Problema de la suerte moral

El problema de la suerte moral es el problema ético que surge de que en muchos casos, parece correcto evaluar moralmente a un agente pese a que una parte importante de aquello por lo cual es evaluado depende de factores fuera de su control. Tales situaciones se llaman de suerte moral, y entran en conflicto con un principio moral intuitivo, llamado el principio de control, según el cual un agente sólo es moralmente evaluable en la medida en que aquello por lo cual es evaluado depende de factores bajo su control.

Principio de control: Un agente es moralmente responsable sólo de aquello que cae bajo su control y en el grado proporcional a su control.

Corolario del Principio de Control: Dos personas no deben ser evaluadas moralmente de manera diferente si las únicas otras diferencias entre ellas se deben a factores fuera de su control.

El problema tuvo su formulación clásica en los trabajos de Thomas Nagel (1979) y Bernard Williams (1981), ambos titulados Moral Luck.

Lo que hace especialmente problemática la suerte moral es que, el principio de control, a pesar de ser ampliamente aceptado de forma intuitiva, choca con nuestras prácticas morales cotidianas. En la mayoría de las situaciones reales, las personas actúan como si la suerte moral existiese, evaluando de forma diferente a agentes que actuaron de manera idéntica, pero obtuvieron resultados distintos por factores ajenos a su control. El problema de la suerte moral es precisamente la inconsistencia manifiesta entre la aceptación el principio de control y la forma en que realmente juzgamos al resto.

Así, la suerte moral presenta profundas implicaciones para la responsabilidad moral. Si aceptamos que factores ajenos al control de un agente pueden influir en la evaluación moral que merece, esto afecta directamente a cómo culpamos y alabamos a los demás. Es decir; dos personas que actuaron con idéntica intención y realizaron el mismo esfuerzo podrían merecer reproches o alabanzas muy distintas simplemente por cómo resultaron las cosas, por las circunstancias en las que se encontraron, o por las capacidades con las que nacieron. La problemática se ve agravada porque nuestras propias intuiciones morales son inconsistentes entre sí. Por un lado, tenemos la fuerte intuición de que solo es justo evaluar moralmente a alguien por aquello sobre lo que tiene control. Por otro lado, tenemos igualmente la fuerte intuición de que quien causa una muerte es más culpable que quien realizó exactamente la misma acción imprudente sin causarla. Ambas intuiciones no pueden ser satisfechas simultáneamente, lo cual hace que ninguna de las posturas disponibles ante el problema resulte plenamente satisfactoria.

Ante esta tensión, las propuestas de solución pueden dividirse en tres grandes grupos. En primer lugar, quienes niegan que exista la suerte moral defienden que el principio de control debe mantenerse en toda su extensión: dos agentes que actuaron igual deben ser evaluados igual, independientemente de los resultados. En segundo lugar, quienes aceptan la suerte moral consideran que las consecuencias, las circunstancias y las capacidades de cada agente sí importan moralmente, aunque escapen a su control, y prefieren por tanto restringir o negar el alcance del principio de control. En tercer lugar, hay quienes defienden una postura intermedia, aceptando algunos tipos de suerte moral pero rechazando otros, argumentando por ejemplo que la suerte circunstancial y la constitutiva son moralmente relevantes, pero no lo es la suerte resultante.

Casos y posturas

¿Cómo puede ser esto? Un caso paradigmático de suerte moral sería, por ejemplo, el siguiente:

- Caso de las conductoras A y B: Dos conductoras (A y B) conducen de noche por la misma carretera bajo un estado de embriaguez exactamente igual. La conductora A conduce unos minutos por delante de la conductora B. De repente, un niño se cruza corriendo en la carretera. La conductora A no logra frenar a tiempo y lo atropella mortalmente. La conductora B, cuando pasa por el mismo punto minutos después, no se encuentra a nadie. Ambas realizaron la misma acción imprudente con la misma intención, pero solo A tuvo la mala suerte de que hubiera un niño en su camino. Este caso ilustra el núcleo de la suerte moral, que Nagel define del siguiente modo: “Cuando un aspecto significativo de lo que alguien hace depende de factores que están más allá de su control, y continuamos tratándole a este respecto como objeto de juicio moral, a eso podemos llamarlo suerte moral” (Nagel, 1979, p. 26). En otras palabras, la suerte moral ocurre cuando el azar (aquello que escapa al dominio del agente) determina aquello por lo que se considera moralmente responsable. En el ejemplo, el aspecto significativo es la muerte del niño, que depende de un factor fuera del control de A (la presencia del niño en ese instante). A pesar de ello, tendemos a juzgar a A como más culpable que a B.

En algunos casos de suerte moral, lo que varía no es el resultado de la acción, sino las circunstancias en las que los individuos actúan. Personas con la misma disposición interna (las mismas intenciones o tendencias a actuar) terminan obrando de forma distinta solo porque la suerte las coloca en situaciones diferentes.

- Caso de los crímenes durante la dictadura: Militares y policías de una misma dictadura: unos fueron destinados a tareas de tortura y asesinato; otros, por pura asignación administrativa (suerte), fueron enviados a embajadas en el extranjero. Estos últimos habrían cometido los mismos crímenes de estar en las mismas circunstancias. Sin embargo, solo por suerte no son moralmente censurados ni castigados, mientras que los primeros sí lo son.

A continuación, cabe desarrollar las tesis que defiende la postura a favor y la escéptica (siguiendo con el ejemplo):

1. Postura que, pese a las apariencias, niega que exista la suerte moral: La diferencia de juicio no está justificada, ya que ambas conducto ras controlaban exactamente lo mismo (su decisión de conducir ebrias) y la presencia del niño fue un factor azaroso. Por tanto, ambas son igualmente responsables y merecen el mismo reproche moral.

2. Postura que acepta la existencia de la suerte moral: Los defensores de la suerte moral dirían que sí, pues A ha causado una muerte y eso la hace más culpable que a B. Sostendrían que las consecuencias importan moralmente. La suerte (la presencia fortuita del niño en el camino de A y su ausencia en el de B) marca una diferencia moral genuina entre ambas conductoras.

Tipos de suerte moral

Cabe distinguir 4 clases de suerte moral:

a) Suerte resultante: Aquella relativa a los resultados de acciones idénticas. Tiene lugar cuando dos agentes actúan de manera idéntica, pero obtiene resultados distintos por factores completamente ajenos a su control. El ejemplo más paradigmático es el siguiente: dos conductores igualmente imprudentes circulan a toda velocidad por el centro de una ciudad llena de colegios dentro del horario de salida. Uno de ellos atropella a una niña y la mata, mientras que el otro no lo hace, simplemente porque la niña salió corriendo a la calle en un momento determinado. De haber salido tres segundos más tarde, la habría matado el segundo conductor. Pese a haber actuado de forma idéntica, la evaluación moral y las consecuencias penales que reciben son muy diferentes.

b) Suerte circunstancial: Aquella relativa a las circunstancias que cada individuo se encuentra. Tiene lugar cuando dos agentes habrían actuado de igual manera de no ser porque se encuentran en circunstancias diferentes por razones ajenas a su voluntad. Por ejemplo: los militares y policías durante la dictadura franquista. Unos fueron destinados a participar en torturas y asesinatos de un gran número de víctimas, mientras que otros, con la misma disposición a actuar, fueron asignados por motivos puramente administrativos a trabajar en embajadas en el extranjero. Solo por esa circunstancia ajena a su control, estos últimos no cometieron los mismos crímenes, y sin embargo no son objeto del mismo reproche moral.

c) Suerte constitutiva: Aquella relativa a las capacidades y características personales, influida por ejemplo por lagenética o el entorno vital. Se da cuando dos agentes actúan con idéntica motivación y esfuerzo, pero obtienen resultados muy distintos por diferencias en sus capacidades innatas. Por ejemplo: imaginemos a dos jóvenes que deciden trabajar duramente para donar todo lo que puedan a causas altruistas, con idéntica motivación y sin interés alguno en el reconocimiento. Una de ellas, con una mente brillante, consigue a lo largo de los años donar una inmensa cantidad de dinero. La otra, con capacidades menos notables, dona una cantidad cientos de veces menor pese a esforzarse igual. El reconocimiento que recibe cada una es muy diferente, aunque ninguna tiene control sobre sus capacidades innatas.

d) Suerte causal: Aquella relativa a las cadenas causales fuera del control del individuo. Se produce cuando las causas que determinan las decisiones y acciones de un agente escapan a su control. Esta forma de suerte está estrechamente relacionada con el debate filosófico sobre el determinismo: si todas nuestras acciones están causalmente determinadas por factores anteriores a nosotros, como nuestra genética o nuestra educación, podría argumentarse que ningún agente es verdaderamente responsable de nada. Otro ejemplo sería el de alguien que crece en un entorno de violencia y acaba actuando de forma violenta: las causas que determinaron su carácter y sus decisiones escapaban en gran medida a su control, lo cual plantea hasta qué punto es justo atribuirle plena responsabilidad moral por sus actos.

Véase también

Referencias

  1. 1 2 Nelkin, Dana K. «Moral Luck». En Edward N. Zalta, ed. Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2008 Edition edición). Consultado el 4 de octubre de 2009.
  2. ↑ Nelkin, Dana K. «Moral Luck». En Edward N. Zalta, ed. Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2008 Edition edición). Consultado el 4 de octubre de 2009.
  3. ↑ Williams, B. (1976). «Moral Luck». Proceedings of the Aristotelian Society, Supplementary Volume L, 50, pp. 115-135.
  4. 1 2 Nagel, T. (1981). La muerte en cuestión: ensayos sobre la vida humana. México: Fondo de Cultura Económica, cap. 3.
  5. ↑ Zimmerman, M. (2002). «Taking Luck Seriously». The Journal of Philosophy, 99, pp. 553-576.
  6. ↑ Enoch, D. (2010). «Moral Luck and the Law». Philosophy Compass, 5, pp. 42-54.
  7. ↑ Slote, M. (1994). «The Problem of Moral Luck». Philosophical Topics, 22, pp. 397-409.
  8. ↑ Zimmerman, M. (1987). «Moral Luck: A Partial Map». Canadian Journal of Philosophy, 36, pp. 585-608.

Bibliografía adicional