
El parlache fue inicialmente una germanía (jerga de delincuentes) que se originó y desarrolló en los sectores marginales de la ciudad de Medellín y, años más tarde, extendida al área metropolitana del Valle de Aburrá y a otras poblaciones y ciudades del departamento de Antioquia, en Colombia. Surgió en la década de 1980 como una forma de expresión de los jóvenes de los barrios populares, en un contexto de crisis social, violencia y narcotráfico. Ha tenido una influencia en el habla popular de otras regiones de este país a través de los medios de comunicación que le han dado espacio, y su uso por personajes influyentes de la vida nacional.
Algunas personas de distintas edades y características socioculturales, habitantes del área metropolitana del Valle de Aburrá y de otras regiones de Colombia han adoptado varios de sus términos como una jerga. Sus principales influencias son el español paisa (dialecto hablado en Antioquia), el género musical de la salsa y el lunfardo (jerga delincuencial de Argentina). Su caudal léxico ha crecido de manera sostenida: el glosario publicado en 2001 contenía cerca de 1 500 entradas, mientras que investigaciones posteriores han documentado más de 2 500.
Es importante aclarar que el parlache no deja de ser una variante del español, puesto que casi todos sus mecanismos de transformación y creación léxica se adaptan a los procesos fonológicos, morfosintácticos y semánticos de esta lengua. Aunque los usuarios del parlache rechacen el español estándar como símbolo de la clase dominante, en el fondo lo reconocen como la forma más elaborada y la que se quiere utilizar en determinadas circunstancias.
El término parlache fue acuñado por la necesidad de un nombre que debería llevar esta germanía para la investigación que estaban realizando los sociolingüistas de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia Luz Stella Castañeda Naranjo y José Ignacio Henao Salazar. Entre las propuestas se encontraban; «el hablar torcido», «el parceñol» y «el sisasnolas». La búsqueda del nombre se amplió hasta llegar a oídos de los estudiantes de la mencionada universidad que entraron a participar y a algunos de los informantes del estudio que tenían contacto con personas que pertenecían a los grupos sociales en donde esta jerga era de uso común. Uno de tales informantes, estudiante de la citada universidad y residente de un barrio marginal propuso «el parlache», por apócope —supresión de algún sonido al final de un vocablo— de «parlar» y por aféresis —supresión de algún sonido al principio de un vocablo— de «parche».

Durante la época colonial en el siglo XVI la minería del oro fue la primera actividad económica de Antioquia. Desde los tiempos de la conquista española de Colombia los territorios antioqueños de Remedios y Zaragoza han sido poblados y recorridos por buscadores de oro. En la época de la colonia, para atender a la explotación de las minas los colonos más ricos llevaban a Zaragoza y Remedios cuadrillas de negros esclavizados, que venían desde Cartagena de Indias; los colonos menos pudientes lo buscaban en las arenas con sus propias manos, ayudados de picos y bateas, como muchas personas lo hacen todavía hoy en estos lugares y en muchos otros de Colombia.
Los núcleos urbanos de los municipios anteriormente mencionados están constituidos en gran parte por mineros, individuos y familias, que han llegado de otras tierras, aledañas y lejanas dentro y fuera del departamento de Antioquia. En Zaragoza y Segovia operan compañías extranjeras y pequeñas empresas colombianas que ocupan en conjunto a millares de trabajadores en la extracción de oro, los cuales todavía son muy explotados artesanalmente, existiendo gran cantidad de ilegalidad y violencia.

En los estudios e investigaciones sobre Antioquia se ha dicho que la construcción del ferrocarril, el auge de la economía cafetera y la industrialización de Medellín, estuvieron determinados por la participación de los ricos y poderosos antioqueños en diferentes sectores de la economía como: minería, comercio, ganadería e industria. A principios del siglo XX también estaban instalándose compañías extranjeras dedicadas a la explotación aurífera, especialmente en el nordeste antioqueño. Sin embargo son pocos los estudios sobre las repercusiones que en cada municipio tuvo este proceso.
Durante la década de 1950 una carretera, que prácticamente desaparecía en épocas de lluvias, transitaba entre Zaragoza y Remedios. También había un servicio de transporte aéreo desde y hacia Medellín y Cartagena. La alimentación de la mayoría de los habitantes era mala. El clima era insalubre y abundaban los enfermos de paludismo. El consumo de licores, especialmente de cerveza, alcanzaba proporciones muy altas, principalmente en Zaragoza. La introducción de muchas cuadrillas de negros africanos para la extracción del oro, podría explicar el uso del vocablo «combo» entre otros de origen africano.

Hasta 1930 las principales corrientes migratorias provenían de la zona rural cercana a Medellín y de los sectores medios de los pueblos más alejados; los migrantes eran de los sectores económicos del comercio, minería y artesanal. Después de 1930 el ritmo del proceso migratorio tendió a acelerarse, y a partir de 1948 el crecimiento total alcanza el 6%, con la llegada de pobladores que huyen o son expulsados por los bandoleros, la pobreza y la problemática agraria.
El tango es introducido en Medellín por las compañías discográficas gracias a la aparición de los discos de setenta y ocho revoluciones. En ellos se escuchaba una música de carrilera (u otra obra de la música folclórica colombiana) de un lado y un tango del otro interpretados éstos en la voces de cantantes no argentinos, sino españoles o de otros países latinoamericanos. La introducción de estos discos se produjo entre las décadas de 1920 y 1930. Otro factor que contribuyó a la introducción y la difusión del tango durante la década de 1930, fueron las emisiones de radio locales e internacionales.

Por último, la trágica muerte de Gardel en 1935 en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, contribuyó al nacimiento del mito y a que esta ciudad fuera calificada como la capital tanguera del mundo, debajo de Montevideo y Buenos Aires. En el orden sociológico apuntan a la existencia de procesos sociales semejantes en la Argentina de comienzos del siglo XX y en la Antioquia de esas primeras décadas. La renovación política que tiene lugar con el ascenso del presidente del Partido Liberal Colombiano, Alfonso López Pumarejo, luego de cincuenta años de Hegemonía Conservadora, genera también un verdadero proceso de modernización y Medellín se industrializa reforzando con ello la fuerte corriente migratoria del campo a la ciudad (versión local de la argentina «hacer la América»).

Esta migración tiene espacio cerca de la antigua estación Cisneros del ferrocarril y de la antigua plaza de mercado con una mayor concentración en los bares y prostíbulos del barrio Guayaquil. Es allí donde florece el tango, como expresión de lo que experimentan esos seres marginales que se debaten entre la nostalgia de un pasado, la convicción de que el tiempo pasa para todos y lo único cierto es la muerte, la experiencia de pérdida en la que el barrio, la madre, la mujer querida, todo se va, dejando al hombre en soledad.
Después de 1945, con el comienzo de la época de La Violencia, la ciudad de Medellín afrontó un proceso acelerado de crecimiento que hizo aumentar el número de habitantes y urbanizar terrenos que no eran tenidos como posibles zonas de construcción, especialmente hacia el norte en la zona nororiental de Medellín. Si bien la guerra civil que se ensañó con los campos colombianos no tocó directamente a la ciudad, esta sí se vio afectada por la llegada masiva de refugiados.
El proceso migratorio hacia Medellín no fue homogéneo. Los estudios demográficos señalan que, durante la segunda mitad del siglo XX, la ciudad recibió oleadas de población provenientes de distintas regiones del país, especialmente del nordeste antioqueño y de los departamentos de Chocó, Córdoba y Bolívar, lo que contribuyó a la diversidad cultural y lingüística de los sectores populares.
Las condiciones de vivienda en los barrios periféricos reflejaban la precariedad del proceso migratorio. Para 1918, Medellín contaba con 7745 casas, con un promedio de siete personas por domicilio. Este déficit habitacional, que se agudizó con las décadas siguientes, impulsó la construcción de barrios obreros por iniciativa privada y, posteriormente, la autoconstrucción en las laderas de la ciudad. Barrios como Manrique Central, Buenos Aires, Villa Tina, Castilla y Doce de Octubre surgieron como resultado de esta dinámica de poblamiento acelerado y no planificado.
Desde aproximadamente la década de los años 80, pero con antecedentes importantes en las décadas de los años sesenta y setenta, con el lenguaje de los camajanes, de las bandas y de los famosos vagos y patos que deambulaban por los barrios, viene desarrollándose en Medellín y en su Área Metropolitana el parlache, que expresa toda esa nueva realidad que se vive en una ciudad en crisis. Realidad caracterizada, entre otros aspectos, por:
El bazuco, una mezcla de base de coca y marihuana, se popularizó en Medellín a partir de 1981 y se convirtió en un factor determinante en la configuración social de los jóvenes de los barrios populares. Su consumo generó un ciclo de adicción y delincuencia que, según el testimonio de habitantes de la época, «desencadenó la agresividad de los muchachos» y llevó a que «matar se volviera una adicción». Este contexto de violencia y adicción fue el caldo de cultivo para la expansión del parlache, que encontró en el bazuco uno de sus principales combustibles léxicos y sociales.
Surge entonces el parlache, ya que las transformaciones sociales, culturales y laborales de Medellín generaron una división de la ciudad en dos sectores diferenciados, y dieron origen a una serie de cambios lingüísticos y a una nueva forma de simbolizar y de expresar la realidad urbana. El surgimiento de lenguajes con mucho argot se da, con diferentes niveles de intensidad, en las grandes ciudades del mundo. Al respecto, la profesora mexicana Rossana Reguillo Cruz (1995, p. 94), al estudiar el mundo de las bandas —que en México tienen unas características un tanto diferentes a las de Medellín—, dice que el territorio de la banda puede leerse como un texto cultural, en el que se materializan las visiones y representaciones del mundo de los actores que lo habitan.
Para el profesor catalán Carlos Feixa et al. (Alsinet, pp. 96—100), las culturas juveniles crean un territorio propio y se apoderan de espacios urbanos determinados que distinguen con sus marcas: la esquina, la calle, la pared, el local de baile, la discoteca, el centro urbano, las zonas de ocio. Crean palabras, giros, frases hechas; cambian la entonación, todo para oponerse a los adultos. Para lograrlo toman elementos prestados de los argotes marginales, como el de la droga, de la delincuencia y de los diferentes grupos étnicos que componen el cuerpo común de la sociedad; pero asimismo de ingeniosa manera crean nuevos términos y expresiones a través de las metáforas, de la inversión silábica y los juegos lingüísticos.

Al referirse al Verlan francés, el periodista José Luis Barbería (1999), nos dice que los suburbios de las ciudades francesas son hoy fecundos laboratorios lingüísticos, pues a toda hora surgen nuevas palabras creadas con la inversión de las sílabas de las palabras conocidas, con la fusión de vocablos nacidos del choque entre el francés y el árabe, las lenguas centroafricanas, el inglés e incluso el español; también surgen nuevas palabras por creación pura y caprichosa.
Estas características coinciden también con el proceso de formación y de difusión del lunfardo en Buenos Aires, dialecto que surgió de los inmigrantes que vivían en la orilla (sectores marginales de la ciudad). Para José Gobello (1996, p. 129), presidente de la Academia de lunfardo y estudioso de esta variedad dialectal, el lunfardo puede considerarse como un repertorio de voces extranjeras, una acumulación de préstamos.
El lunfardo fue creado por los compadritos con los elementos lingüísticos traídos por los inmigrantes. En un comienzo, el lunfardo fue un lenguaje rechazado y discriminado, pero con el paso del tiempo, según Sebreli (1979, p. 106): «Siendo el lenguaje técnico de los malhechores, destinado a ser entendido sólo por los iniciados, devino luego en lenguaje común de todo este sector desasimilado, que intenta la destrucción simbólica de la sociedad organizada, mediante la destrucción de su lenguaje».
En Colombia, concomitante con el narcotráfico, un gran número de personas, en su mayoría jóvenes con escasas posibilidades de estudio y de empleo, dan origen a las bandas y al sicariato. Estas bandas y la situación socioeconómica, cultural e ideológica que rodea a los jóvenes de los barrios populares, e incluso a jóvenes de otros sectores, generan una cultura ambivalente y una crisis de los valores tradicionales.
Los jóvenes, entonces, no tienen una identidad cultural definida, porque a pesar de que muchos de ellos han nacido en Medellín, no tienen una raíz propiamente urbana y en sus manifestaciones culturales y lingüísticas se puede leer todo un sentido de desarraigo, que es claramente observable en los escritos que hemos recogido para la primera investigación y en los datos que se recopilaron para esta tesis doctoral. Este desarraigo se expresa en palabras como amurao, desparchado, chirrete, bandera, desechable.
El parlache no surgió de manera homogénea en toda la ciudad, sino que se gestó en espacios sociales específicos. Los investigadores del proyecto PRESEEA-Medellín han identificado los denominados «ejes barriales», núcleos urbanos que concentran la historia y la vida social de las comunas y que funcionaron como espacios de producción léxica. Barrios como Manrique Central de la comuna 3 Manrique, Santo Domingo Savio de la comuna 1 Popular, Villa del Socorro de la comuna 2 Santa Cruz y Doce de Octubre de la comuna 6 Doce de Octubre se consolidaron como centros de creación lingüística, donde los jóvenes inventaban y resignificaban palabras en su vida cotidiana.
La distribución geográfica del parlache evidencia la relación entre el espacio urbano y la variación lingüística. Las comunas nororientales, caracterizadas por su alta densidad demográfica y sus condiciones geológicas inestables, concentraron a la población con menores niveles educativos y mayores índices de violencia. Por el contrario, zonas como la comuna 14 El Poblado, la comuna 11 Laureles–Estadio o la comuna 16 Belén, con menor densidad poblacional y mayor acceso a la educación, no fueron el origen del parlache, aunque posteriormente adoptaron algunos de sus términos. Esta segregación socioespacial se reflejó en la difusión diferencial del argot.
Con el deterioro de las condiciones socioculturales y la agudización de la violencia, el parlache sigue vigente, y su desarrollo es tan fuerte, que su caudal léxico se ha incrementado notoriamente en los últimos años. El glosario del libro publicado en 2001 no alcanzaba las 1 500 entradas; en cambio, en la base de datos para esta investigación hay poco más de 2500, contando las diferentes acepciones. Así mismo, es cada vez más frecuente su uso en los medios de comunicación, sobre todo, cuando abordan la problemática de los sectores populares y marginales, no sólo de Medellín sino de toda Colombia. Además, la presencia de palabras y expresiones del parlache en textos publicados ha aumentado considerablemente en los últimos dos años.
Como se ha dicho en la parte introductoria de este artículo, el parlache es una germanía. Acoge en su inventario un número representativo de palabras que están presentes en el DRAE, sin embargo en esta variedad del argot han sido resemantizadas o han sido actualizadas. Dado que su origen se circunscribe en el ámbito medellinense y este a su vez en la cultura de la región paisa, que tradicionalmente ha hablado una variante del idioma castellano: puede decirse que el parlache es un derivado de la variante del español hablado en Antioquia.
El parlache, como germanía, comparte características con otros argotes hispanoamericanos, como el lunfardo argentino o el cheli español. Sin embargo, su rasgo distintivo es su capacidad de expansión: a diferencia de otros lenguajes marginales que permanecen circunscritos a grupos delictivos o juveniles, el parlache trascendió su origen para convertirse en un fenómeno de alcance nacional, presente en los medios de comunicación y en el habla cotidiana de diversos estratos sociales.
El investigador Ramiro Montoya señala que el parlache no es un «lenguaje» en sentido estricto, sino una «jerga de marginados» que nace de la necesidad de nombrar una realidad violenta y excluyente, pero que paradójicamente terminó por ser adoptada por los sectores que originalmente la rechazaban.
El uso frecuente de la forma pronominal de los verbos, incluso muchos verbos que en la variedad patrón no lo son. Por ejemplo: achicopalarse, amurarse, bacaniarse, destapiñarse, engolirarse, pisarse, rambotizarse, repantigarse.
El parlache ha incorporado términos de diversas lenguas, reflejando el contacto cultural característico de los sectores populares de Medellín. Uno de los aportes más significativos proviene del lunfardo, la jerga delincuencial de Buenos Aires, de donde toma palabras como cana ('cárcel'), amurao ('encarcelado' o 'triste') y gurí ('niño').
Del inglés, el parlache ha adoptado términos mediante adaptaciones fonéticas, como ansorris (de I'm sorry, 'lo siento'), de one (de at once, 'de una vez') y fren (de friend, 'amigo'). Asimismo, del portugués proviene parceiro ('compañero' o 'amigo'), que dio origen a las formas locales parcero y parce.
Estos préstamos lingüísticos se combinan con procesos creativos internos, como la inversión silábica —similar al verlan francés— y la resemantización de palabras del español estándar, lo que convierte al parlache en un laboratorio lingüístico de gran vitalidad.
En este procedimiento se presenta una ampliación semántica, porque se incorporan al léxico de este argot palabras ya existentes pero con nuevos significados. En algunos casos estas palabras sufren varios procesos de resemantización y también sucede que cambian de categoría gramatical. Por ejemplo
| Categoría gramatical | Vocablo |
|---|---|
| Verbos | aforar, agitar, amarrar, arrugar, barajar, boletear/~iar, brincar, cabalgar, cabrear/~iar, cachar, carroñar, chutar, dañar, entubar, fumigar, ganar, insolar, ligar, mascar, patrocinar, timbrar, tumbar, zafar, |
| Sustantivos | adobe, aeropuerto, aguja, amarrado, animal, ascensor, baile, caneca, carriel, cascado, cocina, doblador, figurín, filo, finca, gaga, manca, merca, muñeco, piñata, pirata, teléfono, tropel, vacuna |
| Adjetivos | abeja, agrio, alzado, anestesiado, arañado, avión, bandera, banderola, biblia, cajeto, calidoso, casposo, chimba, chupón, conejero, enamorado, escaldado, frentero, iluminado, mamón, marrano, pajizo, pasta, pecoso, perro, piloso, plumero, podrido, prendo, primo, puyón, roncón, sabroso, trabado, verde, |
La mayoría de los verbos resemantizados en parlache se presentan en seis campos semánticos:
En total, son ciento veintiséis verbos que han llegado al parlache por esta vía. Si agrupamos muerte, violencia, estupefacientes, cárcel y robo, cuatro ejes temáticos relacionados y caracterizados por la trasngresión y violencia, tendríamos allí ubicados la mayoría de los verbos que entran al parlache a partir de la resemantización. Por ejemplo: «abrirse». Unos cuantos son creaciones, por ejemplo destapiñarse, que significa «despatarse, hacer evidente las inclinaciones homosexuales»; verbo este que no se encuentra en ninguno de los diccionarios como son el DRAE, el Diccionario de argot de Julia Sanmartín, el Diccionario ejemplificado de argot de Ciriaco Ruíz y el Vocabulario ideológico del lunfardo de José Gobello.
La resemantización en el parlache no es un proceso caprichoso, sino que responde a mecanismos cognitivos como la metáfora y la metonimia. Por ejemplo, fierro ('revólver') opera por metonimia —el material por el objeto—; gaga ('metralleta') por metáfora —el sonido que produce el arma—; y mula ('persona que transporta estupefacientes') por metonimia —el animal de carga por la función que desempeña—.
El campo semántico de la violencia y la muerte es el más fértil en la creación de nuevas acepciones. Según el estudio de Castañeda Naranjo (2008), de los 126 verbos resemantizados en el parlache, la mayoría pertenecen a ejes temáticos relacionados con la transgresión y la violencia. Esta preponderancia léxica refleja la realidad social en la que se gestó el argot, donde la muerte, el robo y el narcotráfico eran experiencias cotidianas.
Este hecho se da en el castellano y es muy utilizado en parlache, en un proceso de incorporación en el mismo sentido que se actualiza o revitaliza palabras que habían caído en desuso, pero que estaban latentes en la cultura popular. Por ejemplo: la palabra pelle o peye que no aparece registrada en el DRAE, pero sí el Diccionario de colombianismos de Tobón Betancourt (1997; p. 273), como un adjetivo despectivo que se usaba para hacer referencia a una prenda de vestir desgastada. En parlache es una palabra que se usa también como despectivo para insultar a alguien o para referirse a un animal u objeto en mal estado. La palabra toparse, que significa encontrarse con alguien, dejó de usarse en el lenguaje urbano de Medellín pero es de común usanza en los sectores rurales.
Este proceso de revitalización no solo afecta a palabras en desuso, sino que también otorga nuevos significados a términos que mantienen su vigencia en el español estándar. La palabra coronar, por ejemplo, significa en el español general 'alcanzar la cima' o 'completar una obra', pero en el parlache adquiere el sentido de 'completar un delito' o 'realizar un golpe' con éxito. De manera similar, madrugar ('levantarse temprano') se resemantiza como 'adelantarse a alguien en una acción delictiva'.
| Categoría gramatical | Vocablo |
|---|---|
| Verbos | achantar, apadrinar, coronar, cranear, enjaular, estrellar, hundir, madrugar, quiñar, rebotar. |
| Sustantivos | animal, arrechera, chiney, chocha, guandoca, guaro, pachanga, padrino, puchito, puntazo. |
| Adjetivos | aborto, agringado, caído, carcacha, fafarachero, fariseo, garulla, gato, pintoso, pirata. |
Además de la derivación, la composición y la resemantización, el parlache emplea otros procedimientos particulares para la creación y transformación de palabras.
La inversión silábica o vesre consiste en alterar el orden de las sílabas de una palabra. Este mecanismo, común en el lunfardo y el verlan francés, cumple funciones crípticas y lúdicas. Son ejemplos en parlache lleca ('calle'), ofri ('frío'), grone ('negro'), tabogo ('Bogotá'), misaca ('camisa') y jermu ('mujer'). También se produce alternancia de fonemas en palabras como peligruesa ('peligrosa'), drogoberto ('drogadicto') y mariajuana ('marihuana'), creadas por analogía.
El parlache también recurre a la sustracción de elementos. La derivación regresiva permite formar sustantivos a partir de verbos, como embale ('abstinencia'), derivado de embalarse ('arriesgarse' o 'meter en problemas'). El acortamiento es otro recurso frecuente, con casos como coleto ('colectivo'), parce ('parcero') y ñero ('compañero').
Finalmente, la acronimia o cruce combina partes de palabras para crear nuevas unidades, a menudo con intención insultante. Ejemplos como chichipanguanorrea (de chichipato, panguano y gonorrea), gonopichurria (de gonorrea y pichurria) y chandorrea (de chanda y gonorrea) muestran cómo se fusionan tres insultos para potenciar su significado. También se registran híbridos con elementos de otras lenguas, como aburrilandia (de aburrir y el sufijo -landia) y mancito (del inglés man con el sufijo -ito).
Más allá de sus características lingüísticas, diversos investigadores han señalado que el parlache cumple una función social fundamental: la construcción de identidad entre los jóvenes de los sectores populares. Según los estudios de Castañeda Naranjo, al adoptar este código lingüístico, los hablantes se diferencian del mundo adulto y de la cultura oficial, creando un sentido de pertenencia y solidaridad grupal.
Este fenómeno no es exclusivo de Medellín. La profesora mexicana Rossana Reguillo Cruz señala que las bandas juveniles crean un «territorio» simbólico que se expresa a través de un lenguaje propio, el cual materializa las visiones y representaciones del mundo de sus actores. En el caso del parlache, según los investigadores del proyecto PRESEEA-Medellín, este territorio simbólico se construye en torno a la esquina, la calle y los espacios comunes del barrio, que se convierten en escenarios de creación lingüística y de afirmación identitaria.
La identidad que construye el parlache es, sin embargo, ambivalente. Como señala el filólogo Juan Fernando Ramírez Arango, por un lado otorga a sus hablantes un sentido de pertenencia y poder simbólico; por otro, los estigmatiza ante los sectores hegemónicos de la sociedad, que asocian su lenguaje con la violencia y la delincuencia. Esta tensión entre resistencia y estigma ha sido una constante en la historia del parlache, y explica tanto su vitalidad como su persistente asociación con la marginalidad.
A continuación una breve muestra de algunos vocablos que se encuentran en el parlache.
| Palabra | Significado DRAE | Connotación en parlache |
|---|---|---|
| caspa | (De or. inc., quizá de or. prerromano)
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(Resemantización)
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| caramelo | (Del port. caramelo, carámbalo, caramelo)
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(Resemantización)
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| mero | mero2, ra. (Del lat. merus).
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(Resemantización por antífrasis)
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| pasta | (Del lat. pasta).
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(Resemantización)
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Lo que caracteriza y sitúa a esta germanía por encima de otras es la gran influencia que ha ejercido en el habla coloquial y patrón colombiana, pues, a pesar de ser y haber nacido como una variedad utilizada por grupos concretos, especialmente por jóvenes entre los 15 y los 26 años de la década de 1980 de la zona nororiental de Medellín, en estos momentos, muchas de sus piezas léxicas pasaron a ser de uso general en el habla tanto de la ciudad en donde se originó como del resto del país. Así, puede oírse y leerse en los medios de comunicación audiovisuales y escritos (radio, televisión, cine, teatro, periódicos, revistas y revistas de historietas), pero también en la literatura y en la lengua de la calle.
La prensa escrita fue el primer medio masivo en difundir términos del parlache fuera de los círculos marginales donde se había originado. A partir de la década de 1980, periódicos como El Mundo (Medellín) y El Tiempo (Bogotá) comenzaron a utilizar términos de este argot en sus crónicas sobre la violencia y el narcotráfico en Medellín. Estos usos periodísticos, inicialmente restringidos a las secciones de sucesos, fueron extendiéndose progresivamente a otras áreas de los diarios.
En 1985, el periodista Ricardo Aricapa publicó en El Mundo la pentalogía de crónicas titulada S.O.S desde Bellavista, en la que por primera vez se divulgaron términos del parlache a través de un medio masivo. En una de las fotografías que acompañaban la última entrega, se identificaba a un joven recluso como «alias El Parcerito», registrando así una de las primeras apariciones públicas de la forma de tratamiento parcero. Dos años después, el artículo «De Medallo a Metrallo», publicado en El Tiempo, empleó el término Metrallo para referirse a la ciudad, y describió a Medellín como una «ciudad de la eterna balacera», en contraste con su tradicional lema de «ciudad de la eterna primavera». Ese mismo año, la revista Semana publicó el artículo «Fábrica de sicarios», que popularizó el término sicario en sustitución de la expresión «asesino de la moto».
En la década de 1990, la prensa nacional ya utilizaba con regularidad términos del parlache en titulares y artículos de opinión. La revista Semana, en su edición 408 (1990), definió por primera vez al sicario y empleó el vocablo «gonorrea» como insulto y como un rasgo característico de su lenguaje. Esta progresiva incorporación del parlache en la prensa no solo reflejó su difusión social, sino que también contribuyó a generalizar su uso entre hablantes de distintos niveles educativos y regiones del país.
En la década de 1980 se hizo patente en los medios de comunicación de Colombia la visibilidad del sicario. Se popularizó entonces este término, tomado del latín sicarius (cuya primera documentación data de 1884, según el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, de Corominas y Pascual, que lo considera voz literaria, principalmente periodística), en sustitución del sintagma «asesinos de la moto». Las experiencias de este personaje jalonan la obra No nacimos pa semilla (1990), de Alonso Salazar J., que rescata los testimonios de algunos muchachos de Medellín sumidos en la violencia, a partir de entrevistas realizadas entre 1989 e inicios de 1990, cuyo lenguaje popular se conserva en el texto, lo que marca una ruta para las obras de ficción posteriores. Este es un fragmento (pp. 54—55):
Yo estaba esperando que llegaran unos parceros con fierros pa encendelos. Como llegó la noche y no cayeron sentí la cosa trinca. Entonces me trepé por la parte de atrás de la casa y coroné la calle de arriba. Caminé una cuadra, iba bajando un colectivo y le puse la mano. Cuando me fui a subir vi un pelado como a dos metros apuntándome con una escopeta. Sentí un calor que me cogió todo el cuerpo y no supe más de mí. —No nacimos pa semilla; Alonso Salazar Jaramillo |
En castellano común el fragmento tendría la siguiente escritura:
Yo estaba esperando que llegaran unos amigos con armas de fuego para dispararles. Como llegó la noche y no llegaron sospeché que algo había salido mal. Entonces me trepé por la parte de atrás de la casa y alcancé a llegar a la calle de arriba. Caminé una cuadra, iba bajando un bus colectivo y le puse la mano. Cuando me fui a subir vi un joven como a dos metros apuntándome con una escopeta. Sentí un calor que me recorrió todo el cuerpo y no supe más de mí. |
En 1994, la publicación de la novela La Virgen de los sicarios, del escritor antioqueño Fernando Vallejo, consolidó la presencia del parlache en la literatura colombiana. La obra, que narra la historia de un intelectual que regresa a Medellín y se relaciona afectiva y sexualmente con un joven sicario, está salpicada de términos del parlache. Según el crítico literario Antonio Torres, la novela de Vallejo registra siete usos del vocablo «gonorrea», que el autor define como «el insulto máximo en las barriadas de las comunas».
El lenguaje de la novela, que alterna el español normativo del narrador con el parlache de los personajes marginales, ha sido objeto de múltiples estudios lingüísticos y literarios por su capacidad para reflejar la dualidad social de Medellín.
Además de la obra de Vallejo, el parlache ha sido recogido en otras obras de la literatura colombiana. En 1992, el escritor Jaime Espinel publicó Manrique's micros y otros cuentos neoyorquinos, donde se registra por primera vez el término Metrallín, acrónimo de Medellín y metra. En el cuento que cierra el libro, titulado «Suelo ser inmortal», se lee: «Aquel Chicago de los años veinte, el de Al Capone, frente al Metrallín de ahora es un kínder».

Por otro lado, resulta de especial interés la producción cinematográfica de Víctor Gaviria (Medellín, 1955), director y guionista. Su película Rodrigo D: no futuro (estrenada en 1990) refleja la vida de los jóvenes en las comunas de Medellín y destaca la presencia de actores naturales, al igual que ocurre en sus otras películas: La vendedora de rosas (estrenada en 1998), en la que «Mónica», una niña de doce años, vende rosas en esa misma ciudad, y Sumas y restas (estrenada en 2005), que tiene como marco los orígenes del narcotráfico en Medellín durante la década de 1980. En estos largometrajes el discurso del marginado aparece en su inmediatez, sin filtros, sin intermediarios, dentro de la voluntad de realismo que asume el cineasta.
El cine de Víctor Gaviria no solo difundió el parlache, sino que también documentó sus primeras manifestaciones. Su mediometraje Los habitantes de la noche (1983) contiene el primer registro público del vocablo «gonorrea» en calidad de insulto, pronunciado por un personaje al ser asaltado y robado en el puente que atraviesa la quebrada Ana Díaz. Según la investigación de Ramírez Arango, este registro cinematográfico data del 4 de octubre de 1983, día de San Francisco de Asís.
Posteriormente, la película Rodrigo D: no futuro (1990), que contó con actores naturales de los barrios marginales, popularizó expresiones del parlache como «a la final» y «la chimba», que hasta entonces habían tenido una circulación restringida al ámbito de las comunas marginales de la ciudad.
La televisión ha sido uno de los principales vehículos de difusión del parlache más allá de las fronteras de Medellín. Series como Recórcholis (de Vargasvil, trasmitido por Teleantioquia en 1992), Cuando quiero llorar no lloro (adaptación colombiana del escritor venezolano Miguel Otero Silva), Gonólogos con Campo Elías, El cartel de los sapos y Sin tetas no hay paraíso empleaban un lenguaje cercano al habla popular de los barrios, y contribuyeron a familiarizar a la audiencia con términos de esta germanía.
Las series de alcance nacional como El cartel de los sapos (2008-2010) y Sin tetas no hay paraíso (2006) incorporaron el parlache en sus diálogos para retratar el mundo del narcotráfico y la violencia en Medellín. Según los estudios de Castañeda Naranjo, la presencia de palabras y expresiones del parlache en los medios audiovisuales ha aumentado considerablemente desde principios del siglo XXI, lo que ha contribuido a su expansión por todo el territorio colombiano y su adopción por hablantes de distintos estratos sociales.
La música ha sido uno de los vehículos más recientes y efectivos para la difusión global del parlache, especialmente a partir del auge de la música urbana colombiana en la década de 2010. Según los lingüistas Luz Stella Castañeda y José Ignacio Henao, investigadores pioneros del parlache, el uso que hacen artistas como Juanes o Karol G ha contribuido a legitimar y difundir este dialecto social a nivel global. La investigadora Angelika Hennecke también señala que el parlache «ha conquistado los medios de comunicación y ha llegado a la literatura, el teatro y la música, y es utilizado y difundido, por ejemplo, por el conocido cantante colombiano Juanes».
La salsa es uno de los géneros musicales más escuchados en los barrios marginales de Medellín y ha tenido una función relevante en la configuración del parlache. La investigadora Sandra M. Úsuga Giraldo señala que la salsa dura se ha convertido en «material de ficción» en la obra Voces del barrio (2007) del escritor Robinson Posada. En este libro, las múltiples historias narradas en parlache contienen una intertextualidad literaria transformada e impregnada por lo musical, en especial por el género de la salsa, que permite al narrador dibujar el barrio, permitirse hablar y hacer denuncia social.
Robinson Posada, conocido como «el Parcero del Popular n.º 8», es un dramaturgo, escritor y gestor social que ha utilizado el parlache como vehículo de expresión artística. Nacido en el barrio Manrique, una de las zonas más golpeadas por la violencia en las décadas de 1980 y 1990, Posada ha dedicado su obra a retratar la realidad de las comunas marginales de Medellín a través del arte, la comedia y la salsa. Según Úsuga Giraldo, «la suma de todas estas experiencias en el barrio lo hicieron cada vez más consciente de la importancia de que este lugar, tan señalado por muchos, hablara».
La relación entre la salsa y el parlache no es casual. La salsa, al igual que el tango con el lunfardo, llegó a los barrios menos favorecidos de Medellín y sus letras trataban temas —violencia, rebeldía, marginalidad— que resonaban con la realidad de los habitantes de estos sectores. En el barrio Guayaquil, la salsa se escuchaba en bares y cantinas, y sus historias se convirtieron en un espejo de la vida cotidiana de los jóvenes de las comunas. Este género musical permitió a los jóvenes marginados expresar su situación y adoptar nuevas formas de comunicación, que luego se incorporarían al parlache.
El reguetonero Maluma, natural de Medellín, ha incorporado el parlache en sus letras de manera muy explícita. En su canción «Medallo City» (2020), el título alude al apodo coloquial de Medellín y la letra emplea términos como «parcho», «chepar», «apartacho» y «parlacho», este último una variación lúdica del nombre del dialecto. Castañeda y Henao destacan que «¡Qué chimba!, de Maluma, es puro parlache».
El también reguetonero Feid, igualmente originario de Medellín, integra en sus canciones elementos del parlache y del español paisa. Un análisis de 40 canciones de sus álbumes de 2022 y 2023 revela que Feid combina el léxico puertorriqueño —que goza de mayor prestigio dentro del género— con términos del parlache, lo que demuestra «dos motivaciones contradictorias: por un lado, apuntar al modelo lingüístico puertorriqueño que goza de mayor prestigio dentro del género; por otro, mantener su identidad sociolingüística como un medellinense que proviene de un barrio de estrato medio-bajo». En su canción «Ritmo de Medallo» (2022), interpretada junto a Ryan Castro, la letra incluye expresiones como «chimba» —en el habla popular antioqueña significa 'bueno' o 'excelente'— y «partie'» (fiesta).
La presencia del parlache en la música contemporánea confirma su vitalidad y su capacidad para trascender el ámbito marginal en el que se originó, para convertirse en un recurso expresivo de alcance global. Como señalan Castañeda y Henao, el parlache «tiene una base estable y una fracción muy relacionada con encriptar información en actividades ilícitas, que sí varía», lo que explica su capacidad de adaptación y permanencia en el tiempo.