Chinigua

La Chinigua
Datos
Otros nombres La Trotamundos
Mitología Mitología de Venezuela (tradición guaiquerí y criolla)
Tipo Fantasma (espíritu femenino mortífero y seductor)
País Venezuela
Región Isla de Margarita y estado Sucre (Macuro, Irapa)
Primer reporte 1978, en Historia y habla popular en Margarita de J. Marcano Rosas

La Chinigua es un personaje mítico femenino del folclore de Venezuela, un espíritu seductor que provoca enfermedad y muerte a los hombres. La creencia en la chinigua está documentada en la isla de Margarita (entre los guaiquerí y la población criolla) y en el estado Sucre (Macuro, Irapa), antiguo territorio continental guaiquerí. Los investigadores consideran a la chinigua la variante venezolana de una amplia clase circuncaribeña de espíritus —las «seductoras mortíferas»—, a la que pertenecen la siguanaba y la cegua mesoamericanas, la ciguapa antillana y varios espíritus de los bosques amazónicos.

Aspecto y comportamiento

Según los relatos recogidos en las comunidades guaiquerí y entre la población criolla, la chinigua se aparece de noche a los hombres que regresan de la pesca, que deambulan por los caminos o que vuelven a casa tras un encuentro extramatrimonial o ilícito. A primera vista se presenta como una mujer hermosa —alta, esbelta, de cabellos largos—, envuelta en una manta blanca o negra; en la versión criolla, con una falda amplia y almidonada que susurra al caminar. Su rasgo característico son los pies volteados hacia atrás, que dejan huellas en dirección contraria y despistan a quienes la siguen. Cuando la víctima se acerca o intenta abrazarla, la chinigua se transforma en un esqueleto aterrador: un «huesero», «un esqueleto con un ropaje puesto». El hombre seducido pierde el apetito, cae en fiebre y muere; según algunos relatos, ella «se lo lleva al otro mundo».

A la chinigua se le llama también la trotamundos: según el relato, en una sola noche recorre el mundo entero —a medianoche se dirigía «a Belén» y a la hora del canto del gallo ya había pasado por Valencia—.

Como medio de protección se considera azotar al espíritu con una rama de piñón (Jatropha curcas) o de guaritoto (Urera baccifera, antes clasificado como Jatropha urens), cortada en Viernes Santo: según la creencia, esa rama «derrama la sangre que Cristo derramó por la humanidad», y cualquier otro día es inútil. La chinigua se defiende con su larga cabellera, que le sirve de manto (manta de pelo), azotando con ella a los hombres; si el hombre no pierde el ánimo, el espíritu se da por vencido: lanza un grito profundísimo y se eleva al cielo, y solo se escucha el traqueteo de huesos.

Versiones del relato

En el folclore de la isla de Margarita coexisten varias interpretaciones del personaje. En la versión criolla, recogida por J. J. Salazar Franco (Cheguaco), la chinigua es el espíritu condenado de una mujer que, confiada en su belleza, coqueteó en el mundo con los hombres y a ninguno entregó su corazón; al morir no fue recibida en el cielo y fue devuelta a la tierra para que se enamorara de verdad, y ahora persigue a los hombres jóvenes y buenmozos cumpliendo su penitencia.

En la tradición oral guaiquerí, según registros de campo de 2007-2008 en los antiguos resguardos indígenas (Paraguarime, Manzanillo, El Tirano, Pedro González), la chinigua es un espíritu antiguo que se presenta ante el hombre con la figura de su esposa, su novia o una mujer que le guste mucho; de lejos, por su túnica blanca y larga, puede confundirse con la Virgen del Valle, pero de cerca se hacen visibles los pies torcidos y su naturaleza esquelética. Entre los narradores figuran Cruz Arcadia Hernández (Paraguarime, 2007), Gerardo Pino (Manzanillo, 2008) y Pablo Acosta (El Tirano, 2008). En parte de los relatos la chinigua actúa como fuerza castigadora: castiga a los hombres que no cuidan sus sementeras y sus animales

En el estado Sucre (Macuro, Irapa), la chinigua se aparece con la forma de la mujer que el hombre más ha amado o podría llegar a amar en su vida, lo pierde en la espesura o lo hace caer al mar y ahogarse; allí se la interpreta como «la manifestación temible del espíritu femenino, de esas diosas ancestrales que siempre han gobernado estos parajes».

Diferencias con otros personajes

La tradición margariteña distingue a la chinigua de otros espíritus femeninos. A diferencia de la llorona —espíritu plañidero de una madre, vinculado a los cuerpos de agua— y de la colmillona, descrita por Cheguaco como una vieja de enormes colmillos, la chinigua se presenta como seductora y se encuentra en los caminos, junto a las fuentes de agua dulce y en el mar. Según el testimonio de Á. F. Gómez, los nombres «llorona» y «colmillona» son préstamos recientes de otras regiones del país, mientras que el nombre local originario de este espanto es precisamente chinigua.

El correlato masculino de la chinigua en la tradición guaiquerí es el corecori (Corecori), espíritu malévolo que se aparece solo a las mujeres, las atrae y rapta para usarlas como objeto de sus deseos, y luego les produce enfermedades y muerte (registro de Liduvina Hernández, guaiquerí de El Tirano, 2007).

Relación con La Sayona

El personaje venezolano de alcance nacional de la misma clase es La Sayona. En el diccionario de M. Franco, la chinigua es descrita expresamente como «parecida a la Sayona, y sin duda pariente de ella». Según el mismo diccionario, la sayona es el espíritu de una mujer maldecida por su madre tras haber matado a su esposo y a su madre, que se aparece a los hombres infieles. Pese al parecido de motivos, los personajes difieren por origen, geografía y comportamiento:

CriterioLa sayonaLa chinigua
Región de difusiónVenezuela continental, sobre todo los Llanosisla de Margarita y estado Sucre
Origen del espíritumujer maldecida por su madre por matar a su esposo y a su madreespíritu de una coqueta que en vida no entregó su corazón a nadie
Motivovenganza castigadora contra los hombres infielesbúsqueda de amor; castiga también a quienes descuidan sus sementeras y animales
Aspectomujer hermosa; en el momento del ataque, figura monstruosavestidura blanca o negra, falda susurrante; pies volteados hacia atrás
Protecciónamuletos religiososrama de piñón cortada en Viernes Santo

Análogos y distribución

El análisis tipológico identifica una serie de personajes semejantes en el Caribe y Mesoamérica: la masisikiri de los warao, el amariwak de los pemón, la pulowi de los wayuu, la ciguapa en República Dominicana, la siguanaba en Guatemala, la cegua en Nicaragua, Costa Rica y Honduras, la xtabai entre los mayas de Yucatán, el curupira entre los pueblos tupí de la Amazonía y la matitikiri de los trió de Surinam. Entre los rasgos comunes figuran: espíritu femenino nocivo; seducción de hombres; aparición nocturna; transformación en esqueleto o cadáver; deformidad física (pies o manos volteados); vínculo con el bosque, las montañas y el agua; castigo con enfermedad, locura y muerte; posibilidad de ahuyentar al espíritu con determinadas plantas. La chinigua margariteña se distingue porque, además de las aguas dulces, habita también en el mar.

El motivo de los pies volteados acerca a la chinigua al curupira amazónico, protector del bosque, lo que permite a los investigadores suponer un prototipo común: la «Dueña» del bosque y de los animales.

Etimología y toponimia

Los investigadores señalan el parentesco fonético de los nombres Chinigua — Cigua/Cegua — Siguanaba — Chilca/Chilica/Chirika: una secuencia repetida de sibilante o africada con vocal anterior, elemento nasal y elemento labial o gutural con vocal a o diptongo ua. El nombre Cegua remonta al náhuatl cihuatl «mujer»; el nombre Siguanaba, según una versión, al pipil ciua «mujer» + nahua «rodear», es decir, «la mujer que rodea».

El nombre chinigua está registrado también en la toponimia: Quebrada de Chinigua en el departamento de Santander (Colombia), Llano de la Chinigua y Quebrada de la Chinigua en la provincia de Veraguas (Panamá); en ambos casos se trata de nombres de cursos de agua, lo que concuerda con el vínculo del espíritu con el agua.

Simbolismo y función sociocultural

En la cosmología guaiquerí, la chinigua pertenece a los espíritus poderosos pero engañosos del plano terrenal (junto con los chinamos y los chinamitos), que, a diferencia de las entidades superiores como la «Madre del Mar» o la Virgen del Valle, no poseen estatuto trascendente, pero intervienen directamente en la vida de las personas.

Según la interpretación de C. Ayala Lafée-Wilbert y W. Wilbert, la chinigua remonta a una entidad femenina precolombina, la «Dueña»: señora del bosque y de los animales de naturaleza dual, a la vez benefactora y castigadora, que regulaba tanto la relación con el entorno como las normas morales fundamentales de su sociedad. En el período colonial, bajo la influencia del catolicismo patriarcal, la imagen sufrió una resemantización: la antigua diosa perdió parte de sus dominios y se convirtió en un agente pérfido y sexualmente provocador del pecado y la tentación y, más tarde, en la tradición criolla, en un fantasma desmitificado, cercano a la leyenda urbana. Los autores advierten contra reducir la función de la imagen al control del comportamiento sexual masculino: como otros personajes de esta clase, está vinculada a las representaciones de fertilidad y vida. La persistencia de la creencia en la chinigua —junto con el corecori y los chinamos— es considerada uno de los marcadores de la identidad étnica guaiquerí.

Investigación y fijación en el folclore

Las primeras descripciones publicadas de la creencia pertenecen a folcloristas margariteños: J. Marcano Rosas (1978). y J. J. Salazar Franco (Cheguaco), a quien se deben el capítulo «La chinigua en Margarita» en Mitos y creencias margariteñas y el relato extenso «Juan Macanilla y su encuentro con la chinigua» en Consejas y leyendas margariteñas: en él aparecen el azote con la cabellera, la contractura en el brazo, la defensa con la rama de piñón, el olor a azufre y el apodo «Juan Chinigua» que recibe el héroe sobreviviente El personaje es mencionado también en las descripciones de los caminos viejos de la isla («El camino viejo del Portachuelo», «El quebrahacho de La Otrabanda») como uno de los fantasmas que los habitan La creencia está reflejada en obras de referencia y en la prensa regional

El análisis tipológico científico fue realizado por C. Ayala Lafée-Wilbert y W. Wilbert (2010): los autores recogieron los relatos in situ en las comunidades guaiquerí, descompusieron la imagen en motivos elementales según la tradición de la clasificación de S. Thompson y la compararon con personajes semejantes de Venezuela, las Antillas y Mesoamérica; los resultados fueron publicados en la revista Antropológica (t. LIV, n.º 114).

Referencias

  1. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 Ayala Lafée-Wilbert, Cecilia; Wilbert, Werner (2010). «La Chinigua guaiquerí y sus pares mesoamericanas y caribeñas». Antropológica LIV (114): 29-66.
  2. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Salazar Franco, José Joaquín (1999). Mitos y creencias margariteñas (2.ª edición). Tacarigua de Margarita. (1.ª ed., La Asunción: Asamblea Legislativa del Estado Nueva Esparta, 1982).
  3. 1 2 Rothe, Eduardo (7 de enero de 2007). «Macuro en la leyenda: La Chinigua». Diario de Sucre.
  4. ↑ Gómez R., Ángel Félix (2001). Margarita en 302 historietas. Margarita: Fondo Editorial del Estado Nueva Esparta.
  5. 1 2 3 4 5 6 7 Franco, Mercedes (2005). Diccionario de fantasmas, misterios y leyendas de Venezuela. Caracas: El Nacional.
  6. ↑ Marcano Rosas, José (1978). Historia y habla popular en Margarita. Caracas: Fundaconferry.
  7. 1 2 Salazar Franco, José Joaquín (1989). Consejas y leyendas margariteñas. Tacarigua de Margarita. ISBN 980-300-805-6.

Bibliografía

Enlaces externos