Batalla de Mocha

Batalla de Mocha
Parte de la revolución quiteña

Mocha, en cuyas inmediaciones se libró la batalla.
Fecha 2 de septiembre de 1812
Lugar Mocha, Tungurahua, Ecuador
Conflicto Victoria realista
Partes enfrentadas
Estado de Quito Imperio español
• Virreinato del Perú
• Panamá
• Guayaquil
• Cuenca
• Guaranda
Comandantes
Feliciano Checa y Barba
Carlos de Montúfar
Toribio Montes
Unidades militares
Ejército quiteño Ejército Real del Perú
Fuerzas en combate
~6000 ~2000
Bajas
65 a 75 muertos y 200 prisioneros Desconocidas

La Batalla de Mocha fue un enfrentamiento bélico acaecido el 2 de septiembre de 1812 en los alrededores de la ciudad de Mocha, en la actual provincia ecuatoriana de Tungurahua, al sur de la ciudad de Ambato. En esta batalla se enfrentaron los ejércitos del Estado de Quito, comandados por el coronel Feliciano Checa y Barba, y los del Imperio español, dirigidos por el teniente general Toribio Montes.

Antecedentes

El 11 de diciembre de 1811, se instaló el Congreso Constituyente del Estado de Quito y se declaró la independencia total del Reino de España. Poco después, se proclamó una constitución conocida como Pacto solemne el 15 de febrero de 1812. Sin embargo, el gobierno revolucionario estaba en crisis con enemigos monárquicos al norte (San Juan de Pasto) y al sur (Guayaquil y Cuenca), y dividido internamente entre los partidarios de Carlos de Montúfar y los de Jacinto Sánchez de Orellana.

Ante el nuevo gobierno de Quito, las provincias de Guayaquil, Loja, Riobamba y Cuenca se habían pronunciado a favor del gobierno realista. Dependían militarmente del apoyo del Virreinato del Perú.

El 9 de julio, presidente de la Real Audiencia de Quito y capitán general, jefe de escuadra de la Real Armada Joaquín de Molina y Zulueta, debido a su mala salud fue reemplazado por orden del Consejo de Regencia con el teniente general Toribio Montes, quien desempeñaba como subinspector de las tropas reales en el Perú. El nombramiento dio nuevos ánimos a los realistas. Se le dieron 100 000 pesos de la Caja del Tesoro de Lima para mantener, entrenar, pagar y equipar a los soldados.

Montes desembarcó en Guayaquil con algunos refuerzos entregados por el virrey peruano, teniente general José Fernando de Abascal, y de inmediato empezó a preparar una expedición en ese puerto. Reunió 600 milicianos de Guayaquil y 300 soldados de línea del regimiento Real de Lima, aunque el historiador ecuatoriano Jorge Salvador Lara afirmó que sólo 156 infantes y 46 jinetes fueron enviados desde Lima (sin contar a la oficialidad). Con ellos Montes marchó hacia Guaranda al mismo tiempo que ordenaba el envío de tropas desde Cuenca a Riobamba a las órdenes del coronel Juan de Sámano.

El 25 de julio, la vanguardia realista, al mando del teniente coronel Alejandro Eagard, se enfrentó a las defensas patriotas en Chimbo, dirigidas por el coronel Manuel Arredondo y Mioño. El coronel patriota huyó y sólo la intervención del doctor Antonio Arce con jóvenes estudiantes recién reclutados permitieron robarle la victoria a los monárquicos. Sin embargo, los defensores habían agotado sus municiones y debieron retirarse a Guaranda. Eagard murió en el combate. Poco después, Montes unía a su columna la división de Sámano en Riobamba, localidad donde se le unieron 400 locales que servían como auxiliares de caballería.

Fuerzas enfrentadas

Realistas

Pedro Fermín Cevallos escribió que el ejército realista se componía de 202 plazas del regimiento Infante Don Carlos, 106 del de Lima, 89 del batallón Pardos de Lima, 418 de las milicias de Guayaquil y 1860 de las milicias urbanas de Cuenca, estas últimas aportadas por Sámano. En total, 2675 soldados a los que se sumaban 1000 indios de servicio y del tren de campaña. En cambio, Salvador Lara creía que tres cuartos de la tropa eran guayaquileños. Por su parte, el doctor y ayudante general Agustín Salazar y Lozano, quien sirvió en la campaña para los independentistas, afirmaba que sus enemigos sumaban más de 4000 hombres, sin incluir 1000 indios para «el servicio de segundo orden fuera del de línea» y «la gran movilidad de ese ejército»; en la tropa destacaban 650 dragones a caballo.

Historiadores como el argentino Bartolomé Mitre, el chileno Francisco Antonio Encina o los colombianos José Manuel Restrepo, Carlos Benedetti y Constancio Franco Vargas estimaban que 2000 monárquicos lucharon Mocha. Restrepo y Benedetti los distribuían en 1550 infantes y 450 dragones a caballo con 11 cañones de varios calibres. En cambio, el colombiano Nicolás González Chávez habla de 2400 soldados de excelente calidad, el ecuatoriano Alfredo Costales Samaniego de 3000, el venezolano Julián Fuentes-Figueroa Rodríguez de 3500, de los que 1000 eran indígenas, y el ecuatoriano Édison Macías Núñez de 4000.

Patriotas

En un oficio del vicepresidente del Congreso Ciudadano, coronel Mariano Guillermo Valdivieso, se habla de 2938 patriotas basándose las listas de una revista de tropas efectuada en Mocha: 20 fusileros, 83 jinetes ligeros veteranos, 828 milicianos rurales a caballo, 178 artilleros y el resto milicias de infantería mal armadas, más los indígenas de servicio civil. Esta cifra es repetida por Celiano Monge, Costales Samaniego, Cevallos y Salazar, y los dos últimos estiman a los indios de servicio en 341. Posteriormente, Valdivieso estimó que podían ser 3000 combatientes, cifra aceptada por Macías Núñez. Sin embargo, en cartas privadas Valdivieso reconoce que los quiteños podían ser más de 5000, sin embargo, muchos de esos efectivos estarían distribuidos en otros puntos del territorio y no participaron de la batalla, pues sólo combatieron en Mocha aquellos formados a orillas del homónimo.

Restrepo, Encina, González Chávez, Franco Vargas y Benedetti coinciden en que los quiteños tenían 6000 infantes y jinetes en la batalla. Al igual que sus enemigos, la hueste mezclaba unidades veteranas y milicianas conformadas por indios, blancos y mestizos de 15 a 45 años dirigidos por oficiales venidos de la aristocracia local, sin embargo, la mayoría eran soldados bisoños y oficiales carentes de experiencia. Macías Núñez los considera «carentes de disciplina y mal armados». Galindo escribió «en su mayor parte indios mal armados, pusilánimes y colecticios». Restrepo los describe como «una multitud de Indios pusilánimes á caballo ó á pié, con lanzas». González Chávez se refiere a ellos como: «eran una muchedumbre que embarazaba más bien que servia de cosa alguna, aunque armados unos de lanzas ó palos, á pié ó á caballo».

Benedetti y Franco Vargas indican que unos 5000 eran indios armados con lanzas, palos y cuchillos, mientras que Encina describe al ejército quiteño como «casi en su totalidad indios armados de lanzas». La mayoría de los historiadores coinciden en que sólo 1000 tenían fusiles, aunque Salazar los reduce a 500, y menos aún sabían usarlos adecuadamente, considerándose que «conocian medianamente el manejo del arma».

Combate

Campo de batalla

Los independentistas concentraron sus fuerzas en Ambato y, principalmente, en Mocha. Este último es el punto donde se unen los caminos que llevan a Quito desde Cuenca y Guaranda. Ahí los patriotas ocuparon posiciones instalando 6 baterías de artillería. Era una «aldeilla» situada en una de las faldas del Carihuairazo, al sur de la cual transcurre un riachuelo de oeste a este procedente de dicho monte y el Chimborazo. El cauce es hondo y forma barrancos en las orillas contiguas al pueblo pero en otros puntos ofrece varios pasos.

Los independentistas se habían atrincherado en sólidas posiciones y llamaban al lugar «el gran fuerte de Mocha» o «insuperable fortaleza del campamento». Esta seguridad sólo hizo confiarse aun más a los oficiales independentistas, especialmente al coronel Feliciano Checa y Barba, quien había elegido el lugar y pretendió formar una línea defensiva de 3 leguas con el ejército, incluyendo a los indígenas mal armados.

Días previos

Los patriotas movilizaron partidas de jinetes que recorrían desde Mocha hasta Quero y Tisaleo. Estaban organizadas como compañías y contaban con su propio tren de bagaje, siendo sus jefes oficiales, clérigos y frailes que se despreocuparon de sus deberes militares. Iban visitando una hacienda a otra para dedicarse a festejar, tocar música con guitarras y establecer garitos en los alrededores del campamento.

El capitán Ramón Chiriboga salió con una avanzadilla de 40 jinetes para vigilar a los realistas en el camino real a San Andrés, donde estaba el ejército monárquico, pero en el páramo de Pazguazo se encontró con un número similar de soldados enemigos a caballo. Chiriboga se adueño del campo y mató a algunos realistas. Al día siguiente, el capitán independentista sale con sus 40 jinetes al mismo páramo y en un nuevo combate consiguió capturar 20 a 35 prisioneros. Esto obligó al día siguiente a Montes a acampar en la finca Mochopata, al sur del riachuelo. El capitán Carlos Larrea estaba en la vecina hacienda Hatillo con la misión de vigilar el camino real. En cuanto vio a la hueste de Montes ordenó recibirla con fuego de metralla por los cañones, lo que fue respondido de igual modo por sus enemigos. Sin embargo, el comandante general se confió demasiado y su gran, limpia, blanca y bien iluminada tienda de campaña era fácilmente reconocible, lo que fue aprovechado por Larrea para acercarse con dos cañones durante la noche y bombardearla. Una bala agarró de lleno el cuerpo de un pajo que llevaba una fuente de viandas y acababa de colocarla sobre la mesa de comer. Al darse cuenta del peligro, Montes hizo apagar las luces del lugar. Después de estos acontecimientos, Montes pasó dos días explorando el área para evitar nuevas sorpresas desagradables y al tercero avanzó.

Enfrentamiento

El 2 de septiembre, muy temprano en la mañana, el comandante general Montes organizó a algunos cuerpos de infantería, 200 a 300 soldados, en el punto Piedra, a dos o tres cuartos de legua de un puente por donde se cruza el riachuelo a Mocha. Al llegar a las inmediaciones del pueblo ordenó un ataque inmediato. Sometieron a un intenso fuego a sus enemigos, pero Piedra era defendido por los oficiales Manuel Lana, Tomás Sevilla y Salvador Bamonde y sus soldados, quienes resistieron valientemente el ataque por media hora hasta ceder cuando la artillería realista llegó al lugar y empezó a ayudar a su infantería. Los vencedores pasaron a cuchillo a todo patriota para infundir temor.

Gracias a esta acción, los monárquicos pudieron flanquear por la derecha las defensas y evitar la artillería. Los patriotas entraron en pánico y abandonaron sus fusiles, cañones, municiones y equipajes para huir a donde pueden. Así los realistas se hicieron con las posiciones y forzaron a los independentistas a retirarse apresuradamente hacia el Valle de Los Chillos. Si Montes hubiese podido aprovechar ese desorden y atacar, habría destruido a la turba en que se convirtió la fuerza enemiga. Los vencidos siguieron con su repliegue hasta la quebrada Jalupana y el pueblo de Santa Rosa, donde tenían fuertes fortificaciones coronadas con artillería. Cevallos dice que la lucha duró una media hora, en cambio, Monge habría sido unas pocas horas.

En esta acción destaca la quiteña Josefa Sáenz de Vergara, tía de la posterior heroína independentista Manuela Sáenz, esposa del oidor Francisco Javier Manzanos, acérrima realista, quien luchó junto a los soldados monárquicos en venganza por haber sido encarcelada en un convento y que al fugarse se unió a la división de Sámano. Fue la primera en entrar en Mocha portando la bandera real mientras tocaban las campanas de las iglesias, señal que hizo huir a los patriotas en las cercanías. Otra fuente dice que fue ella quien subió a la torre del templo local y se puso a tocar la campana como señal de victoria. Montes la felicitó después de la batalla y la hizo recompensar con cuidados y privilegios.

Se debe mencionar que cuando los realistas entraron en la plaza de armas de la localidad, un vecino de Ambato, un anciano armado con una escopeta de doble cañón le disparó a un grupo de soldados realistas al grito de: «¡Viva la patria! ¡Abajo el rey!». Su nombre era Joaquín Hevia o José Hérvas y fue inmediatamente fulminado por una ráfaga de fusiles que le llegó en respuesta.

Consecuencias

Bajas

Fue «un combate sangriento». Los patriotas abandonaron municiones, víveres, numerosos fusiles y 6 a 7 piezas de artillería. Respecto al número de vencidos muertos, las estimaciones van de 65 a 75. Otros 200 independentistas fueron tomados prisioneros. Aunque la batalla pareció insignificante por las pocas bajas, en realidad fue muy importante porque desmoralizó a los patriotas completamente.

Numerosos sacerdotes sirvieron durante la batalla. Por el bando independentista estaban el canónigo penitenciario y doctor Manuel Guisado, el mercedario de Esmeralda, Francisco Saá, el vicario de San Sebastián, Manuel Arias, y los franciscanos Luis Gil de Tejada, Ignacio Bosano, Esteban Riera y Antonio Bahamonde. Por los monárquicos estaban el presbítero de Chillogallo, Carlos Salvador, y el de Machachi, Fernando Quirola; ambos comandaron a su grey en la batalla.

Retirada

Un día después de la batalla, Montes levantó su campamento y se dirigió a Latacunga, donde había huido sus enemigos. Los vencedores ocuparon sin resistencia las plazas de Ambato y Latacunga. Entre tanto, algunas partidas patriotas, medio organizadas todavía, abandonaron sus armas y tomaron la vía de Pillaro y huyeron detrás de la cordillera de Llanganate. Los miembros de la Diputación de guerra, testigos del desastre, separaron del mando a Checa y nombraron en su lugar a un teniente coronel, doctor Antonio Ante, quien era valiente pero sin conocimientos militares. Checa tuvo la dignidad de recomendar que se diera el mando absoluto a Montúfar, miembro de la una facción política rival.

Montufar reorganizó a sus soldados en la profunda quebrada de costados perpendiculares de Jalupana, cruzada por torrentes y que cubría el camino a Quito. Tenía 6000 hombres para defenderla. El ejército realista estuvo un mes ante esa posición sin moverse por carecer de bagajes para el transporte. Hubo que esperar que los suministrara Martín Chiriboga, quien luego fue nombrado corregidor de Riobamba. Durante ese tiempo, Montes envió a algunas guerrillas a explorar el terreno. El jefe de estas unidades fue el teniente coronel Manuel Matheu, quien consiguió vencer en la mayoría de sus incursiones. Una de ellas atacó a una partida enemiga cerca de la hacienda San José, propiedad de la marquesa de Maenza. La casa fue abandonada en cuanto se acercaron las tropas monárquicas y se encontraron una espléndida comida lista, lo que indicaba la precipitación de quienes huyeron.

Fin de la campaña

El 23 de octubre, Montes, guiado por un local llamado Andrés Salvador, decidió seguir una ruta por la cordillera occidental y flanqueo la izquierda patriota para evitar las fortificaciones. Los realistas treparon el nudo andino de Chisinche para llegar a la meseta de Quito por nueve días. Pasaron por el cráter del volcán Ninahuilca y las faldas de la montaña Corazón. Amenazando con cortar la retaguardia patriota, Montúfar debió retirarse a la capital mientras Montes ocupaba los altos de Belén, al pie del Pichincha.

El 3 de noviembre, realistas y patriotas volvieron a enfrentarse en El Panecillo y un día después Montes entraba victorioso en Quito.

Josefa Sáenz permaneció en Quito hasta 1822, cuando la derrota realista en Pichincha la obligó a mudarse a España, donde vivió el resto de sus días.

Notas

  1. ↑ La mayoría de los historiadores coinciden en esa fecha. Sólo Salazar da una fecha diferente: el 31 de agosto.
  2. ↑ Oficio de Toribio Montes a Francisco José Montalvo y Ambulodi, Quito, 6 de abril de 1813.
  3. ↑ Oficio de Mariano Guillermo Valdivieso a la comandancia general, Mocha, 13 de agosto de 1812.
  4. ↑ Oficio de Mariano Guillermo Valdivieso a la comandancia general, Mocha, 14 de agosto de 1812.

Referencias

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Bibliografía

Decimonónica

Moderna

Enlaces externos