
El neogibelinismo es el nombre moderno dado a la teoría política humanista, universalista y cristiana de Mercurino Gattinara, gran canciller del emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Tiene su origen en el gibelinismo, el nombre histórico del partidismo italiano renacentista en favor de los sacros emperadores.
Inspirado por Dante Alighieri, Gattinara perseguía no sólo la centralización del poder alemán e italiano bajo el puño de Carlos, sino también convertir a éste en el hegemón supranacional del mundo cristiano, al que todos los demás príncipes estarían subordinados. El resultado sería una cristiandad unida y capaz de extender el humanismo cristiano por todo el globo (dominium mundi), asimilando a musulmanes, paganos y herejes. Gattinara se basó en el concepto político-ideológico de la monarquía universal (monarchia universalis) y el arquetipo cristiano de Jesucristo como pastor de los hombres, haciendo su lema en latín fiet unum ovile et unus pastor (Juan 10:16, "habrá un solo rebaño y un solo pastor").
El programa de Gattinara suscitó expectativas en el Sacro Imperio Romano Germánico y en Italia de neutralizar a la siempre hostil Francia, y de recuperar los territorios imperiales italianos perdidos históricamente a la órbita francesa, como Milán, Génova y la Provenza. Explotó el sentimiento antipapal, generalizado en el sacro imperio desde finales del período de Maximiliano I, y un patriotismo imperial antifrancés.
Basándose en estas corrientes y conceptos, Gattinara logró asegurar el trono del Sacro Imperio Romano Germánico para el rey español como requisito previo para sus ambiciones monárquicas y universales. De manera crucial, en la elección de Carlos, figuras prominentes del capitalismo temprano de la Alta Alemania como los Fugger y los Welser, además de varias casas bancarias italianas, ayudaron a financiar las demandas electorales.
Sin embargo, los planes de Gattinara componían esencialmente una utopía. Con la rebeldía de Francisco I de Francia, la alianza de este con el imperio otomano y la emergencia de la reforma luterana, el sueño no pudo avanzar, y Carlos encontró imposible de unificar y manejar su larga serie de tronos, que repartió entre su hijo Felipe y hermano Fernando.
El término se utiliza también en el contexto de la política italiana del siglo XIX y la unificación de Italia, refiriéndose a los movimientos que se dirigían contra los aspectos federalistas papales y apuntaban a un estado italiano centralizado.