
El vulcanismo o volcanismo (del latín Vulcānus, Vulcano, dios del fuego, y el sufijo -ismo) es el fenómeno por el cual roca fundida (magma) y sus gases asociados ascienden a través de la corteza y emergen en la superficie de un planeta o satélite de litosfera sólida. Comprende la totalidad de procesos resultantes de la actividad magmática, desde la generación del magma en el manto o la corteza inferior hasta su extrusión en forma de lava, emisión de piroclastos y gases volcánicos a través de fisuras o chimeneas (respiraderos).
El magma, menos denso que las rocas circundantes, asciende por flotabilidad. Al alcanzar la superficie, su comportamiento eruptivo está determinado principalmente por su viscosidad, que depende de la temperatura, el contenido de sílice (SiO₂) y la cantidad de gases disueltos:
Cuando el magma no logra alcanzar la superficie, se enfría y solidifica en el subsuelo, formando cuerpos plutónicos o intrusiones. Durante este enfriamiento lento, los minerales cristalizan a diferentes temperaturas; este proceso, denominado cristalización fraccionada, modifica la composición química del magma residual, haciéndolo progresivamente más silíceo y evolucionado. Inyecciones posteriores de magma fresco pueden movilizar estas cámaras parcialmente solidificadas y desencadenar erupciones tardías.

El vulcanismo es una manifestación superficial de la convección del manto. Las corrientes de convección, generadas por el calor interno de la Tierra (proveniente de la desintegración radiactiva y del calor primordial), transfieren energía térmica y movilizan el material del manto. Este movimiento, combinado con la isostasia y la gravedad, impulsa la tectónica de placas, que a su vez controla la distribución global del vulcanismo: en bordes divergentes (dorsales oceánicas), bordes convergentes (zonas de subducción) y puntos calientes intraplaca.

Un volcán es toda estructura geológica por la cual emerge el magma. Su morfología (escudo volcánico, cono de ceniza, estratovolcán, domo de lava, etc.) depende de la composición del magma, el tipo de erupción y el ambiente tectónico.

Cuando el magma se solidifica bajo la superficie, genera cuerpos intrusivos de diversas geometrías: batolitos (macizos de gran tamaño), lacolitos (con forma de hongo), lopolitos (en forma de cubeta), diques (cortan la estratificación) y láminas o sills (paralelas a la estratificación).
Los movimientos del magma, la fracturación de rocas y la actividad hidrotermal generan una sismicidad característica, generalmente de baja magnitud pero con patrones específicos (temblores armónicos, tremor volcánico) que son fundamentales para la monitorización y predicción de erupciones.
La interacción del agua subterránea con cuerpos magmáticos someros da lugar a sistemas hidrotermales. Sus manifestaciones superficiales incluyen géiseres, fumarolas, aguas termales y ollas de lodo (mudpots). Estas zonas son aprovechadas para la energía geotérmica.
Las erupciones explosivas de gran magnitud inyectan grandes cantidades de ceniza volcánica y aerosoles (especialmente dióxido de azufre) a la estratosfera. Estos aerosoles reflejan la radiación solar, provocando un enfriamiento global temporal. Existe una correlación bien documentada entre grandes erupciones (p. ej., monte Tambora 1815, monte Pinatubo 1991) y descensos anómalos de la temperatura media planetaria.
La textura y composición de la roca ígnea resultante dependen de:
Las rocas encajantes en contacto con intrusiones magmáticas pueden sufrir metamorfismo de contacto (transformación mineralógica por calor) o metasomatismo (alteración química por fluidos hidrotermales circulantes).

El vulcanismo no es exclusivo de la Tierra. Es un proceso geológico común en cuerpos planetarios con interior diferenciado (corteza sólida y manto parcialmente fluido). Ejemplos notables en el sistema solar incluyen:
Se presume la existencia de vulcanismo en exoplanetas de composición y régimen térmico similares.