


Qalat, qal'at, qal'a o kalata son formas de transcribir en alfabeto latino la palabra árabe (قلعة) que significa «lugar fortificado», muy utilizadas en topónimos. En persa se relaciona con el término kelat, «fuerte», del que pudo originarse e influenciar el árabe. Otra posibilidad es que venga del hebreo kala, «encerrar».
Los qalat pueden ser verdaderos castillos, como Rumkale (Qal'at al-Rum, «castillo de los romanos»), o simples lugares rodeados de una tapia de adobe, como ocurre en muchos lugares de Asia suroccidental. El término se utiliza a lo largo del mundo islámico para cualquier tipo de fortaleza.
También en lugares de pasado islámico, como Sicilia, donde hubo un emirato por un siglo, con lugares como Calatafimi, «castillo de Eufemio», Calatamauro, «castillo del moro», Calatrasi, «castillo del tejedor», o Caltabellotta, «castillo de los robles». O en España con Calatañazor, Calatrava, Calalberche, Calatayud, Calatorao, Calasparra, Calafell, Calanda, Calamocha, o las numerosas Alcalá.
Los términos qila (singular qal'a) y husun (sg. hisn) significan «castillos o fortalezas» y que se originaban de las palabras latinas castra y burgi. De la expresión al-qal'a (القلعة), «el castillo» o «fortaleza», se originaron los topónimos Cala y Alcalá, sinónimos de fortaleza, referida «cuando la ciudad o núcleo urbano constituía una auténtica plaza fuerte y protegía con sus importantes defensas su entorno». Alcalá también pudo originarse de qila (قلعة), usada para designar a los primeros asentamientos árabes hechos después de la conquista de Hispania.
En muchas zonas tribales de Irán, Afganistán y Pakistán, donde perviven prácticas premodernas de edificación, el qalat sigue siendo el alojamiento habitual de la familia extensa (multigeneracional), y se puede construir con gran rapidez, en una sola estación, a pesar de la gran extensión que abarca (varios acres). Suelen incluir torres en las esquinas o zonas apropiadas para una mayor defensa, aunque la mayor parte solo tienen el circuito de muralla. Los cimientos pueden ser de piedra o ladrillo, pero los muros (que llegan a medir docenas de pies) se levantan habitualmente de adobes, en hiladas que se secan a tiempo de recibir sobre ellas la siguiente hilada.