| El Escobonal | ||
|---|---|---|
| localidad | ||
|
Iglesia parroquial de San José | ||
| Ubicación de El Escobonal en España | ||
| Ubicación de El Escobonal en la provincia de Santa Cruz de Tenerife | ||
![]() | ||
| País |
| |
| • Com. autónoma |
| |
| • Provincia | Santa Cruz de Tenerife | |
| • Isla |
| |
| • Municipio | Güímar | |
| Ubicación | 28°15′37″N 16°25′41″O / 28.26027778, -16.42805556 | |
| Población | 990 hab. (INE 2025) | |
| Código postal | 38591 | |
| Patrón | San José | |
El Escobonal es una localidad española perteneciente al municipio de Güímar, situado en la comarca histórica de Agache, en el sureste de la isla de Tenerife, comunidad autónoma de Canarias. Se encuentra en las medianías del sector meridional del término municipal, en las proximidades del barranco de Herques, que establece el límite con el municipio de Fasnia. Según los datos del Instituto Canario de Estadística, en 2025 contaba con 990 habitantes en el conjunto de su entidad singular de población.
El territorio de El Escobonal se ha vinculado históricamente al menceyato de Güímar, cuyo límite meridional se ha situado en el barranco de Herques, aunque su delimitación exacta ha sido objeto de estudio arqueológico e histórico. Durante la época moderna y contemporánea, el pueblo adquirió relevancia como centro religioso y de servicios de Agache. La apertura al culto de la primitiva ermita de San José en 1755 contribuyó a articular la vida religiosa de la comarca, mientras que la posterior implantación de servicios públicos reforzó su papel entre los distintos pagos del territorio.
El topónimo El Escobonal deriva de la voz «escobón», nombre común del arbusto Chamaecytisus proliferus, una especie de la familia de las fabáceas presente en Canarias. El término «escobonal» designa un lugar caracterizado por la abundancia de esta planta, por lo que constituye un topónimo de origen vegetal.
El territorio estuvo relacionado históricamente con los topónimos de origen guanche Agache y Chimaje. Según la información de Juan Bethencourt Alfonso, recogida por Maximiano Trapero en el Diccionario de Toponimia de Canarias: Los Guanchismos, el nombre Agache se aplicaba antiguamente al ámbito conocido como El Escobonal de Arriba, mientras que Chimaje se correspondía con El Escobonal de Abajo. Ambos nombres se documentan en la toponimia histórica de la zona, aunque sus significados etimológicos no están establecidos con certeza.
Durante la época moderna también se utilizaron conjuntamente las denominaciones de El Escobonal y Agache. Así, el sacerdote e historiador Agustín Díaz Núñez identificó el pago como «Escovonal ó Agache» en su obra Noticia de la Iglesia parroquial matriz del Apóstol San Pedro, publicada en 1850. Esta referencia histórica fue recogida posteriormente por el cronista oficial de Güímar, Octavio Rodríguez Delgado.
El Escobonal se encuentra en las medianías del sureste de Tenerife, en el sector meridional del municipio de Güímar y dentro de la comarca de Agache. Su núcleo principal se sitúa a unos 12 kilómetros del casco municipal, a una altitud aproximada de 503 m s. n. m.. Constituye uno de los principales asentamientos de la comarca, cuyo territorio se diferencia geográficamente del Valle de Güímar.
El paisaje de El Escobonal se caracteriza por las laderas cultivadas y el poblamiento tradicionalmente disperso. La agricultura de secano, especialmente el cultivo de papas sobre terrenos acondicionados con jable, ha desempeñado un papel importante en la configuración de su entorno rural. El Camino Real del Sur atraviesa las medianías de la zona y constituye uno de los antiguos itinerarios de comunicación con las localidades vecinas de Fasnia.
En el extremo meridional de este sector del municipio discurre el barranco de Herques, también denominado barranco de Erques, que establece parte del límite administrativo entre Güímar y Fasnia. Su tramo protegido forma parte del Monumento natural del Barranco de Fasnia y Güímar, un espacio natural de 152,1 hectáreas caracterizado por su relieve abrupto y por la presencia de hábitats naturales de interés ecológico. Las normas de conservación del monumento fueron aprobadas definitivamente en 2009.
Entre los equipamientos de la localidad se encuentran la iglesia parroquial de San José, el Centro de Educación Infantil y Primaria Agache y el Tagoror Cultural de Agache, dedicado a la conservación y difusión del patrimonio etnográfico de la comarca.
Antes de la conquista de Tenerife, el territorio de la actual comarca de Agache formaba parte de las áreas de ocupación guanche del sureste de la isla. La delimitación de las antiguas demarcaciones territoriales ha sido objeto de diferentes interpretaciones historiográficas, especialmente en lo relativo a la frontera meridional del menceyato de Güímar.
El barranco de Herques, situado al sur de El Escobonal, constituye un enclave de especial interés para el conocimiento de este periodo. Las investigaciones arqueológicas han documentado en su entorno enterramientos colectivos y manifestaciones rupestres, como grabados y cazoletas, que permiten estudiar la ocupación y utilización del territorio antes de la incorporación de Tenerife a la Corona de Castilla.
Tras la conquista, el territorio de Agache comenzó a figurar en las datas de repartimiento de tierras. El topónimo aparece documentado, entre otros testimonios, en una concesión de 1505, donde se utiliza como referencia geográfica junto a otros lugares del sureste insular.
Durante los primeros siglos de la colonización castellana, los aprovechamientos forestales desempeñaron un papel importante en la economía de la comarca. Desde comienzos del siglo XVI se explotaron los pinares para la obtención de madera y pez, productos que se transportaban mediante caminos conocidos como arrastraderos hasta el antiguo puerto de Agache, posteriormente denominado El Tablado. Uno de estos itinerarios atravesaba terrenos próximos a El Escobonal y al caserío de Aguerche, comunicando las zonas forestales con la costa.
Paralelamente, se desarrolló un poblamiento rural disperso, asociado principalmente a las actividades agrícolas y ganaderas. Durante el siglo XVIII, El Escobonal se consolidó como uno de los principales asentamientos de Agache. Hacia 1745 contaba con unas cuarenta familias, cuyos habitantes dependían eclesiásticamente de la parroquia de San Pedro Apóstol de Güímar.
La distancia a la cabecera municipal motivó que los vecinos solicitaran autorización para construir una ermita propia. Las obras comenzaron en la zona de Cano, en terrenos cedidos por el capitán José Delgado Trinidad y Díaz. El templo, dedicado a San José, fue bendecido y abierto al culto el 24 de enero de 1755, convirtiéndose en un importante centro religioso para los habitantes de El Escobonal y de otros pagos de la comarca.
Durante el siglo XIX, el crecimiento demográfico de El Escobonal estuvo acompañado por reivindicaciones vecinales relacionadas con las comunicaciones, la enseñanza y la prestación de servicios públicos.
En 1858, vecinos de El Escobonal, Lomo de Mena, La Medida y Pájara promovieron una solicitud para constituir un municipio independiente de Güímar. Entre los argumentos de la propuesta figuraban la distancia a la cabecera municipal y la insuficiencia de servicios, especialmente la carencia de escuelas y cementerio. El Ayuntamiento de Güímar se opuso a la segregación y la iniciativa no prosperó.
En el ámbito religioso, el aumento de población hizo necesaria la construcción de una iglesia de mayor capacidad y situada en una posición más céntrica. El nuevo templo de San José, cuya construcción fue impulsada por el beneficiado de Güímar Agustín Díaz Núñez, se bendijo el 21 de mayo de 1862. La imagen del patrono fue trasladada desde la antigua ermita de Cano, decisión que provocó discrepancias entre distintos sectores del vecindario.
La escolarización constituyó otra de las principales demandas de la población. En 1864, el Ayuntamiento estableció una escuela pública incompleta en El Escobonal, que permaneció abierta hasta 1881. Durante las décadas posteriores se sucedieron iniciativas educativas públicas y privadas, aunque la continuidad de la enseñanza no quedó definitivamente asegurada hasta comienzos del siglo XX.
A comienzos del siglo XX continuaron las demandas de mejora de los servicios y de las condiciones de vida. En 1911 se promovió un nuevo intento de segregación, esta vez con el propósito de separar El Escobonal del municipio de Güímar e incorporarlo al vecino municipio de Fasnia. La iniciativa, impulsada entre otros por el comerciante y agricultor Manuel Díaz Díaz, tampoco llegó a materializarse.
En 1919 se produjeron dos avances importantes para la localidad. Por una parte, una real orden de 28 de febrero dispuso la creación de escuelas unitarias de niños y niñas. Por otra, se concluyó la construcción del cementerio de San José, cuya utilización fue aprobada por el Ayuntamiento el 26 de marzo y que fue bendecido el 27 de abril. Hasta entonces, los fallecidos del pueblo debían ser trasladados al cementerio de Güímar.
El 4 de abril de 1926 se constituyó la Asociación Pro-Cultural del Escobonal, integrada por vecinos de la localidad y de Lomo de Mena, bajo la presidencia de Indalecio Cubas Castro. La entidad promovió reivindicaciones educativas, sanitarias y administrativas, y participó en un nuevo proyecto de segregación de Agache respecto de Güímar, que tampoco prosperó.
En el ámbito eclesiástico, las gestiones para establecer una parroquia independiente, iniciadas durante el siglo XIX, culminaron en 1929 con la creación de la parroquia de San José de El Escobonal. La nueva jurisdicción parroquial comenzó a funcionar el 1 de enero de 1930, separándose de la parroquia matriz de San Pedro Apóstol de Güímar.
Durante la Segunda República, El Escobonal alcanzó una considerable importancia demográfica y social. Según las investigaciones de Rodríguez Delgado, a mediados de la década de 1930 superaba los 2300 habitantes y contaba con agrupaciones políticas, organizaciones obreras y diversas sociedades culturales y recreativas. Entre ellas destacaron la Federación Obrera de El Escobonal y las asociaciones vinculadas a la actividad política y social del periodo.
En la madrugada del 30 de marzo de 1942, un incendio destruyó la iglesia parroquial de San José, incluidas sus imágenes religiosas, el mobiliario y el archivo. La reconstrucción del templo comenzó ese mismo año y permitió recuperar progresivamente su actividad religiosa.
Durante las décadas siguientes continuó la incorporación de servicios e infraestructuras. Entre los principales avances se encontraron la ampliación de las comunicaciones con la costa de El Tablado, la instalación de la red de abastecimiento de agua potable en 1964 y la llegada del suministro eléctrico y del alumbrado público a las medianías de Agache en 1967.
En 1977 se fundó el Tagoror Cultural de Agache, asociación dedicada al estudio, la conservación y la difusión del patrimonio histórico, arqueológico y etnográfico de la comarca. Entre sus primeras iniciativas figuraron la creación de un museo en El Escobonal y, posteriormente, una biblioteca pública, además de la recuperación de distintas tradiciones culturales locales.
La evolución demográfica de El Escobonal ha estado vinculada al desarrollo de la agricultura en las medianías de la comarca de Agache y a los movimientos migratorios que afectaron al sur de Tenerife durante los siglos XIX y XX.
A mediados del siglo XVIII, El Escobonal contaba con unas cuarenta familias, equivalentes aproximadamente a doscientas personas. Su población aumentó durante los siglos siguientes y alcanzó uno de sus máximos históricos durante la Segunda República Española, cuando superó los 2300 habitantes. Según el historiador Octavio Rodríguez Delgado, hacia 1936 constituía el décimo núcleo de población de Tenerife por número de habitantes, pese a no ser una cabecera municipal.
Los recuentos históricos deben interpretarse teniendo en cuenta las modificaciones de las entidades de población. En 1860, el Ayuntamiento de Güímar separó de El Escobonal los caseríos de Aguerche, Casa de Cano y Las Lajas para su incorporación independiente al nomenclátor municipal. Posteriormente, en la revisión de 1950, Cano y parte de El Pinar quedaron integrados en El Escobonal.
La población de El Escobonal ha experimentado distintas fluctuaciones durante las primeras décadas del siglo XXI. Según los datos del Instituto Canario de Estadística (ISTAC), la entidad singular de población contaba con 862 habitantes en 2000 y alcanzó los 992 en 2005. Posteriormente, registró un descenso gradual, hasta situarse en 897 habitantes en 2020.
| Año | Habitantes |
|---|---|
| 2000 | 862 |
| 2005 | 992 |
| 2010 | 962 |
| 2015 | 902 |
| 2020 | 897 |
| 2021 | 914 |
| 2022 | 911 |
| 2024 | 959 |
| 2025 | 990 |
Desde 2024, las cifras del nomenclátor proceden del censo anual de población, mientras que las correspondientes al período 2000-2022 se obtenían de la explotación estadística del padrón municipal. Esta diferencia metodológica debe tenerse en cuenta al comparar los datos de ambas series.
La economía tradicional de El Escobonal estuvo estrechamente vinculada a la agricultura y a los aprovechamientos agroforestales de las medianías de la comarca de Agache. Entre los principales cultivos históricos se encontraban las papas, la vid y el tomate, este último destinado también a la exportación.
Durante los siglos XIX y XX, una parte considerable de las tierras agrícolas del entorno perteneció a grandes propietarios, entre los que destacó la familia Delgado-Trinidad. Las explotaciones se organizaron mediante diferentes sistemas de trabajo, incluidos el jornal agrícola y la aparcería.
En su estudio sobre la estructura agraria de Güímar, el historiador José Manuel Rodríguez Acevedo documenta la utilización de estos sistemas en varias fincas de El Escobonal. En Las Lajas, el cultivo de papas se realizaba mediante el denominado sistema «al tercio», por el que el campesino entregaba al propietario una tercera parte de la cosecha. En la finca de Cano coexistieron el trabajo asalariado y la aparcería hasta las últimas décadas del siglo XX.
Las actividades agrícolas han perdido posteriormente parte de su importancia como principal fuente de empleo. Según el proyecto de dinamización de las medianías impulsado por el Cabildo Insular de Tenerife, las ocupaciones vinculadas al sector servicios y a la administración han adquirido mayor protagonismo, aunque la agricultura continúa desempeñando un papel en la economía familiar y en la conservación del paisaje rural.
El patrimonio histórico de El Escobonal comprende construcciones religiosas, viviendas tradicionales y edificios vinculados a la actividad económica y social de la comarca de Agache. Entre sus elementos más representativos se encuentran la antigua ermita de San José de Cano, la iglesia parroquial de San José y diversas edificaciones civiles de los siglos XVII al XX.
La antigua ermita de San José, conocida popularmente como la Ermita Vieja, se encuentra en el paraje de Cano, junto al antiguo Camino Real del Sur, en la parte baja de El Escobonal.
Su construcción comenzó después de que, en 1745, los vecinos solicitaran autorización para levantar un templo que evitara los largos desplazamientos hasta la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar. La ermita se edificó en terrenos cedidos por el capitán José Delgado Trinidad y Díaz y fue bendecida el 24 de enero de 1755. Su establecimiento contribuyó a la consolidación de El Escobonal como núcleo de población y al uso de las denominaciones históricas «San José de Agache» y «Pago de San José».
En 1862, tras la inauguración de un nuevo templo en el centro del pueblo, la imagen de San José fue trasladada a este último. La antigua ermita quedó entonces bajo la advocación de San Vicente Ferrer, cuya festividad continuó celebrándose en el lugar. Hacia 1927, un fuerte temporal provocó el desplome de su techumbre y parte de la construcción, que quedó en ruinas.
A comienzos del siglo XXI se realizaron actuaciones de acondicionamiento y recuperación de sus restos y del entorno inmediato. Las ruinas conservadas constituyen uno de los principales testimonios materiales de la historia religiosa de El Escobonal.

La iglesia parroquial de San José se encuentra en el centro de El Escobonal, junto a la plaza del mismo nombre. Su origen se remonta a mediados del siglo XIX, cuando el crecimiento de la población hizo necesaria la construcción de un templo de mayor capacidad y situado en un emplazamiento más accesible que la antigua ermita de Cano.
Las gestiones para levantar el nuevo edificio comenzaron en 1850, impulsadas por el beneficiado de Güímar, Agustín Díaz Núñez. Aunque las obras experimentaron diversas interrupciones, la colaboración vecinal permitió concluirlas y el templo fue bendecido e inaugurado el 21 de mayo de 1862. En esa fecha recibió la antigua imagen de San José procedente de la ermita de Cano.
Tras un prolongado proceso administrativo y eclesiástico, la iglesia fue elevada a parroquia en 1929, comenzando a funcionar como tal el 1 de enero de 1930, con jurisdicción sobre distintos núcleos de la comarca de Agache.
En la madrugada del 30 de marzo de 1942, un incendio destruyó el edificio, así como sus imágenes religiosas, el archivo parroquial y buena parte de su mobiliario. La reconstrucción comenzó ese mismo año conforme a un proyecto del arquitecto Javier Felip Solá, y las obras fueron ejecutadas por el maestro albañil Joaquín Rodríguez Castro. El nuevo templo fue habilitado progresivamente para el culto durante la década de 1940.
Entre los elementos históricos conservados destaca una campana fechada en 1802, dedicada a Jesús y María, que había pertenecido al templo anterior y se conserva en el baptisterio de la iglesia actual. Su estado de conservación impide utilizarla. La espadaña del templo reconstruido recibió una nueva campana en 1958, a la que se añadieron posteriormente otros bronces.
Entre los edificios civiles de interés histórico destaca la Fonda de El Escobonal, construida a comienzos del siglo XX por el maestro albañil Pedro García Castro. Situada en el centro del pueblo, funcionó durante décadas como establecimiento de hospedaje y lugar de parada para los viajeros que recorrían el sur de Tenerife. Se trata de un edificio de planta rectangular, cubierta de teja y fachada de composición regular, rehabilitado posteriormente para usos culturales.
Otra construcción destacada es la Casa del Cura, situada en el Lomo de Bayón, junto a la carretera que desciende hacia El Tablado. Esta vivienda tradicional, de dos plantas, cubierta de teja y elementos de carpintería de madera, fue residencia del sacerdote Juan de Castro y Baute (1766-1844), nacido y fallecido en ella. El inmueble, que conserva parte de sus características históricas pese a las transformaciones posteriores, constituye un testimonio de la arquitectura doméstica tradicional de Agache.
En el paraje de Cano se encuentra asimismo la Casa de Cano, antigua explotación agrícola cuyo origen podría remontarse al siglo XVII. Vinculada históricamente a la familia Delgado-Trinidad, fue ampliada durante los siglos XIX y XX mediante la incorporación de nuevas dependencias agrícolas y viviendas. En el nomenclátor de 1860 figuraba como una entidad de población diferenciada de El Escobonal.
Entre los edificios desaparecidos destaca el antiguo Cine Escobonal, proyectado en 1944 por el arquitecto Tomás Machado Méndez e inaugurado hacia 1950. Durante varias décadas acogió proyecciones cinematográficas y bailes, convirtiéndose en uno de los principales espacios de reunión y ocio de la comarca. El inmueble fue demolido en 2003, después de cesar su actividad y pasar a propiedad municipal.

Las fiestas patronales de El Escobonal se celebran en honor a San José, cuya devoción está vinculada a la historia religiosa de la comarca de Agache. La primera celebración documentada tuvo lugar el 19 de marzo de 1755, después de la construcción y bendición de la primitiva ermita de San José, situada en la zona de Cano. Aunque inicialmente se festejaban en torno a la festividad litúrgica del santo, durante el siglo XIX las celebraciones principales se trasladaron al primer domingo de agosto, fecha en la que ya se desarrollaban en 1850. Este cambio respondió, entre otros motivos, a las condiciones meteorológicas y al calendario de las labores agrícolas.
Históricamente, la organización de las fiestas se alternaba entre El Escobonal de Arriba, durante los años pares, y El Escobonal de Abajo, en los impares. Entre los actos tradicionales figuraban las celebraciones religiosas y la procesión de las imágenes de San José y la Inmaculada Concepción, acompañadas por la danza de cintas y bandas de música. El programa festivo incluía también bailes populares, exhibiciones pirotécnicas, competiciones de lucha canaria y carreras de sortijas, celebradas inicialmente a caballo y posteriormente en bicicleta.
Las fiestas continúan celebrándose principalmente durante el mes de agosto, con actos religiosos, conciertos, verbenas y actividades culturales. Entre las actividades recogidas en la programación de 2026 figuraron el Festival del Pueblo, el Festival Folclórico y la Noche de Cuentos y Estrellas.
Una de las manifestaciones más características del patrimonio cultural de El Escobonal es su danza de cintas, vinculada tradicionalmente a las celebraciones religiosas de San José. Se trata de una danza procesional en la que los participantes ejecutan movimientos alrededor de un mástil, entrelazando y desenlazando cintas de colores al compás de la flauta, el tamboril y las castañuelas. Entre sus particularidades se encuentra la indumentaria de inspiración marinera, caracterizada por prendas blancas y azules y bandas de colores.
Otro elemento destacado es la berlina de El Escobonal, una variante local de la berlina canaria, género de procedencia centroeuropea incorporado al repertorio tradicional de las islas durante el siglo XIX. Esta modalidad, ejecutada en parejas dispuestas en círculo, fue recuperada durante la primera mitad del siglo XX por el músico Joaquín Rodríguez Castro. Posteriormente, su coreografía incorporó modificaciones que contribuyeron a configurar la versión difundida por las agrupaciones folclóricas de la localidad.
La localidad cuenta asimismo con una prolongada tradición de agrupaciones musicales. En 1924 participó una parranda de El Escobonal en una fiesta regional celebrada en Santa Cruz de Tenerife, mientras que durante la década de 1940 se constituyó una rondalla folclórica en la que destacó la cantante Josefina Marrero. Estas agrupaciones contribuyeron a la conservación y divulgación de los repertorios musicales tradicionales de Agache.
Entre los intérpretes históricos de esta tradición destacó Cirilo Díaz Díaz (1857-1943), conocido como «Cho Cirilo el Tamborilero», natural de El Escobonal. Durante unos setenta años acompañó con la flauta y el tamboril las danzas de cintas y arcos de El Escobonal, Güímar y Fasnia, llegando a participar en actuaciones folclóricas fuera de Tenerife.
En 1977 se fundó en El Escobonal el Tagoror Cultural de Agache, asociación dedicada a la investigación, conservación y difusión del patrimonio histórico, etnográfico y natural de la comarca. Entre sus principales iniciativas se encuentran la creación del Museo Arqueológico, Costumbrista y Naturalista, inaugurado en 1977, y de una biblioteca pública, abierta al año siguiente. Ambas instituciones se instalaron posteriormente en dependencias de la antigua agrupación escolar de la localidad, cedidas por el Ayuntamiento de Güímar.
La asociación ha contribuido a recuperar y mantener diversas manifestaciones culturales, como la danza de cintas, el entierro de la sardina, el juego del palo y determinadas labores artesanales. También ha promovido publicaciones y documentales sobre la historia y las tradiciones de Agache. En reconocimiento a su trayectoria, recibió en 2002 la Medalla de Plata del municipio de Güímar.
La lucha canaria cuenta con una tradición histórica en El Escobonal, donde durante las primeras décadas del siglo XX se celebraban encuentros entre luchadores de distintos barrios y localidades de la comarca de Agache.
En 1931 se constituyó el primer equipo organizado de lucha canaria del pueblo, que mantuvo su actividad hasta el comienzo de la Guerra Civil española. Entre los luchadores surgidos de la cantera local durante aquella época destacó Gonzalo García Frías (1918-2008), conocido como «Pollo del Escobonal».
El Escobonal se comunica con el resto del municipio de Güímar y con las localidades de la comarca de Agache principalmente a través de la carretera general del Sur (TF-28), que atraviesa el núcleo urbano y constituye el principal eje viario de las medianías del municipio.
La carretera TF-617, denominada también avenida de Bayón en parte de su recorrido, conecta El Escobonal con El Tablado y permite acceder a la autopista del Sur (TF-1).
El transporte público por carretera está gestionado por la empresa Transportes Interurbanos de Tenerife (TITSA), mediante las siguientes líneas de guaguas:
| Línea | Recorrido | Horarios |
|---|---|---|
| 033 | Güímar – Fasnia – La Zarza – La Sombrera | TITSA |
| 034 | El Tablado – El Escobonal – Fasnia – Arico – Granadilla de Abona | TITSA |
| 035 | Güímar – El Escobonal – Fasnia – Arico – Granadilla de Abona | TITSA |
| 039 | Güímar – El Tablado – El Escobonal – Fasnia – Arico – Granadilla de Abona (por la TF-1) | TITSA |
Los recorridos pueden variar según la expedición y el día de servicio, especialmente en la línea 033, por lo que deben consultarse los horarios actualizados de la empresa operadora.