En la mitología griega, Pólemo (en griego antiguo: Πόλεμος; en latín: Bellum) era la personificación de la «guerra». Se trata de una figura alegórica utilizada por los poetas y filósofos, no un dios con culto propio. Virgilio lo representa morando en el inframundo y Aristófanes dice que la Guerra (Pólemo) y la Paz (Irene) son antónimos mitológicos naturales.
Siendo una figura alegórica los poetas le inventaron una familia coherente con su naturaleza. Así, en una de las fábulas de Esopo, Pólemo contrae nupcias con Hibris, pues ambos fueron los últimos en escoger pareja. Píndaro dice que Pólemo es el padre de Alalá, el grito de guerra, aunque no especifica la consorte. De acuerdo con Quinto de Esmirna, literato de la Antigüedad tardía, Pólemo era el hermano de la diosa Enío, de naturaleza también belicosa.
Pólemo aparece brevemente como un personaje monstruoso al final del prólogo de La paz, Cidoimos («tumulto») se cuenta entre sus secuaces y ha encerrado a Irene («paz») bajo un montón de piedras en una cueva. Pólemo tiene un mortero gigante con el que amenaza con moler todas las ciudades de Grecia, después de haberlas atormentado durante diez años. Pólemo envía a Cidoimos a encontrar un mortero lo suficientemente grande y fuerte para la tarea. En ese momento, se retira a la «casa de Zeus» y no vuelve a aparecer, aunque el potencial de que reaparezca a lo largo de la obra se ve constantemente como una amenaza. El escenario parece ser original de Aristófanes. Pólemo habría sido interpretado por el tercer actor de la compañía de teatro.
En Los acarnienses el corego prohíbe a Pólemo la entrada a las celebraciones por quemar viñedos, vaciar los recipientes de vino y por interrumpir el canto de los coros. Pólemo se halla en la obra, en oposición a Diceópolis (Δικαιόπολις, el protagonista de la obra, literalmente ‘ciudad justa’), quien rentablemente se abandera en defensor de la paz y que anhela contraer nupcias con la Reconciliación (Διαλλαγή, Diallagḗ), un daimon femenino. Dioniso, usa un madero de viña como arma para herir al soldado Lamaco para apartarlo de su camino y favorecer a Pólemo, pero en general Aristófanes para estar invocando un equilibrio entre Dioniso y Pólemo, porque los intereses de la polis son algunos veces servirse de la paz y otras servirse de la guerra.
Otros figuras y fuerzas divinas de la guerra y el campo de batalla incluyen a Ares, Alalá (‘grito de guerra’), las Macas (‘batallas’), las Hisminas (‘combates’), las Androctasias (‘masacres’), los Fonos (‘matanzas’), Enío, Eris (‘discordia’) y las Keres.
El filósofo presocrático Heráclito describe a Pólemo como «el rey y padre de todos», con la capacidad de traer todo a la existencia y de aniquilarlo. Heidegger interpreta la visión propia que tiene Heráclito de Pólemos como el principio de separación «el que divide o aleja» (en alemán esto podría traducirse como Auseinandersetzung), pero también como lucha (Kampf) y como guerra (Krieg), «con lo que no se designa el evento externo o la promoción de lo militar, sino que lo que es decisivo: levantarse contra el enemigo».
Así, Heidegger interpreta el Polemo de Heráclito en el sentido de un enfrentamiento «sin el cual la existencia se trunca», considera que «la exigencia radical es encontrar al enemigo, desenmascararlo e inclusive crearlo... no hacerse ilusiones a su respecto, mantenerse listo para el ataque... y lanzar el ataque a largo plazo con el objetivo de la aniquilación total».
Hegel destaca el concepto de unidad del ser y la nada como devenir (Werden) de Heráclito («todo fluye»). Para Hegel «la absoluta unidad de los opuestos en el concepto constituye su esencia», «el devenir es el subsistir del ser tanto como del no-ser». La transición (Übergang) es lo mismo que el devenir. Se intenta alejar la contradicción, de lo existente y de lo verdadero, pero todas las cosas son contradictorias en sí mismas. Este principio expresa la verdad y la esencia de las cosas, el principio de movimiento y de la transformación de todo. «La unidad de los opuestos en el concepto constituye su esencia», «cada uno de los dos lados opuestos contiene en si mismo su otro y ninguno puede ser pensado sin el otro, de esto se sigue que ninguna de estas determinaciones, tomada por sí sola, tiene verdad, sino que la tiene sólo su unidad».
Por tanto, para Hegel la diferencia, contradicción, identidad son esenciales del Ser ahí, de la existencia, pero la guerra es apenas una posibilidad en determinadas circunstancia que la impongan o justifiquen y de ninguna manera el objetivo del exterminio del enemigo es una condición de la realización del Ser, que no puede ser pensado sin el otro.