En lingüística, un protologismo es una palabra de nueva acuñación, inventada para cubrir en vacío semántico del idioma, y que no ha cobrado suficiente vigor para asentarse en el uso cotidiano.
Se trata de una palabra ocasional, que se ha repetido, pero que no ha logrado ser aceptada más allá de sus usuarios originales, ni ha sido publicada independientemente de quienes la acuñaron. La palabra puede ser una propuesta, puede ser sumamente nueva o puede estar establecida únicamente dentro de un grupo muy limitado de personas.
Un protologismo se convierte en neologismo una vez que aparece en la prensa escrita, en un sitio web, en un libro o, más importante aún, en un diccionario, independientemente de quién lo haya acuñado. Una palabra cuya etapa de desarrollo se encuentra entre la de un protologismo (recién acuñado) y la de un neologismo (una palabra nueva) es un prelogismo.
Se ha sugerido que los protologismos son necesarios en los campos científicos, particularmente en las biociencias, donde las interacciones muy complejas entre componentes que se comprenden solo parcialmente producen fenómenos de orden superior. No obstante, hasta que el concepto en cuestión, que aún no ha sido valorado en su justa medida, se haya investigado a fondo y se haya demostrado que es un fenómeno real, es poco probable que el término sea utilizado por alguien más que su creador y alcance el estatus de «neologismo».