Las minas de Alpartir son unas minas de materiales cupríferos en Alpartir (provincia de Zaragoza, España). Explotadas durante el auge minero del siglo XIX quedaron fuera de uso en el siglo siguiente. En la actualidad, las minas se consideran parte del patrimonio histórico minero y su baritel está incluido en la lista roja de patrimonio en peligro de Hispania Nostra.
Alpartir se encuentra en la zona aragonesa del sistema ibérico, donde se encuentran núcleos de orogenia hercínica en los que afloran material metálico creado en fenómenos volcánicos del periodo geológico estefaniense-pérmico. Así, las rocas de interés forman mineralizaciones filonianas con una direccionalidad marcada en la zona de Alpartir. Los minerales muestran una paragénesis con tres fases, una superficial de arsenopirita-hierro, otra de cobre-estaño-zinc-(plata) y una final de plomo-cobre-estaño. Estos afloramientos metálicos van acompañados de cuarzo y siderita.
Aunque se atribuye un origen romano a las minas, las primeras menciones documentales son del siglo XVI.
Con la burbuja minera que España sufrió en la década de 1840 se reavivó el interés por los yacimientos de Alpartir, si bien la mayoría de proyectos no pasaron de especulación sobre el papel. La mina Colosal Platífera intentó esa década recuperar las explotaciones de origen romano, infructuosamente. Más éxito tuvo la compañía La Milanesa con su Mina Bilbilitana, que en la década de 1850 encontró depósitos de cobre con pequeñas cantidades de plata. Insuficientes para la viabilidad económica, la compañía terminó quebrando e iniciando un largo proceso de subastas y compraventas. Otras minas (Carolina, La Montañesa, San José...) tuvieron vidas aún más cortas hasta final de siglo.
A finales de siglo, las concesiones fueron registradas de nuevo, con los nombres de Éxito y de Complemento, por Juan Espiell y Rovira, un inversor de Barcelona que también formaría la sociedad Electro Metalúrgica del Ebro. Tras su muerte en 1904, las concesiones fueron adquiridas por la catalana Compañía General de Minas y Sondeos. Esta prometía acometer las obras para electrificar la industria, como se estaba haciendo en la zona en la mina de Tierga y se prometía en otras minas. La compañía efectivamente reparó el edificio del antiguo malacate, construyó nuevas edificaciones, entre ellas una lujosa residencia para visitas de los directivos, e instaló un sistema de extracción movido por electricidad, todo lo cual fue objeto de un reportaje fotográfico de Gustavo Freudenthal. También construyó un falso túnel sobre el barranco de la Tejera, para poder utilizarlo como escombrera, Pese a la bonanza económica de España durante su neutralidad en la Primera Guerra Mundial, en los años siguientes la empresa quebró y para 1920 las minas quedaron de nuevo sin actividad.
El periodo de autarquía que siguió a la guerra civil española vio un último intento de recuperar la concesión minera, que caducó en 1950 sin que la mina hubiera llegado a volver a funcionar.