
La música andina es un término que se refiere a diversas manifestaciones artístico-musicales producidas en la sierra de los países andinos del Pacífico de América del Sur: Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina.
La música andina tiene sus orígenes entre las producciones musicales de los quechuas, aimaras y otros pueblos de los Andes. Este término se utiliza a menudo como sinónimo del estilo musical típico del Altiplano de los Andes centrales y regiones vecinas. Se caracteriza por melodías a la vez alegres y nostálgicas y suele ser interpretado con flautas de caña, de pan y rectas, normalmente acompañadas de charango y bombo.
Aunque en principio el calificativo andino refiere a un espacio geográfico determinado por su topografía, la diversidad lingüística, territorial y nacional existente en los países andinos hace imposible definir un estilo musical homogéneo para toda la región. Por lo tanto, la expresión "música andina" es un término que engloba todos los estilos y formaciones instrumentales que se manifiestan en la región andina.
En la música de las regiones andinas del antiguo Imperio inca los instrumentos más característicos son las flautas de caña, de pan y rectas, normalmente acompañadas de charango y bombo.
El grupo de las flautas de pan incluye el siku (o sikus, o zampoña) y la antara. Estos son instrumentos indígenas antiguos que varían en tamaño, afinación y estilo. Los instrumentos de este grupo están construidos con cañas acuáticas que se encuentran en muchos lagos de la región andina de América del Sur. El siku tiene dos hileras de bastones y se afinan en escalas pentatónicas o diatónicas. Algunas flautas de pan modernas de una sola fila modeladas a partir de la antara son capaces de tocar escalas completas, mientras que los siku tradicionales se tocan usando dos filas de bastones atados. Todavía es común que dos intérpretes compartan una melodía mientras tocan el tipo más grande de sikú llamado toyo. Este estilo de sonorización con notas intercaladas entre dos músicos se llama tocar en hoquetus y todavía se usa hoy en día en muchos de los huaynos tradicionales y en la música andina contemporánea.
Las quenas siguen siendo populares y se fabrican tradicionalmente con las mismas cañas que los sikus, aunque a veces se utilizan tubos de PVC debido a su resistencia al calor, el frío y la humedad. Generalmente las quenas se tocan solo durante la estación seca, mientras que las flautas verticales, ya sean pinquillos o tarkas, se tocan durante la estación húmeda. Las tarkas se construyen a partir de fuentes locales de madera dura andina. Las bandas de música dominadas por tambores y zampoñas son comunes hoy en día y se utilizan para celebrar bodas, carnavales y otras festividades.
La llegada de los españoles en el siglo XVI trajo instrumentos de cuerda, lo que llevó a los indígenas a inventar el charango, un instrumento de cuerda similar a un pequeño laúd con un sonido cristalino cuya caja de resonancia era hecha de caparazón de armadillo, aunque actualmente se construye con variedades locales de madera. A la familia de los charangos pertenece un instrumento más grande y de sonido más ronrón llamado ronroco, similar a la mandolina.
También se introdujeron violines en la música andina, así como otros instrumentos de origen europeo como la guitarra o el acordeón, e instrumentos de metal para bandas de vientos.
En otras regiones andinas la instrumentación varía. Colombia posee su propio estilo de música andina basado en palos de lluvia o palos de agua e instrumentos de cuerda: el requinto, la guitarra, el tiple y la bandola andina colombiana. La música regional andina en Venezuela está caracterizada por una fuerte presencia de instrumentos de cuerda. Los instrumentos predominantes en las zonas andinas de este país son: el violín, el cuatro, el tiple (Colombiano), la guitarra, el bandolín tachirense y la mandolina. Estos instrumentos suelen ser acompañados por instrumentos de percusión: maracas y el güiro.
La articulación de influencias andinas y criollas propició la sistematización de conjuntos folklóricos a partir de 1950, formados por cuartetos de guitarras y bombo, acompañando el canto a dos o tres voces (Los Chalchaleros, Los Fronterizos). Ya ampliamente difundida esta instrumentación hacia 1960, se incorpora la quena y el charango, especialmente en zonas de Bolivia, Argentina y Chile.
La música del altiplano andino gozó de fama mundial en los años 60 y 70, pero en años previos Yma Sumac difundió la música andina con su voz. En sus inicios en el Perú y en sus giras en Suramérica conformó un marco musical andino, contando también en su grupo con el charanguista boliviano Mauro Núñez. Luego grupos musicales asentados o creados en Europa, principalmente argentinos, difundirían música recopilada del altiplano andino, pasando prontamente con éxito a una frenética etapa de composición y creación, siendo también imitados por otros latinoamericanos e inclusive por ciudadanos franceses, italianos, suizos, etc. que formaban grupos de música andina, expandiendo más aún su fama.
Para 1965, el grupo Los Jairas se formaba en La Paz, Bolivia; el cuarteto fusionó sonidos nativos en formas adaptadas para los criollos urbanos y la clase media. Un miembro de Los Jairas, Gilbert Favre (un flautista suizo-francés) había sido previamente conocido de los hermanos y músicos chilenos Parra (Ángel, Isabel y su madre Violeta) en París. Los Parra finalmente comenzaron a promover la música indígena en Santiago de Chile. El influjo político generado por la revolución cubana en la región daba paso ahora al movimiento de cantautores de protesta, tales como los chilenos Víctor Jara, Quilapayún o Inti-Illimani, popularizándose en la escena folk mundial e influyendo a músicos de otras latitudes como Simon and Garfunkel. Ejemplos de ello son la melodía de la canción The Sounds of Silence y, sobre todo, la versión El cóndor pasa, compuesta por el peruano Daniel Alomía Robles que fuera difundida inicialmente por músicos argentinos en Europa (Urubamba), siendo luego popularizada mundialmente por Paul Simon.
Hoy la música andina, tras su reconocimiento y difusión dentro y fuera de sus fronteras, fue y sigue siendo reivindicada por artistas de varios países, entre ellos:
Originaria de la costa caribeña de Colombia, la cumbia se convirtió en un éxito en gran parte de América Latina. Luego se adaptó a una versión peruana llamada "chicha" (ritmo enriquecido con patrones rítmicos foráneos como la guaracha, el mambo, la salsa, el rock, etc.) que se ha convertido en un estilo popular en la región andina peruana, especialmente entre los estratos socioeconómicos más bajos de la sociedad, incluidas las poblaciones quechua y aimara.
En el ámbito de la investigación musical y las declaraciones patrimoniales de Bolivia, dentro la postura crítica enmarcada dentro las teorías de la apropiación cultural, la geopolítica del folclore y la descolonización cultural, existe una corriente de pensamiento defendida por historiadores, etnomusicólogos y defensores del patrimonio boliviano (representados históricamente por instituciones como la Sociedad Boliviana del Charango o el propio Ministerio de Culturas y Folklore y el Ministerio de Culturas y Descolonización de Bolivia que critican históricamente como otros países de la región, como Argentina y Chile, popularizaron mundialmente el concepto de “música andina”, tomando instrumentos, ritmos y géneros para apropiarse de lo que ellos afirman son netamente originarios de la música y cultura boliviana.
A nivel académico, investigadores como el historiador y antropólogo chileno Damián Galaz-Mandakovic han documentado ampliamente este fenómeno. En su trabajo de investigación “De Bolivia vengo bajando...”. Difusión de repertorios musicales bolivianos en los inicios de la Nueva Canción Chilena", se describe por ejemplo como Chile carecía de estos sonidos en sus centros urbanos y recurrió sistemáticamente al repertorio boliviano para crear el movimiento de la Nueva canción chilena en los años 60s y 70s.
La hipótesis central afirma que la categoría "música andina" funciona como un paraguas geopolítico que diluye las fronteras nacionales. Al etiquetar un ritmo o instrumento como "andino", se despoja a Bolivia de su denominación de origen originaria.
Esto permitió que países con un desarrollo industrial y discográfico más fuerte en los años 60 y 70 (principalmente Chile y Argentina) adoptaran y exportaran estos sonidos al mundo como si fueran propios o parte de una identidad macro regional vaga
Durante el auge de la Nueva Canción Chilena (con íconos como Violeta Parra, Víctor Jara, Inti-Illimani e Illapu), los músicos chilenos viajaron a Bolivia (especialmente a La Paz y Oruro) o entraron en contacto con agrupaciones bolivianas como Los Jairas. De ellos tomaron:
La teoría explica que Argentina y Chile logró "popularizar" este género debido a que contaba con un aparato de difusión cultural más masivo y conexiones directas con Europa. En el caso chileno, y tras el Golpe de Estado en Chile de 1973, muchos de estos músicos se exiliaron en Europa (Francia, Suecia, Italia). Al difundir lo que ellos llamaban "música andina" como el sonido de la resistencia latinoamericana, el público global asumió que esos instrumentos y estéticas eran de origen chileno, invisibilizando la raíz boliviana.