
Un versolari (en euskera bertsolari, literalmente 'versificador') es una persona que practica el versolarismo, es decir, el arte de improvisar poemas en vasco. Son tanto cantautores como poetas (en euskera, olerkari).
El versolarismo forma parte de una tradición de literatura oral y popular en euskera, remontándose al menos al siglo XVIII. Se trata de un tipo de arte en el que los versos se improvisan al momento, siguiendo unas reglas de rima y métrica concretas. Puede practicarse en un entorno informal, como en las plazas de los pueblos, o de manera más competitiva a través de campeonatos de ámbito provincial y especialmente en el Bertsolari txapelketa nagusia (Campeonato Mayor de Versolaris), celebrado a nivel de Euskal Herria.
El versolari es considerado «sujeto activo de la poesía oral», aunque otros autores como Bernardo Atxaga lo expresen de otra manera:
Aunque prefiero esa definición, la del bertsolari como hablante especial, no puedo dejar de lado otras que lo equiparan al poeta popular o a un autor de la literatura oral; un autor capaz de una elaboración artística en la que -al ser la estrofa una improvisación- la invención, la disposición de los elementos y la expresión se realiza simultáneamente.
El poeta y estudioso del versolarismo Juan Mari Lekuona, sobrino de Manuel de Lekuona, describió la tarea del poeta de la siguiente manera:
En un plazo escaso de segundos el bertsolari ha intuído y ordenado materiales de su composición, ha elaborado su borrador mental; pero -y aquí reside una de las particularidades más singulares y raras de este proceso inventivo, formativo y expresivo- él concebirá su estrofa empezando no por su principio sino por su terminación final, por el último verso, subiendo luego del principio al medio. Diríamos en euskera que monta su estrofa "atzekoz aurrera" (de atrás adelante), cumpliéndose exactamente el axioma filosófico escolástico de que el fin es lo primero en la intención aun cuando sea lo último en ejecución.
Manuel de Lekuona, en el congreso realizado por Eusko Ikaskuntza en 1930, en Vergara, con su conocido discurso llevó el origen del bertsolarismo hasta el neolítico, siendo los primeros versolaris los pastores euskaldunes del neolítico, costumbre de improvisación que mantendrían aún en la llanada Alavesa hasta finales del siglo XIX. No obstante lo cual, desde un punto de vista histórico, no existen referencias al bertsolarismo anteriores al siglo XIX, por lo que más allá de difusas referencias a las necesarias fuentes de transmisión orales a las que el ser humano estaba abocado en todos los lugares del globo antes de la plasmación escrita del lenguaje, el bertsolarismo tal y como actualmente se entiende es un fenómeno de expresión cultural y artístico decimonónico, propio de la construcción de identidades nacionales que tuvo lugar en dicho siglo.
A lo largo de la historia ha sido documentada una transformación estructural en la práctica del versolarismo, antiguamente caracterizada por ser únicamente una tradición realizada por hombres hasta hoy en día que es practicada por mujeres en espacios públicos y profesionales.
A lo largo de los siglos, la narrativa dominante limitó la definición del bertsolarismo a una tríada compuesta por la improvisación oral, el escenario público de la plaza y la exclusividad masculina en el protagonismo (plazagizon). Sin embargo, las investigaciones revelan que esta interpretación ha ignorado otras vertientes esenciales. Al dirigir la atención académica hacia los bertso-jarriak (versos escritos y elaborados), se evidencia la existencia de una constante actividad poética femenina llevada a cabo en entornos privados, domésticos y comunitarios, con ejemplos históricos documentados como los trabajos publicados por Bizenta Mogel en 1818.La participación de las mujeres en la improvisación oral data, por lo menos, del siglo XV mediante los eresiac (lamentos fúnebres improvisados). La importancia y el aspecto esencial de estas acciones públicas condujeron a su regulación y prohibición expresa en normativas como los Fueros de Bizkaia de 1452. Este tipo de sanciones favoreció el encierro de la actividad femenina en el ámbito doméstico en épocas posteriores.
La manera de aprender versos cambió mucho durante los años ochenta. Surgieron las bertso-eskolak, unas escuelas que cambiaron la visión del versolarismo: dejó de ser visto como un don reservado a los hombres a impartirlo como una técnica que se puede enseñar en clase. Muchas mujeres empezaron a ir a clases de versolarismo, siendo un claro ejemplo Kristina Mardaras, que logró destacar convirtiéndose en la primera mujer en participar en un concurso público de versolaris en aquella época. Su presencia rompió el estereotipo masculino en los escenarios, continuando su camino otras referentes como Arantzazu Loidi.
La estructura institucional y cultural quedó fijada en 2008 al fundarse el "Genero Taldea" dentro de la Bertsozale Elkartea. No buscaban solamente que hubiera más mujeres sobre los escenarios, querían revisar cómo puntuaban los jueces, modificar los temas de sesgos masculinos y metieron la perspectiva de género en la organización y en las escuelas. En 2009 Maialen Lujanbio ganó el Concurso de Versificación de Euskal Herria, siendo al comienzo de la estrofa de despedida una reivindicación de las mujeres:
Gogoratzen naiz lehengo amonen
zapi gaineko gobaraz,
gogoratzen naiz lehengo amonez,
gaurko amaz ta alabaz (…)
Recuerdo la colada de las abuelas de antes
sobre la ropa
recuerdo las abuelas de antes,
las madres y las hijas de hoy (...)