
Qariwarmi (del quechua: qari, 'hombre', y warmi, 'mujer') fueron personas del tercer género en el Tahuantinsuyu que cumplían roles de chamanes y asistentes rituales. Eran consideradas mediadoras entre las esferas dualísticas de la cosmovisión incaica y servían a la deidad felina Chuquichinchay, protector de los indígenas de «dos naturas».
Estos chamanes qariwarmi mediaban entre las esferas simétricamente dualísticas de la cosmología andina mediante rituales que en ocasiones incluían prácticas eróticas. Sus atuendos transgresores de género funcionaban como signo visible de un tercer espacio que negociaba entre lo masculino y lo femenino, el presente y el pasado, la vida y la muerte.
En la sociedad inca, regida por el principio de dualidad complementaria (yanantin), los qariwarmi encarnaban la unión de los opuestos (qari - hombre, y warmi - mujer), constituyendo un «tercer espacio» que mediaba no solo entre lo masculino y lo femenino, sino también entre el presente y el pasado, y la vida y la muerte.
Y entonçes los curacas y mitmais de Carabaya trae á Chuquichinchay, animal muy pintado, de todos colores, dizen que era cipo de los Otorongos, en cuya guarda da á los ermafroditas, yndios de dos naturas. Y este mismo inga los a mandado recoger á todos los ynanos y corcobados, y los quales, dicen, siempre se ocupaba para hazer bestidos, &, para el infante, y lo mismo dizen que para este inga truxo piedras que alumbrauan de noche, sacándole de un oscollo de Aporima.Santa Cruz Pachacuti (1879).
Como participantes esenciales en los rituales andinos, los qariwarmi encarnaban un sistema semiótico que privilegiaba la transmisión de conocimiento a través de la performance ritual y la corporalidad, en contraste con los sistemas alfabéticos estandarizados que caracterizarían la colonización española. Según la investigación del profesor Michael J. Horswell, estos especialistas rituales ejercían como mediadores entre las dimensiones duales de la cosmovisión a través de ceremonias que incorporaban elementos eróticos, utilizando su indumentaria transgresora de género como manifestación visible de un espacio liminal que articulaba los opuestos complementarios. Esta diferencia epistemológica fundamental tendría profundas consecuencias durante la invasión española y el subsiguiente proceso de colonización.
Los qariwarmi eran los servidores rituales de Chuquichinchay, una deidad considerada el «apo de los otorongos» (señor de los jaguares) y patrono de los indígenas de «dos géneros». Según documenta Horswell, a finales del siglo XV, durante una crisis en la sucesión de los gobernantes incas en el Tahuantinsuyu, se convocó en el Cusco al Chuquichinchay como deidad mediadora en este período de cambio cultural y transición generacional.
En cada templo importante o casa de adoración, tienen un hombre o dos, o más, dependiendo del ídolo, que visten con atuendos de mujer desde que son niños, y hablan como ellas, y en modales, vestimenta y todo lo demás imitan a las mujeres.Fray Domingo de Santo Tomás, citado en Richard Trexler (1995).
La evidencia documental colonial, particularmente las crónicas de Cieza de León y Fray Domingo de Santo Tomás, revela que la práctica de mantener individuos del tercer género en los templos estaba extendida a lo largo del Tahuantinsuyu, desde las regiones costeras hasta el altiplano del Titicaca. Según estos registros, los caciques y líderes locales colocaban a estos individuos en los templos desde su niñez, donde cumplían funciones sacerdotales y participaban en ceremonias religiosas que incluían prácticas eróticas durante festividades importantes.
Los huacas o asistentes rituales del Chuquichinchay—individuos del tercer género— eran considerados actores vitales en las ceremonias andinas. Estos chamanes qariwarmi mediaban entre las esferas simétricamente dualísticas de la cosmología andina y la vida diaria mediante rituales que en ocasiones incluían prácticas eróticas. Sus atuendos transgresores de género funcionaban como signo visible de un tercer espacio liminal que negociaba entre masculino y femenino.
La conquista española de los Andes implicó una sistemática represión de las expresiones culturales y religiosas indígenas, dentro de las cuales los qariwarmi fueron un blanco específico durante las campañas de extirpación de idolatrías. Los cronistas coloniales describieron su existencia y roles rituales en términos peyorativos, categorizándolos como prácticas «diabólicas» e «inaceptables» desde la perspectiva moral y religiosa europea. Este proceso represivo formó parte de una estrategia más amplia para sustituir las concepciones de género nativas, basadas en el yanantin, por el modelo heteronormativo y eurocéntrico impuesto por el gobierno virreinal.
Frente a este legado histórico, han emergido en tiempos contemporáneos movimientos de descolonización que buscan reivindicar la figura de los qariwarmi, junto con el concepto de chacha-warmi, como componentes fundamentales de una identidad indígena diversa. Académicos y activistas trabajan en reinterpretar estos conceptos, subrayando que su esencia radica en la dualidad complementaria y no en una estructura jerárquica de género. Desde esta perspectiva, el qariwarmi es revalorizado como un individuo que encarnaba un «doble espíritu», una condición considerada especial y un regalo de las deidades, las cuales, en la cosmovisión andina, frecuentemente trascienden las categorías binarias de género.

En el siglo XXI, activistas e investigadores LGBT+ de países andinos han recuperado la figura del qariwarmi como parte de movimientos de reivindicación identitaria y descolonización de las sexualidades. Esta reapropiación busca establecer una continuidad histórica con las tradiciones de género no binarias existentes en el Perú prehispánico, utilizando el término como símbolo de una diversidad sexual culturalmente arraigada.
En 2020 nace la Red Peruana de Investigadores LGTBIQ+, una iniciativa emblemática en este proceso, que adoptó el nombre «Qariwarmi» para su colectivo. Esta elección se fundamenta en la capacidad del término para simbolizar la diversidad sexual y de género desde una perspectiva históricamente situada en el contexto cultural prehispánico peruano.
Este fenómeno de revitalización se inserta en un contexto global más amplio caracterizado por la revalorización de identidades de tercer género en comunidades indígenas. Diversas investigaciones documentan cómo numerosas sociedades indígenas alrededor del mundo mantienen tradiciones ancestrales que reconocen la existencia de terceros, cuartos e incluso más géneros más allá del modelo binario occidental.