
El santo grial o, simplemente, grial es el recipiente o copa usada por Jesucristo en la Última Cena. Tres evangelistas (Marcos 14:23-24, Mateo 26:27-28 y Lucas 22:20), así como san Pablo (en 1 Corintios 11:25), hablan de que Jesús tomó una copa de vino indicando que contenía su sangre. Esto es interpretado por los católicos como parte de la institución de la eucaristía.
Desde el siglo XII se han desarrollado en Europa leyendas que conectaban esta reliquia con José de Arimatea, que lo habría usado para recoger la sangre de Cristo tras la crucifixión, y con la corte del rey Arturo.
Existen diversas versiones de lo que ocurrió con la copa. En la corte aragonesa se creyó, al menos desde la Baja Edad Media, que esta reliquia había sido traída a España gracias al diácono san Lorenzo, que habría querido ocultarla del expolio del emperador Valeriano. En los últimos tiempos se descubrieron documentos en El Cairo que indicaban que la copa que se custodiaba en Jerusalén como si fuese el auténtico grial de Cristo en el siglo XI terminó entregada al sultán de Denia, que tenía intención de regalarla al rey Fernando I de León. En el traslado se le quitó una esquirla que, en el siglo XII, fue enviada a Saladino para que curase a una hija suya. En el siglo XIII el obispo Santiago de la Vorágine, por su parte, consideró que el grial era un cuenco verde que encontraron los cruzados en Cesarea y que fue depositado en la Catedral de Génova.
La palabra grial —pronunciada graal en francés antiguo, galaico-portugués, inglés medio y alemán, grazal en los textos provenzales y greasal en catalán— parece ser una adaptación del término latino gradalis que implica la idea de un plato, escudilla o bandeja con viandas que es llevado a la mesa en diferentes momentos (gradus) de una comida. Al respecto dice Helinand de Froidmont en su Chronicon (siglo XIII): «Gradalis o gradale en francés, es un plato ancho y hondo, en el cual los alimentos son presentados ceremoniosamente, de uno en uno, ante un rico durante el desarrollo de la comida. En lengua vernácula se lo llama greal, el cual satisface y a la vez da la bienvenida a una comida; es de plata o algún metal precioso similar, en tanto que su contenido es una abrumadora serie de costosos manjares».
En el Breviarius de Hierosolyma, de hacia el año 530, se dice que en la Basílica de Constantino (la actual Basílica del Santo Sepulcro) de Jerusalén había un "cáliz que bendijo el Señor".
En la obra De locis sanctis, del Peregrino de Plasencia de hacia el 570, se dice en el capítulo XX que en la Basílica de Constantino había un cáliz de ónice que había bendecido el Señor en la Última Cena y, en el capítulo XXII, que junto a la Basílica de Sancte Sion de Jerusalén (la Basílica de la Asunción o de la Dormición) había otro cáliz con el cual los apóstoles celebraran misas después de la Resurrección de Cristo.
En el 670 el abad Adomnán escribió un viaje a Jerusalén del obispo galo Arculfo como si se tratase de un viaje propio. En este relato se habla de que en la Basílica de Constantino se encontraba el cáliz del Señor, que fue bendecido por su propia mano y dado a los apóstoles, que lo utilizaron. Es descrito como un cáliz de plata con dos asas y capacidad de un "sextario galo", que equivale a unos dos litros. Esta descripción es copiada en el 720 por Beda el Venerable añadiendo que en él estaba la esponja con la que bebió Jesús en la Cruz.
Quien fue canónigo de la catedral de Valencia desde mediados del siglo XX, Juan Ángel Oñate Ojeda, ha señalado que el papa ofició la misa desde los primeros siglos en Roma repitiendo cada vez que tomaba el cáliz que Jesús, "tomando este preclaro cáliz en sus santas y venerables manos", había dado gracias al Padre. Según Oñate, esto indica que el cáliz había sido llevado de Jerusalén a Roma y que era usado por el papa cuando se redactó el canon romano de la misa.
Según la Passio Polycronii, del siglo V, san Lorenzo fue un diácono en Roma con el papa Sixto II, en el siglo III. En esta obra se dice que el papa le dijo a Lorenzo "toma los tesoros de la Iglesia y repártelos a quienes te parezca" y, más adelante, el diácono le respondió que había hecho lo que le había pedido: "los tesoros que me confiaste los he entregado ya". El emperador Valeriano le pidió luego a Lorenzo los tesoros de la Iglesia para quedárselos, él señaló a los pobres y fue mandado martirizar en una parrilla. El poeta hispano Prudencio le dedicó el himno segundo del Peristephanon, compuesto entre el 398 y el 405.
La Leyenda áurea, escrita en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine, obispo de Génova, contribuyó a divulgar la figura de san Lorenzo y Gonzalo de Berceo, en el mismo siglo, dijo que era originario de Huesca.
En Jaca, provincia de Huesca, existe una catedral románica, posiblemente construida en el siglo XI por orden de Ramiro I de Aragón, monarca que tenía también predilección por el Real Monasterio de San Juan de la Peña del mismo territorio. En la catedral hay relieves que muestran como el papa Sixto II entregó a san Lorenzo el cáliz de Cristo.
En la obra Vida y martirio del glorioso español San Lorenço, de 1636, escrita por el español Lorenzo Mateu y Sanz, que dice haberse basado en escritos del abad Donato, del siglo VI, se indica que san Lorenzo entregó a su condiscípulo Precelio, natural de Hippo (actual Yepes), de la Carpetania, algunas reliquias, entre las que estaba el cáliz de la Última Cena, para que las llevase a Hispania.
Un documento desaparecido del 14 de diciembre de 1134 que se encontraba en San Juan de la Peña se refiere a este cáliz. Un documento del 26 de septiembre de 1399 dice que Martín I de Aragón mandó traer de San Juan de la Peña el cáliz que utilizó Cristo en la cena a su capilla real. Según este documento, el cáliz habría sido llevado de Roma a aquel lugar por san Lorenzo para salvarlo de la rapiña del emperador. El prior del monasterio mandó el cáliz a la capilla del palacio de la Aljafería de Zaragoza. Es posible que, a principios del siglo XV, la reina viuda Margarita de Prades se hubiera llevado el cáliz a Barcelona y luego a Valencia porque los religiosos celestinos, encargados de la capilla real, le pidieron que devolviera reliquias y objetos de orfebrería tras la muerte del rey. Las reliquias fueron devueltas en 1420 y en 1425 se hicieron obras en el palacio real de Valencia para acogerlas en su capilla de Santa Catalina. Un documento del 4 de junio de 1435 cuenta que se acordó custodiar en la catedral de Valencia algunas reliquias reales. Un acta 18 de marzo de 1437 indica que el hermano del rey de Aragón, Juan de Navarra, actuando como lugarteniente y apoderado, depositó de manera definitiva en la catedral de Valencia las reliquias reales más importantes, entre las que se encontraba el cáliz.
En un documento de 1322 Jaime II de Aragón pidió el cáliz de Cristo y la Vera Cruz al sultán de Egipto, An-Nassir Muhammad, por lo que una hipótesis apunta a esta vía y no a san Lorenzo para explicar la llegada de la copa al Reino de Aragón.
El poeta Chrétien de Troyes menciona un grial en su narración Perceval, también llamada Le Conte du Graal, de entre 1181 y 1191. La obra, presentada como tomada de un libro antiguo, habla de la visita de Perceval —quien aspira a ser caballero del rey Arturo— al castillo del Rey Pescador, en el cual se le muestra un grial. Dentro del mismo hay una especie de oblea que alimenta, milagrosamente, al herido padre del Rey. Perceval no pregunta por el significado de este objeto, lo cual le es reprochado más tarde. Aunque posee un claro simbolismo cristiano, en el cual doce reyes reactualizan la Última Cena, Chrétien no explica en qué consiste el grial, y la obra se interrumpe bruscamente. El autor no lo denomina «santo», ni lo designa como «el grial», sino simplemente como «un grial» y considera más importante su contenido —la hostia consagrada del catolicismo— que el recipiente.
La trilogía de obras de Robert de Boron tituladas Joseph d'Arimathie, Merlin y Perceval han sido llamadas conjuntamente a veces Estoire dou Graal. Boron también escribiría, posteriormente, la obra Mort Artu.
Boron, en su poema Joseph d'Arimathie o Roman du Saint Graal, de hacia el año 1200, habla de que Jesús celebró la Última Cena un jueves por la noche en "casa de Simón", usando un grial para la institución de la eucaristía. Luego, una vez muerto Jesús en la cruz, de la herida de su costado provocada por una lanzada, cayó sangre que partió la piedra que estaba en el suelo. Sigue diciendo que, cuando José de Arimatea bajó a Jesús de la cruz, recogió la sangre de sus heridas en ese grial. Para este relato se basó parcialmente en los textos apócrifos Evangelio de Nicodemo, del siglo VI, y Vindicta Salvatoris, del siglo VIII.
Según Boron, José de Arimatea fue a Oriente, donde murió, habiendo entregado antes el grial a su cuñado Bron. Bron habría ido con sus hijos a los valles de Ávalon con el grial y se lo habría hecho llegar a Alain, el tercer guardián del mismo. Esto conectaría con las leyendas en torno a la abadía de Glastonbury.
En su obra Merlin, Boron dice que este mago quería establecer un linaje real capaz de custodiar el grial, enlazando de esta forma con el rey Arturo.

Estos textos, fuertemente influidos por los escritos de san Bernardo de Claraval, presentan la «búsqueda del santo Grial» dentro del marco general de las leyendas del rey Arturo, o Materia de Bretaña. Se añaden así a la tradición otros elementos, tales como una descripción del origen y significado del grial.
El cáliz pertenecía, según estos relatos, al servicio de mesa de José de Arimatea quien, según la tradición, organizó la Última Cena. Después de la crucifixión, José de Arimatea solició a Poncio Pilatos que le entregara el cuerpo de Jesús; el cual hizo enterrar en una tumba de su propiedad. Junto al cuerpo recibió también la lanza de Longinos, reliquia que desde entonces acompañó al Grial.
José fue encarcelado por las autoridades judías y liberado, milagrosamente, tras la resurrección de Jesús. Enfrentado a la persecución, y como era un comerciante con negocios en las minas de estaño de Britania, José se embarcó rumbo a esa isla, llamada también Albión. En su viaje trasportó las dos preciosas reliquias, el Grial y la Lanza, y las conservó consigo en la capilla que erigió en Glastonbury. Al morir José, sus acompañantes Brian y Alan, el gran pescador, fueron encargados de custodiarlas y, desde entonces, hubo un caballero encargado de tal misión, residente en un castillo cercano.
Años más tarde, sir Balin el Salvaje quiso robar el Grial y sir Pelles, su guardián, combatió para impedirlo; al perder su espada, Balin tomó la lanza sagrada e hirió a Pelles. En ese momento el castillo se derrumbó a causa de la profanación y el Grial desapareció de la vista de los hombres hasta que un caballero puro de corazón lo encontrara.
Sir Galahad, el más santo de los caballeros de la Mesa Redonda, halló el cáliz, pero tal era su pureza que ambos, Grial y caballero, fueron tranportados al Reino Celestial.
Históricamente, se ha diferenciado entre el Santo Grial, como creación literaria ligada a la leyenda artúrica, de la reliquia, es decir, el cáliz que usó Cristo en la Última Cena. La Iglesia, por su parte, ignoró la leyenda por completo y sólo un escritor eclesiástico, el mencionado Helinand, la menciona al pasar.
Existen diversas copas o cuencos que han sido considerados como usados por Cristo en la Última Cena:
Según las visiones de la beata Ana Catalina Emmerick, en las Revelaciones de la Pasión, Muerte y Resurreción de Nuestro Señor Jesucristo (texto sobre el que se basó el actor y director australiano Mel Gibson para hacer el guion de su película La Pasión de Cristo), en el cap. IV (titulado El Cáliz de la Santa Cena) se menciona (cita textual):
El gran cáliz se guarda en la iglesia de Jerusalén, cerca de Santiago el Menor, y lo veo todavía conservado en esta ciudad; ¡tornara de nuevo a darse a luz como ha aparecido esta vez!. Otras iglesias se han repartido las copas que lo rodeaban; una de ellas esta en Antioquía, otra en Éfeso: pertenecían a los Patriarcas, que apuraban en ellas cierta bebida misteriosa cuando recibían y daban la bendición, como lo he visto muchas veces.
El brujo británico Aleister Crowley describió a principios del siglo XX el "santo grial" como el vaso de Babalon, la mujer escarlata que aparece subida sobre la Bestia con una copa de oro en Apocalipsis 17, emborrachada con la sangre de los mártires.
Peter Redgrove y Penelope Shuttle vieron, poéticamente, en la imaginería del grial un símbolo de la matriz femenina y del ciclo menstrual.
El filósofo francés René Guénon identifica el grial con el Sagrado Corazón de Jesús. Para este, la pérdida del grial simboliza al hombre desalojado de su centro original por su propia culpa, esto es, la pérdida del "sentido de la eternidad", con lo que se ve en lo sucesivo encerrado en la esfera temporal.
El catedrático de germanística de la Universidad de Salamanca, Feliciano Pérez Varas, sostenía que von Eschenbach habría codificado, en su poema del grial, topónimos y antropónimos mediante unos complejos anagramas. En su interpretación, el sabio y astrónomo que el autor llama Flegetanis sería el astrónomo andalusí al-Bitrūyī (conocido como Alpetragio) y su traductor, Kyot, el poeta Miguel Escoto, quien residía en Dolet (es decir, Toledo). Concluye, pues, que la fuente primigenia de la leyenda del grial sería un texto árabe de astronomía proveniente de la Escuela de Traductores de Toledo.
El periodista Fernández Pousada postuló recientemente la identificación de los personajes del Parzival con diversos objetos de la esfera celeste, siendo el grial una referencia a la constelación Crater.
Algunos autores ligados al esoterismo han elaborado la teoría de una presencia templaria en Argentina, transportando el santo grial. Justifican esta interpretación pseudohistórica con unos supuestos versos del poema de Eschenbach. Sin embargo, los mismos no existen en el poema; son una interpolación moderna debida al profesor de derecho Guillermo Alfredo Terrera.
El investigador ocultista José Ignacio Carmona Sánchez, en su estudio histórico Toledo y la Mesa de Salomón; entre Escila y Caribdis, relaciona al grial con el Castillo de Montalbán y la iglesia de Santa María de Melque en Toledo. Especulaciones que vinculan, sin pruebas históricas, con la leyenda de la Mesa de Salomón y con tradiciones cabalísticas.
A partir del siglo XX, y especialmente en el ámbito anglosajón, se utiliza la expresión "grial" o "santo grial" para designar cualquier tema que es objeto de una intensa búsqueda.

El concepto del Grial estaba presente en el ocultismo alemán anterior al III Reich. Hacia el año 1900 se había fundado en Alemania una sociedad secreta ocultista llamada Hermandad del Santo Grial, también llamada Orden del Grial. Editaba una revista llamada Gott mins uns (que cambió de nombre sucesivamente a Asgard y ¡Zum Licht!). En la década de 1920 la sociedad se había reorganizado con el nombre de Nueva Orden del Grial y tenía una revista llamada Der Gral, que era editada por el ocultista alemán Karl Heise. En 1926 Heise publicó en la revista del nazi Alfred Rosenberg, Der Welt-kampf, un artículo titulado "El hilo conductor de la política masónica contemporánea". La sociedad dejó de existir hacia 1930.
Theodor Reuss, miembro de la Ordo Templi Orientis, escribió en 1906 en la revista Oriflama, una de las más populares de la Alemania de entonces, lo siguiente:
El cáliz del Grial es simplemente el símbolo externo de la enseñanza esotérica, el cual nunca ha dejado de existir en todas las grandes religiones arias para vigorizar e inspirar.
El rosacruz alemán simpatizante de los nazis Arnold Krumm-Heller escribió en 1930 en una revista de su sociedad:
Barcelona, donde fue usado en primer lugar el nombre de Ramla, está situada muy cerca del monte del Santo Graal (Montserrat) que recibió un día la visita del Gran Santo José de Arimatea y hay que tener en cuenta que este fue nacido en RAMLA (Palestina), que con anterioridad se llamó Samuel, y que desde los tiempos del Santo hasta nuestros días ha venido llamándose Ramla-Rambla. Tenemos, pues, un recuerdo del Santo, del Célebre Senador Romano, no solo en la Santa Montaña sino hasta en las Avenidas encantadoras de Barcelona y ellas nos hablan con mudo y silencioso lenguaje del que fuera tan eminente Rosa-Cruz.
Jörg Lanz von Liebenfels escribió en 1913 una artículo en la revista Ostara, de la cual Hitler era lector, un artículo titulado El Santo Grial del misterio de la religión racial ario-cristiana donde afirma que "la leyenda del Grial es una representación del culto a la pureza racial de los antiguos caballeros templarios" y que "el Grial es el Dios-hombre, llevado y mantenido por la mujer casta de clase superior".
Dentro de la Germanenorden, un grupo volkish fundado en 1912, hubo desavenencias y de ahí salieron otras dos organizaciones: en 1916 la Germanenordens Walvater vom Heiligen Gral y en 1918 la Sociedad Thule.
La Germanenordens Walvater vom Heiligen Gral pretendía vincular la superioridad racial alemana y el contacto con la tierra y el pueblo con la de la pureza de la Sangre representada por el Grial. Estaba dirigida por Hermann Pohl. Rudolf von Sebottendorf colaboró con Pohl en la revista mensual Runen, que salió el 21 de cada mes entre enero y diciembre de 1918.
El 17 de diciembre de 1918 se fundó en el hotel de la Cuatro Estaciones de Múnich una logia de la Germanenorden para Baviera, encabezada por Rudolf von Sebottendorf. Este sería el origen de la Sociedad Thule.
Rudolf von Sebottendorf afirmaría que los jerarcas nazis Adolf Hitler, Dietrich Eckart, Rudolf Hess, Heinrich Himmler y Alfred Rosenberg habían sido miembros de la Sociedad Thule, desaparecida hacia 1925.
El jefe de las SS nazis, Heinrich Himmler, se fijó en las obras de Chrétien de Troyes y de Wolfram von Eschenbach. En ellas no se describía el Grial claramente, dejando el objeto sumido en el misterio. Según ellos, el Grial podía conceder incontables bienes, así como matar, herir o provocar la desaparición de quienes no fueran dignos. Las SS buscaron información sobre el Grial en Troyes, donde había nacido Chétrien, y en Eisenbach, donde nació Wolfram.
Por otro lado, el caldero, copa o recipiente mágicos estaban también en la tradición céltica y nórdica. Fueron usados por los dioses como Dagda o Rhiannon. Servían para curar o resucitar guerreros muertos, que regresaban sin habla para no poder contar los secretos del más allá.
Otto Rahn escribió Cruzada contra el Grial (1934) y La Corte de Lucifer (1937). Examinó las conexiones entre las viejas tradiciones griálicas conservadas en la región francesa de Languedoc y el movimiento de los cátaros. Esas leyendas hablaban del Grial como una fuerza espiritual capaz de lograr una transformación en los iniciados. Rahn explicaba que el Grial era inmaterial y que se podía identificar formalmente con una piedra caída de la frente de Lucifer cuando fue expulsado del Cielo, conocida como lapis exilis, que ya había sido mencionada previamente por Von Eschenbach en su obra Parzival.
Según la escritora Heather Pringle una de las estancias del castillo de Wewelsburg pasó a ser conocida como el "Cuarto del Grial" y tenía tenía un cristal de roca que representaba el Grial en el centro.
Himmer ofreció a Rahn un cargo privilegiado en el Instituto Ahnenerbe y en su consejo personal.Otto Rahn, no contaba con la simpatía de la mayoría de jefes del NSDAP por su condición homosexual y por la posibilidad de que tuviera antepasados judíos según investigaciones de la Gestapo.
Para Rahn el castillo del Grial habría podido ser el castillo cátaro de Montsegur pero, tras el exterminio de los cátaros, la Iglesia católica se lo habría llevado a la abadía benedictina de Montserrat. El lugar donde se encontraba el Grial había sido llamado Muntsalvatsche en la obra de Wolfram von Eschenbach y Montsalvat en la obra Parsifal de Richard Wagner.
El miembro de las SS Otto Skorzeny dirigió una exploración a las cavernas cercanas a Montsegur.
Entre el 19 y el 24 de octubre de 1940 Himmler estuvo España. El 23 de octubre estuvo en la abadía de Montserrat. El benedictino Andreu Ripoll hizo de guía porque hablaba alemán. La escritora Montserrat Rico Góngora dijo haber entrevistado al benedictino Andreu Ripoll tres meses antes de su muerte. En 2007 Rico Góngora publicó su novela histórica La abadía profanada donde decía que Himmler había preguntado durante su visita a la abadía por el Grial y por todos los documentos relacionados con él.
El 22 de mayo de 1941, en Madrid, tuvo lugar un acto del Instituto Alemán de Cultura en que estuvieron presentes su director Theodor Heinermann, el ministro de Exteriores Ramón Serrano Suñer, el embajador alemán Eberhard von Stohrer y el arqueólogo Julio Martínez Santa-Olalla. Heinermann habló sobre el Grial y su relación con Montserrat.
El académico José Luis Cardero López ha especulado que el propósito de la torre norte del castillo de Wewelsburg, con la planta baja con la cruz gamada, la intermedia con el sol negro y la alta con la futura cúpula, era que se revelase en ella mediante ceremonias el Grial inmaterial.
Julius Evola, un fascista italiano con vínculos con el nazismo, escribió en 1937 El misterio del grial, donde analiza el tema desde una perspectiva esotérica:
En esencia, el grial simboliza el principio de una fuerza trascendente e inmortal conectada con el estado primordial y perdurable presente en el mismo periodo de la "caída", de la involución o de la decadencia.
El británico John Hardyng, del siglo XV, fue el primero en desarrollar una etimología: como "santo grial" en francés antiguo se dice san-graal o san-gréal esto podría haber hecho referencia a la sang réal, es decir, a la "sangre real". Una teoría pseudocientífica de finales del siglo XX, no aceptada por los historiadores, sostiene que la expresión hace referencia a los supuestos descendientes de Jesús con María Magdalena, que habrían llegado a ser reyes merovingios. Tal hipótesis se desarrolla en el libro de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln titulado en español El enigma sagrado (The Holy Blood and the Holy Grail, en inglés), utilizado a su vez como fuente por Dan Brown para su novela El Código Da Vinci.
La leyenda del santo grial ha sido fuente de inspiración de obras literarias, óperas, películas y series de televisión: