan de Torquemada conservaron relatos posteriores sobre su actuación durante la conquista. Estas narraciones no coinciden en cuestiones como su posición durante las primeras deliberaciones tlaxcaltecas, algunos acontecimientos de la alianza o las circunstancias de su bautismo.
El Lienzo de Tlaxcala, las genealogías relacionadas con Ocotelulco y la documentación producida por sus descendientes aportan información sobre su posición política, el linaje y la memoria de la conquista. Parte de estos materiales se elaboró en contextos en los que las casas nobles tlaxcaltecas defendían tierras, derechos sucesorios, cargos y privilegios, por lo que los estudios modernos los han examinado también como expresiones de las estrategias políticas de sus linajes.

Maxixcatzin ejercía autoridad en Ocotelulco, una de las principales cabeceras de Tlaxcallan y sede de un importante mercado regional. La cabecera reunía espacios destinados al comercio, el almacenamiento y administración de productos tributarios, el culto de Camaxtli y las deliberaciones políticas. Cortés lo describió como una de las personas de mayor autoridad de la provincia, aunque señaló que los tlaxcaltecas no obedecían a un gobernante único. Su autoridad se articulaba alrededor de un teccalli, una casa noble con patrimonio y funciones de gobierno que vinculaba al dirigente y sus parientes con casas subordinadas, tierras, comunidades dependientes y derechos sobre productos y servicios.
La residencia principal de los Maxixcatzin estaba relacionada con el teccalli de Tecpa y su palacio se encontraba cerca del mercado; después de la conquista, el edificio sirvió como alojamiento de los primeros franciscanos, escuela e iglesia provisional. Las fuentes coloniales lo denominaron señor, gobernador, capitán, cacique, senador y personaje principal: Rodríguez López lo identificó como tlahtoani de Ocotelulco, mientras que Megged lo describió como titular de un teccalli y empleó, junto con otros investigadores, la categoría de tecuhtli para los gobernantes de estas casas.
La importancia económica de la cabecera constituyó una de las bases de esa posición: Hassig relacionó el control del principal centro comercial con una fuente de influencia distinta del poder militar asociado con Tizatlán, y Rodríguez López propuso que el término Tianquiztlatohuatzin, aplicado a Maxixcatzin por Muñoz Camargo, podía aludir a un cargo relacionado con el mercado. En 1504, una campaña huexotzinca destruyó cultivos destinados al abastecimiento militar y una troje que le pertenecía, lo que Aurelio López Corral interpretó como evidencia de la participación de las instituciones tlaxcaltecas en la producción y el almacenamiento de alimentos para la guerra.
Las tradiciones genealógicas sobre el origen de la casa de Maxixcatzin no son uniformes. La Historia de Tlaxcala de Muñoz Camargo la vincula con grupos procedentes de Cholula que se establecieron en Ocotelulco, y en una de sus versiones Tecuhtotolin aparece como padre de Xochihua Memeloc, antepasado de Tlacomihuatzin. Este último habría dejado el gobierno a Atlapaltzin Cuitlizcatl, asesinado por su hermano Tlepapalotzin; tras ocupar su lugar, Tlepapalotzin fue sucedido por Xipincoltzin, presentado como padre y antecesor de Maxixcatzin. La misma obra ofrece una estructura distinta, en la que Xipincoltzin y Mazatzin figuran como hijos de Tlacomihua, Tlepapalotzin procede de la línea de Xipincoltzin y Maxixcatzin desciende de Mazatzin. Para Inoue Okubo, esta insistencia en los vínculos cholultecas y tlaxcaltecas respondía a la defensa de la legitimidad del linaje frente a quienes lo consideraban advenedizo y de menor antigüedad. Rodríguez López, por su parte, relaciona el ascenso del linaje con una revuelta encabezada por Tlacomihuatzin y habitantes de Cuitlixco contra un antiguo gobernante de Ocotelulco, y sostiene que la casa conservó el poder mediante la sucesión familiar. Sus tradiciones vinculaban a Tlacomihuatzin con un pilcalli de Cholula y con migrantes nonohualcas procedentes de la región de Teotitlán-Tehuacán. La denominada Genealogía de Maxixcatzin representa el linaje mediante trece personas conectadas por líneas familiares e incluye a Tlacomihuatzin como abuelo de Maxixcatzin. Este tipo de documentos cumplía también funciones jurídicas y políticas, pues sus autores y propietarios los empleaban para demostrar parentesco, justificar la posesión de tierras y defender el derecho a dirigir una casa señorial.
La descendencia inmediata de Maxixcatzin incluye, según Muñoz Camargo, a sus hijos Lorenzo y Francisco Acuacuatzin y a una hija de nombre no consignado. Bernal Díaz del Castillo menciona a Elvira, a la que llama alternativamente hija o sobrina del señor de Ocotelulco. Cossich Vielman añade a Jerónima y Rodríguez López recoge la tradición de una hija llamada Leonor. Entre los parientes colaterales, Acxotecatl Quetzalpopocatzin, registrado como hermano del gobernante, habría muerto durante la retirada de México-Tenochtitlan. Torquemada relata además el caso de otro hermano condenado a muerte por adulterio pese a su parentesco con Maxixcatzin, episodio que Fargher, Blanton y Heredia Espinoza interpretan como muestra del ideal tlaxcalteca de someter a las élites a las normas colectivas.
La continuidad de la casa descansó en buena medida en las alianzas matrimoniales y en la actuación de sus mujeres. Las mujeres del linaje participaron en la conservación de propiedades y derechos, y los matrimonios permitieron incorporar a hombres procedentes de otras casas y conservar el patronímico Maxixcatzin cuando faltaban herederos varones directos. En las generaciones posteriores se documentan uniones internas, enlaces con nobles de Tizatlán, vínculos con los Pimentel de Texcoco y relaciones con la familia de Diego Muñoz Camargo, alianzas que Rodríguez López interpreta como una adaptación de las estrategias familiares a la sociedad colonial. Algunos descendientes ocuparon cargos en el cabildo indígena, administraron tierras y población dependiente y participaron en embajadas ante Carlos V. En 1527, Lorenzo Tianquiztlahtoatzin Maxixcatzin viajó a Castilla; durante la década siguiente, Diego Tlilquiyahuatzin Maxixcatzin encabezó otra embajada relacionada con solicitudes de privilegios para Tlaxcala. Rodríguez López cierra la reconstrucción del linaje en 1634, con la muerte sin descendencia directa de Luis Pimentel Maxixcatzin. Algunos testamentos de miembros posteriores del linaje exigían a un yerno o heredero adoptar el nombre Maxixcatzin.
Cervantes de Salazar presentó a Maxixcatzin como partidario de recibir a los recién llegados antes de los principales combates y señaló que los dirigentes de mayor experiencia y los comerciantes compartían esa posición, mientras que los guerreros apoyaban la propuesta de Xicohténcatl el Joven de impedir su entrada por la fuerza. Bernal Díaz del Castillo, en cambio, situó la defensa de la paz por Maxixcatzin después de varios enfrentamientos, y Muñoz Camargo lo incluyó entre las autoridades que debatieron la llegada de Hernán Cortés. En la versión de Cervantes, Temilutecutl, denominado «justicia mayor de Tlaxcallan», propuso que los contingentes fronterizos y las fuerzas de Xicohténcatl probaran militarmente a los extranjeros: si conseguían derrotarlos, serían expulsados; en caso contrario, podría negociarse con ellos. Hassig advirtió que estas crónicas tardías no proceden de testigos presenciales y ofrecen relatos discrepantes sobre las deliberaciones tlaxcaltecas.

La expedición, acompañada por embajadores totonacas, entró en territorio tlaxcalteca a principios de septiembre de 1519 y durante aproximadamente dos semanas se enfrentó a los contingentes fronterizos y a las fuerzas dirigidas por Xicohténcatl el Joven. Los contingentes tlaxcaltecas no constituían un ejército centralizado, pues los capitanes de las distintas casas y comunidades conservaban autoridad sobre sus propios guerreros, y Hassig identificó a Chichimecatecuhtli como jefe de las fuerzas de Ocotelulco, relacionando la retirada de estas con la reducción de la capacidad militar de Xicohténcatl y con la competencia política entre Maxixcatzin y Tizatlán. Las heridas, la escasez de alimentos y el costo de los combates colocaron a la expedición en una situación difícil, al tiempo que las incursiones ordenadas por Cortés causaron daños en poblaciones y campos tlaxcaltecas. Bernal Díaz atribuyó a Maxixcatzin y Huehue Xicohténcatl la decisión de terminar la guerra y aprovechar la presencia española contra México-Tenochtitlan; de acuerdo con su relato, ambos y otras autoridades ordenaron al joven capitán que hiciera la paz, y ante su resistencia inicial, el consejo dispuso que los demás capitanes desobedecieran cualquier nueva orden de ataque. Cervantes de Salazar también situó una reunión de los principales dirigentes después de los combates, pero señaló que estos encargaron al propio Xicohténcatl negociar con Cortés.
En su segunda Carta de relación, Cortés afirmó que Xicohténcatl acudió acompañado por unos cincuenta personajes principales y habló en nombre de Maxixcatzin y de otras autoridades de la provincia; en el mismo pasaje describió a Maxixcatzin como una de las personas más principales de Tlaxcallan y señaló que sus habitantes no estaban sometidos a una monarquía individual. La negociación respondió, según Hassig, tanto al costo de la guerra como a la competencia política entre Ocotelulco y Tizatlán: para Maxixcatzin, cooperar con Cortés podía proporcionar una ventaja frente a México-Tenochtitlan y fortalecer la posición de Ocotelulco, mientras que para Xicohténcatl continuar la resistencia o buscar otro acuerdo podía preservar el peso militar de Tizatlán. El investigador interpretó la paz como parte de una disputa interna sobre el rumbo de Tlaxcallan.

Bernal Díaz fechó la recepción solemne de los españoles el 23 de septiembre de 1519, mientras que Cervantes de Salazar situó la entrada en Tlaxcallan el 18 de septiembre. Una vez concluidas las hostilidades, Maxixcatzin y Huehue Xicohténcatl participaron en el recibimiento, en el que tomaron a Cortés de las manos y lo condujeron por calles adornadas con flores hasta los alojamientos preparados para la expedición; a lo largo del recorrido se habían dispuesto alimentos. Cortés mantuvo, sin embargo, centinelas y patrullas dentro de la población, y ambos gobernantes protestaron porque esas precauciones parecían poner en duda la paz y ofrecieron rehenes como garantía del acuerdo. Maxixcatzin proporcionó alimentos y presentes e intercambió información con Cortés, y los españoles se alojaron en su palacio, situado junto al mercado; la misma residencia volvió a albergar a Cortés después de la retirada de México-Tenochtitlan.
Tras el acuerdo de septiembre de 1519, las autoridades tlaxcaltecas conservaron sus propias instituciones y negociaron la cooperación a partir de sus conflictos con México-Tenochtitlan, Cholula y otros poderes regionales. Rodríguez López señaló que ambas partes buscaron beneficios recíprocos: Maxixcatzin obtenía un aliado frente a adversarios regionales, mientras que Cortés accedía a alimentos, guerreros, cargadores, información y una base territorial segura. En esa línea, Hassig sostuvo que el control de recursos comerciales y la relación establecida con Cortés podían aumentar la influencia de Maxixcatzin frente a otros dirigentes tlaxcaltecas, y Andrea Martínez Baracs interpretó la alianza como una decisión estratégica ligada a la necesidad y la supervivencia de ambas partes, destacando además la importancia del apoyo tlaxcalteca después de la derrota española de 1520, cuando los aliados proporcionaron protección, alimentos y recursos que permitieron reorganizar la campaña.
Durante la primera estancia de los españoles en Tlaxcallan, Maxixcatzin asistió a ceremonias cristianas, aunque las autoridades tlaxcaltecas se opusieron inicialmente a destruir sus deidades y abandonar sus prácticas religiosas, y antes de la marcha hacia Cholula y México-Tenochtitlan hubo intercambios de presentes y compromisos militares. Cervantes de Salazar relató que Maxixcatzin investigó el robo de un objeto de oro perteneciente a un español y presentó al acusado ante Cortés, incidente que el Diccionario biográfico de historia antigua de Méjico relacionó con una daga. En las consultas sobre el poder de Motecuhzoma y la situación de México-Tenochtitlan, Bernal Díaz atribuyó la mayor parte de las respuestas a Huehue Xicohténcatl, con intervenciones de Maxixcatzin, mientras que Cervantes de Salazar asignó a este último una exposición más extensa sobre las fuerzas mexicas, la situación insular de la ciudad y las guerras sostenidas contra Tlaxcallan; en esta versión, ambos gobernantes trataron de disuadir a Cortés de continuar y Maxixcatzin le advirtió del peligro de entrar en una ciudad rodeada por agua, aunque finalmente unos cinco mil guerreros tlaxcaltecas acompañaron a la expedición y participaron en Cholula.
Las alianzas matrimoniales también formaron parte de los vínculos entre las casas nobles tlaxcaltecas y los capitanes españoles, con la entrega de mujeres de familias nobles a varios integrantes de la expedición. Bernal Díaz identificó mediante el nombre cristiano de Elvira a una mujer relacionada con Maxixcatzin —primero como hija o sobrina y después como hija, al relatar su muerte junto con Juan Velázquez de León—, a quien describió por su belleza y afirmó que fue entregada a Velázquez de León tras su bautismo. Huehue Xicohténcatl realizó una entrega semejante con una de sus hijas. Margarita Cossich Vielman relacionó con la casa de Maxixcatzin a Elvira y Jerónima, identificando a esta última como compañera de Juan de Salazar, con quien habría tenido un hijo llamado Juan Antonio Merlo de la Fuente, y Rodríguez López reconstruyó otra tradición según la cual una hija de Maxixcatzin llamada Leonor fue vinculada con Juan Ponce. El estudio de las cihuapipiltin de Ocotelulco ha relacionado a las mujeres nobles con la transmisión de propiedades, patronímicos y derechos señoriales, y sus matrimonios vincularon a la casa con otras familias tlaxcaltecas, con la nobleza de Texcoco y con funcionarios españoles o sus descendientes.
En cuanto a Cholula, Bernal Díaz y Cervantes de Salazar atribuyeron a Maxixcatzin advertencias sobre una supuesta conspiración contra la expedición, noticias que ambos cronistas relacionaron con la matanza perpetrada en octubre de 1519. Martínez Baracs señaló que las acusaciones de emboscadas fueron utilizadas para justificar acciones violentas emprendidas por la coalición, y Hassig consideró que la derrota de Cholula fortaleció la posición política de Maxixcatzin al eliminar un competidor regional de Ocotelulco y confirmar la utilidad militar de la cooperación con Cortés, ya que la cabecera mantenía vínculos con comerciantes y linajes de origen cholulteca. Torquemada atribuyó posteriormente a Maxixcatzin la petición de que fueran liberados algunos dirigentes cholultecas capturados.
Durante el sitio sufrido por los españoles en México-Tenochtitlan, Maxixcatzin propuso a Juan Páez, encargado de quienes permanecían en Tlaxcala, organizar un ejército tlaxcalteca para acudir en auxilio de Cortés, pero Páez rechazó actuar sin instrucciones del capitán; tras el regreso de la expedición a Tlaxcallan, Cortés lo apartó de su cargo y le reprochó no haber aceptado la propuesta.
Después de la retirada de México-Tenochtitlan entre el 30 de junio y el 1 de julio de 1520 y de los combates posteriores, los supervivientes españoles y tlaxcaltecas regresaron hacia Tlaxcallan heridos, agotados y con pérdidas considerables. Maxixcatzin, Huehue Xicohténcatl, Chichimecatecuhtli y varios dirigentes de Huexotzinco salieron a recibirlos y les proporcionaron alimentos, alojamiento y medios para atender a los heridos; Cortés fue alojado en la casa de Maxixcatzin y Pedro de Alvarado en una residencia relacionada con Xicohténcatl. Entre quienes murieron durante la retirada se encontraban Elvira, identificada por Bernal Díaz como hija de Maxixcatzin, y Juan Velázquez de León, y el propio Bernal Díaz afirmó que Maxixcatzin lamentó la muerte de ambos al recibir a Cortés en Tlaxcallan.
El Lienzo de Tlaxcala representa la recepción como una ceremonia diplomática y muestra a Maxixcatzin con alimentos, flores y una insignia militar relacionada con la batalla de Otumba. Cossich Vielman y Jaramillo Arango contrastaron esta imagen, en la que los tlaxcaltecas aparecen como anfitriones que reciben a sus aliados, con la segunda carta de Cortés, que presenta a un ejército derrotado y dependiente de la protección y los abastecimientos obtenidos en territorio tlaxcalteca. Martínez Baracs señaló que aquel auxilio permitió recomponer las fuerzas españolas en uno de sus momentos de mayor debilidad y continuar la campaña.
Después de la retirada, México-Tenochtitlan envió mensajeros para proponer que Tlaxcallan rompiera su cooperación con Cortés y estableciera un acuerdo con los mexicas. Bernal Díaz presentó a Xicohténcatl el Joven como partidario de considerar la propuesta y a Maxixcatzin como defensor de mantener la cooperación con los españoles; este último habría recordado en un discurso los beneficios obtenidos desde la llegada de aquellos, entre ellos el acceso a productos antes restringidos por el enfrentamiento con México-Tenochtitlan, y sostenido que la derrota sufrida no justificaba romper el acuerdo. Muñoz Camargo, Torquemada y Cervantes de Salazar afirmaron que Maxixcatzin empujó a Xicohténcatl por las escaleras, mientras que Bernal Díaz atribuyó la agresión conjuntamente a Maxixcatzin, Chichimecatecuhtli y Huehue Xicohténcatl; en esta última versión, la intervención del padre de Xicohténcatl evitó que se adoptaran medidas más severas contra su hijo.
Hassig interpretó la disputa como un conflicto entre estrategias políticas, no como una oposición entre un «traidor indígena» y un dirigente naturalmente leal a España: ambas posiciones respondían a cálculos sobre la autonomía de Tlaxcallan, la guerra contra México-Tenochtitlan y la competencia entre Tizatlán y Ocotelulco. Para el investigador, la continuidad de la alianza reforzaba la posición de Maxixcatzin y mantenía a Ocotelulco dentro de la coalición dirigida por Cortés, mientras que una ruptura podía devolver a Xicohténcatl y a los mandos militares de Tizatlán una influencia mayor.
Después del rechazo de la embajada mexica, Cortés emprendió campañas contra Tepeaca y otras poblaciones situadas al sureste de Tlaxcallan para asegurar rutas, actuar contra poblaciones consideradas enemigas y debilitar los apoyos regionales de México-Tenochtitlan. Maxixcatzin y Huehue Xicohténcatl respaldaron la campaña porque los pueblos de la región habían causado daños en tierras tlaxcaltecas. Para dicha empresa, Cortés solicitó cinco mil guerreros y alrededor de cuatro mil se incorporaron finalmente a la expedición.
Las crónicas difieren sobre la participación personal de Maxixcatzin: Bernal Díaz lo situó en Tlaxcallan mientras marchaban los contingentes, mientras que Cervantes de Salazar señaló que acompañó inicialmente a Cortés durante la salida, aunque permaneció en Tlaxcallan por su edad y para organizar el apoyo a la campaña; en su lugar, envió a uno de sus hijos con la expedición. En un pasaje posterior, Cervantes identificó también como hijo de Maxixcatzin a Tiangueztatoa.

Muñoz Camargo afirmó que el sacerdote Juan Díaz bautizó a los cuatro principales dirigentes durante la primera estancia española y asignó a Maxixcatzin el nombre Lorenzo. Torquemada señaló que unas pinturas conservadas en el convento de Tlaxcala mostraban al gobernante con el mismo nombre, y una tradición familiar de los Faustinos Mazihcatzin también utilizó Lorenzo. Ixtlilxóchitl, en cambio, lo llamó Juan. Cervantes de Salazar situó el bautismo durante la enfermedad final, aunque no registró el nombre cristiano del padre; en su obra, el don Lorenzo Magiscacín identificado expresamente es el hijo y sucesor.
Rodríguez López adoptó la tradición que llamó Lorenzo al gobernante y documentó a su hijo como Lorenzo Tianquiztlahtoatzin Maxixcatzin. Los descendientes evocaron el bautismo temprano de los gobernantes tlaxcaltecas en sus peticiones de privilegios y representaciones pictóricas.
La viruela se propagó por el centro de México durante 1520 y provocó una elevada mortalidad entre las poblaciones indígenas y varios de sus dirigentes. Maxixcatzin murió durante la epidemia en diciembre de 1520, enfermedad que causó además la muerte de numerosos dirigentes del centro de México, entre ellos el gobernante mexica Cuitláhuac. Bernal Díaz afirmó que Cortés sintió la muerte de Maxixcatzin, según sus propias palabras, como si hubiera muerto su padre, y que varios españoles vistieron de luto, mientras que Cervantes de Salazar describió el pesar de Cortés cuando los dirigentes tlaxcaltecas le comunicaron la noticia y le atribuyó un elogio de la prudencia, el gobierno y la fidelidad de Maxixcatzin.
Los litigios de la casa de Maxixcatzin documentan la continuidad de reglas nahuas de sucesión durante el siglo XVI: la dignidad se transmitía preferentemente entre hermanos y, en ausencia de descendientes varones directos, podía pasar a hijos de hermanos o de hermanas. Estas prácticas sobrevivieron durante décadas después de la conquista, aunque las partes incorporaron conceptos cristianos y españoles sobre matrimonio, legitimidad y concubinato para fortalecer sus reclamaciones ante los tribunales coloniales, y los pleitos sucesorios no se limitaban a la dignidad de la casa, pues también comprendían tierras, residencias, población dependiente, derechos sobre trabajo, actividades comerciales y cargos políticos. Un hijo menor de Maxixcatzin lo sucedió al frente de Ocotelulco. Cervantes de Salazar calculó que tenía unos doce años y afirmó que los dirigentes tlaxcaltecas solicitaron a Cortés que lo reconociera como heredero legítimo; Bernal Díaz atribuyó a Cortés una intervención en el reconocimiento del heredero conforme a la voluntad del fallecido, mientras que Torquemada sostuvo que las autoridades tlaxcaltecas pidieron que el joven ocupara el lugar de su padre de acuerdo con la costumbre. Hassig sostuvo que la muerte de Maxixcatzin y el acceso de un menor al gobierno debilitaron la posición de Ocotelulco y ampliaron el margen de acción de Xicohténcatl el Joven.
El sucesor recibió insignias conforme a usos españoles y fue bautizado con el nombre de don Lorenzo Magiscacín; Rodríguez López lo identificó como Lorenzo Tianquiztlahtoatzin Maxixcatzin e interpretó la conservación del nombre como un recurso de continuidad política y genealógica de la casa. Lorenzo solicitó después acompañar a Cortés a España para presentarse ante Carlos I, viajó a Castilla en 1527 junto con otros nobles tlaxcaltecas y murió allí en 1530. Francisco Maxixcatzin Acuacuatzin, hermano de Lorenzo, lo sucedió y murió durante una epidemia en 1544, y posteriormente Juan Maxixcatzin Oltzetzeliuhcatzin quedó al frente de la casa. Durante el periodo colonial, distintos integrantes del linaje Maxixcatzin ocuparon cargos como regidores perpetuos, gobernadores o representantes en embajadas dirigidas a la Corona.
Las crónicas ofrecen imágenes dispares de Maxixcatzin. Torquemada e Ixtlilxóchitl lo describieron como un hombre joven o mancebo, mientras que Beaumont lo presentó como el senador de mayor edad y autoridad entre los dirigentes tlaxcaltecas. Cervantes de Salazar lo caracterizó como hombre de «mucha prudencia» y conversación afable, estimado entre los tlaxcaltecas, y en otros pasajes lo consideró valeroso y prudente al narrar su relación con Cortés y su intervención en las deliberaciones políticas. Cortés destacó su posición al llamarlo «la más principal persona» de Tlaxcallan, y Bernal Díaz le atribuyó la defensa de la paz y de la alianza.
Dentro de ese conjunto, Muñoz Camargo ofreció una imagen particularmente favorable: destacó su fidelidad a la alianza con los españoles y lo caracterizó como cristiano y protector de estos. Yukitaka Inoue Okubo observó que el cronista reservó un tratamiento especialmente elogioso para Maxixcatzin y su linaje de Ocotelulco, cuya descendencia defendió frente a versiones que la consideraban de origen inferior.
El Lienzo de Tlaxcala incorporó la alianza y la recepción de los supervivientes a su representación pictórica de la conquista, escena que Cossich Vielman y Jaramillo Arango interpretaron como una memoria tlaxcalteca que presentaba a sus autoridades como anfitrionas de los españoles y sus aliados. La forma Maxixcatzin reapareció entre varios de sus descendientes, continuidad que Emmanuel Rodríguez López interpretó como una estrategia destinada a vincular a las generaciones posteriores con el prestigio, las alianzas y los privilegios atribuidos al gobernante de 1519.
El reconocimiento institucional llegó en el ámbito local: el 15 de febrero de 2022, el Congreso del Estado aprobó el Decreto número 88, que declaró beneméritos del estado a Maxixcatzin de Ocotelulco, Xicohténcatl de Tizatlán, Tlahuexolotzin de Tepeticpac y Citlalpopocatzin de Quiahuiztlán, y ordenó inscribir sus nombres con letras doradas en el muro de honor de la sala de sesiones del Palacio Juárez.