
El repaso espaciado o sistema de repetición por espacios se refiere a un conjunto de técnicas de aprendizaje diseñadas para mejorar la retención a largo plazo mediante la distribución de sesiones de repaso en intervalos específicos y progresivamente espaciados en el tiempo.
Normalmente, en el repaso espaciado no se realiza una simple relectura, sino que pretende ser un tipo de aprendizaje activo, al obligar que la persona reaccione a preguntas o a estímulos. En este contexto, suelen utilizarse reglas mnemotécnicas.
La historia del repaso espaciado tiene sus raíces en el trabajo pionero realizado por Hermann Ebbinghaus a finales del siglo XIX. Ebbinghaus, un psicólogo alemán, fue uno de los primeros en investigar científicamente el proceso de la memoria y el aprendizaje.
Ebbinghaus describió el olvido como un fenómeno natural que ocurre con el tiempo cuando la información no se repasa o revisa regularmente. Además, estableció la famosa curva del olvido, que muestra cómo la memoria decae con el tiempo si no se refuerza mediante repasos adecuados.

Sin embargo, no fue hasta casi un siglo después que el concepto de repaso espaciado fue construido por Piotr Woźniak, un estudiante de informática en la Universidad de Ciencias y Tecnología de Poznań, en Polonia, sobre la base de los estudios de Ebbinghaus. En la década de 1980, Woźniak desarrolló el sistema de aprendizaje electrónico conocido como SuperMemo, que aplicaba los principios del repaso espaciado utilizando algoritmos computacionales para determinar el momento óptimo para revisar el material de estudio. SuperMemo se convirtió en uno de los primeros programas informáticos diseñados específicamente para implementar el repaso espaciado de manera eficiente y efectiva.
El repaso espaciado se fundamenta en el funcionamiento de la memoria humana. Inicialmente, el sujeto se familiariza con la información que desea aprender, lo que permite establecer una base inicial en la memoria. A medida que transcurre el tiempo, se realizan repasos periódicos del material, lo que contribuye a reforzar y consolidar la memoria a largo plazo. Conforme se va consolidando la huella memorística, los intervalos entre los repasos pueden aumentar gradualmente, aprovechando el fenómeno psicológico de la curva del olvido.
Se ha observado que, en general, los patrones de repaso y la eficacia del repaso espaciado son consistentes entre individuos, independientemente de las diferencias en el cociente intelectual. Por ejemplo, cuando se aprende una palabra extranjera, la mayoría de las personas necesitan repetirla antes de 10 días para garantizar una probabilidad de retención del 95%. El segundo repaso puede hacerse bastante más tarde. Por ejemplo, antes de 25 días. Después de varios repasos, si el material ha sido comprendido por el individuo, los intervalos entre los repasos pueden ser de años sin pérdida de efectividad.
En la aplicación práctica del principio de repaso espaciado, se han destacado varios ejemplos a lo largo del tiempo: