
Onna-musha (女武者? mujer guerrera), es un término para referirse a mujeres que desarrollaron actividades bélicas como samuráis en el Japón feudal. Miembros de la clase bushi (guerrero), eran entrenadas en el uso de armas, arquería, artes marciales y equitación para proteger su casa, familia y a ellas mismas en tiempos de guerra. La emperatriz Jingu, Tomoe Gozen, Nakano Takeko y Hojo Masako son los exponentes más característicos de este grupo.
Las onna-musha empleaban como arma más habitual la naginata, una variedad de lanza de hoja curva de gran versatilidad común entre la clase guerrera de Japón, junto al arco y flecha. Además, de forma similar al yari, la naginata es muy efectiva en pelea mano a mano y relativamente eficiente contra la caballería. A través de su representación como arma de muchas mujeres samuráis legendarias, la naginata se ha convertido en uno de los símbolos icónicos de la mujer guerrera. Durante el periodo Edo, muchas de las escuelas centradas en el uso de la naginata fueron creadas y mantenidas por mujeres.
En las ilustraciones del tipo Ukiyo-e, suelen ser representadas como jinetes con armadura completa, portando arco y flecha (véase yumi), y naginata. Un ejemplo es la obra Hangakujo, de Taiso Yoshitoshi, alrededor de 1885. También han tenido representaciones en el teatro Kabuki y en literatura de la época.
Onna-bugeisha (女武芸者? artista marcial mujer), es otro tipo de categoría que también se utiliza al hablar de mujeres con adiestramiento marcial. Ambos términos se usan para nombrar a mujeres con entrenamiento marcial al igual que los samuráis, siguiendo las mismas enseñanzas del bushido, pero cuando se distingue entre las dos, la Onna-musha es aquella que específicamente llevó su entrenamiento al campo de batalla.


Las Guerras Genpei (1180-1185) fueron una serie de conflictos entre los clanes Taira (Heke) y Minamoto (Genji), dos de los clanes más prominentes durante la era Heian. El poema épico El Cantar de Heike fue compuesto a principios del siglo XIII con tal de conmemorar historias de valerosos y devotos samuráis. Entre ellos estaba Tomoe Gozen, sirviente de Minamoto no Yoshinaka del clan Minamoto. Ella ayudó a Yoshinaka, defendiéndolo contra las fuerzas de su primo, Minamoto no Yorimoto, especialmente, durante la Batalla de Awazu en 1184.
Según El Cantar de Heike, fue descrita como:
[...] especialmente hermosa, de piel blanca, pelo largo y bellas facciones. También era una excelente arquera, y como espadachina era una guerrera que valía por mil, dispuesta a confrontar un demonio o un dios, a caballo o a pie. Domaba caballos salvajes con gran habilidad; cabalgaba por peligrosas pendientes sin rasguño alguno. Cuando una batalla era inminente, Yoshinaka la enviaba como su primer capitán, equipada con una pesada armadura, una enorme espada y un poderoso arco; y ella era más valiente que cualquiera de sus otros guerreros.
Tomoe Gozen no siempre fue acreditada como una figura histórica. No obstante, impactó a diversas clases guerreras, incluyendo muchas escuelas tradicionales de Naginata. Sus acciones en batalla recibieron gran atención en el arte, como en la obra No Tomoe y en diversos ukiyo-e.

Otra famosa guerrera de las Guerras Genpei fue Hangaku Gozen. Mientras que Tomoe Gozen era una aliada del clan Minamoto, Hangaku se alió con el clan Taira.
El canciller Toin Kinkata (1291-1369) hace mención en su diario Entairyaku (園太暦) de una "caballería predominantemente femenina" sin explicaciones adicionales. Con detalles limitados, concluye: "existen numerosas caballerías femeninas". Así como anotó que provenían del oeste de Japón, también es posible que las mujeres de las regiones occidentales alejadas de las grandes ciudades fuesen más propensas a batallar. También se tiene constancia de que, durante el Período Sengoku (1467-1600), mujeres formaron fuerzas de caballería.