

El parricidio (del latín parricīdium, probablemente de parus, «pariente», o de par, «igual», y -cida, de caedere, «matar, cortar») es el homicidio de parientes consanguíneos en línea recta u otros familiares cercanos.

El parricidio, en el Derecho Romano primitivo, «parricidium», era equivalente al homicidio voluntario. Ya en la ley de las XII Tablas, el parricidio se entiende como la muerte de los padres ocasionada por los hijos.
Con las leyes de Sila, el parricidio se extendió para otros parientes. En la Lex Pompeia de Parricidi, se instituye que las víctimas en este delito podían ser los ascendientes, hermanos, primos, suegros, nueras, yernos, marido y mujer, padrastro, patrón y patrona; y manifestaba que se excluía de pena al que ejerciendo la patria potestad por ser un pater familias matara a sus pupilos. Un importante aspecto de esta ley consistía en reconocer el derecho que tenía el padre de matar a sus descendientes, ya fueran hijos o nietos. El pater familias tenía vitae necisque potestas («poder de vida o muerte») sobre sus hijos, su esposa y sus esclavos, de todos los cuales se decía que estaban sub manu —bajo su mano—.
También con la Lex Pompeia de Parricidi, se suprimió la pena que había sido establecida para el parricida, por Augusto y Adriano; esta consistía en introducir al agente del delito en una bolsa de cuero y arrojarlo al río Tíber.
Posteriormente, con Constantino, se circunscribió el parricidio a la muerte entre parientes ascendientes y descendientes en línea recta.
En el Digesto, obra del siglo VI d. C. que recopila sentencias jurídicas anteriores, el jurista del siglo III Modestino ofrece una enumeración precisa de las posibles relaciones de las víctimas con el parricida:
Por la lex Pompeia el parricidio establece que si alguien mata a su padre, a su madre, a su abuelo, a su abuela, a su hermano, a su hermana, a un primo hermano por parte de padre, a un primo hermano por parte de madre, a un tío paterno o materno, a una tía paterna (o materna), primo hermano (masculino o femenino) por parte de la hermana de la madre, a la esposa, marido, suegro, yerno, suegra, nuera, padrastro, hijastro, hijastra, patrón o patrona, o con intención maliciosa lo provoque, será castigado con la misma pena que la de la lex Cornelia sobre los asesinos. Y la madre que mata a su hijo o su hija sufra pena del mismo estatuto, igual que el abuelo que mata a su nieto; y además, la persona que compra veneno para dárselo a su padre, aunque sea incapaz de administrarlo.Digesto
Parricidio: encontrado en un versículo de la biblia en el libro escrito a Timoteo por Pablo dándole cartas de exhortación a él y al pueblo de Dios en esos tiempos. Ha sido especialmente perseguido y considerado uno de los más execrables crímenes, si bien en la Roma Antigua, la potestad del padre sobre la familia alcanzaba tal grado que durante ciertos periodos de tiempo el castigo que se infligía al padre parricida era menor que el de otros delitos menos graves.
Sin embargo, a lo largo de la historia han sido frecuentes los casos de príncipes que mataban a sus padres para heredar sus reinos.
La tradición judeocristiana se ha basado en la historia del sacrificio de Isaac (la prueba de la fe de Abraham) para afirmar que Dios desaprueba expresamente el parricidio.
El perfil de las personas que cometen parricidio (el homicidio de uno o ambos progenitores o de los hijos), presentan muchas diferencias entre sí, de tipo biológicas, psicológicas y sociales.
El modus operandi de los autores varía en función de, por ejemplo, la edad de las víctimas.
En los casos de menores de un año, las agresiones físicas suelen bastar para causar la muerte, debido a la debilidad del cuerpo del pequeño. Más adelante, a partir del año de vida, se observan asesinatos mediante asfixia con diversos objetos, siendo la almohada el más común. En cuanto a las muertes causadas por fuego, destacan la gasolina o la explosión, intencionada de bombonas de gas, y, en el caso de agresión directa, predominan las armas blancas, especialmente cuchillos.
El perfil psicológico de los parricidas podría dividirse entre, el de los adultos y el de los adolescentes. Estos primeros suelen tener trastornos mentales graves destacando la esquizofrenia paranoide, el trastorno bipolar psicótico y el trastorno esquizoafectivo.
Los autores, al contrario de los pensamientos de la mayoría de la población, suelen ser personas solteras, desempleadas y convivientes con sus víctimas.
Se estima que la mayoría de estos autores no estaban en tratamiento de sus enfermedades en el momento del crimen, dados dos casos, o bien, el abandono de la medicación, o por ausencia de un diagnóstico.
En segundo lugar, tenemos el parricidio cometido por adolescentes, el cual responde generalmente a contextos prolongados de abuso o maltrato por algún integrante de la familia.
Hay tres perfiles diferenciados; el niño maltratado que actúa como respuesta de defensa propia, el menor con una enfermedad mental, y, por último, el joven con rasgos antisociales.
El más frecuente de los tres, es el niño maltratado, y suele cometerse cuando los padres están distraídos, como a la hora de dormir, o en momentos de relajación.
El género también resulta ser una gran diferencia a la hora del homicidio.
Las mujeres parricidas suelen matar a sus madres con más frecuencia que a sus padres. Por el contrario, los padres parricidas aparecen con mucha frecuencia debido al vínculo menos sólido con sus hijos. Esto puede ocurrir debido a que el esfuerzo emocional entre padre e hijo debe ser mayor, ya que, a diferencia del padre, la madre ya empieza a gestar este vínculo en la gestación del bebe y su cuidado temprano.
Por último, podríamos llegar a afirmar que se cree que el estado civil de la pareja siempre ha sido un factor de riesgo, sin embargo, los datos demuestran que las parejas unidas y matrimonios estables registran más casos que parejas separadas o divorciadas.