
En meteorología y náutica, el fenómeno muchas veces denominado con el término williwaw, aunque mencionado también en español como fugada, fugada recia o "chubasco de viento", es una repentina y fuerte ráfaga de viento que desciende de una costa montañosa hacia el mar o cuerpo de mar confinado, como un estrecho, canal o fiordo.
Las fugadas o williwaws se producen por el descenso del aire frío y denso desde las montañas costeras nevadas y los campos de hielo en las latitudes altas, acelerando por la fuerza de gravedad. Así, el williwaw se considera un tipo de viento catabático. De manera que este fenómeno es recurrente en costas frías cercanas glaciares, cordilleras o serranías, como los canales, estrechos y fiordos de la Patagonia occidental (Magallanes), las Aleutianas, Alaska, Columbia Británica y Groenlandia.
El fenómeno es sumamente impredecible, apareciendo muchas veces precedido de calmas y en condiciones de cielo despejado. Por esto es temido y respetado por los marineros, pues puede hacer volcar, sosobrar o encallar a una embarcación, sobre todo menor. De manera que se toman medidas preventivas al fondear en lugares en los que ocurren fugadas o williwaws, como amarres múltiples y suplementarios a diferentes elementos de la costa, como seguridad adicional a un anclaje regular.
El derrotero de 1874 de Francisco Chacón y Pery, describiendo el fenómeno de las fugadas o "chubascos de vientos" para la zona de Magallanes, señala que, aunque pueden ocurrir en cualquier época del año, son más recurrentes en los meses equinocciales (marzo y septiembre), y que son especialmente peligrosos para embarcaciones menores, que no pueden dar vela menuda en esas circunstancia. Chacón recomienda que en esa área no se larguen botes sin víveres para varios días, aunque el tiempo parezca bonancible, previendo la posibilidad de que sean sorprendidos por las mencionadas fugadas y separados incontroladamente de la embarcación madre.
La expresiones "fugada", "chubasco de viento" y "williwaw" (que comenzó, esta última, a ser registrada en bitácoras y derroteros en lengua inglesa), eran ya eran utilizadas en el siglo XIX. El uso aparece asociado primero a este tipo de vientos en el área del estrecho de Magallanes, donde el fenómeno fue descrito, por ejemplo, por Fitz Roy en el relato de su viaje publicado en 1839. Después la palabra williwaw ha sido aplicado también a las islas Aleutianas y los fiordos costeros de la región noroccidental de Alaska, donde los términos outflow wind (viento saliente) y squamish wind (por el pueblo squamish o salish, que habita hasta hoy en los alrededores de la Columbia Británica). En Groenlandia se utiliza la palabra piteraq.
El almirante británico Robert Fitz Roy en su Diario de viaje como comandante del HMS Beagle, publicado en 1839, describe lo que son los williwaws en la zona de Magallanes y da recomendaciones de cómo evitarlos, recomendaciones valederas hasta nuestros de hoy:
En la noche el tiempo se convirtió en algo más moderado, pero en la mañana del 31, el viento aumentó de nuevo a temporal, y hacia el mediodía, los williwaws eran tan violentos, que nuestro pequeño cúter, que se encontraba a la popa del buque, fue volcado, aunque no tenía ni siquiera un mástil colocado. La nave se escoraba, como si estuviera navegando con su velamen desplegado, todas las cosas sueltas eran lanzadas hacia sotavento con un estrépito general (no habíamos trincado para la mar, pues estábamos amarrados en esa pequeña ensenada), pero estas explosiones de las montañas pasaban tan rápidamente, que con una buena cantidad de cadena arriada, era forzada a trabajar al máximo antes que la ráfaga hubiese pasado. Como el temporal aumentaba, en la tarde, los masteleros fueron afirmados; y aun así, en las ráfagas, sus bases levantaban muchas hiladas cuando eran cogidos por la cuadra. En la noche continuaron en tan rápida sucesión, que si la calidad del fondo no hubiese sido tan buena y nuestras amarras a tierra tan fuertes, habríamos sido lanzados sobre las rocas.
(...) Estar a sotavento de tierras altas no es el mejor fondeadero en estas regiones. Cuando se encuentre un buen tenedero a barlovento de una altura, y tierras bajas a barlovento del fondeadero, suficientes para que la mar rompa, ese lugar es mucho más preferible, porque el viento es constante y no es devuelto por las alturas. El lado de sotavento de esas alturas es mucho peor que el lado oeste del peñón de Gibraltar cuando sopla el fortísimo Levante.Robert Fitz Roy, Narraciones de los viajes del 'HMS Adventure' y 'HMS Beagle', volumen I, capítulo XXI, pág. 390
En esa oportunidad Fitz Roy con el HMS Beagle se encontraba fondeado en un puerto de los canales fueguinos chilenos, los canales que forman las islas que quedan al oeste de la Tierra del Fuego y al sur del Estrecho.
La expedición de la goleta Ancud, comandada por el capitán Juan Guillermos, en la que Chile tomó posesión del Estrecho de Magallanes, también registró la ocurrencia de este fenómeno de fugadas recias en muchas ocasiones. Por ejemplo, la expedición enfrentó este tipo de vientos "que bajaban de los cerros" el 16 de septiembre de 1843, en Angosturas de Guías, y antes de entrar en el Canal San Esteban, el 19 de septiembre, en las cercanías de los cabos Holland y Froward:
"A las 4 h. P. M. el cabo Holland les demoraba al NO. i a las 5 h. 3 0 P. M. el cabo Froward al NE. i a la distancia de 5 millas, donde les calmó el viento de una manera repentina. En seguida comenzó la brisa por el E. que rondó en seguida al NE. a fugadas recias que bajaban de los elevados montes del cabo Froward, que llaman los ingleses williwaws. Tomaron todos los rizos, manteniendo la goleta con el trinquete bajo tres rizos i el foque con dos".Nicolás Anrique R. (1901). Diario de la goleta Ancud al mando del capitán de fragata don Juan Guillermos (1843): Para tomar posesión del Estrecho de Magallanes, pp. 37-38.
En lo que respecta a Chile, estos vientos no son privativos del área del estrecho de Magallanes, sino que se presentan además en toda la zona de los canales patagónicos y de los canales que forman las islas que quedan al oeste de la Tierra del Fuego y al sur del Estrecho.
La primera novela de Gore Vidal, Williwaw, de 1946, está basada en un barco en las islas Aleutianas que experimenta las características de los williwaw.
La novela del año 2000 Williwaw!, del escritor estadounidense Tom Bodett (n. en 1955), trata de dos niños que casi mueren en un williwaw.
En el episodio "Finish Line" de Deadliest Catch (una serie documental traducida en español como «Pesca Radical»), el buque Aleutian Ballad es golpeado por un williwaw, que daña el buque y lo vuelca de costado.