Macrogranja es un término coloquial usado en España para referirse a explotaciones de ganadería intensiva de gran tamaño, especialmente en el sector porcino y el avícola. El término no constituye una categoría jurídica: el Gobierno ha señalado por escrito que «no existe una definición legal» del concepto y que no está previsto como categoría en la normativa básica aplicable a las explotaciones ganaderas.
El vocablo se extendió en el debate público español a partir de 2017–2018, en paralelo a la controversia social por proyectos de nuevas explotaciones intensivas de miles o decenas de miles de animales en zonas rurales con baja densidad de población.
En el uso habitual en España, «macrogranja» se emplea de forma variable según las fuentes (prensa, organizaciones sociales, sector ganadero o administraciones). Suele solaparse con expresiones como «ganadería industrial» o «granja industrial», pero no son equivalentes: mientras que «granja industrial» se utiliza con frecuencia como denominación descriptiva de instalaciones de producción animal en régimen intensivo, «macrogranja» tiende a reservarse para el extremo de gran escala y suele aparecer en contextos de controversia social y política.
Aunque «macrogranja» no está definida en la legislación española ni europea, el debate público a menudo toma como referencia umbrales existentes en normativa ambiental. En España, el Real Decreto 815/2013 (marco de la autorización ambiental integrada e incorporación de la Directiva de emisiones industriales) incluye en su anexo umbrales para la cría intensiva de porcino y aves (por ejemplo: más de 2.000 plazas de cerdos de cebo de más de 30 kg; 750 cerdas reproductoras; o 40.000 plazas de gallinas ponedoras).
Estos umbrales no equivalen a una definición de «macrogranja», sino a criterios administrativos para obligaciones ambientales y de control integrados.
La popularización del término se ha vinculado a la expansión y concentración territorial de la ganadería intensiva, especialmente porcina, durante las décadas recientes. Informes del MAPA describen una tendencia a la reducción del número total de explotaciones y, simultáneamente, al aumento del tamaño medio de las granjas, con concentración del censo porcino en varias comunidades autónomas.
El término cobró gran visibilidad mediática a finales de 2021 y comienzos de 2022 a raíz de declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, en una entrevista publicada por The Guardian (26 de diciembre de 2021), en la que contrapuso la ganadería extensiva y las «megafarms» (macrogranjas) por sus impactos ambientales y territoriales. Verificadores como Maldita.es y Newtral publicaron análisis sobre la circulación de versiones recortadas o descontextualizadas y sobre la inexistencia de una definición oficial de «macrogranja».
En términos generales, el debate público ha contrapuesto preocupaciones por impactos ambientales y territoriales (gestión de estiércoles y purines, nitratos, olores, emisiones), y argumentos relativos a productividad, empleo rural, abastecimiento y cumplimiento normativo.
La contaminación del agua asociada a aportes agrarios (incluida la gestión de estiércoles y purines en áreas de elevada densidad ganadera) es uno de los ejes del debate. La Comisión Europea publicó en 2021 un informe de aplicación de la directiva basado en la información remitida por los Estados miembros (período 2016–2019).
En el caso de España, la Comisión decidió en abril de 2022 llevar al Estado ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por incumplimientos de la Directiva sobre nitratos. El TJUE dictó sentencia el 14 de marzo de 2024 (asunto C-576/22) declarando incumplimientos de España en relación con obligaciones previstas en dicha directiva.
Las explotaciones intensivas de porcino y aves pueden contribuir a emisiones de amoníaco (NH₃) y otros compuestos, lo que las sitúa en el foco de políticas europeas de reducción de contaminantes atmosféricos. Parte de las obligaciones de control ambiental se articulan mediante el régimen de emisiones industriales y la autorización ambiental integrada.
En algunos territorios, el debate sobre macrogranjas se ha cruzado con controversias ambientales más amplias. En la Región de Murcia, la crisis ecológica del Mar Menor y las políticas de restauración han sido objeto de atención pública y normativa, incluida la aprobación de la Ley 19/2022, de reconocimiento de personalidad jurídica a la laguna y su cuenca.
La oposición a proyectos asociados a «macrogranjas» ha dado lugar a plataformas vecinales y coordinaciones a escala autonómica y estatal. En el debate público, además de la dimensión ambiental y territorial, también aparecen argumentos relativos al bienestar animal y, en algunos discursos, al sufrimiento animal.
En España no existe una categoría legal denominada «macrogranja». La regulación aplicable a grandes explotaciones intensivas se articula mediante normativa sectorial (por ejemplo, ordenación zootécnica) y normativa ambiental (autorización ambiental integrada, emisiones industriales y registros de emisiones). En el sector porcino, el Real Decreto 306/2020 establece normas básicas de ordenación de las granjas porcinas intensivas.
En 2024 se aprobó la Directiva (UE) 2024/1785, que modifica el marco europeo de emisiones industriales e introduce, entre otros cambios, umbrales expresados en unidades de ganado mayor (UGM) para determinadas instalaciones de cría de porcino y aves de corral.