Yacampis

Yacampis
Otros nombres Diaguita
Ubicación ArgentinaBandera de Argentina Argentina
Idioma kakán
Religión Animismo
Etnias relacionadas Sherkáin ("Hijos del rayo" en cacán)
"Piedra Pintada", Villa San Agustín, Valle Fértil
"Piedra Pintada", Villa San Agustín, Valle Fértil

Yacampis fue el nombre que los registros coloniales de la segunda mitad del siglo XVI y del siglo XVII les dieron a grupos indígenas de habla kakana que habitaron dispersos en el centro-oeste de la actual Argentina. Con el etnónimo yacampis, la administración colonial se refiere a una parcialidad diaguita diferenciada que habitó la provincia de La Rioja y el noreste de San Juan, en la región de Valle Fértil y el valle del Río Bermejo. Como los pueblos diaguitas más meridionales en el amplio territorio de la nación diaguita o sherkáin, los yacampis se diferenciaron por hablar un kakán distinto al de los otros pueblos diaguitas.

Si bien el vocablo yacampis como identificación étnica se habría originado a partir del nombre de un clan familiar de esta parcialidad, los registros coloniales lo usaron para identificar a diversos grupos emparentados o no, que encontraron habitando la región. Como categorías de registro colonial se abandono en los siglos XVIII y XIX. En este sentido, tampoco se conoce con qué nombre se habrían reconocido entre ellos como parte de un mismo grupo, si es que hubieran sido un grupo cohesionado.

Etimología

En tanto exónimo colonial, el nombre yacampis no sería el usado por estos pueblos para identificarse a sí mismos. Incluso, estudios recientes apuntan a relacionar el origen de este nombre al de la familia o líder dominantes en la zona al momento del arribo de los españoles. En 1588 aparece en una cédula de encomienda al capitán Juan Baldovinos de Leyde el nombre de un líder llamado Capaya-Yacambis de la región Angacao (actualmente Jáchal).

A su vez, los yacampis aparecen en la fundación de la ciudad de La Rioja el 20 de mayo de 1591 bajo el nombre de Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, por el gobernador del Tucumán, Juan Ramírez de Velasco. El acta de fundación de la ciudad indica que en la madrugada del 10 de mayo la expedición española entró al "valle de los Yacampis" habitado por este pueblo originario. El escribano Luis de Hoyos da testimonio que la expedición española capturó a unas treinta personas, incluido el cacique local, logrando someter a los nativos sin gran resistencia, impulsados por el temor a las armas y la actitud de los conquistadores.

Etnología de los yacampis

Este pueblo es clasificado como la parcialidad más meridional de la etnia diaguita que habitó el actual noroeste argentino. En la actualidad, los estudios etnológicos, etnohistóricos y arqueológicos dedicados a este grupo concuerdan en que los yacampis vivieron entre el siglo XI d. C. y la llegada de los españoles a partir de 1562. Para la teoría etnológica clásica sobre el poblamiento cuyano sostenía una "frontera étnica" en Valle Fértil como el límite en donde los pueblos encontrados por la colonización española dejaban de hablar el kakán para hablar la lengua huarpe.

Sin embargo, las vinculaciones socioeconómicas que evidencian el tráfico de objetos entre uno y otro lado de los Andes nos hace pensar lo contrario. Los valles y quebradas serranas de la sierra de Valle Fértil habría servido de corredor interregional entre el Tucumán y la precordillera sanjuanina, conectando a los grupos humanos que habitaron la región con el lado occidental de los Andes (el país de los Chilis). De este modo, se habría desarrollado estas sierras como un territorio de convivencia pluriétnica entre diversas culturas y lenguas, principalmente estructurada a través de relaciones de linajes y no dentro de grupos étnicos.

Junto a otros etnónimos que impusieron los colonizadores -por ejemplo, el exónimo capayán para referirse a los capayanes como etnia diferenciada-, el término yacampis originalmente podría proceder de epónimos de los pueblos nativos, nombres con los que se conoció a eventos y personajes importantes asociados a la defensa del territorio, -como por ejemplo, en el valle Calchaquí se conoce a los pueblos calchaquíes por la referencia al cacique Juan Calchaquí para los españoles (Kalér Mokáiñ en kakán), o el Tucumán, conocida como la tierra de Tuc'ma-, pero que no comportaban diferencias étnicas, culturales, religiosas, lingüísticas o de algún tipo con sus vecinos. El nombre aludiría a la estructura social de esos pueblos originarios que se organizaban políticamente a través de uniones matrimoniales entre linajes importantes para establecer alianzas territoriales, pero que la manipulación colonial de la administración de indios encomendados las extendió como categorías de identificación étnica.

Previo a la llegada hispánica, la circulación en el eje este-oeste entre la región chaqueña y el otro lado de la cordillera nos permitiría pensar en una vía permeable, no pudiendo probar diferencias entre naciones cuando ni la antropología, ni la historia ni la lingüística no ha podido probar que a partir de los nombres que nos llegan al presente evidencian relaciones lingüística entre lenguas desaparecidas como el kakán y huarpe, y con lenguas con hablantes como el quechua y el mapudungún.

Dada la diversidad étnica hallada en los primeros contacto con los conquistadores españoles, los yacampis han sido relacionados con otros pueblos de habla kakana ubicados en la zona para esa época, como los olongasta (ubicados alrededor de las salinas de los llanos del sureste riojano) o como los descendientes del encuentro entre paziocas y huarpes. Sin embargo, en una región dominada por vinculaciones interétnicas entre parcialidades diversas, es muy probable que se vincularan y diferenciaran dentro de una red social amplia a través de distintos territorios. Aunque sigue en discusión, según las crónicas tempranas del padre Luis de Valdivia a comienzos del siglo XVII, los hulungastas habrían sido una de las familias o casas de la parcialidad más meridional de los yacampis. Usualmente los nombres de las familias diaguitas llevaban la desinencia "gasta" para indicar el poblado de esa parcialidad.

De este modo, estas deducciones no pasan de ser hipótesis provisionales de los estudios antropológicos de los pueblos originarios de la región. No habiendo referencias precisas, no se puede descartar que la propia lengua kakana expresara la situación de multilingüísmo. Como no se puede saber a ciencia cierta si la terminación "gasta", usada en la toponimia lugareña y traducida simplemente como poblado, presenta el mismo valor o se diferencia en su procedencia a otras desinencias asignadas al kakán como "ao", "pis" o "bis", El tema sigue siendo un debate abierto. Del mismo modo, tampoco se sabe si los etnónimos barajados refieren a autónimos con los que estos pueblos se llamaban a sí mismos o fueron exónimos con los que otras parcialidades diaguitas conocían a estos pueblos. Ante la fragmentación del archivo histórico, los estudios antropológicos están adoptando una mirada más localizada sobre la organización política que estructura las nociones de etnicidad en cada parcialidad para esta región del continente.

La tosca evidencia histórica que nos llega al presente a través de la documentación hecha por funcionarios del gobierno colonial que no supieron ver las diferencias en las estructuras sociopolíticas de los diversos grupos ha vuelto dificultosa cualquier delimitación étnica de por dónde pasa la supuesta frontera entre todos estos. Incluso sería contrario a trazarla en un mapa. No obstante, la identidad yacampis en los registros históricos se ha mantenido distinguible de otras identidades étnicas vecina de habla kakana, como los capayanes (ubicados desde el Río Bermejo hasta la región del Río Jachal en San Juan, el valle de Guandacol y de Famatina en La Rioja, hasta la cordillera de los Andes al sur de Catamarca), o la olongasta, hacia los Llanos riojanos.

Organización social

Como otras poblaciones de origen diaguita, los yacampis se establecieron en pequeñas aldeas alrededor de un titakín, un patriarca o cabeza de una familia que, como jefe tenía el poder político para influenciar, ordenar y decidir sobre el grupo.

Dispersas en el territorio, cada una de estas aldeas era independiente de las otras, por lo que cada una poseía dominio sobre los recursos. Estas aldeas se organizaban como familias extensas, es decir, que varias generaciones convivían en la misma casa o conjunto de casas formaba la aldea. El referente de cada aldea organizaba los trabajos del grupo y la defensa.

Este poder de la cabeza de familia como líder del grupo era heredado entre sus hijos. Como el poder quedaba dentro del círculo familiar cercano, cada parcialidad quedaba identificada con un nombre de familia o de un referente ancestral que vinculaba a todo el grupo a un territorio específico (Managuas, Caligua, Sapatay, entre otros). La organización social de la aldea se habría orientado en gran medida a la defensa del territorio de otras parcialidades vecinas, por lo cual los jefes étnicos y aspirantes a este título dentro de los herederos debían demostrar su valentía como guerrero y, a la vez, debía ser capaz de negociar la paz con sus vecinos.

Desde mediados del siglo XV, la zona quedó integrada al Collasuyu del Imperio Inca. A partir de entonces, el poder de estos caciques aumentó, ya que su jefatura suponía el control del tributo que entregaban a los gobernantes incaicos, quienes, a su vez, lo redistribuían entre la población.

Modo de subsistencia

Como otros pueblos serranos del noroeste argentino, desarrollaron técnicas avanzadas para la agricultura. Siguiendo la tradición andina, desarrollaron grandes escalones o terrazas, utilizando piedras y tierra para construir sobre las laderas de las montañas. Como el territorio de Valle Fértil y los Llanos riojanos se caracteriza por la aridez y la escasez de agua, los yacampis almacenaban el agua haciendo diques y embalses, desviando el curso de los flujos de agua. El manejo del agua como recurso escaso mediante canales o acequias para regar sus cultivos que lograban como maíz, porotos, calabazas y papas. De la recolección del fruto del árbol del algarrobo hacían harina. Además, explotaron su madera y leña. La cría de llamas les permitía obtener carne, lana y abono para los cultivos, además de servirles para· transportar carga. Cazaban venados y guanacos para obtener carne, cuero y huesos.

La tecnología de esta gente utilizaba la piedra en puntas de flechas, hachas, cuchillos, raspadores, cuentas para collares y pipas. Prueba de esto es la cultura alfarera que desarrollaron, que asociarían la región de Valle Fértil y de los Llanos riojanos con material lítico y cerámico procedente de la famosa Cultura de la Aguada (característica por su cerámica con motivos pintados e incisos, con estructuras de piedras de colores) y de Angualasto (cerámica hecha de pasta y con decoración), cuna de la avanzada cultura del noroeste argentino.

Las primeras crónicas de los conquistadores de la zona (como la de Gerónimo de Bibar realizada en 1558), mencionan que los grupos humanos que vivían en el valle del Bermejo y en Valle Fértil eran muy numerosos y vivían fundamentalmente de la ganadería de la llama, complementada con la recolección y práctica de la agricultura con riego. Las investigaciones históricas recientes indican que el desarrollo de estas actividades permitió que con el dominio hispánico a partir del siglo XVII estos indígenas fuesen empleados en las estancias españolas como criadores y cuidadores de ganado, llegando a establecerse una forma especialización de ese tipo de trabajo en la región. A su vez, esto provocó que se adoptaran a lo largo del tiempo referencias a sus oficios en los apellidos de los pobladores locales.

Las "Guerras Calchaquíes" en Valle Fértil

Con la llegada de los colonizadores españoles al Collasuyo, hacia fines del siglo XVI la instalación de las encomiendas coloniales impuso un régimen de explotación de mano de obra indígena. El pueblo yacampis conoció su fin durante la primera mitad del siglo XVII, cuando Yacampis y Capayanes se sumaron al levantamiento aborigen del noroeste argentino liderados por el cacique Chelemín, conocido en la historiografía como el "Gran Alanzamiento Diaguita".

Lo sucedido con el pueblo yacampis está poco documentado, siendo los pocos registros existentes referidos a los antiguos pueblos indígenas de Valle Fértil. Desde la última década del siglo XVI, cuando la avanzada española con base en San Juan de la Frontera, empezó a incursionar dentro de la región conocida como Chaj-Paj-Nai (actual Departamento de Valle Fértil, nombre que alude a su antigua designación en idioma nativo), de a poco la colonización de la región reclutó a sus habitantes originarios en las primeras encomiendas coloniales, en las que la Corona le otorgaba a los colonizadores y conquistadores mercedes de indígenas, conformando los contingentes de mano de obra que trabajaría en las primeras haciendas coloniales.

Posteriormente, hacia 1600 la Compañía de Jesús se instaló en la región, incidiendo en el proceso de aculturación de los yacampis convirtiéndolos en cristianos. A pesar de la insistencia jesuita en la evangelización indígena, los cultos yacampis no fueron suplantados por el dogma cristiano, sino que se adaptaron en un sincretismo religioso en el que hasta la actualidad se reproducen patrones culturales originarios. Un ejemplo es el culto a La Patroncita, en Villa San Agustín de Jauregui, donde la fe católica se completa con mitos indígenas, incluso, el lugar donde hoy se encuentra instalado es vecino al antiguo pueblo de la Aguaca, ubicada en el antiguo del pueblo de indios.

Los primeros conflictos interétnicos entre españoles y yacampis acontecieron durante esta época, cuando los indios encomendados se rebelaron en 1604 porque el encomiendero Toribio de Dueñas explotaba y maltrataba a los indígenas. El levantamiento yacampis produjo el ajusticiamiento del colono y el saqueamiento de la hacienda ubicada en las Tumanas. La respuesta de los peninsulares no se hizo esperar y fue ejemplificadora. El 23 de diciembre de 1604, algunos caciques de Valle Fértil fueron castigados por asesinar a su encomendero y a otros españoles: "Sumariado el grupo de prisioneros, con las formalidades rápidas y ejecutivas del juicio militar sobre el campo de batalla, se condenó a diecisiete de ellos a los cuales, después de haberlos mandado confesar y comprar bulas para absolverlos por ellas, les hizo dar muerte y los mandó poner en la plaza de esta ciudad (San Juan) en una horca de cuatro pilares, todos consecutivamente colgados del pescuezo y en un pilar de dicha horca un letrero con grandes letras que decía: POR TRAIDORES A LA REAL CORONA. Y habiéndolos tenido colgados todo el día, mandó quitarlos y cortar cabeza y a los demás indios, después de haber puesto presos a los más agresores, les hizo un parlamento dándoles a entender que estaban perdonados en nombre de su majestad y que no saliesen un punto de donde se los quería ubicar y hacer población, que había de ser cerca de la ciudad. "

Este fue el comienzo de un proceso represivo y amansamiento de las poblaciones autóctonas de la región, al cual le sucedieron otros de menor importancia. Los trabajos etnohistóricos de Aníbal Montes (1957) ubican a los yacampis en los nombres de parajes en el norte de Córdoba, basándose en los registros coloniales de 1612 referidos a la mano de obra indígena disponible en las encomiendas de la región histórica de Tulumba. Nombres como yacampis y sus derivados aparecen en la toponimia cordobesa aparecen relacionados con el reclutamiento forzado de contingentes indígenas de fuerza de trabajo en las encomiendas del norte de la provincia durante el siglo XVI y XVII. En 1634 los yacampis de Valle Fértil se plegaron al alzamiento dirigido por el titakin de Andalgalá, Juan Chelemín. Una vez sofocada la rebelión en 1640, los pueblos rebelados fueron exterminados y desnaturalizados los sobrevivientes.

Etnocidio y revitalización de los yacampis

Dominados primero por los incas y luego por los españoles, este pueblo ha puesto resistencia a cada avance conquistador en sus dominios, construyendo su identidad de gente indómita. Con la represión militar y la persecución cultural, los pobladores fueron desalojados a otros territorios al ser relocalizados por la fuerza a los alrededores de San Juan. Algunos sufrieron el desarraigo al ser trasladados a Chile o huyeron para evitar su dominación. Otros en cambio, se asimilaron a la cultura de los conquistadores a través del mestizaje y perdieron su identidad durante generaciones.

Con el fin de desarrollar un estudio general de la formación de identidades étnicas actuales entre los pueblos originarios argentinos, la historia de la etnocidio de los pueblos indígenas de Argentina a manos de las fuerzas coloniales deben completarse con la historia de los ciclos de etnogénesis indígena reciente en el Tucumán y el país de Cuyo.

En la actualidad, la Comunidad Indígena Cacique Pedro Caligua, conformada por distintas familias del departamento de Valle Fértil se identifica como descendientes de los yacampis, remontándose a los habitantes anteriores a la colonización española de la región.

Referencias

  1. ↑ Jofre, Ivana Carina (2013). Los pájaros nocturnos de la Historia. Una arqueología indígena de las sociedades capayanas del norte de San Juan. Tesis doctoral de la Universidad Nacional de Catamarca, 2013.
  2. ↑ Canals Frau, Salvador "Poblaciones indígenas de la Argentina" Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1940.
  3. ↑ Michieli, Catalina Teresa "Capayanes y yacampis en San Juan" En revista Ansilta de Arqueología y Humanidades. Nº 5, San Juan, Ansilta Editora, pp. 34-35
  4. ↑ Grondona & Ardissone: "Los aborígenes de Valle Fértil" Facultad de Filosofía y Letras. 1953, Buenos Aires.
  5. ↑ Rodríguez Mamby, Luis (Marzo de 2018). Etnicidad, territorio y sociedad de consumo en Valle Fértil, Provincia de San Juan, República Argentina. doi:10.13140/RG.2.2.26223.80805. Consultado el 10 de octubre de 2018.
  6. ↑ María Luisa Costa "También destruyen la tierra." (http://www.angelfire.com/falcon/albatroscomodoro/080413sanjuan.html)

Fuentes