Venatio

Medallón de bronce con la figura de un hombre luchando contra un animal salvaje (venatio).

Venatio, en la Antigua Roma, es el nombre que recibían los espectáculos que se celebraban en el circo o en el anfiteatro y en el que intervenían animales exóticos y salvajes, dentro de la celebración de los ludi (juegos) romani.

A diferencia de los combates de gladiadores —que fueron extinguiéndose por la condena moral del cristianismo y el elevado coste de su organización—, las venationes sobrevivieron durante siglos convertidas en exhibiciones del dominio humano sobre la naturaleza y la grandeza del poder imperial.

Sobre los ludi

Fresco que describe una venatio, hallada en el Anfiteatro de Mérida y expuesta en el Museo Nacional de Arte Romano de la misma ciudad.

A la sociedad romana en general le apasionaba los juegos. En época imperial el teatro, anfiteatro o circo son lugares donde se daba rienda suelta a la vox populi. Los principales espectáculos públicos, los ludi, que tienen un origen pagano y sólo pueden darse en las fechas de festividades religiosas, podían ser de varios tipos (circenses, scaenici, gladiatori, naumaquias, venationes). Inicialmente sólo tendrían lugar en Roma. Pero en el proceso de romanización se van implantando en otros lugares de la misma forma que en la capital del Imperio. El que organiza los juegos es un magistrado en función, edil y/o cónsul. Igual sucede en las provincias, que son organizados por los quattorviros, con el consentimiento de la curia.

Además de los ludi oficiales existían los ludi libres, es decir, que cualquier persona podía organizar y pagar los juegos, estos son los munerarius, personas con poder económico que pretenden granjearse el favor de la población en un acto de evergetismo, sufragando el coste de algo público (organizar los juegos, construcción de un acueducto, termas, arreglos públicos…) de su bolsillo y por voluntad propia, con la segunda intención de la popularidad. Esto se hace con unas límitaciones: los ludi libres no pueden ser más espectaculares, ni durar más que los ludi oficiales. Todos tienen un lugar concreto y los más sencillos de llevar a cabo son los ludi scaenici, que se llevan a cabo en el teatro, siendo este recinto es el que más encontramos, así como el más barato. No tan extendido estaba el anfiteatro, en él se llevan a cabo las venationes. El circo y el anfiteatro quedarían reservados para lugares con una alta consideración político–administrativa. Los juegos circenses también eran una forma de demostrar el poder, dependiendo de quienes pisaran la arena.

El uso de fieras en los ludi de Hispania Romana

Las fuentes literarias antiguas referentes a la celebración de ludi en la Hispania romana son escasas. De hecho, solamente mencionan que en Carthago- Nova en el año 206 a C. Escipión el Africano organizó un munus gladiatorium en memoria de su padre y de su tío, en el que no participaron gladiadores profesionales, sino que pelearon de forma voluntaria y gratuita guerreros hispanos para mostrar su valor o para honrar al general. En Gades en el año 44-43 a. C. Balbo el Menor financió unos ludi, y que en Caesaraugusta en el año 504 se celebró un espectáculo en el circo.

Mosaico escena de gladiadores y bestiarii

Las venationes

Estos espectáculos, tenían lugar por la mañana, dentro de los ludi matutini (“a partir del alba”, según Suetonio), en unas horas que el romano dedica a desarrollar sus actividades y eran un aperitivo de lo que solían ser los juegos gladiatorios, por lo que eran considerados inferiores a estos.

Fueron introducidos oficialmente en Roma por Fulvio Nobilior con motivo de la victoria romana sobre los etolios (186 a C.)., pero ya se habían popularizado a partir de la batalla de Zama (202 a C..), ocasión propicia para la captura de fieras africanas. Las venationes eran protagonizadas por un grupo especial de luchadores llamados uenatores o bestiarii y podían ser de varios tipos:

Los uenatores no eran tan apreciados como los gladiadores; de hecho, apenas se conservan epitafios que se refieran a ellos. En Hispania sólo están documentados unos harenarii que trabajarían en el anfiteatro de Itálica, los cuales aparecen como oferentes de la lápida sepulcral de un insignarius que, en este caso, se refiere al responsable de cuidar o proveer las armas a estos uenatores del anfiteatro más que al soldado que portaba las insignias.

Los animales

Procedían de todos los confines del imperio, enviándose por tierra o por mar con ayuda de los gobernadores provinciales. Muchos de ellos eran capturados en las extensas haciendas de ciudadanos romanos afincados en Asia y África. Las bestias africanas fueron consideradas elementos necesarios en los espectáculos y uenationes del anfiteatro. Columela narra que un tío suyo, Marcos Columela, admirado del colorido de un lote de carneros africanos que unos munerarii habían traído a Gades, los compró para emparejarlos con sus ovejas de lana fina. Los carneros adquiridos por el tío de Columela estaban destinados originalmente al anfiteatro, y a tenor del relato parece indicar que Gades era un lugar especializado en la importación y distribución de fieras africanas, lo que no resultaría impropio considerando el papel de la vieja colonia fenicia en la explotación de los recursos naturales de África y los vínculos humanos, culturales y legales existentes entre ambas orillas del Estrecho de Gibraltar

El comercio de fieras

Como estos espectáculos venatorios no se celebraban solamente en Roma, sino en todas las grandes y pequeñas ciudades, para poder reunir las fieras necesarias había que organizar constantemente cacerías a gran escala; unas veces, las fieras eran suministradas directamente a los organizadores de las fiestas, y otras veces a los comerciantes que se dedicaban a comprarlas y a venderlas. El coste de la uenatio estaría en relación con el valor de las fieras compradas para el espectáculo, pues no era lo mismo traer leones desde África (más caros, debido a los altos costos de su transporte) que comprar osos, jabalíes o toros a los cazadores de la comarca. Además, el largo viaje determinaba que muchos animales llegasen moribundos. En cuanto a posibles proveedores de fieras para un anfiteatro tenemos a un circumgestator de Carthago Nova y un possessor leopardorum que mercadeaba por el Guadalquivir. Aunque estas profesiones son de dudosa interpretación.

La intervención estatal

El análisis de las constituciones imperiales conservadas en el Código Teodosiano y posteriormente integradas en el Código de Justiniano, realizado por la investigadora Rosa María Carreño Sánchez, permite documentar la regulación administrativa y legal sobre la captura, traslado y monopolio de animales exóticos en el Imperio romano tardío.

El ejército romano disponía de unidades destinadas a la localización, captura y custodia de la fauna silvestre en las zonas fronterizas. Entre estas tropas figuraban los ursuarii, los vestigiatores y el personal asignado ad leones.

Durante la Antigüedad Tardía, la disminución en la disponibilidad de grandes felinos impulsó la creación de un monopolio estatal sobre los leones. Esta medida buscaba asegurar el suministro exclusivo para los espectáculos organizados por el emperador y prohibir la competencia o tenencia de estos animales por parte de particulares.

El traslado de la fauna hacia los vivaria imperiales o las principales urbes implicaba obligaciones logísticas para las provincias, las cuales debían proveer suministros a los encargados del transporte mediante los recursos locales. No obstante, la prolongación injustificada de las estancias de transporte provocaba perjuicios económicos a las ciudades e incrementaba el riesgo de uso no autorizado de los animales en espectáculos privados. Para evitar estas irregularidades, la legislación imperial fijó sanciones económicas en oro aplicables a los mandos militares que incumplieran la normativa.

Referencias

  1. 1 2 «Una investigación de la UC3M revela la maquinaria militar y las leyes que hacían posible la llegada de fieras a los anfiteatros». Universidad Carlos III de Madrid.
  2. ↑ Livio, Ab Vrbe condita, XXVIII, 21²
  3. ↑ Cicerón: Ad familiares, X, 32
  4. ↑ Crónica Caesaraugustana, 222
  5. ↑ Livio, Ab Vrbe condita. 39, 22, 1-2.
  6. ↑ Marcial: Liber Spectaculorum 1, 6, 14, 22, 48, 104.
  7. ↑ Marcial: Liber Spectaculorum 21, 7-8;19, 2
  8. ↑ Livio.Epítome. 51
  9. ↑ Sobre el empleo de fieras africanae/libycae en espectáculos, CIL IX, 2350 y X 539; es presumible que designaciones de esta clase indicasen tanto el origen de los animales como una clase estereotipada de atracción, cf. H. de Villefosse, «CRAI» 1910, p. 135.
  10. ↑ CILA II, 133. (votum) s(usceptum) l(ibentes) s(olverunt) / [- - - i]nsigniarius / [- - - ann(orum) - - -]XX h(ic) s(itus) e(st) / [- - - titulum posueru]nt (...)
  11. ↑ De Re Rústica, 7.2.4.5
  12. ↑ Para el uso de ovinos en el anfiteatro, cf. Marcial, Liber Specaculorum. XXI y nótese que Julio Capitolino, en su Vita Gordiani (SHA ed. Hohl 20 3, 7-8) se refiere a una atracción con oves ferae.
  13. ↑ El precio de un león llegó a alcanzar los 150.000 HS y un leopardo 100.000 [CIL III p. 801-41]
  14. ↑ Sínmaco. Epistulae II 76
  15. ↑ CIL II 3442 situlari[us - - - / - - -]s Ser(gia? circum/gestator)
  16. 1 2 CIL II 6328 (Ex genio / Bubalici // Manus Aureli / Pacatiani filius / possessor leopardoru(m) / denudator gima/nasius(!) Arescu(sae))
  17. ↑ Carreño Sánchez, Rosa María (01/06). «De venatione ferarum (CTh. 15.11): Aspectos jurídicos sobre la captura y transporte de animales exóticos para los espectáculos públicos». Revista General de Derecho Romano 46. ISSN 1697-3046.

Bibliografía

Enlaces externos