
La sobrepesca es la pesca excesiva realizada por el humano, ya sea sobre peces o mariscos. La sobrepesca se produce cuando se capturan peces a un ritmo superior al que permite a la población reponerse, lo que agota las poblaciones de peces por debajo de los niveles sostenibles y pone en peligro la estabilidad del ecosistema marino. Esta práctica, impulsada principalmente por las operaciones de pesca comercial, ha provocado que aproximadamente un tercio de las poblaciones de peces del mundo se vean afectadas por la sobrepesca, y que muchas especies marinas se encuentren al borde de la extinción.
Desde el crecimiento de las empresas pesqueras globales después de la década de 1950, la pesca intensiva se ha expandido desde unas pocas zonas concentradas hasta abarcar prácticamente todas las pesquerías del mundo. Las prácticas de pesca excesiva pueden ocurrir en cuerpos de agua de cualquier tamaño, desde estanques, humedales, ríos y lagos hasta mares y océanos, y pueden generar el agotamiento de los recursos, una reducción de las tasas de crecimiento biológico y niveles bajos de biomasa.
La sobrepesca tiene, además, efectos devastadores sobre los ecosistemas, que van más allá del impacto directo que se ejerce en las especies capturadas. Las consecuencias van más allá de la pérdida de biodiversidad, ya que la sobrepesca pone en peligro la seguridad alimentaria de miles de millones de personas que dependen de los productos del mar como su principal fuente de proteínas y amenaza los medios de vida de millones de comunidades pesqueras en todo el mundo. Más allá de las especies objetivo, la sobrepesca causa un daño colateral significativo a través de las capturas accidentales, y los artes de pesca abandonados siguen reduciendo las poblaciones de ballenas, focas y otros animales marinos.
El incremento de la presión pesquera por parte de los países ricos va desplazando a los pescadores locales de sus fuentes tradicionales de captura, lo que redunda tanto en el empobrecimiento de las zonas donde los pescadores locales ya no pescan, como a que la población autóctona pierda una fuente de alimento muchas veces fundamental para su subsistencia.
La gestión sostenible de la pesca y los programas de certificación de productos del mar, como los implementados por el Marine Stewardship Council, son soluciones importantes para poner fin a la sobrepesca y proteger el océano. La actitud responsable de los consumidores al elegir los alimentos que compran puede ser también fundamental, pues es en definitiva la presión de los compradores la causa de que peces y mariscos sean puestos a su disposición en los mercados, y por tanto seleccionar especies adecuadas y ejemplares no inmaduros puede ser la clave para que no se produzca sobrepesca.
Existen tres tipos reconocidos de sobrepesca biológica: sobrepesca de crecimiento, sobrepesca de reclutamiento y sobrepesca del ecosistema.
La sobrepesca de crecimiento ocurre cuando los peces son capturados con un tamaño promedio menor al tamaño que permitiría obtener el máximo rendimiento por recluta. Un recluta es un individuo que alcanza la madurez o entra dentro de los límites definidos por una pesquería, que normalmente se establecen por tamaño o edad. Esto provoca que el rendimiento total sea menor que el que se obtendría si se permitiera a los peces crecer hasta un tamaño adecuado. Este problema puede mitigarse reduciendo la mortalidad por pesca y aumentando el tamaño promedio de los peces capturados hasta un nivel que permita alcanzar el máximo rendimiento por recluta.
La sobrepesca de reclutamiento ocurre cuando la población adulta madura (biomasa reproductora) se reduce a un nivel en el que ya no tiene la capacidad reproductiva suficiente para reponerse por sí misma; es decir, no hay suficientes adultos para producir descendencia. Para restaurar una población sobreexplotada a niveles sostenibles, los gestores pesqueros suelen aumentar la biomasa reproductora hasta un nivel objetivo. Esto generalmente se logra mediante moratorias, cuotas de captura y límites mínimos de tamaño para la población de peces.
La sobrepesca del ecosistema ocurre cuando el equilibrio del ecosistema se altera debido a la sobrepesca. Cuando disminuye la abundancia de grandes especies depredadoras, aumenta la abundancia de especies pequeñas que sirven de alimento, lo que provoca un cambio en el equilibrio del ecosistema hacia especies de peces de menor tamaño.


La sobrepesca no es un fenómeno completamente nuevo, pero fue durante el siglo XX cuando alcanzó escala global. Las modalidades tradicionales de pesca, como las pesquerías artesanales de atún en el Mediterráneo, han desaparecido o lo harán casi con seguridad en los próximos años, por una doble causa: la imposibilidad de competir con los métodos industriales modernos de alta tecnología, mucho más rentables, y sobre todo la ausencia de ejemplares suficientes que permitan mantener un modo de vida que en ocasiones se habían sostenido durante siglos o milenios.
La Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que el 77% de las especies con valor comercial están afectadas en mayor o menor grado de sobrepesca (8% ligeramente, 17% en sobreexplotación y 52% en sobreexplotación máxima).
Las capturas de pesca alcanzaron un máximo de 100 millones de toneladas en el año 2000, pero la producción disminuyó por primera vez desde 1.990, a pesar de que la capacidad pesquera no ha dejado de aumentar. Los individuos capturados son cada vez de menor calibre, y más jóvenes. La proporción de capturas en las zonas bajas de la cadena trófica ha aumentado.
Los buques factoría faenan cada vez en más zonas (África occidental, Océano Índico, Océano Pacífico, etc.), pescando cada vez a mayor profundidad, capturando numerosas especies y colapsando los ecosistemas, sobre todo por culpa de redes abisales y de arrastre. Como consecuencia de la pugna entre flotas que compiten por los mismos recursos, y dado que suelen ganar estas batallas los que usan métodos más agresivos (y por tanto más dañinos para el ambiente), empezó a imponerse la pesca de arrastre de fondo, método de pesca hoy muy extendido. Hace varias décadas se popularizó la pesca de atunes y pez espada con grandes redes de deriva, de hasta 20 km de longitud, hoy en día prohibidas por la ONU y por la Unión Europea. Pero estos problemas no han terminado; hay flotas europeas que pescan sardinas y boquerones con redes de arrastre pelágico, mientras que la flota española usa redes de cerco, un modo de captura más sostenible; se espera que la Unión Europea apruebe leyes en este sentido. La tecnificación de la pesca ha dado lugar a un aumento rápido de las capturas secundarias o colaterales. El 25% de lo pescado, es decir, 27 millones de toneladas, es arrojado de nuevo al agua, (por tratarse de especies distintas a las buscadas), si bien ya se trata de animales muertos. delfines, tortugas y pájaros marinos (100.000 albatros al año), son así capturados y muertos durante la pesca. Además, las redes abandonadas causan también innumerables muertes de animales.
Las especies que se buscan con mayor insistencia son los depredadores situados en la cima de las cadenas alimentarias, que poseen un gran valor comercial en los mercados de los países desarrollados, siendo a la vez las capturas con unos índices más altos de contaminación por bioconcentrados, especialmente el metilmercurio. Esta especificidad selectiva de la pesca tiene graves consecuencias en las cadenas tróficas, alcanzando a los mamíferos y a los pájaros, como se pone de manifiesto en los siguientes ejemplos:
En febrero de 2008, con ocasión de la reunión del Foro Mundial de Ministros del Ambiente (GMEF), se concluyó, tomando como base un informe titulado “In Dead Water”, que el recalentamiento climático magnificaba el efecto de la contaminación, de las especies invasivas, y de la sobrepesca en las principales zonas pesqueras del planeta, lo que puede dar lugar a un triple problema: ecológico, económico, y de desarrollo).
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), entre un 10% y un 15% de los océanos están afectados directamente por la sobrepesca, pero con impactos que afectan o afectarán “al menos a tres cuartas partes de las principales zonas pesqueras mundiales”. Se observa ya una degradación de los océanos, alerta la ONU, que ya en 2004 había señalado más de 100 “zonas marinas muertas” en bahías, estuarios o mares interiores.
Siempre según la ONU, millones de personas dependen de la pesca, sobre todo en países pobres; casi 2,6 millardos consumen primordialmente proteínas provenientes de productos del mar (el balance ecológico de la piscicultura industrial aún está en discusión). Además, del 80% al 100% de los arrecifes coralinos del mundo están amenazados por el blanqueamiento de corales, degradación o desaparición causados por la elevación del nivel de los océanos que podría ser producido por el calentamiento global. Se teme, finalmente, una aceleración de la acidulación de los océanos, inducida por el CO2, que podría agravar estos problemas, afectando entonces a los microorganismos del plancton, en la base misma de la cadena alimentaria.
África se enfrenta a un posible derrumbe de la pesca, y a la degradación del entorno marino a causa de la explotación de los recursos de África Occidental por parte de las flotas europeas, rusa y asiáticas, atraídas por el negocio que supone desembolsar mucho menos por las cuotas a pagar que por lo conseguido con las ventas. Esto supone que gran parte de los problemas se producen sin que haya vulneraciones legales, aunque es cierto que en la elaboración de dichas leyes se han tenido más en cuenta los intereses ajenos a los países que los de los propios países, para lo cual se supone la existencia de una trama de intereses en la que participan dirigentes electos y funcionarios africanos.
No obstante, también supone grave daño la pesca ilegal, siendo los problemas más graves los de Somalia (atún y camarón), Angola (sardina y caballa), y Mozambique (atún y camarón). Se estima, con la prudencia que ha de tenerse en este tipo de estadísticas, por fuerza de fiabilidad dudosa, que las capturas ilegales pueden estar en torno al 20% del total.
Otros países están explotando en provecho propio sus caladeros, que rápidamente han disminuido en población. Casos paradigmáticos son Tanzania, Sudáfrica y Mauritania.
Las soluciones que sugieren los expertos van en la línea de fortalecer los controles legales y aportar transparencia en las cuentas.
En las costas de Terranova, la disminución general de la pesca ha producido una menor talla media de las ballenas propias de estas aguas. Se han producido migraciones de focas desde Groenlandia hacia las costas de Canadá. La desaparición de morenas y otros predadores a lo largo de Estados Unidos ha conllevado un aumento de los herbívoros marinos, con una fuerte disminución de los bosques de algas. Se ha observado una modificación de la estructura de las comunidades y de la diversidad genética por la selección de especies, y del tamaño medio. Esta presión sobre los hábitats los convierte en más vulnerables ante invasiones biológicas, la contaminación y en general a cualquier cambio.
Red Euro Sur. «Evolución histórica de la producción pesquera». Archivado desde el original el 3 de junio de 2008. Consultado el 30 de mayo de 2008.
A lo largo de toda América se ha producido un incremento de las capturas de especies de menor valor, especialmente las pelágicas, que se usan para fabricar harina de pescado con destino a la alimentación animal. En cambio las capturas de especies de más valor (fletán, merluza, etc.) se han reducido drásticamente debido a su escasez, por lo que aunque las capturas tienden a aumentar en peso, el valor económico total tiende a disminuir; la única excepción es el atún, cuyas capturas siguen aumentando. Según los estudios disponibles, las especies pelágicas están siendo sobreexplotadas, y las de alto valor comercial se mantienen con capturas de individuos cada vez más jóvenes. Debido al agotamiento de especies se están ensayando capturas nuevas, como el merlán, la sardina japonesa y especies pelágicas en el Pacífico sudeste.
En Hispanoamérica los países pesqueros más importantes son Chile, México y Perú, con importantísimas reservas pesqueras en sus litorales. Chile y Perú concentran sus capturas en muy pocas especies, generalmente pelágicas (caballa, sardina, anchoveta, jurel), empleadas a menudo en harinas de pescado; se trata de flotas industriales, que dejan poco margen para las flotas artesanales. Es importante señalar que Perú atravesó una crisis sin precedentes en los años 70 del siglo XX, cuando se hundió la pesca de la anchoveta debido a la sobreexplotación, crisis que trajo como consecuencia la desaparición de gran parte de la flota de este país. En toda América operan también, además de las flotas nacionales, las de Japón, España y Corea, generalmente mediante buques factoría que producen filetes congelados de pescado con destino a sus países de origen.
Como aportaciones positivas pueden señalarse la determinación de cuotas de captura, y el aumento del tamaño en las mallas pesqueras, encaminado a evitar la captura de animales prematuros.
Según los informes de la FAO, es preciso mejorar la gestión de los recursos pesqueros en la región de Asia y el Pacífico, ya que se observa un aumento en los excesos pesqueros, y una reducción de los recursos naturales (algunas especies han disminuido en un 40% en solo cinco años). También señala este organismo internacional que la pesca y la acuicultura poseen una vital importancia en la seguridad alimentaria y la economía regionales, por lo que se justifica plenamente la recomendación de una mejora en la gestión de la pesca sostenible.FAO (2004). «Crece el exceso de pesca en Asia y el Pacífico.». Archivado desde el original el 17 de septiembre de 2008. Consultado el 24 de junio de 2008.
Hay que tener en cuenta que esta región, Asia-Pacífico, es la principal productora de pescado del mundo, tanto en lo que se refiere a capturas (48% del total mundial), como a acuicultura (90% del total mundial). En los últimos años se observa una presión de captura sobre especies antes sin valor comercial, que se emplean ahora en la elaboración de harinas de pescado. Estos peces para harina de pescado suponen ya más del 60% del total de la producción del Mar del Sur de China, casi el 60% de la pesca en el Golfo de Tailandia, y cantidades parejas en Viet Nam y Malasia.
Como los precios siguen subiendo, al aumentar la oferta, se prevé un agravamiento de la sobrepesca en los próximos años. Para fomentar el desarrollo sostenible se espera que la Comisión de Pesca para Asia-Pacífico (CPAP) asuma un nuevo papel como foco regional. Este organismo permitirá a sus miembros el diálogo sobre intereses comunes, intercambio de información y diseño de estrategias mutuamente beneficiosas; sus actividades se enfocarán hacia la pesca artesanal y la acuicultura.

La Comisión Europea trata de conseguir la aceptación de los Estados miembros de su sistema de cuotas, el cual, a pesar de haber sido diseñado sobre bases científicas, encuentra mucha resistencia por parte de estos.) Dicha Comisión trata, desde 1990, de reducir el número de embarcaciones, pero como también subvenciona la construcción de buques factoría, el número de capturas no disminuye. A finales de 2007, un informe del Tribunal de Cuentas Europeo señala la sobrepesca y la ineficacia de los sistemas de control encuadrados en la política común de pesca. El informe menciona la poca fiabilidad de los datos nacionales, procedimientos de inspección ineficaces, y sanciones no disuasorias que limitan la eficacia de la política europea de la pesca, fundamentada en la protección de un núcleo suficiente de individuos reproductores de todas las especies. Se ha anunciado un proceso de reflexión durante este año 2008. También hay previstas acciones antes de que finalice 2008, para limitar las capturas accidentales de cetáceos en las redes (especialmente marsopas comunes), y definir y proteger las zonas de Natura 2000 en el mar.
La sobrepesca es causada por una combinación de factores económicos, tecnológicos y de gobernanza que incrementan la presión sobre las poblaciones de peces. Entre los principales factores identificados por organismos internacionales se encuentran la sobrecapacidad de las flotas pesqueras, la pesca ilegal y los subsidios gubernamentales que incentivan el aumento del esfuerzo pesquero.
Sobrecapacidad pesquera
La sobrecapacidad ocurre cuando la flota pesquera mundial tiene la capacidad de capturar más peces de los que los ecosistemas pueden reponer de forma sostenible. El desarrollo tecnológico y la expansión de las flotas han incrementado la eficiencia de captura, lo que ha intensificado la presión sobre las poblaciones marinas y contribuido a su sobreexplotación.
Pesca ilegal, no declarada y no reglamentada
La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) agrava la sobreexplotación de los recursos marinos al eludir controles y regulaciones. Estas actividades incluyen capturas sin autorización, la subdeclaración de desembarques o la pesca en áreas protegidas, lo que dificulta la gestión sostenible de las pesquerías.
Subsidios a la pesca
Diversos estudios han señalado que ciertos subsidios gubernamentales (como los destinados al combustible o a la construcción de embarcaciones) pueden fomentar el aumento de la capacidad pesquera y mantener operativas flotas que de otro modo no serían económicamente viables, lo que incrementa la presión sobre los recursos marinos.

La sobrepesca no solo genera impactos negativos en la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas, sino que también reduce la producción pesquera, lo que posteriormente produce consecuencias sociales y económicas negativas.Según datos de la FAO, el 35.5% de las poblaciones de peces monitoreadas a nivel global están sobreexplotadas, una cifra tres veces mayor que la registrada en 1970.
Disminución de la vida silvestre
La explotación intensiva de los océanos ha provocado la reducción significativa de numerosas especies marinas. Según evaluaciones científicas recientes, la sobrepesca es uno de los principales impulsores de la pérdida de biodiversidad marina y ha contribuido a la disminución de muchas poblaciones de peces comerciales y de depredadores marinos. Un estudio de 2021 publicado en la revista Nature afirmó que la causa principal de la pérdida de fauna marina es la sobrepesca. Otros estudios han demostrado que la sobrepesca ha reducido la biomasa de peces y mamíferos marinos en un 60 % desde el siglo XIX,y actualmente está llevando a más de un tercio de los tiburones y rayas hacia la extinción.

Degradación de los ecosistemas marinos
La sobreexplotación puede alterar profundamente el funcionamiento de los ecosistemas oceánicos. La eliminación de grandes cantidades de peces modifica las cadenas alimentarias y puede cambiar la estructura de las poblaciones marinas, afectando la biodiversidad y la estabilidad de los ecosistemas. Estas alteraciones pueden generar efectos en cascada, como la proliferación de ciertas especies y la reducción de otras, debilitando la resiliencia de los ecosistemas frente a presiones como el calentamiento global.
Impactos en la seguridad alimentaria y económica
La sobrepesca también tiene consecuencias sociales y económicas significativas. El pescado es una fuente clave de proteínas para miles de millones de personas y sustenta el empleo y los ingresos de numerosas comunidades costeras. Sin embargo, la disminución de las poblaciones de peces amenaza la sostenibilidad de esta industria y pone en riesgo los medios de vida de millones de personas.Además, el comercio mundial de productos pesqueros supera los cientos de miles de millones de dólares anuales, lo que evidencia la importancia económica del sector y la magnitud del impacto que puede generar la degradación de los recursos marinos.












El Marine Stewardship Council (MSC), El Consejo de Administración del Mar es una organización no gubernamental independiente, sin ánimo de lucro, que trabaja para preservar los recursos pesqueros del mundo mediante el fomento de una alternativa medioambiental óptima. Cuando una empresa pesquera es respetuosa con el entorno y se desarrolla de forma sostenible, el MSC le otorga una etiqueta ecológica, que aparece en los productos comerciales. Esta asignación es completamente objetiva, ya que el MSC tiene fijado expresamente un estándar de comportamiento necesario para la misma. Así, los consumidores pueden comprar con la tranquilidad de no estar fomentando el fenómeno de la sobrepesca. En diciembre de 2007, veintiséis empresas pesqueras de todo el mundo habían conseguido la certificación MSC de pesca sostenible, lo que significa que más de mil productos distintos exhibían la etiqueta correspondiente, en más de treinta y cinco países distintos. Existe una página donde localizar la lista completa de productos con esta certificación.
Además, hay un proyecto de MSC enfocado a los niños, para mostrarles los problemas ambientales, incluyendo la sobrepesca.