| Erección | ||
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Etapas de una erección. | ||
| Nombre y clasificación | ||
| Latín | Erectio | |
| TE | E1.0.0.0.0.0.8 | |
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La erección (del latín erectio, acción de erguir o erigir) es el endurecimiento del pene, del clítoris, de los pezones, con agrandamiento y estado firme. Su consecución depende de complejas interacciones psicológicas, neurales, vasculares y endocrinas. El término también se aplica al proceso que lleva a este estado. El término se refiere con más frecuencia, tanto en la literatura académica como en el lenguaje popular, a la erección de pene, o en términos clínicos erección penil o tumescencia penil.
La erección del pene es un fenómeno fisiológico hemodinámico en el que el pene se endurece, hincha y alarga, a menudo asociado con la excitación sexual, la atracción sexual o el deseo sexual, si bien las erecciones pueden también ser espontáneas. La forma, ángulo y dirección de una erección varían considerablemente de persona a persona.
Fisiológicamente, la erección del pene es en general necesaria para que haya una eyaculación (durante la masturbación o el coito), si bien no todas las erecciones culminan en eyaculación, ni la eyaculación requiere que haya erección. Es también necesaria para que un varón pueda hacer una penetración. Las erecciones son desencadenadas por la división parasimpática del sistema nervioso autónomo, causando que los niveles de óxido nítrico (un vasodilatador) aumenten en las arterias trabeculares y el músculo liso del pene. Las arterias se dilatan, haciendo que los cuerpos cavernosos del pene (y en menor medida el cuerpo esponjoso) se llenen de sangre; simultáneamente, los músculos isquiocavernoso y bulboesponjoso comprimen las venas de los cuerpos cavernosos, lo que restringe la salida y circulación de esta sangre. La erección disiminuye o baja cuando la actividad parasimpática se reduce a su línea de base. Las señales hormonales también están involucradas en el proceso fisiológico de la erección. En particular, la testosterona, la hormona sexual masculina primaria, es necesaria para la función eréctil normal, y promueve la despolarización del músculo liso y el ensanchamiento de los vasos sanguíneos en el pene, que se requieren para una erección.
Como respuesta del sistema nervioso autónomo, una erección puede ser el resultado de diversos estímulos, entre ellos la estimulación sexual y la excitación sexual, por lo que no está totalmente bajo control consciente. Las erecciones durante el sueño o al despertarse se conocen como tumescencia peneal nocturna (TPN), también conocida como «erección matutina». La ausencia de erecciones nocturnas se utiliza comúnmente para distinguir entre las causas físicas y psicológicas de la disfunción eréctil y la impotencia. En general, la erección está asociada con varios cambios psicológicos y físicos significativos, que incluyen una mayor excitación sexual, el ascenso completo y la hinchazón de los testículos, dilatación del bulbo uretral, un aumento del tamaño del glande y de la corona del pene, enrojecimiento cutáneo en el epigastrio, el pecho y las nalgas, erección de las tetillas (pezones), taquicardia y aumento de la presión arterial, hiperventilación y miotonía generalizada.
El estado de un pene que está parcial pero no completamente erecto es conocido a veces como una semierección (en términos clínicos tumescencia parcial), mientras que un pene que no está erecto es llamado generalmente «flácido» o «suave».
Desde el punto de vista fisiológico, la erección es necesaria como requisito para que un hombre pueda realizar la penetración o el coito. La erección es un fenómeno común incluso en bebés y niños varones. Tras alcanzar la pubertad, las erecciones se producen con mucha mayor frecuencia. El pene contiene dos cámaras llamadas cuerpos cavernosos, las cuales ocupan el largo del órgano. Un tejido esponjoso llena las cámaras. Los cuerpos cavernosos están rodeados por una membrana, llamada túnica albugínea. Una erección ocurre cuando los cuerpos cavernosos se llenan de sangre venosa. Esto puede ser el resultado de diversos estímulos fisiológicos, conocidos también como estimulación o excitación sexual. El cuerpo esponjoso del pene es una estructura tubular única situada justo debajo de los cuerpos cavernosos, y contiene la uretra, a través de la cual pasan la orina y el semen durante la micción y la eyaculación, respectivamente. Contiene músculos lisos y tejidos fibrosos, y puede también llenarse ligeramente de sangre durante una erección, aunque en menor medida que los cuerpos cavernosos. En algunos casos, el escroto se tensa durante la erección.
En la mayoría de los hombres adultos no circuncidados, el prepucio se retrae de forma automática y gradual a medida que avanza la erección, dejando al descubierto el glande; no obstante, algunas personas necesitan retraerlo manualmente. Al nacer, el prepucio permanece unido al glande y se separa gradualmente debido a la acumulación de esmegma y a las erecciones periódicas. El 90 % de los niños de 3 años presenta cierto grado de retracción prepucial, aunque, a esa edad, en la mayoría de los penes persiste cierto nivel de adherencia entre el prepucio y el glande. Esta proporción aumenta al 92 % en niños de 6 años, al 99 % en adolescentes de 16 años y alcanza prácticamente el 100 % en los hombres adultos.
Ante la presencia de estimulación mecánica, la erección es iniciada por la división parasimpática del sistema nervioso autónomo, a través de los nervios de pene, con una intervención mínima del sistema nervioso central. Ramas parasimpáticas se extienden desde el plexo sacro hacia las arterias que irrigan el tejido eréctil. Las señales hormonales también están involucradas en el procesos de la erección. La testosterona, la principal hormona sexual masculina, es necesaria para el funcionamiento erectil normal. La testosterona promueve la despolarización del tejido liso y el ensanchamiento de los vasos sanguíneos en el pene, que se requieren para que ocurra una erección.
Cuando una persona es estimulada sexualmente, se liberan neurotransmisores desde las terminaciones nerviosas cavernosas, lo que resulta en la relajación de los músculos lisos en las paredes de las arterias y arteriolas. En particular, tras la estimulación sexual, estas ramas nerviosas liberan acetilcolina, lo que a su vez provoca la liberación de óxido nítrico por parte de células endoteliales de las arterias trabeculares. El óxido nítrico se difunde hacia el músculo liso de las arterias (denominado músculo liso trabecular), actuando como un agente vasodilatador. Las arterias se dilatan, llenando de sangre el cuerpo esponjoso y los cuerpos cavernosos del pene. Los músculos isquiocavernoso y bulboesponjoso también comprimen las venas de los cuerpos cavernosos, limitando el drenaje venoso de la sangre. La rigidez de la erección se controla mecánicamente mediante la reducción del flujo sanguíneo a través de estas venas, lo que aumenta la presión en el cuerpo cavernoso y el cuerpo esponjoso; asimismo, una estructura integral, el ligamento distal, sirve de soporte al glande.
La erección desaparece cuando cesa la estimulación parasimpática; la estimulación basal proveniente de la división simpática del sistema nervioso autónomo provoca la constricción de las arterias peneanas y de los sinusoides cavernosos, expulsando la sangre del tejido eréctil a través de venas relacionadas con la erección, entre las que se incluyen una vena dorsal profunda, un par de venas cavernosas y dos pares de venas paraarteriales situadas entre la fascia de Buck y la túnica albugínea. Tras la eyaculación o el cese de la estimulación, la erección suele desaparecer, aunque el tiempo necesario para ello puede variar en función de la longitud y el grosor del pene. Tres fases de destumescencia (pérdida de la erección) se han observado en estudios con animales: una fase inicial que involucra un aumento temporal en la presión dentro de los cuerpos cavernosos y esponjoso, lo que señala el comienzo de la repolarización del músculo liso, seguida por una fase de declive gradual de la presión, indicando un reestablecimiento lento de los canales venosos y el regreso del flujo arterial basal, y una fase final con una rápida disminución de la tensión.
Un pene erecto puede tomar un número de diferentes formas y ángulos, desde un tubo recto en un ángulo de 45-90°, o con una curvatura a izquierda o derecha, o arriba o abajo. Una fuerte curvatura peneana, conocida como enfermedad de Peyronie, puede remediarse usualmente con cirugía. Generalmente el tamaño de un pene erecto se fija genéticamente, a través de la vida, y poco puede hacerse para incrementarlo sin modificar sus tejidos directamente a través de la cirugía peneana.[cita requerida]
La corteza cerebral puede iniciar una erección en ausencia de estimulación mecánica directa (en respuesta a estímulos visuales, auditivos, olfativos, táctiles o imaginados), actuando a través de centros eréctiles situados en las regiones lumbar y sacra de la médula espinal. Asimismo, la corteza cerebral puede suprimir la erección, incluso ante la presencia de estimulación mecánica; lo mismo puede ocurrir debido a otros factores psicológicos, emocionales o ambientales.
Las erecciones espontáneas, también conocidas como erecciones involuntarias, aleatorias o no deseadas, son comunes y forman parte normal de la fisiología masculina. Desde el punto de vista social, estas erecciones pueden resultar vergonzosas si se producen en público o cuando no son deseadas.
Estas erecciones pueden producirse en cualquier momento del día y, si se está vestido, pueden provocar un bulto que (si es necesario) puede disimularse u ocultarse llevando ropa interior ajustada, una camisa larga o ropa más holgada.
Generalmente, la mayoría de los niños que están entrando a la pubertad son los máximos exponentes a experimentar una erección descontrolada y que les produce intensa turbación. Pero puede ocurrir en cualquier momento de la vida, en el peor momento en público, debido a una reacción involuntaria, posiblemente exacerbada por la ropa interior excesivamente ceñida que cause estimulación por rozamiento. Con el tiempo los niveles hormonales bajan y los adultos y jóvenes dejan de ser tan sensibles a erecciones en momentos socialmente inoportunos, como primeras citas de pareja sin acercamiento sexual, en baños públicos o en cambiadores de clubes masculinos.
Existe una prevención e imposibilitación física directa de la erección masculina, posible por el uso de ropa interior elástica apretada, shorts de compresión de atletas, suspensorios, y vaqueros apretados colocando el pene flácido en una posición descendente en la bolsa. Si ocurriera una erección, el tejido textil ajustado y elástico impide el aumento de la presión sanguínea interna, constriñendo su agrandamiento y alargamiento; así se previene que la erección se haga visible, sin causar daño al pene restringido.
El pene puede entrar en erección durante el sueño o estar erecto al despertar. Este tipo de erección se conoce en términos médicos como tumescencia peneal nocturna (o coloquialmente como erección matutina).
El clítoris es el homólogo anatómico del pene, y los mecanismos fisiológicos y psicológicos de su erección son similares.
La erección del clítoris suele formar parte de la excitación sexual de la mujer, pero debido a que mucha de su anatomía permanece dentro de su capuchón, puede no ser tan obvio para la pareja.

El punto de Gräfenberg es una pequeña zona del área genital de las mujeres que se encuentra por dentro de la vagina, detrás del hueso púbico y alrededor de la uretra. Durante la excitación sexual, el área alrededor del punto G se hincha, haciéndolo más prominente y fácil de estimular. La estimulación del punto G (a través de la pared frontal de la vagina) puede propiciar en muchas mujeres un orgasmo más vigoroso y prolongado, y es posiblemente la causa de la eyaculación femenina.
Muchos sexólogos aconsejan a las mujeres incapaces de lograr un orgasmo el considerar la estimulación del punto G como técnica sexual. Esto se puede lograr de manera manual, por medio de vibradores o utilizando posturas sexuales que facilitan la estimulación del pene a la pared frontal de la vagina. Por ejemplo, posturas de penetración desde atrás.
La erección de pezones, y frecuentemente de toda la mama:
Ambos procesos son causados por la emisión sanguínea de oxitocina. Esta erección también la pueden causar las bajas temperaturas ambientales, en ambos sexos. Allí se debe a una respuesta táctil al frío, mucho más que nada vinculado a los preliminares sexuales.
La erección de pezones no se debe a la erección de tejidos, sino a la contracción de músculos lisos, bajo el control del sistema nervioso autónomo.